es amigo personal de netanyahu

Donald Trump, ¿el presidente más proisraelí de la historia de EEUU?

El futuro inquilino de la Casa Blanca no solo critica las últimas acciones de su predecesor respecto a Israel. También planea mover la embajada de Tel Aviv a Jerusalén y romper el acuerdo con Irán

Foto: Carteles pro-Trump en un muro de Tel Aviv, Israel, el 14 de noviembre de 2016 (Reuters)
Carteles pro-Trump en un muro de Tel Aviv, Israel, el 14 de noviembre de 2016 (Reuters)

En sus últimos días al mando, la Administración Obama parece dispuesta a dejar claro que su relación con el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha estado lejos de ser idílica. Tras la decisión estadounidense de no vetar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando los asentamientos israelíes en territorio ocupado, el Secretario de Estado, John Kerry, dio la semana pasada un duro discurso defendiendo la decisión. Kerry acusó a Netanyahu de construir el Ejecutivo “más derechista de la historia israelí, con una agenda dirigida por los elementos más extremos”, asegurando que los asentamientos convierten en imposible la solución de los dos estados al conflicto palestino-israelí. “Si la elección es un estado, Israel puede ser o judío o democrático, pero no puede ser ambos, y nunca estará realmente en paz”, subrayó.

El discurso, naturalmente, ha sentado muy mal en el propio Israel. Pero Netanyahu cuenta con un poderoso aliado que, muy pronto, podría alterar radicalmente el paisaje: el presidente electo Donald Trump, amigo personal del dirigente israelí. En una serie de tuits, el futuro inquilino de la Casa Blanca mostró su rechazo por las últimas medidas tomadas por Obama, especialmente en lo referido a Israel. “No podemos seguir permitiendo que se trate a Israel con semejante desdén y falta de repeto totales. Solían tener un gran amigo en los EEUU, pero ya no”, indicó Trump, para casi inmediatamente añadir: “El principio del fin fue el horrible acuerdo con Irán, y ¡ahora esto (ONU)!”.

El último tuit al respecto culmina con la siguiente frase: “Mantente fuerte, Israel, ¡el 20 de enero se aproxima rápidamente!”, en referencia a la fecha en la que Trump tomará posesión de su nuevo cargo. Toda una declaración de intenciones.

Ahora, los expertos especulan sobre hasta qué punto Trump podría llegar a ser el presidente más proisraelí de la historia de EEUU. El nombramiento, hace dos semanas, de un nuevo embajador al país, ha sorprendido a algunos observadores por su celeridad, cuando lo normal es que pasen semanas o meses antes de que se designe a los nuevos representantes diplomáticos, por lo general tras consultar con el Departamento de Estado. Pero lo importante en este caso no es cuándo, sino quién.

Donald Trump habla en la Conferencia de Políticas del Comité de Action Política Americo Israelí (AIPAC) en Washington en marzo de 2016, cuando todavía era aspirante a candidato (EFE)
Donald Trump habla en la Conferencia de Políticas del Comité de Action Política Americo Israelí (AIPAC) en Washington en marzo de 2016, cuando todavía era aspirante a candidato (EFE)

La embajada, ¿a Jerusalén?

El elegido, el abogado David Friedman, ni siquiera pretende aparentar neutralidad: es un firme defensor de los asentamientos, se opone a la solución de los dos estados y en una ocasión comparó a los activistas israelíes opuestos a la ocupación con “los judíos que entregaban a otros judíos en los campos de exterminio nazis”. Además, en una de sus primeras declaraciones públicas tras el nombramiento, aseguró que reconoce a Jerusalén –y no Tel Aviv- como la capital de Israel.

Esto último puede suponer un salto cualitativo en la diplomacia estadounidense hacia la región. Durante la campaña, Donald Trump aseguró que trasladaría la embajada a Jerusalén, algo aprobado por el Congreso pero que, a la hora de la verdad, hasta ahora ningún presidente estadounidense se había atrevido hacer, entre otras cosas por miedo a soliviantar a sus aliados árabes y perder toda capacidad mediadora en la zona. Al parecer esta vez, a diferencia de lo prometido por Bill Clinton y George W. Bush, no era mera retórica: según algunas informaciones, miembros de la diplomacia estadounidense en Israel estudian ya posibles localizaciones donde podría asentarse el nuevo edificio de la legación.

El asesor de Trump en Israel David Friedman y el jefe republicano fuera de Israel Marc Zell atienden a los medios durante el acto de campaña 'Jerusalem forever' en Jerusalén, el 26 de octubre de 2016 (EFE)
El asesor de Trump en Israel David Friedman y el jefe republicano fuera de Israel Marc Zell atienden a los medios durante el acto de campaña 'Jerusalem forever' en Jerusalén, el 26 de octubre de 2016 (EFE)

“Esencialmente, eso validaría la percepción de que todo Jerusalén pertenece ahora a Israel”, ha explicado Aaron David Miller, experto del Wilson Center y asesor de Clinton y Bush para el proceso de paz en Oriente Medio, a Politico Magazine. Eso, en definitiva, supondría eliminar definitivamente toda posibilidad de lograr un acuerdo entre palestinos e israelíes. Algo que, en todo caso, no parece encontrarse entre las prioridades de Trump.

“Si hablo de ello, diré que soy pro-Israel. Pero me gustaría que como mínimo la otra parte piense que soy de algún modo neutral”, declaró a principios de año Trump durante un debate con otros aspirantes republicanos en la CNN. Un propósito difícil de mantener, vistas las primeras medidas de su presidencia al respecto.

La gran incógnita, sin embargo, es qué hará Trump respecto al acuerdo nuclear con Irán, que siempre ha calificado de “muy malo” e incluso de "el peor de la historia". A pesar de que la mayoría de los especialistas de los servicios de inteligencia estadounidenses concuerdan en que el pacto ha servido para prevenir que Teherán siga intentando fabricar armas atómicas –o, como mínimo, en que la alternativa es un devastador conflicto bélico de consecuencias importantes-, y que varios de ellos se han reunido con Trump para explicarle su visión, este no parece demasiado convencido. El propio Netanyahu asegura que se le ocurren al menos “cinco alternativas mejores” al acuerdo nuclear, que le presentará próximamente a Trump.

En cualquier caso, parece improbable que el nuevo inquilino de la Casa Blanca vaya a dar marcha atrás unilateralmente en la iniciativa, al menos en su totalidad, no solo porque aliados claves como su propio secretario de Defensa, el general James Mattis, lo consideran la opción menos mala sobre la mesa, sino porque hacerlo le garantizaría a Trump la hostilidad del resto de países participantes en el acuerdo, los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania. Pero en otras áreas, los cambios podrían ser de gran calado. Está por ver hasta qué punto Netanyahu contará con el oído del nuevo presidente, y si esto influirá en la política exterior de EEUU hacia ese rincón del mundo. En Israel, los partidarios de la línea dura cuentan con ello.

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