Un buen resultado de Wilders podría dar alas a Le Pen y minar la UE

Elecciones en Holanda: Temor a que Holanda impulse a los extremistas

Las elecciones de este miércoles marcan el arranque político de un año cargado de citas electorales que pueden alterar el curso de la Unión, en un momento clave para decidir su futuro

Foto: El líder del ultraderechista Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders. (Reuters)
El líder del ultraderechista Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders. (Reuters)

Tras el disgusto del Brexit y el susto de Austria, llega el turno de Holanda. La amenaza de que el xenófobo Geert Wilders gane las elecciones, a tan solo unas semanas de que Marine Le Pen trate de hacerse con la presidencia de Francia, mantiene en una tensa calma a la Unión Europea. Aunque todo apunta a que Wilders no contará con apoyos para formar un Gobierno, se teme que una victoria suya cree un clima de euforia entre la extrema derecha y los antieuropeístas que impulse aún más la candidatura de Le Pen. Las últimas encuestas que apuntan a que el Partido por la Libertad (PVV) está perdiendo terreno han permitido que la preocupación dé paso a un optimismo contenido en la Unión Europea. Aunque ver a Wilders como segunda fuerza más votada es un magro consuelo.

Los comicios de este miércoles marcan el pistoletazo de salida de un año cargado de citas electorales que pueden alterar el curso de la Unión, en un momento clave para decidir su futuro. Desde Bruselas y las capitales, se observan como una buena oportunidad para tomar la temperatura al apoyo con el que cuentan las opciones extremistas y eurocríticas.

“Tras un 2016 bastante nefasto, este año es clave para saber si seguimos cayendo en manos de todo tipo de populismos o si, por el contrario, hemos tocado fondo y a partir de ahora remontamos el vuelo. Tras el Brexit, pero sobre todo tras la elección de Trump, da la impresión de que una parte de la opinión pública ha decidido no meterse en demasiadas aventuras. Las elecciones holandesas son, en ese sentido, la primera prueba. Si Wilders retrocede y si, en mayo, Le Pen fracasa, podremos empezar a sustentar la narrativa de que el péndulo empieza a cambiar de sentido”, explica el portavoz del Parlamento Europeo, Jaume Duch, a El Confidencial.

Los líderes guardan silencio

A menos de una semana de la cita electoral, a su paso por Bruselas los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han evitado pronunciarse sobre el panorama que se abre en Holanda. Una actitud que tiene un componente estratégico, ya que, como apunta la investigadora del centro holandés Clingendael Louise van Schaik, “no ayuda prestarle atención a Wilders”. Pero eso no quiere decir que no haya preocupación. Un alto funcionario comunitario reconocía que, aunque las elecciones neerlandesas no figuraban formalmente en la agenda de la Cumbre Europea, la cuestión sí flotaba en el ambiente. “No creo que nadie esté relajado ante las elecciones holandesas”, afirmaba.

Los países europeos ven en las elecciones una buena oportunidad para tomar la temperatura al apoyo con el que cuentan las opciones extremistas

Los líderes tienen razones para mantenerse alerta pero no perder los nervios. Se lleva meses especulando sobre una posible victoria de Wilders, y ya no pillaría a nadie por sorpresa. La formación del Gobierno podría llevar meses, tantos como para incluso alcanzar el final de año con Mark Rutte al frente de un Ejecutivo interino, lo que da margen para adaptarse a la nueva situación. “Quizá batamos el récord de Bélgica. O superemos a España”, bromea el corresponsal del diario neerlandés 'Trouw' en Bruselas, Christoph Schmidt. Y, lo más importante, hay pocas opciones de que Wilders logre sentarse en las reuniones de Bruselas con su retórica antieuropea, xenófoba y radical. O de que llegue a aplicar las técnicas obstruccionistas que emplea en casa para torpedear políticas europeas en materias tan delicadas como migración o economía.

La formación de Gobierno en Holanda requiere tradicionalmente de coaliciones, y las encuestas apuntan a que la alta fragmentación del voto en estos comicios —al que se presentan nada menos que 28 partidos— hará necesario un acuerdo entre al menos cuatro o cinco fuerzas. Y todas ellas han rechazado contar con el PVV como socio. Este aislamiento acabará siendo pan para hoy y hambre para mañana, ya que da más argumentos a Wilders para presentarse como una víctima de un 'establishment' contra el que él pelea por los holandeses. Pero, por el momento, evita que la sexta economía europea esté representada en el año en el que van a comenzar las negociaciones del Brexit por un primer ministro que acaricia la idea de abandonar la UE.

