delfín negro, la prisión más dura

Rusia recupera los trabajos del Gulag

Rusia se prepara para instaurar los trabajos forzados. Asegura que este sistema dará mejores resultados que aislar a los convictos de la sociedad. Y hasta cobrarán un pequeño salario

Foto: Presos en la cárcel de alta seguridad de Krasnoyarsk, en Siberia (Reuters).
Presos en la cárcel de alta seguridad de Krasnoyarsk, en Siberia (Reuters).

Antes de que existiese la actual conciencia global sobre los derechos humanos el escritor ruso Alexander Solzhenitsyn detalló en su libro ‘Un día en la vida de Ivan Denisovich’ las condiciones de un campo de trabajos forzados durante la década de los cincuenta del siglo pasado. El frío helaba las palas de cemento mientras los presos construían los tabiques, pero la tarea solo se suspendía si se llegaba a -40 grados centígrados. Y cada preso tenía un número en lugar de nombre para despojarle de su humanidad. Son retazos de una historia basada en hechos reales (Solzhenitsyn estuvo preso en el Gulag de Stalin entre 1945 y 1953) que ahora puede volver a la realidad en versión más 'light'. Rusia se prepara para instaurar los trabajos forzados a partir del año que viene.

El último campo de trabajo del Gulag cerró en 1991. Valery Maximenko, subdirector del servicio penitenciario ruso, ha dicho a la agencia TASS que rechaza cualquier paralelismo con la época de Stalin. Aseguran que este sistema de castigo dará mejores resultados que aislar a los convictos de la sociedad. Y hasta cobrarán un pequeño salario.

Esta práctica existe en países como Estados Unidos. La legislación rusa prohibe este tipo de penas, pero el Gobierno ha aprovechado un resquicio legal del código laboral en el que se establece que las tareas ejecutadas como parte de una sentencia no serán considerados trabajos forzados.

Los colectivos que velan por los presos se quejan de que no existe una lista de trabajos, sino que éstos serán definidos por cada penitenciaría y podrán enmarcarse dentro del sector público pero también dentro del privado. Alexei Sokolov es presidente de la organización "Pravovaia Osnova" (Base Legal), que se ha ocupado de numerosos casos de tortura y malos tratos de personas detenidas víctimas de violencia policial o muerte bajo custodia en la Federación Rusa. Cree que en teoría los trabajos forzados pueden dar nuevas posibilidades a los presos, también económicas “pero vivimos en Rusia y todas las buenas iniciativas, siempre pueden acabar arruinadas por funcionarios deshonestos”. El principal peligro es que a “los presos condenados a trabajos forzados se les acabe convirtiendo en simples esclavos a cambio de una ración de pan, destinándolos a la construcción para levantar la economía del país”, explica Sokolov a ‘El Confidencial’.

La prisión más dura

Rusia tiene la novena tasa más alta de población reclusa del mundo: 447 de cada 100.000 habitantes. El número total de los presos estimado por el Servicio Penitenciario Federal de Rusia era de 673.818 a fecha de 1 de marzo de 2015.

La prisión más dura del país se llama Delfín Negro y está situada en Kazakistán. Asesinos en serie, terroristas, violadores y hasta caníbales se reparten por sus celdas. 700 presos en total, cada uno con una media de cinco asesinatos a sus espaldas. Es un presidio que da la bienvenida al visitante con una escultura de un delfín negro que en invierno aparece surgiendo de la nieve. No hay cantina, ni patio. Nadie ha escapado con vida, y por si acaso unos francotiradores vigilan el perímetro con orden de tirar a dar.

Dadin asegura que fue objeto de palizas en cuatro ocasiones por grupos de diez personas que se turnaron para golpearle. Al día siguiente lo tuvieron media hora colgado de las esposas. Después le quitaron la ropa interior y lo amenazaron con violarloEl panorama que pinta Sokolov en las cárceles rusas es oscuro. “En las cárceles de Rusia se ignoran las demandas de los presos, los malos tratos son continuos y lo que pasa en las cárceles, allí se queda”. Precisamente esta semanas se ha conocido el caso del activista ruso Ildar Dadin, encarcelado en la república rusa de Carelia, junto a Finlandia. Dadin asegura en una carta que llegó a la colonia penitenciaria de Segezha el 11 de septiembre de 2016 y fue objeto de palizas en cuatro ocasiones por grupos de entre diez y doce personas que se turnaron para golpearle. Al día siguiente lo tuvieron media hora colgado de las esposas. Después le quitaron la ropa interior y lo amenazaron con violarlo.

Dadin es el primer condenado en Rusia por infringir una ley promulgada en 2014 que penaliza las infracciones reiteradas de las normas sobre reuniones públicas. Su mujer denunció en su cuenta de Facebook que su marido sufre torturas, maltrato e incluso amenazas de muerte en prisión. Será transportado a un hospital donde pasará un examen médico. Los doctores a los que ha recurrido la prisión no han hallado indicios de torturas en el cuerpo, comunicó un portavoz del Servicio Penitenciario regional.

Presos durante un descanso en una jornada de trabaja en una colonia prisión, en Krasnoyarsk, Siberia (Reuters).
Presos durante un descanso en una jornada de trabaja en una colonia prisión, en Krasnoyarsk, Siberia (Reuters).

Amnistía Internacional cree que hay que investigar hasta el final. “Las denuncias de Ildar Dadin de palizas, humillaciones y amenazas de violación son escandalosas, pero desgraciadamente constituyen solo las más recientes de toda una serie de denuncias creíbles que indican que la tortura y otros malos tratos son generalizados en el sistema penitenciario ruso”, explica Sergei Nikitin, director de Amnistía Internacional Rusia. En algunos casos, a los detenidos se les pone en reclusión en régimen de aislamiento y se les vendan los ojos durante los interrogatorios.

Los trabajos forzados abren un nuevo espacio a la explotación. Pero también pueden sacar de la ‘oscuridad’ una rutina carcelaria que las ONG consideran cruelLos trabajos forzados abren un nuevo espacio a la explotación. Pero también pueden sacar de la ‘oscuridad’ una rutina carcelaria que las ONG consideran cruel. La tortura es la principal denuncia de Amnistía Internacional. Los métodos incluyen palizas, golpes con botellas de plástico llenas de agua, con culatas de fusiles, porras… También hay amenazas de violencia sexual, asfixia y descargas eléctricas.

A esto hay que sumarle los presos que se quedan por el camino por causas ‘naturales’. Según los datos ofrecidos por el Gobierno, la principal causa de muerte continúa siendo el sida, por culpa del cual murieron 665 personas: un 37% de todos los casos de mortalidad. La cantidad de presos rusos muertos por diversas enfermedades a estas alturas de año en 2015 se mantuvo al mismo nivel que el año pasado, 2.600 personas, según el jefe interino de servicios sanitarios del Sistema Federal Penitenciario de Rusia, Alexander Priklonkski.

En cada cifra hay una historia. La trayectoria del activista Alexei Sokolov es testimonio de lo difícil que es el tránsito por el sistema penitenciario ruso. Su trabajo ha ayudado a que se abran unas cuantas investigaciones contra policías y funcionarios. Pero ha pagado un coste personal: fue detenido en 2009 y condenado a cinco años de prisión por robo. Sus compañeros creen que esos cargos fueron presentados como 'castigo' por su trabajo en defensa de los derechos humanos. Una lucha desigual donde suele ganar la oscuridad de la celda.

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