elecciones estados unidos 2016

Trump pasa a la ofensiva y aguanta el tipo

En esta ocasión el republicano se había preparado mejor por insistencia de su equipo. Amenazó a Hillary con meterla en la cárcel y le acusó de defender a un violador llamado Bill Clinton

Foto: El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, responde a la demócrata Hillary Clinton. (Reuters)
El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, responde a la demócrata Hillary Clinton. (Reuters)

La presión era insoportable. Donald Trump llegó al debate en medio de una tempestad, distanciado en las encuestas y con medio partido republicano dándole la espalda o conspirando para derrocarle. Pero el candidato apareció más compuesto, ágil y desafiante. Logró poner nerviosa a Clinton y manejó los tiempos pisando a los dos presentadores, a quienes acusó de favorecer a su rival. “Son tres contra uno”, declaró.

El escándalo de la cinta de 2005 revelada este viernes, donde se le escucha presumiendo de agredir sexualmente a mujeres aprovechando su fama, fue despachado al principio. Trump pidió disculpas, dijo estar “avergonzado”, que nadie tenía “más respeto por las mujeres” que él, pero que sólo se trataba de “charla de vestuario”: insignificante, dijo, comparado con “el ISIS cortando cabezas”. “Esto es como el Medievo”.

Luego acusó a Bill Clinton de ser “el mayor abusador de la historia de esta nación” y a Hillary de defender a un violador. Apenas una hora y media antes del debate, en San Luis, Trump ofreció una rueda de prensa junto a tres mujeres que habían acusado al expresidente de agresión sexual. “Las acciones hablan más que las palabras”, declaró una de ellas, Juanita Broaddrick. “Trump puede haber dicho malas palabras pero Bill Clinton me violó y Hillary Clinton me amenazó. No creo que sea comparable”.

Amenaza con meter en la cárcel a Hillary Clinton

El resto fue un debate personal, sin guantes. El magnate estuvo más centrado y ofensivo que en el anterior, rápido en su juego de piernas. “Es bueno que alguien como Trump no esté al cargo de la ley en este país”, dijo Clinton. “Porque estarías en la cárcel”, devolvió Trump, en referencia a los 33.000 emails borrados por el equipo demócrata. El republicano dijo que, si es elegido, nombraría un fiscal sólo para investigar a Clinton.

Hillary Clinton le lanzó, sin éxito, anzuelos que su rival habría mordido hace 10 días. Volvió a acusarle de usar trucos fiscales para no pagar impuestos. “Por supuesto”, reconoció su rival. “Igual que tus amigos, quienes te pagan los anuncios de campaña”. Mientras, el republicano se desplazaba lentamente por el escenario, como quien efectúa un interrogatorio violento, presto a golpear en cualquier momento.

Donald Trump y Hillary Clinton durante el segundo debate. (Reuters)
Donald Trump y Hillary Clinton durante el segundo debate. (Reuters)

 

En esta ocasión Trump se había preparado mejor por insistencia de su equipo. El exalcalde neoyorquino, Rudolph Giuliani, y el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, consumado boxeador verbal, estuvieron acudiendo a la Torre Trump a dar consejos hasta este domingo, en medio de las turbulencias.

El formato de 'town hall', donde la mayoría de las preguntas vienen de un público seleccionado por la agencia Gallup entre votantes indecisos, fue determinante. Clinton tiene más experiencia que Trump en este campo, pero la naturaleza de las preguntas, más de color menos enfocadas al detalle, también pudieron beneficiar el magnate.

"Selección extrema" para prohibir la inmigración

Uno de los asuntos más mencionados fue Rusia, que acaba de ser acusada por Washington de hackear al Partido Demócrata para influir en las elecciones. Clinton atacó la política rusa en Siria, habló de “crimen de guerra”, y dijo que el presidente Vladimir Putin quería ver a Trump en la Casa Blanca. Este respondió que sería bueno llevarse bien con Rusia y que no tenía nada que ocultar sobre su relación con este país.

El magnate moderó algunas de sus posturas. Llegó a decir que la islamofobia es una “vergüenza” y dejó un nuevo eufemismo para la prohibición de la inmigración desde países de mayoría musulmana: “selección extrema”, un proyecto que ha cambiado varias veces durante la campaña y que no llegó a concretar. Clinton aprovechó para recordar los desmanes más notorios de Trump, sus comentarios sobre el islam, que, declaró, serían usados por el ISIS para “reclutar combatientes”.

A medida que se completaba la hora y media del encuentro, la demócrata repasaba sus largas listas habituales de políticas y se iba cansando. Bajaba el micrófono para suspirar, hacía pausas y las frases se espaciaban cada vez más. Trump, que empezó con la boca seca y dando algún respingo, como la vez anterior, fue ganando terreno, contrariando numerosas veces a los dos moderadores y respondiendo libremente a las preguntas.

Trump pasa a la ofensiva y aguanta el tipo

Ahora mismo Estados Unidos consulta el encuentro con la almohada, lo duerme, y en los próximos días eran llegando las reacciones: desde arriba, la estrategia del Partido Republicano, colocado desde este fin de semana al borde de una guerra interna. Más de 150 líderes conservadores, entre ellos una cuarentena de representantes, senadores, gobernadores y viejas referencias, han criticado a Trump o han dicho que no le votarán.

Trump ha usado la condena para reforzar su mensaje de campeón de la gente común frente a una élite que considera corrupta y anquilosada. Amenazó a sus críticos; les llamó “hipócritas mojigatos” y les acusó de poner sus carreras por delante de su país. Jugó su rol de campeón de la gente común frente una élite corrupta y lo aderezó con un ligero baño de masas al pie de su torre en la Quinta Avenida.

El 74% de los republicanos apoyan a Trump

Son ellos, los votantes, quienes decidirán. De momento, la encuesta de 'Politico' y 'Morning Consult' refleja que el 74% de los electores republicanos siguen defendiendo a Trump aun después de ver el polémico vídeo, frente a un 13% que lo quiere ver fuera de campaña. Según 'YouGov', el 90% de los electores conservadores de Ohio y Pensilvania, estados clave, también siguen apoyando al magnate. La incógnita está en ver hasta qué punto el mensaje agresivo del millonario resuena también entre los indecisos o si, como tantos referentes de su propio partido, estos le han abandonado para siempre.

La última pregunta del debate sirvió para rebajar como por arte de magia la tensión acumulada estos días: nombren una cosa que respeten en el otro, pidió un miembro del público. “Sus hijos”, concedió Hillary. Donald Trump devolvió el cumplido. “Es una luchadora. Nunca abandona y respeto eso”. 

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