CINCO AÑOS DE GUERRA CIVIL, 470.000 MUERTOS

¿Valió la pena la revolución siria?

Hoy hace cinco años de las primeras protestas. Un levantamiento que tornó de guerra civil a 'proxy war' internacional; y más tarde, en destino dogmático de la yihad

Foto: Manifestantes con banderas del opositor Ejército Libre Sirio protestan contra Al Asad en Alepo, el 11 de marzo de 2016 (Reuters).
Manifestantes con banderas del opositor Ejército Libre Sirio protestan contra Al Asad en Alepo, el 11 de marzo de 2016 (Reuters).

Ismail al Abdullah y el resto de sus compañeros de Alepo preparan pancartas y banderas para el gran aniversario. “Los eslóganes serán los mismos que en 2011, cantaremos el pueblo quiere la caída del régimen”. Los muchachos intentan mostrar el entusiasmo de los primeros días de la revolución. “Queremos reformas políticas, que termine la matanza de civiles y poder vivir con dignidad”, dice el activista, que también forma parte de los Cascos Blancos de Alepo, un grupo de rescate de heridos y muertos en los ataques aéreos. Ismail niega, en una conversación de teléfono, que el tiempo de `los revolucionarios´ haya terminado. “Estamos más animados que nunca, porque el ejército de al Asad ha demostrado estar cerca del colapso. Aguantaremos hasta el final”.

Hoy hace cinco años de las primeras protestas pacíficas en Siria, en la ciudad de Deraa. Un levantamiento que tornó en guerra civil; después, en una 'proxy war' internacional; y más tarde, en un destino dogmático de la yihad. Un desastre que ha ocasionado más de 470.000 muertos (según SCPR), 4,6 millones de refugiados y 6,6 millones de desplazados internos (según la ONU). Algunas ciudades, incluído su legado arqueológico, han sido destruídas por los combates, como Homs, Kobane, Alepo… Una generación perdida ha nacido durante el conflicto, cerca de un tercio de todos los niños y la mitad del total no acude a la escuela. Cinco años después, un país entero se pregunta, ¿ha valido la pena la guerra?

“Cuanto más despiadado es este régimen y más personas sigue matando más me afirmo en que fue lo correcto lanzar una revolución contra este Gobierno”, afirma Shady, un jóven trabajador humanitario de Alepo. “Lo único que siento es no poder haber hecho más para compensar todo lo que han dado nuestros mártires”, dice Abdo, otro sirio que trabaja para una ONG, “no sé si lo hicimos bien, pero éste era nuestro deber”. “Era el destino de Siria”, sentencia Ismail, “nosotros lanzamos unas protestas pacíficas. (…) Fue el Gobierno quien abrió fuego contra nuestras manifestaciones”.

Un hombre camina entre escombros en Jobar, un suburbio de Damasco controlado por los rebeldes (Reuters).
Un hombre camina entre escombros en Jobar, un suburbio de Damasco controlado por los rebeldes (Reuters).

La tregua, la última oportunidad de la revolución

En los últimos días, algunas ciudades opositoras han recordado al mundo los verdaderos motivos de la 'primavera siria'. Miles de civiles han aprovechad las dos semanas de tregua para volver a tomar las calles y alzar su voz contra Asad. Alepo, Idlib, Deraa, pero también Damasco, han vivido escenas que no se veían desde 2011. La bandera verde ha vuelto a ondear entre hombres y mujeres cogidos por los brazos, entre cantos y signos de victoria. El cielo, libre de cazas y helicópteros, ha dado aliento a las demandas del principio: el fin de la opresión política, la caída de Bashar al Asad y la marcha de la familia alauí de Damasco. Después de cinco años, la reciente tregua ha probado algo: la supervivencia de la revolución.

“La revolución no ha muerto, solo ha caído en la desesperación”, dice Yasin al Haj Saleh, un escritor de la disidencia siria que huyó de Raqa ('capital' del ISIS) en octubre de 2013. “Al principio luchábamos solo contra un enemigo (al Assad), pero ahora nos enfrentamos a muchos…”, concluye Yasin, cuya mujer fue secuestrada por Daesh en diciembre de 2013. El disidente político es pesimista, cree que la oposición siria ha sido la gran perdedora del conflicto, atrapada entre los intereses de los superpoderes. “Las posibilidades de éxito son pocas porque nuestros enemigos son más poderosos que nosotros. (Estados Unidos y Rusia) no quieren saber nada de nuestra democracia”.

