baño de sangre en centroamérica

La Mara Salvatrucha, la otra cara de las deportaciones que propone Trump

El auge de dos de las mayores organizaciones criminales del mundo, la Mara Salvatrucha y Barrio 18, no se explicaría sin deportaciones como las que ahora defiende el presidente

Foto: Miembros de la M18 en una cárcel de San Salvador. (EFE)
Miembros de la M18 en una cárcel de San Salvador. (EFE)

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este domingo en la cadena CBS que encarcelará o expulsará del país a entre dos y tres millones de inmigrantes, señalando como principal objetivo de esta medida la expulsión de "traficantes de drogas" y "miembros de bandas". Al margen de las cifras esgrimidas por el republicano, su promesa no supone una revolución en la política migratoria del país, ya que Estados Unidos ha deportado a hispanos con antecedentes desde hace décadas.

Las consecuencias de estas expulsiones se reflejan en Centroamérica, donde países como El Salvador, Honduras o Guatemala lidian con los pandilleros a los que en su día echaron de EEUU. De hecho, el crecimiento de dos de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo, la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, no se explicaría sin deportaciones como las que ahora defiende Trump.

La Mara Salvatrucha, la otra cara de las deportaciones que propone Trump

Sangre y tinta en los cuerpos

Los conflictos que estallaron a partir de los años sesenta en Centroamérica provocaron la huida de miles de latinoamericanos hacia Estados Unidos, un movimiento migratorio impulsado a su vez por la entrada en vigor de la Ley de Inmigración y Nacionalidad durante el mandato del presidente Johnson. De esta manera, jóvenes hispanos cuya infancia había estado marcada por la guerra se asentaron en EEUU. En concreto, en ciudades como Los Ángeles o Chicago.

Lejos de encontrar una vida mejor, los nuevos inmigrantes se toparon con la exclusión social y la pobreza, problemas a los que respondieron en muchos casos con violencia. Partiendo de la idea de 'defender' a los suyos, jóvenes salvadoreños crearon entre los años setenta y ochenta la Mara Salvatrucha en Los Ángeles, también conocida como M-13. La nueva banda empleó en sus crímenes una violencia hasta entonces inaudita, por lo que sus miembros no tardaron en hacerse con los territorios que controlaban otras pandillas rivales como los Bloods y los Crips.

Miembros de la Mara Salvatrucha en El Salvador. (Reuters)
Miembros de la Mara Salvatrucha en El Salvador. (Reuters)

Desde su creación, quedó claro cuál sería el gran enemigo de la M-13: una banda que, curiosamente, también está formada por inmigrantes hispanos: Barrio 18. Las raíces de esta segunda organización son más difíciles de establecer que las de la Mara Salvatrucha, pero los expertos señalan que es más antigua y que fueron migrantes mexicanos los que la crearon en Los Ángeles. De todos modos, la banda realmente ganó notoriedad en 1992, durante los disturbios de la revuelta de Rodney King

Las deportaciones como solución

Las autoridades intentaron acabar con estas organizaciones encarcelando a sus líderes, pero no tardaron en darse cuenta de que los cabecillas eran capaces de mantener el control desde el interior de las prisiones, por lo que cambiaron de estrategia y apostaron por devolverlos a sus países de origen. De esta manera, a partir de 1992, se dieron las primeras deportaciones de pandilleros de Estados Unidos a Centroamérica.

Presuntos pandilleros de la mara Barrio 18. (EFE)
Presuntos pandilleros de la mara Barrio 18. (EFE)

A través de la conocida como Violent Gang Taks Force, el FBI comenzó a detener a hispanos con antecedentes y, según un estudio de la Universidad Iberoamericana de México, 64.312 guatemaltecos, 106.826 hondureños y 87.031 salvadoreños fueron expulsados de Estados Unidos entre 1996 y 2004. El baño de sangre pasó así de las calles de Los Ángeles a extenderse por Centroamérica, aunque nunca llegó a abandonar del todo la ciudad en la que nació.

La vuelta a Centroamérica

Aunque Estados Unidos alegó motivos de seguridad para justificar estas deportaciones, las autoridades nunca presentaron cifras precisas respecto al número exacto de expulsados que pertenecían a las pandillas. De todos modos, el efecto que tuvo la vuelta de miles de delincuentes a Centroamérica fue enorme, ya que la desmilitarización que atravesaban sus países de origen y los vacíos de poder en términos de instituciones supusieron el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de las maras.

Presuntos miembros de la Mara Salvatrucha. (Reuters)
Presuntos miembros de la Mara Salvatrucha. (Reuters)

En el caso de El Salvador, se calcula que en la actualidad hay en torno a 100.000 pandilleros en activo y que un millón de personas están relacionadas con las maras, prestándoles ayuda o cobijándose bajo su sistema. De todos modos, el baile de cifras es habitual a la hora de analizar este tipo de organizaciones, y el único dato que tiende a repetirse de unos estudios a otros es el de los muertos: en 2015, 6.670 personas perdieron la vida en El Salvador, la cifra más alta de su historia. En este sentido, países como Guatemala, con 5.677 homicidios, y Honduras, con 5.148, no se quedan atrás en lo que respecta a la violencia, y es que desde su deportación de Estados Unidos, las maras se convirtieron en un fenómeno transnacional.

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