PLAN DE EMPLEO PARA EXTRANJEROS FORMADOS

Buenos trabajos en vez de subsidios: refugiados que hallaron el éxito en Suecia

Rami lloró el día en que Spotify le contrató. Economista, huyó de Siria cuando le llamaron a filas: "Querían que matara, pero me negué". En una Suecia desbordada hay algunas historias de éxito

Foto: Oamayma, profesora de francés y oriunda de Siria, cubre su rostro para esconder su identidad en un centro de refugiados en las afueras de Estocolmo (Reuters).
Oamayma, profesora de francés y oriunda de Siria, cubre su rostro para esconder su identidad en un centro de refugiados en las afueras de Estocolmo (Reuters).

Buscar trabajo en el extranjero nunca ha sido fácil. Y para los miles de refugiados que están llegando a Europa desde el verano supone todo un reto. Junto a Alemania, Suecia se ha convertido en uno de los principales destinos. El país nórdico espera cerrar el 2015 con unas 190.000 solicitudes de asilo, la cifra per cápita más alta de Europa. Y las historias de éxito que nos llegan de algunos de ellos, que ya han logrado encontrar trabajo en empresas de prestigio, ayudan a hacerse una idea del porqué.

Rami Sabbagh, de 31 años, es uno de ellos. Harto de la guerra en su Siria natal, decidió huir. "No podía oír más historias de ciudadanos muertos por las bombas y los disparos del régimen. Me llamaron a filas para que matara a gente, pero me negué y decidí alejarme de aquella locura", explica en una entrevista con El Confidencial.

De Siria pasó a Turquía y, una vez allí, cogió un vuelo a Copenhague, la capital de Dinamarca, desde donde entró en Suecia. Corría el año 2012 y, atraído por la generosa política de asilo del país nórdico, estuvo entre los primeros grupos de sirios que han optado por el país nórdico desde entonces. "En ese momento, Suecia era uno de los primeros países que daba asilo político y humanitario a todos los sirios. Mis expectativas en aquel momento eran muy sencillas: empezar una nueva vida lejos de la devastación de la guerra".

El camino no fue fácil y en muchos momentos se deprimió. "Llegaba de una cultura completamente distinta y, aquí, en Suecia, los principales desafíos eran la lengua, el clima y encontrar un trabajo en un mercado extremadamente competitivo".

Pero no se desanimó. A base de mucho tesón, esfuerzo y fuerza de voluntad, consiguió que le cogieran para hacer prácticas en Spotify, una de las nuevas empresas tecnológicas más prometedoras a nivel mundial. Lo hizo bien y el premio le llegó hace tres meses, cuando su jefe le comunicó que le iban a contratar de modo indefinido. "Lloré cuando me lo dijeron. Es un sueño hecho realidad, un momento que nunca olvidaré".

Economista de profesión, Rami trabaja en el famoso servicio de música en streaming sueco como analista de impuestos. Y explica que, además de "aguantar y no rendirse nunca", el secreto de haber llegado hasta aquí está en "saber aprovechar las oportunidades que se te presentan".

Rami Sabbagh, economista sirio, el pasado verano.
Rami Sabbagh, economista sirio, el pasado verano.

Plan de empleo para extranjeros formados

La suya llegó a través del programa Korta Vägen, que significa Camino Corto, a través del cual otros extranjeros como él, varios de ellos refugiados, también han encontrado trabajo. Se trata de un programa del Ministerio de Empleo para ayudar a los licenciados extranjeros a encontrar trabajo más rápidamente. La Universidad de Estocolmo es quien lo gestiona en la capital sueca y, a través de ellos, fue como Rami se enteró de la oferta de Spotify.

Aunque este joven sirio no es el único que ha tenido suerte. Tayeb Al Muhammad se acababa de licenciar cuando huyó de Damasco. Era el principio de la guerra y, ante el dilema de quedarse y verse forzado a luchar en el ejército de Bashar Al Assad o huir, optó por lo segundo.

Según explica en un artículo en la web turística oficial de Estocolmo, tenía un pariente en Suecia que, nada más llegar, le ayudó a encontrar un empleo temporal en la empresa de aire acondicionado de un amigo. Hacía tareas de secretariado y contabilidad. No era el trabajo de sus sueños, pero, al menos, podía decir que ganaba algo y estaba ocupado en lugar de quedarse sentado sin hacer nada en un centro de refugiados. Al cabo de poco tiempo, también dio con el programa Korta Vägen, que le consiguió unas prácticas en la gran tabacalera Philip Morris.

Más allá de la buena organización de programas como este, el alto nivel de inglés de los suecos es, sin lugar a dudas, un elemento de ayuda. Ambos han empezado a aprender sueco y tienen la intención de llegar a hablarlo algún día. Pero ni Rami ni Tayeb se vieron obligados a dominar la lengua local para poder acceder a un trabajo de lo suyo.

