Ficha a tres militares y otros dos son favoritos

Recluta Trump: así se gestó su fervor militar

Las citas que contiene el texto se recogen en 'Trump Revealed', una biografía sobre el magnate escrita por los periodistas del 'The Washington Post' y publicada en agosto

Foto: Donald Trump, el primero del pelotón, en la academia militar de la que formó parte durante cinco años.
Donald Trump, el primero del pelotón, en la academia militar de la que formó parte durante cinco años.

Donald Trump ha elegido a John F. Kelly como secretario de Seguridad Nacional, sumando así un tercer militar a un equipo que ya cuenta con dos generales retirados: James Mattis y Michael Flynn. Varias quinielas señalan además que los excombatientes David Petraeus y Michael Rogers podrían unirse al gabinete en los próximos días, por lo que el presidente contaría entonces con cinco miembros del Ejército entre sus consejeros. De esta manera, Trump abre las puertas de la Casa Blanca al Pentágono, un gesto que rompe con la dinámica de sus predecesores.

"Cuando pienso en cómo era en el colegio y me miro ahora, soy básicamente el mismo", dijo el presidente a uno de sus biógrafos en una ocasión. Dicha frase explica en parte sus últimos nombramientos, y es que el fervor marcial de Trump se remonta a su adolescencia, cuando pasó cinco años en una academia militar. "Mis padres querían meterme en vereda", afirmó a 'The Washington Post' en relación a aquella experiencia. "Recordándolo ahora, fue una influencia muy positiva".

Donny el matón

Trump creció en una familia adinerada en la que era el cuarto de cinco hijos. Con dos Cadillac en la puerta, un chófer que le llevaba a todas partes y una televisión a color en el salón, el pequeño Donny era la envidia del barrio. Pero sus vecinos no le recuerdan por su fortuna, sino por las diabluras que protagonizaba entonces. "Donald era conocido por ser un matón. Yo era un niño y mis padres no querían que me golpeara", señala Dennis Burnham, un hombre que vivía en su misma calle y que era cuatro años menor que él.

Los recuerdos que el presidente dejó en el colegio fueron similares. De hecho, sus chiquilladas en el centro llegaron a tal punto que, según afirma un excompañero suyo, comenzaron a llamar 'DTs' a los castigos de los profesores en referencia a sus iniciales. El relato puede parecer un tanto exagerado, pero el propio magnate reconoció en sus memorias de 1987 que su principal objetivo en aquella época era "hacer travesuras".

En 1958, con 12 años, su padre decidió mandarlo a una academia militar tras descubrir que se estaba escapando los sábados a Manhattan sin su permiso. Trump no avisó a la pandilla de su marcha, sino que simplemente desapareció. "Fue una cosa muy repentina y yo estaba realmente sorprendido y triste", señala Peter Brant, el compinche con el que Trump visitaba Manhattan en aquella época. A partir de entonces, la educación del presidente se desarrolló en la Academia Militar de Nueva York, un centro en el que las travesuras no eran bien recibidas.

Donald el recluta

Donald Trump junto a Theodore Dobias
Donald Trump junto a Theodore Dobias

El padre del presidente electo, Fred Trump, era pura bondad en comparación con el hombre que se encargó del presidente a partir de entonces: Theodore Dobias, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que había visto cómo ahorcaban al mismísimo Mussolini en Italia. Según recuerdan varios reclutas que pasaron por sus manos en la academia, Dobias tenía un amplio abanico de castigos, entre los que destacaba el de llevarlos al ring de boxeo para que se pegaran entre sí.

El veterano no cambió sus métodos tras la llegada de Trump a la academia: "No nos importaba si venía de Rockefeller Center o de donde fuese. Solo era otro nombre", señaló el propio Dobias en una entrevista. "Al principio no le gustaba la idea de que le dijeran qué hacer: cómo hacer su cama, limpiar los zapatos, cepillarse los dientes, hacer sus tareas...", añadió el veterano, aunque no tardaron en conseguir que el recién llegado acatase la disciplina.

Sin embargo, como el propio Dobias señala, hubo un aspecto de su personalidad que nunca cambió: "Quería ser el número uno. Quería destacar. Quería ser reconocido. Y le gustaban los elogios". Gracias a esta actitud, Trump consiguió medallas en la academia, se hizo un nombre en el equipo de fútbol y cosechó buenas notas, pero su fuerte personalidad también dio lugar a varios incidentes durante su adolescencia.

Trump el presidente

En su último año de academia, Trump fue nombrado capitán y, a partir de entonces, pasó a tener un grupo de cadetes bajo su mando. Uno de ellos era Ted Levine, quien le puso el mote de 'Mr. Meticuloso' por su obsesión con el orden. El recluta experimentó esta obcecación en sus propias carnes, ya que en una ocasión Trump encontró su cama deshecha y le tiró las sábanas al suelo. Lejos de amedrentarse, Levine intentó golpearle, por lo que el presidente le arrastró hasta la ventana de un segundo piso y "trató de empujarme hacia fuera", asegura el propio Levine. Según su relato, otros dos cadetes consiguieron detenerle en el último momento.

Donald Trump durante su paso por la academia.
Donald Trump durante su paso por la academia.

Episodios como este hicieron que sus subornidados no tardaran en comprender que enfrentarse a él no era buena idea. "Nunca gritaba a nadie", asegura un hombre que también fue su cadete, Peter Ticktin. "Solo te miraba con las cejas levantadas. El tipo de mirada que te dice que no puedes decepcionarlo", añade. Sin embargo, el miedo no era la única sensación que provocaba Trump ante sus compañeros. Al igual que en su infancia, el presidente también causaba envidia entre las personas que frecuentaba.

'Ladies man'. Así le llamaban en aquella época, tal y como se recoge en uno de los anuarios de la academia. A día de hoy, sus compañeros todavía recuerdan las jóvenes con las que el presidente paseaba por el campus. "Eran hermosas, mujeres preciosas, vestidas de Saks Fifth Avenue", señala George White, miembro de la academia en los años 60.

Según recuerda Jeff Ortenau, otro de los cadetes que el presidente tenía bajo su mando, Trump era consciente de su éxito. "Algún día seré famoso", le dijo al propio Ortenau en una ocasión. No se equivocaba. Casi medio siglo después de pronunciar estas palabras, el pequeño Donny se ha convertido en el presidente de los Estados Unidos.

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