Españoles en Bruselas: "La gente se ha puesto a correr como loca. Era un caos"
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Españoles en Bruselas: "La gente se ha puesto a correr como loca. Era un caos"

María trabaja muy cerca de Maalbeek y ha vivido el pánico posterior a la explosión en el metro. "Me ha pillado de camino a la oficina. Nos piden que no salgamos de aquí".

placeholder Foto: Momentos posteriores a la explosión en Maalbeek (Bruselas). (Reuters)
Momentos posteriores a la explosión en Maalbeek (Bruselas). (Reuters)

Los atentados de Bruselas han pillado por sorpresa a españoles que comenzaban su jornada laboral en la capital europea. Españoles como María, quien no lo ha dudado y se ha puesto a correr en cuanto ha visto a "una marabunta de gente" huyendo despavorida en Schuman, el barrio europeo de Bruselas. Muy cerca de allí, en la estación de Maalbeek, ha explotado una bomba que ha quitado la vida al menos a 15 personas en torno a las 9:15 de la mañana, hora punta en la que cientos de empleados entran a trabajar a las instituciones europeas. "La gente estaba como loca. Me he puesto a correr", relata a este periódico con un hilo de voz. "Era un caos".

Sirenas de policía, bomberos, ambulancias, calles cortadas... María trabaja en las instituciones europeas y aún tiene el miedo en el cuerpo, pero por suerte hoy no había cogido el metro para ir a la oficina. Tampoco lo ha hecho Joan, un valenciano que hace prácticas en un medio de comunicación español. "Me ha pillado saliendo de casa y a punto de entrar al metro. Mi jefa me ha llamado en ese momento para que me quedase donde estaba", explica. Ya estaba prevenido por sus familiares desde España, los primeros en interesarse por él tras las explosiones en el aeropuerto de Zaventem de Bruselas en torno a las 8 de la mañana. Al menos otras 15 personas han perdido la vida allí.

"Justo hoy me he retrasado en el gimnasio, he entrado más tarde a trabajar y eso me ha salvado. Mi oficina está justo al lado de Maalbeek", asegura. Algo parecido le ha pasado a Lucie, una diplomática polaca que ha preferido coger un taxi para acercarse al Parlamento Europeo (PE). "Se suponía que debía estar en Maalbeek en el momento de la explosión, pero afortunadamente he sobrevivido porque no quería coger el metro después de los atentados en el aeropuerto", señala. Pero no ha llegado a pisar las instalaciones del Parlamento porque "había un atasco terrible" en la carretera.

"No te lo voy a negar: tengo miedo"

Lucie ha vuelto a su casa y asegura que no volverá a utilizar el transporte público en Bruselas "al menos en el próximo mes". En cualquier caso, hoy nadie puede subirse a metros, tranvías o autobuses porque la red de transportes está cerrada. "No te lo voy a negar: tengo miedo. Mañana no pienso coger el metro", admite Joan. Los empleados permanecen retenidos en sus puestos de trabajo hasta nuevo aviso, bajo la recomendación estricta de no salir.

"Mi padre trabaja en el Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS) y nadie puede salir de allí. Siempre hay controles a la entrada de las instituciones europeas, así que allí están seguros. Todas las reuniones se han anulado". Así lo explica Charlotte, una francesa que estudia en la Universidad Libre de Bruselas. Alberto también sigue las instrucciones de permanecer en el interior de la Comisión Europea, donde trabaja. Este extremeño asegura que no les dejan entrar ni salir del edificio hasta nuevo aviso por medidas de seguridad.

Cuestión de minutos

Mehmet también ha tenido suerte. Este diplomático belga de origen turco pasaba por Maalbeek poco antes de que explotase la bomba. "Ha sido cuestión de minutos. Casi no lo cuento", explica a este periódico. La misma sensación de incredulidad tiene el belga Benoît. Su hermano, un profesor de la Universidad Católica de Lovaina, ha acercado al aeropuerto de Zaventem a un grupo de estudiantes de doctorado estadounidenses justo diez minutos antes de la primera explosión. "Dos de ellos se encontraban en el mostrador que sigue al que ha explotado. Por suerte no están heridos", relata.

Benoît también da clases en una escuela en Jette, un barrio lejano al europeo; asegura que las puertas continuarán abiertas hasta las nueve de la noche y las clases no se anulan. "El centro sí que está paralizado, pero la vida sigue en el resto de la ciudad". Salva, madrileño de 25 años, es asesor económico en el Parlamento Europeo y ha podido salir de la oficina a las 4.30 de la tarde. Le han comunicado que mañana trabajará desde casa, al igual que sus compañeros. Las instituciones europeas permanecerán cerradas, confirma a este diario.

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