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¿Acogerías a un refugiado en tu propia casa? Lucía, sí
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¿Acogerías a un refugiado en tu propia casa? Lucía, sí

Trabaja como intérprete en instituciones europeas, aunque vive en Barcelona. Ella es una de las personas que ofrece una habitación en su casa para paliar la situación urgente de los refugiados sirios

Hace cinco días, Ada Colau escribió un mensaje en Facebook sobre la cuestión siria. Reaccionaba a las noticias espeluznantes de los refugiados atrapados en las fronteras o muriendo ahogados en la mar. Sin embargo, la alcaldesa de Barcelona publicaba ayer un nuevo mensaje con un tono mucho más optimista: "Hemos recibido muchísimas cartas de familias que se ofrecen a acoger a refugiados en sus casas. Otros municipios como Valencia, Madrid, Sabadell, Terrassa o Sant Feliu de Llobregat han declarado su intención de sumarse a la iniciativa. Las entidades sociales que, pese a todas las dificultades y la falta de recursos, trabajan en la acogida de personas en Barcelona han recibido muy bien la idea y ya nos hemos reunido con ellas para organizar una mesa de trabajo."

¿Quiénes son esas personas dispuestas a acoger a refugiados en sus propias casas? ¿Qué les mueve a hacerlo? ¿Han pensado en lo que significa? Para responder a estas preguntas he hablado con Lucía Martínez, una joven que trabaja como intérprete en instituciones europeas, aunque vive en Barcelona. Ella es una de las personas que ha ofrecido una habitación en su propia casa para paliar la situación urgente e intolerable de las víctimas del terror fanático.

PREGUNTA: ¿Qué te movió a ofrecer tu casa para los refugiados sirios?

RESPUESTA: Supongo que el darme cuenta de que no se puede esperar una respuesta institucional a esta situación, y menos cuando las instituciones son las de este país. No basta con indignarse al ver imágenes de niños ahogados y esperar que "alguien haga algo". Se me ocurre que si más gente estuviera dispuesta a actuar consecuentemente con ese sentimiento de indignación, que es del todo legítimo, se podría acelerar quizás la respuesta a la crisis. Y también esto que pienso mucho últimamente: en 30 años, miraré atrás y recordaré esta situación. Si no hago ahora cuanto esté en mi mano por ayudar a estas personas, después me avergonzaré profundamente. Pero he leído que mucha gente se metía con Ada Colau. Leí algo acerca de una "soberbia moral" de la que Ada Colau hacía gala con sus declaraciones sobre el tema. Lo que a mí me parece es que la llamada de Colau pone en evidencia la inhumanidad de querer mirar hacia otro lado, relativizar, o pensar que hay otras prioridades. Otras prioridades que, por cierto, tampoco he visto por ahí, porque no he leído que nadie diga: "Yo no meto un sirio, pero mandadme un joven desempleado español".

P: Ahora nos parece muy hermoso que en la Segunda Guerra Mundial hubiera familias que metían refugiados judíos en sus casas. ¿Es una situación parecida?

R: No puedo saber lo que sentía esa gente, pero si lo que les movía a hacer eso era que se hallaban ante una situación injusta y terriblemente urgente, y que en una situación así la propia comodidad tiene que convertirse en algo secundario, entonces sí. De todas formas, esa gente se jugaba el pellejo al hacer aquello, nosotros no.

P: ¿Qué nos jugamos nosotros?

R: ¿Al acoger a alguien en casa? No se me ocurre qué nos jugamos que pudiera ser tan importante como para dejar de hacerlo. No van a dejar de llegar refugiados porque se lo pongamos más difícil o porque los amontonemos en tiendas de campaña todo el invierno, pues contrariamente a lo que se oye por ahí, sí es la pura necesidad lo que los trae aquí. Puesto que eso es así, podemos asumir la situación con un mínimo de entereza y de humanidad e intentar ir más allá de lo puramente paliativo. Ofrecer la propia casa va en esa dirección por lo que dije antes; si los ciudadanos se muestran masivamente decididos a cooperar, el gobierno debería reaccionar en consonancia y facilitar la llegada de refugiados por vías oficiales. Eso salvaría muchas vidas.

P: Aludes a la responsabilidad individual, cuando Islandia se ofrece a acoger a 12.000 personas.

R: Pero es que yo no vivo en Islandia. Vivo en Barcelona, que se ofrece a acoger a 90, que es lo que le corresponde por el cupo mezquino que ha puesto Rajoy. Si una de esas 90 personas se quedase en mi casa, yo solita estaría acogiendo al 1,11 % del contingente barcelonés. Es ridículo.

P: ¿Cuánto calculas que te puede costar?

R: Bueno, por lo pronto no podría alquilar la segunda habitación de casa, así que tendré que pagar mi alquiler entero mientras esa persona necesite quedarse. Eso es lo que calculo ahora, si surgen más cosas se puede ir viendo sobre la marcha, no es mi preocupación prioritaria.

