entrevista al político que media en molenbeek

Ahmed Al Khannous: "Abdeslam no tenía la protección del barrio de Molenbeek"

Khannous hace de ojos y oídos para el Gobierno en el barrio de Bruselas donde se fraguaron los atentados. "La exclusión social no es la principal razón del problema", dice

Foto: Una mujer pasa por delante de la casa donde fue arrestado Salah Abdeslam en el barrio de Molenbeek, el 19 de marzo de 2016. (Reuters)
Una mujer pasa por delante de la casa donde fue arrestado Salah Abdeslam en el barrio de Molenbeek, el 19 de marzo de 2016. (Reuters)

“Bienvenidos al pequeño Marruecos de Bélgica”. Así recibe a El Confidencial Ahmed al Khannous, el político belga que hace de ojos y oídos para el Gobierno entre las calles del ahora célebre barrio belga de Molenbeek. Nació en Bruselas, pero es de origen marroquí y habla en un perfecto bereber y dialecto magrebí que le permitió ganarse la confianza de los habitantes de hasta el último de los callejones.

“En ese barrio funciona la ley del boca a boca, el chivatazo nos ha ayudado a detener a Salah Abdeslam y nos ayudará a frenar esta lacra”, advierte con seguridad.

Ahmed Al Khannous, en un acto organizado por el ayuntamiento de Molenbeek. (Foto: I. Rachidi)
Ahmed Al Khannous, en un acto organizado por el ayuntamiento de Molenbeek. (Foto: I. Rachidi)

Si antes se movía por el barrio para recopilar toda la información posible que permita parar los pies a grupos extremistas y narcotraficantes, esa búsqueda es ahora su única tarea, especialmente, desde la detención de Salah. “Eso fue un respiro, porque nos temíamos que atentara de nuevo, aunque con lo que ocurrió esta semana, nos hemos dado cuenta de que hay muchos Salah en la calle”, sentencia apesadumbrado.

Para él, el ISIS es “una secta con un comportamiento de manual”, aunque sus métodos y su estrategia “son únicas en su especie y no tienen precedentes”. Después de Charlie Hebdo, los ataques en Paris el pasado noviembre y ahora en Bruselas, “Europa está empezando a despertar” y darse cuenta de la existencia de este enemigo. 

El 'teléfono marroquí'

“Lo increíble es que muchos de ellos son conversos al islam, es decir, gente que se ha radicalizado bajo la bandera del islam. Eso explica que el funcionamiento de este grupo nada tiene que ver con valores religiosos sino más bien psicológicos”, analiza . “El mundo occidental está abriendo los ojos y le está dando por fin al terrorismo la importancia que tiene. Antes, los gobiernos estaban entretenidos en sus reuniones inútiles en Ginebra, mientras los jóvenes europeos estaban siendo manipulados y viajaban a Siria”, resume mientras crispa su gesto.

Al Khannouss cuenta algunos detalles sobre el momento de la detención de Salah. “Estaba irreconocible, mucho más delgado y con apariencia de estar asustado. Se había dejado un poco de barba, tenía un físico muy desgastado y se notaba que estaba muerto de miedo por lo que le esperaba”.

No hay ni un centímetro de Molenbeek donde no haya un marroquí que informe cuando algo va mal, asegura Al Khannouss. Por eso, niega totalmente las informaciones que dicen que los vecinos del barrio supieran que Salah estuviera escondido en el barrio. “Ni los vecinos, ni las mezquitas, ni nadie sabía que estaba allí. Tenía otro tipo de protección, seguramente la familiar”. En cuanto se ha enterado la gente -añade- se ha acercado a la policía para contárselo.

“En Molenbeek funciona el ‘teléfono marroquí’ y es imposible que pase algo, que se mueva una hormiga, sin que nosotros lo sepamos. Yo me paso el día en la calle y hablo con todo el mundo. Estoy seguro de lo que digo y por eso trabajo en la alcaldía, para ayudar al Gobierno a frenar este descontrol”, advierte, en referencia a los rumores que sitúan en ese barrio los apoyos a la célula yihadista de Bélgica. Por eso, considera que lo que se necesita ahora mismo es colaboración por parte de la policía marroquí y sus servicios de información, que son los que conocen cómo funcionan estas mentalidades.

Una mujer con velo integral pasa delante de un mural en Molenbeek, en noviembre de 2015. (Reuters)
Una mujer con velo integral pasa delante de un mural en Molenbeek, en noviembre de 2015. (Reuters)

De Molenbeek a Siria y viceversa

“Daesh es una secta, por su metodología y por su ideología. El problema añadido es que esta secta es 3.0, es decir, utiliza las nuevas tecnologías y las redes sociales para alcanzar a sus seguidores, y eso hace que se le pierda fácilmente el rastro. Es necesario que nos acerquemos a su entorno si queremos acabar con ellos”. El yihadismo es “una nueva enfermedad”, dice, en referencia a este fenómeno de terror. Conocedor de este barrio, y de los últimos movimientos de las autoridades europeas, comenta que “el mundo está asimilando el peligro ante el que está y todavía debe crear metodologías aptas para esta nueva lucha”.