Y así es, los rebeldes han perdido el protagonismo político que tuvieron en los primeros años. La entrada de grupos salafistas y yihadistas han perjudicado los valores de su ideario democrático. Además, la intervención de Rusia les ha hecho perder gran parte de su territorio. Incluso durante la tregua, al Asad ha ganado zonas estratégicas en el norte de Latakia y en el sur de Alepo. La oposición les acusa de haber usado el alto el fuego en su favor. Daesh y Jabhat al Nusra estaban excluidos del acuerdo, pero el segundo comparte posiciones con milicias opositoras. Así, el régimen ha seguido atacando esos puntos estratégicos.

Al Haj Saleh cree que el escollo fundamental de “la Siria democrática” es que el resto de actores de la guerra “prefieren que sea Al Asad quien lidere el país. (…) Porque las potencias piensan: aquellos que matan como nosotros es con quienes nosotros nos identificamos”, afirma el escritor. La entrada del enemigo perfecto, un grupo yihadista como Daesh, fue el detonante que inclinó la balanza internacional en favor de al Asad, un líder secular y más occidental. Sin embargo, en estos últimos cinco años se ha demostrado que fue Al Asad quien liberó a presos yihadistas de la cárcel Sednaya, en una maquiavélica estrategia, durante las primeras semanas de las protestas para que los yihadistas tiñeran de negro la revolución.

Combatientes de la milicia opositora Jaysh al-Islam en una trinchera en el frente de Tal-Kurdi, próximo a Damasco (Reuters).
Combatientes de la milicia opositora Jaysh al-Islam en una trinchera en el frente de Tal-Kurdi, próximo a Damasco (Reuters).

¿Y qué pasará con Siria?

Esta semana, las negociaciones de paz han vuelto a Ginebra con el impulso generado por el éxito de la tregua. Gracias al cese de las hostilidades, las organizaciones humanitarias han tenido acceso a poblaciones que llevaban varios meses cercadas, como Madaya y Zabadani (147.000 personas viven en zonas sitiadas, según Syrian NGO Alliance). Así, el foco se ha puesto en los progresos políticos. Staffan de Mistura, el enviado de Naciones Unidas a Ginebra ha dicho que éste es “el momento de la verdad” del conflicto sirio, y que la urgencia es definir la nueva gobernabilidad, la constitución así como las elecciones presidenciales y parlamentarias en un plazo de 18 meses.

Aunque el comienzo de año ha traído logros no vistos en los años atrás, el país está más fracturado que nunca. Los kurdos dominan prácticamente toda la franja norte del país y, durante la tregua, han avanzado en el sur de Hasakka. Su alianza con Estados Unidos les ha ayudado a extender sus dominios. Sin embargo, en las últimas maniobras han sido acusados de colaborar con Damasco y con Rusia. Incluso, los kurdos han atacado a las milicias de oposición o se les ha culpado de maltratar a los civiles de las poblaciones de Alepo. ¿En esta nueva relación de confianza, les prometerá Damasco la autonomía que demandan en su cantón?

Los rebeldes, por su parte, siguen unidos en su oposición unánime contra Al Asad, aunque la diversa amalagama de milicias y grupos ha hecho difícil la viabilidad de este bloque. El HNC, el Alto Comité de Negociaciones, anunció en el último momento que acudirían a Ginebra para mostrar su desacuerdo con las violaciones cometidas por Rusia y el ejército. La lucha internacinal contra Daesh continuará independiente al resto de dinámicas de Siria. La coalición mantendrá los bombardeos y continuará la operación para debilitar sus fuentes de financiación, cerrar los puntos de entrada de reclutas extranjeros, capturar a líderes y frenar sus avances en el frente. Aunque se llegue a un acuerdo entre los otros actores, el territorio de Daesh se mantendrá en guerra.

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