PRIMer yihadista de atentados que no se inmola

El misterio de Salah Abdeslam: antes reo que mártir

El terrorista islamista será el primero en enfrentarse a las miradas de las víctimas de los atentados perpetrados el 13 de noviembre en París

Foto: Salah Abdeslam en una imagen de archivo.
Salah Abdeslam en una imagen de archivo.

Salah Abdeslam ha caído. Será el primer terrorista islamista que se enfrentará a las miradas de las víctimas de los atentados del 13 de noviembre en París. Es el primer yihadista con vida de todos los que han participado en atentados islamistas desde que en 2012 Mohamed Merah iniciara la pesadilla que Francia ha vivido desde entonces. Familias de las víctimas, policías, políticos y la sociedad en general esperan conocer a través de Salah todos los detalles sobre la operación asesina de París y algo más sobre las redes terroristas que actúan en Europa.

El misterio de Salah Abdeslam: antes reo que mártir

¿Por qué Salah Abdeslam ha permitido que le capturen? ¿Por qué no hizo explotar su cinturón bomba en París, como estaba previsto, según dejaba claro el comunicado leído por un portvoz del autodenominado Estado Islámico? Muchos esperan oír la respuesta que puede, en cierto modo, dar un barniz de humanidad al salvajismo terrorista. Si como algunas fuentes dicen -por el momento solo especulaciones- Abdeslam se arrepintió en el último momento en París, sería el primer fracaso de la organización de E.I., ya sea por arrepentimiento o por simple cobardía.

Salah Abdeslam era conocido hasta el 13 de noviembre pasado como un ligón, que camabiaba de chica cada noche, según sus amigos del barrio bruselense de Molenbeek. Las chicas, el fútbol y la marihuana eran sus principales preocupaciones. Y si alguen quería verle, debía esperar; nunca se levantaba antes de las tres de la tarde. Salah no puede quejarse de no haber tenido oprtunidades. Trabajó en «Molenbeek Formation», un organismo social dependiente de la alcaldía de ese barrio. Más tarde, en 2009, ingresó en la nómima de la STIB, la sociedad de transportes públicos de Bruselas. Pero repetir la vida tranquila de empleado local, como su padre, no entraba en los planes de Salah. Le echaron por sus reiteradas ausencias.

Es el primer yihadista con vida de todos los que han participado en atentados islamistas en Francia

Para Salah (26 años) y su hermano Brahim (31) había otra manera de obtener dinero y continuar una vida de juerga. El primero era el gestor del bar 'Les Béguines', en Molenbeek, del que se encargaba el segundo. Allí se centralizaba el tráfico de estupefacientes que les llevaría a la cárcel. Como en tantos casos de jóvenes, la prisión fue la escuela donde los Abdeslam se radicalizaron. Allí se encontraron con Abdelhamid Abaud, el considerado principal instigador de los atentados del 13N en París, el protagonista del video en el que, sonriente, arrastraba un cadáver atado al 'pick up' que conducía en algún lugar de Siria. Abaud fue, dicen en el entorno de Salah, quien enseñó a los hermanos el arte de la disimulación, para saber cómo pasar inadvertidos entre las redes policiales y de inteligencia.

Abdaraman Abdeslam, ejemplar empleado del metro de Bruselas ya retirado, jamás sospechó que dos de sus cuatro hijos (Salah y Brahim) se convertirían un día en protagonistas del peor atentado cometido en la historia de Francia. Un duro golpe para él y su mujer Yamina, ama de casa. Los padres de los Abdeslam nacieron en Marruecos, pero vivieron en la Argelia francesa, donde tuvieron derecho a disfrutar del pasaporte galo. Una vez instalados en Bélgica sus hijos heredaron la nacionalidad francesa, la misma que la de más de cien víctimas de la noche del 13 de noviembre.

Para los progenitores, el cambio de vida de sus dos hijos en los seis meses anteriores a los atentados de la capital no les hizo sospechar nada. Que sus dos retoños dejaran de beber, de fumar canutos y cigarrillos y de salir de juerga, unido a su repentina afición a visitar la mezquita, no podía ser motivo de reproche. Al contrario, parecían haber encontrado un camino que les alejaba de la delincuencia común. Ni siquiera su hermano Mohamed, empleado en el ayuntameinto de Molenbeek y miembro del Partido Socialista local (el del denostado exalcalde Philippe Moureaux, que centra las críticas del clientelismo y la ceguera ante la rampante islamización del barrio-ciudad bruselense) podía imaginarse que el cambio de sus hermanos sería para peor.

El misterio de Salah Abdeslam: antes reo que mártir

Salah Abdeslam, eso al menos está claro, fue el responsable logístico de los atentados de París. No le importó dejar la huella de su tarjeta de crédito para el alquiler de los automóviles que transportaron a los asesinos ni para el hotel y el apartamento en los que durmieron sus últimas horas. A él le correspondía saltar por los aires en el distrito XVIII de la capital francesa. Pero no activó el detonador.

Con una ciudad en estado de alerta máxima, Salah burló los controles y llegó a Montrouge, fuera del París intramuros, donde dejó su cinturón de explosivos dentro de una bolsa de basura. Desde allí telefoneó a dos amigos de Molenbeek, Hamza Attou y Mohamed Amri, a los que les pidó que fueran a buscarle: "Os pago los peajes y la gasolina", confesaron que les dijo para convencerles.

Los colegas de Salah llegaron a París hacia las cuatro de la mañana del sábado 14 de noviembre. A las nueve, tres gendarmes franceses daban el alto al Golf que transportaba a los tres belgas de origen magrebí. Después de revisar su documentación, les dejaron seguir. Salah Abdeslam no era todavía conocido ni sospechoso. En su rostro los gendarmes solo notaron los efectos de los porros que los tres reconocieron haber fumado. Salah volvía a refugiarse en la droga para hacer frente a la muerte de su hermano, Brahim, que hizo explotar su cinturón antes de tiempo. Su acción provocó heridas, pero ninguna muerte. ¿Accionó el dispositivo o explosionó por error?

LLevaba más de tres meses escondido en su propio barrio de Molembeek y protegido por vecinos

Desde ese día, Salah Abdeslam se convirtió en el enemigo público número uno de Europa. Se le sospechaba ya huido en Siria. LLevaba más de tres meses escondido en su propio barrio. Protegido por una red terrorista perfectamente implantada en Bélgica. Protegido por ciertos vecinos que apaleaban a los periodistas que osaban filmar el vecindario y que este viernes apedreaban a los miembros de la policía que capturó con vida al exfumador de porros y ligón que no acabó de creerse el premio de las 70 vírgenes esperándole en el paraíso.

Salah tuvo este viernes una nueva oportunidad para inmolarse. Sin embargo, eligió la vida. Prefirió enfrentarse a los interrogatorios policiales, a la mirada de los familiares de las víctimas y a la de su propia familia.

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