Miedo a un posible 'Chernóbil belga' por las plantas nucleares de Tihange y Doel
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su clausura estaba prevista para 2015

Miedo a un posible 'Chernóbil belga' por las plantas nucleares de Tihange y Doel

Dos instalaciones de 1975 aportan casi la mitad de la electricidad de Bélgica. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre el riesgo que suponen. En caso de accidente, sería una catástrofe

Foto: Pescadores en el río Meuse, frente a la planta nuclear de Tihange, en diciembre de 2015 (Reuters)
Pescadores en el río Meuse, frente a la planta nuclear de Tihange, en diciembre de 2015 (Reuters)

La seguridad en las plantas nucleares de Bélgica recuerda al gato de Schrödinger: por momentos, existe y no existe al mismo tiempo. Por un lado, diversos estudios y acontecimientos recientes ponen en duda la fiabilidad de las mismas. Por otra parte, el Gobierno belga y la Asociación Federal de Control Nuclear mantienen una postura común: no existe riesgo alguno.

El riesgo parece evidente para algunas instituciones internacionales, mientras que desde el Gobierno se muestran confiados con el estado de sus centrales. La manera en que el ejecutivo belga intenta convencer de su postura por momentos resulta confusa: mantiene su confianza en la seguridad de las plantas y, al mismo tiempo, planea el reparto de pastillas de yodo a modo de prevención, ante un posible accidente nuclear. ¿Existe o no riesgo de accidente nuclear en Bélgica?

En 2012 se encontraron fisuras en los reactores de Tihange y Doel. La empresa asegura que "no tienen ningún impacto sobre su funcionamiento"

Las plantas nucleares de Tihange y Doel llevan en funcionamiento desde 1975 y son las protagonistas de esta polémica. En agosto de 2012, tras algunas investigaciones debido a ciertos errores en el funcionamiento de las plantas, se encontraron varias fisuras en ambos reactores, por lo que se procedió a la detención de los mismos mientras se investigaban las causas. Finalmente, la compañía Electrabel achacó estos “daños” a “errores de producción.” “Se trata de ‘señales debidas al hidrógeno’ presentes tras la fabricación del tanque, y no de ‘fisuras’, y no tienen ningún impacto sobre el funcionamiento de los reactores”, aclara Serge Dauby, portavoz de Electrabel, en una entrevista con El Confidencial. Tras un estudio de la AFCN de las “fisuras” y el estado de Tihange 2 y Doel 3, ambos vuelven a ponerse en funcionamiento al poco tiempo. Posteriormente, en marzo de 2014, uno de ellos vuelve a pararse de nuevo debido a una “anomalía” en el reactor.

Fueron muchos los que empezaron a dudar de la seguridad de las centrales y los movimientos para cerrarlas empezaron a tomar más fuerza. La clausura final de Tihange y Doel estaba planeada para 2015, una opción que parecía la más lógica. Sin embargo, y pese a los antecedentes, tras el análisis de la AFCN se decidió que su cierre podía esperar diez años más. “Hay que decir que el sector nuclear es uno de los más supervisados del mundo, con cerca de una revisión por semana”, argumenta Serge Dauby frente a las críticas. “Muchos países han decidido que la vida de sus plantas sea de entre 60 y 80 años, como los Estados Unidos”, añade el portavoz de Electrabel. En este caso, Tihange y Doel alcanzarán los 50 años en 2025 cuando, técnicamente, deben cerrar finalmente.

Más de 16.000 fisuras

Tanto el ISR vienés (Instituto de Seguridad y Riesgos) como Greenpeace denuncian irregularidades en los reactores y advierten de las altas probabilidades de sufrir un accidente nuclear. Diversas fisuras encontradas en Tihange 2 y Doel 3 desde 2012 a 2015 –más de 3.000 pequeñas grietas en la primera y hasta 13.000 en la segunda, algunas de casi 2 cm de largo– hacen que se dude de la fiabilidad de los estudios por parte de la gestora, Electrabel, y de la AFCN, encargada de evaluar la situación.

Aunque desde ésta se asegura con firmeza que la seguridad y fiabilidad es incuestionable. No opina lo mismo el ISR que, tras unos estudios publicados recientemente, cree que existen altas probabilidades de que ocurra una catástrofe en nuclear en el país. “Hasta ahora una central nuclear con fisuras era un escenario que no se había dado”, declara Wolfgang Renneberg, ex gestor del organismo de supervisión en Alemania y profesor del ISR. “La peligrosidad de Tihange 2 y Doel 3 es incalculable.”

Las plantas llevan en funcionamiento desde 1975, y su cierre estaba previsto para 2015. Las autoridades han extendido su uso por otra década más

Aún así, son muchos los que confían en los estudios que certifican que no existe riesgo alguno, pese a las advertencias continuas desde diversas instituciones internacionales. “Ahora mismo no hay nada que me permita afirmar que existe un riesgo en Tihange, aunque el riesgo cero no existe, por supuesto”, afirma Christophe Collignon, alcalde de Huy, lugar donde se encuentra Tihange. “Como alcalde me preocupa no solo la central sino cualquier sitio sensible de la región, sea industrial o no. En lo que se refiere a Tihange estoy en continuo contacto con la gestora.”

Bélgica es un país muy pequeño, y aunque sus dos centrales nucleares están situadas en las fronteras, el radio de alcance de una catástrofe nuclear cubriría no sólo la extensión del propio estado sino que además tendría consecuencias directas en los países vecinos. Según un estudio del ISR (Instituto de estudio de Seguridad y Riesgos en Viena), existe entre un 40 y un 60% de probabilidades de que queden inhabitables ciudades como Namur, Lieja o Limburgo, alcanzando incluso la ciudad de Aquisgrán en Alemania y gran parte de la frontera con Holanda.