P: Decías que se recrimina que se ayude a un sirio en lugar de a un español pobre. ¿Cuál es la diferencia?

R: La diferencia es que se trata de una situación de absoluta emergencia, con personas muriendo ahogadas cada día porque tratan de escapar de una muerte casi segura. Los que llegan aquí no tienen amigos, ni ningún tipo de recursos, ni siquiera hablan el idioma. Creo que hay claramente una mayor indefensión. De todas formas, mi casa siempre ha estado abierta a gente que la necesitaba puntualmente, pero claro, quien hace ese comentario no sabe nada de mí.

P: ¿Cuánto tiempo crees que puede estar el refugiado en tu casa?

R: La situación podría ser transitoria, es decir, una solución de paso mientras las instituciones se ponen las pilas y empiezan a tomar medidas para dar cabida a esas personas. Pero también podría ser que eso no sucediese, de ahí que sea necesario pensar este asunto con antelación. El tiempo de acogida depende de la disponibilidad de cada persona. Ha de ser llevadero para todos, y en ese sentido sería buena idea delimitar la estancia en el tiempo.

P: ¿Hablas de organizar turnos?

R: Sí. Si hubiese suficiente respuesta por parte de la ciudadanía (contando con que las instituciones no sean capaces de organizarse mejor) se podrían establecer plazos en función de las capacidades de cada uno y hacer turnos. Barcelona en Comú (u otra organización) podría recoger las propuestas y disponibilidades de los ciudadanos para decidir entre todos esta cuestión. Pero también es necesario que las autoridades aclaren el estatuto que tendrán estas personas, si podrán trabajar o no, si se les garantizará una pensión mínima, etc.

P: ¿Te provocará satisfacción personal ayudar a esta gente?

R: La satisfacción personal no entra en esta ecuación. No se trata de sentirse mejor ni de calmar la conciencia, aunque habrá quien lo viva así. Para mí esta tragedia humanitaria es una llamada que tengo que atender. Preferiría no hacerlo, sé que puede generarme incomodidad, que la convivencia puede ser pesada, ¡por eso vivo sola! Además, es una gran responsabilidad; yo viajo por trabajo y tener a alguien en casa que depende de que yo viva aquí y pague mi alquiler aquí es algo que podría condicionarme. Pero una vez más, me parece algo secundario porque la situación no está para estas frivolidades.

P: ¿Hay mucha solidaridad de boquilla? Mirando Facebook y Twitter, diría que mucha gente está dispuesta a hacer lo mismo que tú.

R: Yo eso no puedo saberlo, bastante tengo con intentar estar segura de que la mía no es de boquilla. La verdad es que mirando las redes me he llevado bastante susto porque la impresión que me queda es la contraria y se me cae el alma a los pies. He leído a mucha gente que dice cosas como que "los de aquí primero y luego ya si eso". O que eso "con el dinero público no se puede hacer". O que a su madre le han quitado la pensión y que cómo anda Ada Colau queriendo acoger sirios. Y sí que es verdad que la situación en España es muy grave para muchos, pero yo creo que es inhumano ignorar que hay grados en la desesperanza.

P: ¿Cómo encaja tu oferta de asilo personal en la geopolítica?

R: A muchos no nos importaría meterlos en nuestras casas si con eso se puede agilizar su salida y garantizar su seguridad; si no tuvieran que entrar ilegalmente en Europa, no habría tantos muertos; si la gente estuviera masivamente dispuesta a ayudar directamente a paliar la situación, habría un argumento de peso para aumentar los contingentes que el país quiere aceptar. 90 personas para la ciudad de Barcelona es una cifra simplemente vergonzosa.

placeholder Jóvenes en un improvisado refugio para los inmigrantes sirios en la estación de Budapest (Reuters)

R: No, todavía no, probablemente no han visto el comentario o no lo he colgado en el lugar más adecuado, pero confío enterarme en cuanto haya noticias al respecto porque sigo el tema.

Hace cinco días, Ada Colau escribió un mensaje en Facebook sobre la cuestión siria. Reaccionaba a las noticias espeluznantes de los refugiados atrapados en las fronteras o muriendo ahogados en la mar. Sin embargo, la alcaldesa de Barcelona publicaba ayer un nuevo mensaje con un tono mucho más optimista: "Hemos recibido muchísimas cartas de familias que se ofrecen a acoger a refugiados en sus casas. Otros municipios como Valencia, Madrid, Sabadell, Terrassa o Sant Feliu de Llobregat han declarado su intención de sumarse a la iniciativa. Las entidades sociales que, pese a todas las dificultades y la falta de recursos, trabajan en la acogida de personas en Barcelona han recibido muy bien la idea y ya nos hemos reunido con ellas para organizar una mesa de trabajo."

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