¿Quién es el hombre que ha acabado con el kirchnerismo?
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LA INCERTIDUMBRE EN TORNO A MAURICIO MACRI

¿Quién es el hombre que ha acabado con el kirchnerismo?

La incertidumbre en torno al presidente electo marca la resaca de la noche electoral argentina, que ha dibujado un país políticamente dividido

placeholder Foto: Mauricio Macri celebra el resultado de las elecciones junto a su mujer, Juliana Awada, en Buenos Aires. (Reuters)
Mauricio Macri celebra el resultado de las elecciones junto a su mujer, Juliana Awada, en Buenos Aires. (Reuters)

Cuando Mauricio Macri, el primogénito del exitoso empresario Franco Macri, decidió en 2003 fundar un nuevo partido de derechas, muy pocos habrían anticipado que, 12 años después, se convertiría en el primer presidente que no es ni peronista ni radical desde que los argentinos tienen memoria. Ayer, en el primer balotaje celebrado en el país desde la vuelta de la democracia, se impuso con un reducido margen de tres puntos porcentuales al candidato oficialista, y sin embargo poco kirchnerista, Daniel Scioli. El próximo 10 de diciembre, Cristina Fernández de Kirchner cederá la banda presidencial al ingeniero Macri y a su vicepresidenta Gabriela Michetti: la segunda mujer que llega a la Casa Rosada; la primera que lo hace en silla de ruedas.

Macri sabía desde mucho tiempo atrás que quería entrar en política: la presidencia del Boca Juniors fue su puerta de entrada, en 1995. Para entonces, ya llevaba años en el mundo de los negocios: en 1983 fundó, junto a su amigo Nicolás Caputo, un negocio de sistemas de climatización; poco después se hizo cargo como vicepresidente del 'holding' de las empresas del grupo Macri. En 1991, fue secuestrado por una banda de delincuentes formada por agentes de la policía activos, que lo retuvieron durante 12 días y obligaron a su familia a abonar seis millones de dólares para conservar su vida.

En 2003, cuando los argentinos gritaron aquello de “que se vayan todos”, Macri supo entender que había un sector amplio de la derecha sin un partido que lo representase, pues ese espacio ideológico lo habían ocupado hasta entonces los militares o los vaivenes peronistas. Así que fundó Compromiso para el Cambio, se presentó a gobernador porteño y perdió. No desistió: dos años más tarde impulsó la Alianza Propuesta Republicana (PRO) y salió elegido diputado; en 2007 ganó la jefatura del Gobierno porteño y la revalidó en 2011. Sería su puerta de acceso a la Casa Rosada, a la que llega ahora, a sus 59 años, casado con su tercera esposa, Juliana Awada, y padre de cuatro hijos.

Ya en sus tiempos del Boca, el presidente electo fue caricaturizado como “un nene de papá”, en palabras de Diego Maradona. Dicen que a Macri le marcó profundamente la figura exigente y autoritaria de su padre. Franco Macri es una figura cuestionada, por sus negocios en tiempos de dictadura y por las acusaciones de evasión fiscal en tiempos de Carlos Menem. También controvertidas han sido algunas de sus amistades, como la que desde el colegio le une a Caputo, quien multiplicó sus contratos de obra pública con la Ciudad de Buenos Aires después de que su amigo asumiera el cargo en 2007. Aunque el mayor traspié del líder del PRO ha sido que, desde hace seis años, Mauricio Macri está procesado por el caso de las escuchas ilegales en la Ciudad de Buenos Aires: se le acusa de los delitos de violación de secretos, abuso de autoridad, falsificación de documentos públicos y participación en una asociación ilícita, presuntamente enfocada a las escuchas ilegales. El presidente electo pidió ser sobreseído, pero el tribunal desestimó la petición.

Y ahora, ¿qué?