Esta situación ha alarmado a la comunidad internacional debido a la proximidad de ambos reactores con los países vecinos: Tihange está situado junto a la frontera alemana y cerca de Luxemburgo, y Doel se encuentra al norte de la frontera belga, a un paso de los Países Bajos. Hasta un total de 90 ciudades alemanas, holandesas y luxemburguesas, colindantes con la frontera belga, han decidido acudir a la justicia para forzar a Electrabel a cerrar las plantas debido al alto riesgo existente. A esta petición se suma el colectivo Stop Tihange-Doel, una asociación que recoge el apoyo de diversos participantes: desde equipos de fútbol hasta partidos políticos.

Pastillas anticáncer para la población

Se estima que entre el 40 y el 50% de la electricidad que se produce en el país depende directamente de estas plantas de energía nuclear, por lo que no todos están de acuerdo en el cierre de las mismas. Muchas de las ciudades que rodean a Tihange y Doel dependen directamente de los trabajos que esta empresa les proporcionan. “Son alrededor de dos mil personas los que trabajan en nuestras plantas, a los que hay que añadir más de mil quinientos subcontratas”, explica Serge Dauby, portavoz de Electrabel. ¿Qué pasaría entonces con todos esos trabajos si ambas centrales cerraran? “Eso habría que preguntárselo a la gestora”, afirma Christophe Collignon.

Algunos medios, siguiendo estos estudios, comparan las posibles consecuencias con las de la ciudad de Chernóbil, en Ucrania. En 1986, en aquella ciudad entonces perteneciente a la URSS, se produjo el mayor accidente nuclear de la historia debido a un fallo en una simulación de seguridad en uno de los reactores. Éste se sobrecalentó y terminó causando la muerte de unas 200.000 personas según las últimas estimaciones. Ahora se teme que algo así pueda ocurrir en Bélgica.


Ante este posible escenario, la AFCN recomendó al Gobierno de Charles Michel la distribución, a modo de prevención, de pastillas de yodo en un radio de 100km alrededor de las centrales. Lo que, a efectos prácticos, abarcaría todo el país. En la elaboración de los presupuestos el Gobierno belga se planteó la posibilidad de repartir pastillas de yodo siguiendo esta recomendación.

El Gobierno belga estudia distribuir pastillas de yodo alrededor de las centrales: con ellas se satura la glándula tiroidea, lo que impide que se absorba el yodo radiactivo

En un accidente nuclear, el yodo radiactivo pasa a la sangre y de ahí a la glándula tiroidea. Tomar yodo no radiactivo como medida preventiva permite que la glándula tiroides se sature y, por tanto, el yodo radioactivo no se adhiera a ella, eliminándolo de nuestro cuerpo a través de la orina. De esta manera se consiguen prevenir miles de casos de cáncer de tiroides ante una catástrofe nuclear. “Deben saber que sobre los millares de trabajadores que hay todos los días en nuestras centrales muy pocos han ido a buscar su pastilla de yodo, siendo la mayoría de ellos habitantes de ciudades a menos de 10km de nuestras plantas,”, indica el portavoz de Electrabel.

Finalmente, debido a los recortes que ha tenido que hacer el Gobierno belga para conseguir negociar y aprobar las cuentas para el próximo año, se llevará a cabo un reparto de pastillas de yodo, pero solo entre las mujeres y los niños que vivan a menos de 20 km de distancia de las centrales. El Gobierno se ciñe así a una “campaña de prevención de los grupos prioritarios” que se pretende llevar a cabo progresivamente a lo largo de 2017, junto con una campaña informativa sobre los riesgos de un accidente nuclear y las medidas de prevención que se deben tomar en dicho escenario. “Cualquier riesgo que exista, por mínimo que sea, debe ser tenido en cuenta. Por lo que el reparto de estas pastillas me parece una medida más que adecuada”, afirma Christophe Collignon.

¿Objetivo yihadista?

A esta polémica sobre la fiabilidad de los reactores hay que añadir la controversia del último año en la seguridad de las mismas. En una de las investigaciones llevadas a cabo en diciembre de 2015, tras los atentados de París, se descubrió material vinculado a una de las centrales nucleares en Bélgica en uno de los pisos relacionados con la célula yihadista autora de los ataques. El material incautado era una grabación de uno de los agentes de seguridad de una de las plantas en su hogar. La Policía descartó la hipótesis de un plan contra Tihange o Doel, aunque nunca se llegó a dar explicaciones sobre el material encontrado.

Dos empleados de Dohel han viajado a Siria para unirse al Estado Islámico. Se teme que los yihadistas quieran atentar contra las plantas nucleares

Además, distintos medios han establecido conexiones entre el “fallo en el reactor” que tuvo lugar en 2014 en Tihange 2 con un posible ataque terrorista. Investigaciones posteriores han determinado que dicho fallo fue una “manipulación deliberada” que derivó en una fuga masiva de aceite que paró en seco las turbinas del reactor.

No termina ahí la gravedad de las sospechas, pues dos días después de los atentados en Bruselas, se produjo el asesinato de uno de los guardias de seguridad en una de las plantas. La tarjeta de identificación de dicho agente, que daba pleno acceso a la central, nunca fue encontrada. Lo que dio lugar a una inhabilitación temporal de todas las tarjetas de identificación hasta que se restaurase el sistema de seguridad con normalidad.

Varios días después de los atentados de Bruselas, el New York Times publica un artículo donde afirma que dos de los antiguos empleados de Doel habían abandonado el país para unirse al Estado Islámico en Siria. A pesar de todo, la Policía belga niega que haya relación alguna con la célula yihadista en Bélgica o que exista una preocupación real sobre un posible ataque terrorista en las centrales.

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