En 2011 y 2012, Khannouss tomó parte en las labores de seguridad para desarticular las diferentes células extremistas que se empezaban a formar en los Países Bajos. “Debíamos habernos puesto en serio con esto cuando se creó Sharia4Belgium [en Amberes]”, un grupo radical que ha atraído a muchos jóvenes, tanto chicos como chicas. “Hemos recibido a muchos padres alertando de que sus hijos están teniendo un comportamiento extraño o que han desaparecido, y tras investigaciones resultó ser que estaban en Siria”, explica consternado.

La familia de Abdelhamid Abaaoud, el cerebro de los atentados de Paris, tenían recursos y "eran muy conocidos en el barrio”, detalla al hacer memoria. Los extremistas contactaron con él, le lavaron el cerebro, tuvo un contacto en persona con uno de ellos y acabó en Siria, dice Al Khannouss. “Luego ejerció como vínculo con Molenbeek para contaminar a todo el grupo, a todos los jóvenes del barrio”.

Ahmed Al Khannous: "Abdeslam no tenía la protección del barrio de Molenbeek"

Este 'pacificador' vocacional desvela que las autoridades cuentan con muchas pruebas, especialmente grabaciones, que muestran la gran cantidad de jóvenes belgas que ha viajado “a la yihad”. Videos en los que aparece, entre otros, el extremista Abaaoud arrastrando con un coche a varias personas atadas a través de una cuerda. “Con este tipo de gente no hay diálogo posible. La fuerza de los argumentos que utilizan es el enemigo real. Por eso, hay que entender cómo funcionan y tener como objetivo a los ideólogos de Daesh, porque podemos matar a un Salah, pero aparecerán cuarenta”.

En Molenbeek, casi un 50% de los jóvenes menores de 28 años están en paro. Hay mucha exclusión social y discriminación laboral, reconocen fuentes oficiales. Pero esto tampoco es la razón principal del fenómeno, según este político en activo.

Los Guardianes de la Paz de Molenbeek, un grupo de voluntarios que trabaja desde los años 90 para promover la aplicación de la ley. (Foto: I. Rachidi)
Los Guardianes de la Paz de Molenbeek, un grupo de voluntarios que trabaja desde los años 90 para promover la aplicación de la ley. (Foto: I. Rachidi)

Las cabezas pensantes

“Las personas que se suman a Daesh suelen tener un denominador común que es la marginación social, problemas económicos y pérdida de identidad. Es cierto que hay pequeños grupos en barrios marginales, pero eso no es la raíz del problema. Estos grupos nos mantienen entretenidos y nos desvían del verdadero objetivo: las cabezas pensantes”, alerta este marroquí.

Khannouss explica que esta semana ha informado a la policía sobre “un tipo sospechoso”. Un hombre que supuestamente amenazó a una mujer en la calle y le espetó: “Tenéis la suerte de que yo estoy aquí y que todo esto no os afecte. Os vais a arrepentir si seguís hablando de Dios”. Y como todo su trabajo en Molenbeek funciona, esa chica vino a comentarle lo que pasó, él se informó de la identidad del tipo y ahora está detenido y siendo interrogado para ver a qué se refiere con sus palabras, que fueron pronunciadas unos días antes del atentado en Bruselas.

Khannouss también ha hablado con algunos retornados y la conclusión que ha sacado es clara: “Los extremistas intentan fortalecer a una persona que no tiene confianza en si misma, le cuentan historias que le hacen imaginarse con más valor. Les dan la oportunidad de ser ‘alguien’. Les presentan, además, el mundo dividido en dos: el bien y el mal. Incluso les llegan a dibujar a sus propios padres como el enemigo. Les hacen sentirse solos y Daesh es quien realmente les va a dar un mundo puro. Les manipulan hasta hacerles ver que hay que acabar con este mal llamado Occidente y democracia”. En cuanto a ellas, señala, hay un factor emocional que los extremistas aprovechan a su favor: el psicológico. Les dicen: “Somos musulmanes, tenemos que hacer nuestra hégira, y allí vivirás  y te respetarán como mujer musulmana, podrás vestir tu velo sin que nadie te critique”.

Para este político, está claro que las consecuencias de los atentados en Europa afectan a “todos por igual, incluidos los musulmanes", y esa es la razón por la que están dispuestos a colaborar para frenarlo. “Están hartos de que se les mire mal y de la islamofobia”.

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