El resultado es histórico por varios motivos. Inaugura un nuevo ciclo político en Argentina: se consolida a nivel nacional una nueva derecha que hasta ahora se había mantenido circunscrita al ámbito porteño, en un país donde el centralismo cultural se combina con el federalismo político y el poder territorial articulado en torno a los gobernadores. El PRO ganó las elecciones al frente de la Alianza Cambiemos, que incluyó a la Unión Cívica Radical y, como socio minoritario, a la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Falta por ver ahora qué ocurre en el seno de esa alianza: si fue apenas un acuerdo de campaña o lo será de gobierno; será determinante la elección del nuevo Gabinete y el reparto de ministerios. Mientras, el peronismo deberá reacomodarse a su poco habitual función opositora, y falta por ver si el kirchnerismo seguirá siendo la corriente hegemónica o primarán posturas más conservadoras, como la que representaba el candidato Scioli.

Por el momento, en su primera rueda de prensa como presidente electo, Macri dejó un mensaje claro: “Vamos a declarar la emergencia en seguridad”. Anunció que su prioridad será el combate a la inseguridad ciudadana y al avance del narcotráfico, y que para ello profesionalizará las fuerzas armadas para “tomar el control sobre el territorio”; su modelo será, dice, la Policía Metropolitana que su Gobierno creó en la Ciudad de Buenos Aires en 2008.

De lo que todavía no ha querido hablar Macri es de lo que más preocupa a la gente: la política económica. Ha avanzado que formará un equipo económico de seis miembros, pero no ha dado detalles de cuáles serán las primeras medidas. Economistas cercanos al PRO han expresado repetidas veces su rechazo del atraso cambiario, esto es, de la subvaluación del peso argentino debido a la inflación, que ronda el 25% e incluso el 30% anual.

Esa situación llevó al Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a imponer restricciones a la adquisición de dólares y a la exportación de las ganancias empresariales: es el llamado cepo cambiario. Este, a su vez, promovió un mercado paralelo de dólares que cotizan hoy con una brecha del 60%: si el dólar oficial cuesta 9,6 pesos, se vende a 15 pesos en el mercado negro. El PRO ha insistido en la necesidad de acabar con las diferentes cotizaciones del dólar que operan en Argentina; para ello, se espera que el equipo de Macri deje que las fuerzas del mercado decidan la cotización del billete verde. Los sectores populares serían los más afectados por una devaluación brusca: en Argentina, las oscilaciones del dólar son determinantes para los precios de los productos básicos de la cesta de la compra, como la harina, el aceite y el azúcar.

El impacto regional

Macri controla el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la provincia homónima y la Casa Rosada. Sin embargo, deberá pelear con unas cámaras legislativas más adversas y, sobre todo, cuidarse de la rebelión en las calles. Tal vez sea cierto que, como ha señalado el escritor Martín Caparrós, Scioli -que en los noventa fue menemista- pudiera haber emprendido políticas neoliberales de ajuste incluso más profundas que las que podrá implementar Macri, quien deberá soportar, muy probablemente, una enorme presión en las calles. Tendrá en contra todo el espectro del centro hacia la izquierda. Según esta lectura, no le interesaría mostrar abiertamente su cara más conservadora, esa que negó en una campaña electoral en que no paró de repetir lo que “no cambiará” de los 12 años de kirchnerismo, desde las políticas asistencialistas hasta la estatalización de YPF, que en su momento calificó de “confiscación”.

Lo que sí parece incuestionable es que la derrota del kirchnerismo es un duro golpe para las izquierdas latinoamericanas, que podría reflejarse en un estancamiento de los procesos de integración regional, como Unasur y Celac, y un empuje para la Alianza del Pacífico, que está promoviendo la liberalización del comercio. Sobre abrir la puerta a las importaciones, de momento, Mauricio Macri no quiere pronunciarse. Pero el cambio de alianzas estratégicas es evidente: Macri estará más cercano al colombiano Juan Manuel Santos que al venezolano Nicolás Maduro.

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