Un miembro fundador desencantado con la UE

Holanda fue uno de los seis socios que fundaron la Unión Europea y ha jugado un papel clave en su desarrollo. A menudo se la conoce como la nación más grande de entre los pequeños, capaz de jugar un papel de intermediaria entre las grandes potencias o de movilizar a otros Estados miembros con menor tamaño para evitar que el eje franco-alemán impusiera sus intereses al resto. Su visión atlantista y su buen entendimiento con los británicos la convirtió en una firme defensora de la entrada de Reino Unido en la UE en 1973. No solo ganaba un aliado favorable a una Unión pragmática, con límites claros, más liberal y orientada al comercio, sino que también conseguía un contrapeso a Berlín y París.

La formación del Gobierno podría llevar meses, tantos como para incluso alcanzar el final de año con Mark Rutte al frente de un Ejecutivo interino

Sin embargo, Holanda nunca terminó de ver con buenos ojos las ampliaciones hacia el Este de Europa. La entrada en 2004 de 10 nuevos países cambió las dinámicas y los juegos de equilibrios de la Unión. Lo que 'a priori' se podía entender como una ventaja para los pequeños, al ampliarse el número de países con un peso relativo que formaban parte del club comunitario, fue interpretado en Holanda como una pérdida de influencia. Esta desconfianza ya quedó clara en el rechazo de los holandeses a la Constitución europea en 2005. Holanda considera que ahora en la UE “tiene menos voz que algunos de los nuevos miembros, y sin embargo es uno de los mayores contribuyentes per cápita al presupuesto comunitario”, en palabras de Rem Korteweg, experto del 'think tank' Centre for European Reform.

Estas tensiones afloraron de nuevo el año pasado durante la campaña del referéndum, en que los holandeses rechazaron el acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Ucrania, lo que ha obligado al Gobierno de Mark Rutte a negarse a ratificar el pacto, causando un bloqueo. La crisis de los refugiados también ha elevado la preocupación por la migración, dando más margen al PVV para alzar la voz en un tema que considera “propio”, según Alexandre Afonso, profesor de la Universidad de Leiden.

La crisis económica tampoco ha ayudado, especialmente con la fractura entre los deudores que tuvieron que recurrir a un rescate de sus socios y los acreedores que pusieron el dinero. “La percepción de que se ha dejado a los holandeses pagando la factura, mientras otros países se saltaban las normas, ha sido un buen caldo de cultivo para los políticos euroescépticos”, apunta Korteweg. Y la pérdida de su tradicional aliado, Reino Unido, alimentó las especulaciones de que el país podría seguir su ejemplo.

La paradoja holandesa

Muchos en Europa miran con extrañeza a Holanda, un país donde la extrema derecha ha logrado una aceptación social que rompe la imagen de progresistas y pragmáticos de que gozaban los neerlandeses entre sus socios. Los expertos apuntan a que la mentalidad del holandés medio se está volviendo más conservadora. Y las razones son motivo de controversia. ¿Cómo es posible que uno de los países más prósperos de la Unión Europea albergue tanto descontento?

Quizá la imagen idílica de Holanda sea idílica pero no real. Por ejemplo, los últimos datos de Eurostat deja entrever la gran brecha que existe entre los holandeses y los inmigrantes que llegan al país. Holanda es el cuarto país de la UE en el que sus habitantes nativos tienen menor riesgo de sufrir pobreza o exclusión social (un 16% frente al 28,3% de España). Pero la cifra es más del doble cuando se trata de los ciudadanos que viven en Holanda pero nacieron fuera de la UE: casi el 40% se enfrenta a esta amenaza.

Para Van Schaik, Wilders se ha convertido precisamente en la “voz de la gente que está preocupada por la integración de los inmigrantes —y sus supuestas actitudes diferentes respecto a la igualdad entre los hombres y las mujeres, o los gais, por ejemplo— o de aquellos que no están contentos con el Gobierno actual por otras razones o miedos". Ese miedo que es difícil de medir y de combatir.

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