el alcohol MATA A TRES DE CADA DIEZ CIUDADANOS

La crisis rusa devuelve la guadaña al vodka

La inflación y la situación económica que atraviesa Rusia han vuelto a dar alas al vodka, segando la esperanza de vida de sus ciudadanos y arrastrando su curva demográfica hacia las cifras negativas

Foto: Un hombre sirve un vaso de vodka en un bar de Roa Khutor, cercano a Sochi, Rusia (Reuters).
Un hombre sirve un vaso de vodka en un bar de Roa Khutor, cercano a Sochi, Rusia (Reuters).

"El vodka es nuestro enemigo, por eso lo consumimos hasta no dejar ni gota de él", dice un viejo proverbio ruso. En ese pulso por ver quién acaba con quién, las fuerzas siguen estando disputadas. Tres de cada diez rusos mueren por culpa del alcohol, situando al país entre los 50 con peores cifras en cuanto a esperanza de vida: 64 años para los hombres. La crisis rusa ha vuelto a dar alas al vodka mientras los datos demográficos dan otro aviso.

Este vicio nacional, cuyo mercado estuvo monopolizado por los zares, causa unos estragos que ya estaban documentados en el siglo XIX. Pero fue sobre todo en los 90 cuando la excesiva producción y la ineficiente aplicación de impuestos inundaron el mercado con vodka barato. La desesperación por el comunismo derrumbado y el capitalismo que no terminaba de arrancar hicieron el resto.

"El problema es que está completamente aceptado que todo el mundo beba: el catedrático de matemáticas y el vendedor de fruta, y la zozobra de los 90 todavía nos pasa factura", explica Yuri Nalimov, de 51 años, que se recicló como profesor lenguas tras perder su trabajo de funcionario con el derrumbe de la URSS. Los más jóvenes, como Ania Kukina, veinteañera empleada en una empresa farmacéutica, se han abierto a otras bebidas más suaves "como la cerveza", que además son "más económicas” cuando se piden en los locales ahora que los ratos de ocio se pasan más fuera de las casas y las alternativas de tiempo libre son más diversas.

En Rusia existe incluso una palabra, 'shapoi', para referirse a la práctica de emborracharse durante varios días. La bebida está enraizada en la historia y la cultura del país. Las etiquetas de las botellas, tan coloridas, suelen reflejar estampas heroicas e incluso se usaron como moneda en los años 20 en algunas partes del país cuando la crisis hizo que escasease el efectivo. El presidente ruso, Vladimir Putin, propuso una vez reducir a la mitad el consumo de alcohol para el año 2020. Pero la crisis económica y los bandazos de la política del país respecto al vodka hacen improbable que este objetivo se alcance a tiempo.

Putin en el interior de un batiscafo, en aguas del Mar Negro, cerca de Sevastopol (Reuters).
Putin en el interior de un batiscafo, en aguas del Mar Negro, cerca de Sevastopol (Reuters).

El Kremlin ha tenido desde el siglo pasado presidentes 'provodka' y presidentes 'antivodka'. Mijail Gorbachov pisó el freno en 1985 y cortó la producción, impidiendo además que se vendiese alcohol antes de la hora de comer. Disminuyó en una cuarta parte el consumo, y también las muertes. Pero con la caída de la URSS el vodka se amoldó mejor que otros productos al libre mercado: era barato, fácil de almacenar y servía de escapatoria frente al caos y la ausencia de otros productos. Los problemas volvieron a desmadrarse. La mortalidad volvió a subir sobre todo durante el colapso del rublo en 1998. Boris Yelstin, un gobernante con problemas con la bebida, nunca colocó esta epidemia etílica entre sus prioridades.

Vladimir Putin, que no bebe, ha sido en cambio un gobernante duro con el alcohol, aunque no se ha atrevido a poner al vodka de rodillas. En 2006, se aumentaron los impuestos y se limitaron las ventas. En 2014, se incrementó en dos ocasiones el precio mínimo del vodka que se había instaurado en 2009, hasta casi triplicarse.

Se bebió menos, pero algunos bebieron peor. Rusia tiene un problema con el vodka clandestino. Según Vadim Dorbiz, del Centro Independiente de Estudios del Sector del Alcohol, el vodka ilegal se come un 65% del mercado. En parte por el establecimiento en 2009 del precio mínimo de 89 rublos (1,2 euros) por botella, que después se incrementó a 199 (2,8 euros) y 220 (3,1 euros). De hecho, varios responsables sanitarios han propuesto dilucidar de una vez "qué es vodka a día de hoy y qué no lo es".

Pero la crisis que atraviesa Rusia y la inflación han hecho dar un volantazo al Gobierno. Ha vuelto a bajar un 16% el precio mínimo del vodka. Esto cierra el paso al vodka adulterado pero, sobre todo, favorece la recaudación de impuestos a través del vodka legal.

Una empleada coloca botellas de vodka en un mostrador, en San Petersburgo (Reuters).
Una empleada coloca botellas de vodka en un mostrador, en San Petersburgo (Reuters).

La producción de este tipo de alcohol cayó notablemente durante el año pasado. En parte por la regulación y también por el ascenso de otras bebidas como el vino y la cerveza... y de nuevo el vodka ilegal. "Nuestra relación con el alcohol no difiere tanto de la de otros países, algunas personas se relajan, otras se vuelven agresivas y otras, amigables", concluye Ania.

No obstante, hay algunos datos para la esperanza. Hace ya cinco años que la Organización Mundial de la Salud detectó un aumento de los rusos que no beben (o mejor dicho, que no han bebido alcohol en los doce meses anteriores a ser preguntados) desde el un 20% en 2003 hasta un 32%. El problema es que Rusia, además de beber demasiado, bebe peor.

Según datos de 2011, cada ruso se mete al cuerpo 13 litros de alcohol al año. De ellos, ocho estaban en vodka o similares, bebidas con las que el cuerpo recibe más cantidad de etanol. En algunos países con un fuerte consumo esa proporción es de 10 litros de alcohol, pero solo dos procedentes del vodka.

El problema de fondo es demográfico. Rusia ha recuperado población en los últimos diez años, pero las gráficas vuelven a dar un rumbo decreciente. La ministra de Sanidad, Victoria Skvortsova, ha ligado las altas cifras de mortalidad al envejecimiento de la población. Mark Adomanis, experto en demografía rusa, cree que el envejecimiento no "ha sido tan repentino" como para justificar esta curva descendente. "Y si sigue así, el país volverá a experimentar un crecimiento negativo en dos o tres años". La encrucijada entre volver a menguar o culminar con fuerza el resurgimiento ruso de los últimos años puede estar en el fondo del vaso. Allí sigue el enemigo que hace que un ruso tenga una posibilidad entre cuatro de morir por una causa relacionada con el alcohol.

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