Pocas ofertas para los menos cualificados

Por lo general, entre los sirios que están huyendo de la guerra hay un alto porcentaje de universitarios y profesionales cualificados. Más difícil lo tienen los que proceden de Afganistán, Somalia o Eritrea, donde los índices de analfabetismo son mucho más elevados. Los expertos observan que en mercados avanzados como el sueco, las personas con poca o nula formación educativa lo tendrán más difícil, al menos al principio.

Iman está perfectamente integrada. Se licenció en medicina con notas excelentes y está casada con un ingeniero sueco. Considera que la clave fue vivir en una zona donde había pocos inmigrantesAunque, en el pasado, este país también ha demostrado que sabe organizarse para ofrecer oportunidades a inmigrantes menos cualificados. Lo explica Iman Nurlin, de 32 años, que ahora tiene nacionalidad sueca pero que llegó al país nórdico como refugiada junto a sus padres y a sus dos hermanas pequeñas cuando apenas tenía tres años. "Tenía la misma edad que Aylan", destaca impresionada en alusión al pequeño sirio que murió ahogado frente a una playa turca el pasado mes de septiembre.

Procedentes de Eritrea, la familia de Iman había huido de la guerra. Después de recorrer la peligrosa ruta hacia Sudán, pasaron a Arabia Saudí y, de allí, fueron finalmente acogidos por Suecia.

A pesar de su tierna edad, Iman recuerda muy bien el gélido día de noviembre de 1986 en que llegaron a Suecia. "Íbamos vestidos con nuestras ropas más abrigadas y, sin embargo, tiritábamos de frío". Los tres primeros años pasaron por varios centros de refugiados, antes de ser ubicados en una pequeña ciudad del centro del país, donde los padres obtuvieron un empleo como aprendices en el sector industrial. Las niñas fueron rápidamente escolarizadas y, para sus progenitores, fue asombroso comprobar lo rápido que sus pequeñas empezaron a hablar un sueco perfecto.

Ahmad, refugiado, imparte clases en un hotel reconvertido en centro de refugiados en Riksgransen (Reuters).
Ahmad, refugiado, imparte clases en un hotel reconvertido en centro de refugiados en Riksgransen (Reuters).

Espíritu de superación y autoestima

Iman agradece el espíritu de superación que le inculcaron en casa. Desde muy pequeña, tuvo claro lo importante que era hacer los deberes y estudiar. De alguna manera, sabía que para progresar tendría que hacer las cosas el doble de bien que sus compañeros suecos. Hoy esta joven musulmana está perfectamente integrada. Se sacó la carrera de medicina con notas excelentes y actualmente trabaja en un hospital del centro del país. Está casada con un ingeniero sueco y es madre de dos niñas preciosas, de uno y dos años.

Destaca que el camino no fue fácil. De pequeña, tuvo que soportar insultos y algún que otro comentario racista por el mero hecho de ser extranjera. Pero ser inteligente y obtener buenos resultados en el colegio la ayudó a afianzar su autoestima. Por lo demás, considera que uno de los elementos clave fue vivir rodeados de suecos, en una zona donde había pocos inmigrantes.

Iman junto a su marido Rickard.
Iman junto a su marido Rickard.

"Al principio, el choque cultural es grande. Te sientes distinto porque tu piel es diferente y en un primer momento puede resultar más cómodo convivir con gente con la que compartes las mismas raíces. Sin embargo, para la integración, es vital que los inmigrantes se mezclen con la población local. De lo contrario, acabarán sintiéndose segregados", señala.

Pero hoy, la población inmigrante en Suecia es mucho más numerosa que entonces y lograr que no se formen guetos es más difícil. En las ciudades más importantes, como Estocolmo y Malmö existen barrios compuestos casi exclusivamente por inmigrantes. El actual Gobierno de centro-izquierda se ha propuesto cambiar la situación y recientemente ha ofrecido financiación suplementaria a los municipios que en la actualidad acogen a menos extranjeros para que amplíen su cuota.

El Gobierno está desbordado

Sin embargo, la ingente cifra de refugiados que ha llegado al país en estos últimos meses hace que la prioridad ahora mismo sea darles cobijo sin importar tanto dónde. La situación se ha vuelto tan insostenible que, por primera vez, Suecia ha decidido instaurar controles en las fronteras y aprobar medidas drásticas para frenar las llegadas.

Son medidas de urgencia, que duelen especialmente en un país que siempre se había caracterizado por su apertura. Hace unas pocas semanas, a la viceprimera ministra, Åsa Romson, se le saltaron las lágrimas ante las cámaras al anunciarlas.

Y llegan en un momento de creciente xenofobia, con la extrema derecha, que aboga por una política de inmigración mucho más hostil, ganando peso en las encuestas. Pero tanto Rami como Iman ven el futuro con esperanza. "Es cierto que crece la intolerancia, pero la crisis de los refugiados también ha llevado a mucha gente a movilizarse, a echar una mano", asegura Iman con optimismo. Y la verdad es que su propia historia hace que tenga razones para creerlo.

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