"una medida brillante, prudente y necesaria"

Putin quiere que su venganza contra EEUU se llame Donald Trump

El presidente ruso ha decidido finalmente no expulsar a ningún diplomático estadounidense para no perjudicar al próximo inquilino de la Casa Blanca. A medio plazo, esa es la mejor baza del Kremlin

Foto: Un hombre muestra un teléfono en el que dice Putin-Trump, durante la convención demócrata en Filadelfia, en julio de 2016. (Reuters)
Un hombre muestra un teléfono en el que dice Putin-Trump, durante la convención demócrata en Filadelfia, en julio de 2016. (Reuters)

Rusia no quiere ser siempre la mala de la película. El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció ayer que Moscú se reserva el derecho a tomar contramedidas contra las expulsiones de diplomáticos rusos por parte de EEUU "pero no se rebajará al nivel de la diplomacia primitiva". La lista de diplomáticos estadounidenses listos para ser expulsados que su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, le había puesto sobre su mesa quedó dentro del cargador. Pero no es un regalo para Washington. EEUU tendrá más difícil buscar su sitio en el marco geopolítico en 2017.

Para empezar, el propio país, o al menos sus dos partidos principales, llevan meses divididos por un asunto que antes casi siempre los unía: Rusia. Y parece que seguirá separándolos. En un mensaje publicado por la tarde del viernes en su cuenta oficial en Twitter, el presidente electo de EEUU, Donald Trump, alabó la respuesta del presidente ruso a las expulsiones impuestas el jueves contra su país por el actual equipo de la Casa Blanca. "Un gran movimiento", dijo Trump en Twitter, añadiendo: "¡Siempre supe que era muy inteligente!".

Todo empezó con una lista de nombres de funcionarios rusos. El Departamento de Estado de EEUU declaró el jueves personas no gratas a 35 presuntos diplomáticos de la Federación Rusa —en realidad, operativos de inteligencia, según la Casa Blanca—, dándoles 72 horas de plazo para abandonar el país, y ordenó el cierre de dos edificios en Maryland y Nueva York que funcionarios rusos utilizaban supuestamente para espiar. También se ha reformado una orden ejecutiva de 2015 para imponer sanciones a cinco entidades y a seis individuos rusos por supuestos ciberataques para interferir en el curso de las elecciones presidenciales en EEUU. Moscú defiende que este tipo de acusaciones son infundadas y que no hay pruebas. El portavoz del Kremlin anunció una respuesta "simétrica". Pero en el último momento el jefe del Kremlin decidió quedarse quieto y sonreír.

La de Putin es cuando menos una medida prudente de cara a las futuras relaciones con Washington. Así lo cree el presidente del Consejo de Política de Asuntos Exteriores y de Defensa, Fiódor Lukiánov: "Es una medida brillante, muy prudente y necesaria en el contexto de las futuras relaciones con EEUU“. Rusia prefiere por ahora esperar a que desaparezca la actual Administración de EEUU para establecer conversaciones formales en un ambiente más propicio para el diálogo. "No hay ninguna garantía de que esto dé resultados pero al menos se hablará con la Administración de Trump", cree Lukiánov. Será además al margen de las reglas "dictadas por el presidente saliente".

Para eso quedan apenas 20 días. Y Moscú está preparando un escenario en el que las fichas están colocadas de manera muy distinta a hace un año. Turquía sigue siendo un miembro de la OTAN, pero Putin y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, han hecho las paces y ahora cooperan juntos como garantes de la nueva tregua en Siria. De hecho, el ministro de Exteriores de Turquía, Mevlüt Çavuşoğlu, dijo ayer que "la expulsión de los diplomáticos rusos de EEUU es un enfoque erróneo" y que "no quiere que las tensiones entre Rusia y Estados Unidos afecten a la situación en la región". "No deseamos que vuelva el ambiente de la guerra fría", añadió. Ankara tampoco necesita a Washington fuera del escenario sirio: "Si EEUU quiere participar en las negociaciones en Astaná, Turquía lo apoyará", dijo a la prensa el diplomático turco.

Putin sostiene una espada durante un encuentro con el equipo cinematográfico de la película 'Viking' en el Kremlin, el 30 de diciembre de 2016 (Reuters)
Putin sostiene una espada durante un encuentro con el equipo cinematográfico de la película 'Viking' en el Kremlin, el 30 de diciembre de 2016 (Reuters)

La estela de Obama, un lastre

Pero al margen de Siria, EEUU tiene otro frente en Asia. Putin ha logrado un acercamiento notable a Japón, y sigue siendo un proveedor notable de China, que a su vez se verá beneficiada por la postura proteccionista que mantiene Trump. El viraje a Asia que Obama había iniciado ha quedado en poca cosa.

Washington tiene que dibujar una nueva hoja de ruta, y la estela de Obama en cuanto a Rusia será vista por muchos como un lastre. Con las medidas dictadas por la Casa Blanca, la Administración de Obama trata de condicionar a la futura Administración de Trump y mostrarle a la vez en qué marco debe actuar el presidente electo. Cuando el republicano llegue al despacho oval, tendrá que decidir si mantiene esas expulsiones.

De hecho, en Rusia muchos analistas consideran que el objetivo principal de la extradición de los diplomáticos rusos es impedir la mejora potencial de las relaciones con Rusia después de que Trump ocupe el cargo. Moscú está acostumbrado a las tensiones con Washington. Pero este caso se sale de lo normal de las prácticas diplomáticas por el alto número de personas expulsadas. Moscú lo considera vinculado directamente con los resultados de las elecciones presidenciales recientes.

Al permitir que los diplomáticos norteamericanos continúen su labor en territorio ruso y renunciar al ajuste de cuentas, Putin hace ver que está interesado en mejorar las relaciones con la próxima Administración de Washington. Pero la nueva 'cordialidad' que va a servir Putin al presidente Trump tiene a una Europa dividida y preocupada por una Rusia expansionista y por un presidente electo de EEUU que ha puesto en duda que deba intervenir si Moscú ordena algún avance. Trump también ha puesto en duda la alianza militar con Japón. Y los reveses en Oriente Medio de EEUU condicionarán los primeros pasos de Trump. En el caso sirio, Washington asiste como mero espectador a la caída de Alepo y a la tregua que se ha firmado a continuación, mientras que su objetivo de deponer a Bachar Al Asad ya no es enarbolado cada día por viejos aliados como Turquía.

Lo cierto es que Trump tendrá un mejor clima con Putin. Pero la primera sensación es que el republicano empezará su mandato muy lejos de los mandos.

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