UNA DE LAS ÚLTIMAS LÍNEAS ROJAS DE TSIPRAS

¿Por qué Syriza se enroca en la reforma de las pensiones?

Los pensionistas, el epicentro de la batalla entre los acreedores y Syriza. Los argumentos de ambos se ciñen a la realidad. Analizamos por ello los mitos sobre el sistema griego. Y que el lector decida

Foto: Pensionistas griegos esperan a la apertura del Banco Nacional para recibir su pensión, en Atenas, el 28 de mayo de 2015. (Reuters)
Pensionistas griegos esperan a la apertura del Banco Nacional para recibir su pensión, en Atenas, el 28 de mayo de 2015. (Reuters)

Los pensionistas griegos están en el centro de las disputas entre sus acreedores y el Gobierno de Atenas. Lo que en campaña electoral Alexis Tsipras consideró una ‘línea roja’ se ha convertido en el verdadero frente de batalla entre Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo, por un lado, y Syriza por otro.

Y si es complicado saber quién tiene razón en esta batalla es porque ambas partes utilizan argumentos que se ciñen a la realidad: el quid es sólo a una parte de dicha realidad para sostener sus posiciones. En El Confidencial hacemos un repaso sobre los mitos más comunes sobre el sistema de pensiones griego. Y, después, que decida el lector soberano.

El sistema griego es insostenible

Verdadero. Al menos en su forma actual. La cantidad de dinero que Atenas dedica a sus jubilados asciende a una cifra que supera a la de cualquiera de los socios europeos: concretamente un 17,5% del PIB, cuando países como España apenas gasta el 12% (según Eurostat), una cantidad similar a la de Alemania o el Reino Unido. Incluso un sistema tan generoso como el francés ronda el 15%. En Grecia la inercia heredada de los tiempos de bonanza pone en jaque a una Atenas en vacas flacas. Cada mes, el Estado debe abonar 2.350 millones de euros y depende de una recaudación de impuestos imposible de predecir y que, en tiempos de crisis, no es un recurso muy sólido. A eso hay que sumarle el déficit que presenta el sistema de pensiones heleno, de hasta el 9%, mucho mayor que, por ejemplo, el 3% que tiene Alemania.

Basados en estas cifras, los acreedores le piden a Grecia un recorte de alrededor de 1% del PIB en pensiones hasta 2017, menos jubilaciones anticipadas y una reforma integral de los fondos, de manera que se paguen las pensiones a través de las contribuciones de los trabajadores en lugar de a través de los presupuestos. Un objetivo, este último, que se antoja imposible de cumplir cuando el país sufre un paro galopante y un envejecimiento creciente de la población –fundamentalmente por la baja natalidad– y la emigración parece convertirse en una constante. El FMI va más allá y pide un objetivo de ‘déficit cero’ de aquí a 2017. Los opinadores más cercanos a las posturas de la troika se apoyan en estos datos y se creen el segundo de los mitos.

Un pensionista griego durante una protesta por el sistema sanitario, en Atenas. (Reuters)
Un pensionista griego durante una protesta por el sistema sanitario, en Atenas. (Reuters)

Atenas es demasiado generosa

Falso. A pesar de la cantidad de dinero que Grecia destina al sistema y de lo mostrado en el epígrafe anterior, los datos son también muy claros al respecto: los jubilados helenos no perciben una pingüe cantidad de dinero por sus años de trabajo. La pensión media, según el respetado portal económico heleno –y no sospechoso de izquierdista– Macropolis, se estima está en unos 700 euros y la complementaria en unos 163 euros. Un 45% de los pensionistas percibe menos de 665 euros al mes. Una cantidad muy justa para alquiler y facturas para los jubilados que viven solos; insuficiente para los que, como hay casos a cientos, deben mantener a su familia en aquellos hogares con todos sus miembros en paro, que en Grecia son legión. Para estas familias la pensión se convierte en la única fuente segura de ingresos, y lleva siéndolo desde 2008. Segura y mínima.

Las pensiones más bajas –de menos de 500 euros al mes– han sufrido un recorte de alrededor de un 15% durante los años del anterior Ejecutivo. Las más altas (superiores a los 3.000 euros) fueron ‘podadas’ hasta un 44%. Ante este panorama, durante la campaña electoral Syriza prometió recuperar la decimotercera paga para las pensiones de menos de 700 euros. También se cierra en banda con respecto al objetivo de ‘déficit cero’. El argumento humanitario es al que se agarra el partido de izquierda radical para delimitar su ‘línea roja’. Aunque quizá debería revisar el tercer punto.

Los griegos se pueden jubilar muy pronto

Verdadero. No es la norma general, pero muchos helenos pueden permitirse el lujo de jubilarse anticipadamente por “trabajos especialmente duros”: es el caso de los mineros... pero también de los presentadores de televisión o los peluqueros. Agujeros o ‘excepciones’ que se han acumulado a lo largo de los sucesivos gobiernos y en los que los acreedores creen ver un sistema de privilegiados. Aunque no todas las jubilaciones anticipadas han llegado del mismo modo. Los despidos masivos y cierres de empresas a consecuencia de la crisis llevaron a muchos trabajadores a acogerse al retiro antes de verse abocados a años de paro sin posibilidades. No hay datos oficiales de esta categoría, pero se puede ver claramente en las cifras del desempleo entre los griegos de 55 a 64 años. En apenas cinco años, el paro en ese percentil ha bajado del 20 al 6%. Mientras, en el resto ha subido como la espuma.

Pensionistas durante una marcha contra las medidas de austeridad en Atenas. (Reuters)
Pensionistas durante una marcha contra las medidas de austeridad en Atenas. (Reuters)

Grecia nunca querido reformar el sistema

Falso. Hasta ahora los griegos han hecho un enorme esfuerzo en forma de recortes y algunas de las reformas desde 2008 han dejado al sistema irreconocible.

Primero, a nivel organizativo. Antiguamente, los pensionistas no tenían un número personalizado que los identificara, lo que hacía muy complicado, por ejemplo, controlar el volumen de gasto. Ahora, ya poseen uno. En 2008 existían hasta 133 fondos de pensiones distintos, uno casi por profesión. Ahora la unificación de muchos de ellos ha reducido la tela de araña burocrática que anquilosaba el sistema. Esto no sirvió para evitar el desastre de la pérdida de casi 8.300 millones de euros en la reestructuración de la deuda helena de 2012, ya que según una ley de 1950 debían tener al menos un 77% de los activos en bonos del Estado.

El Gobierno conservador de Andonis Samarás introdujo una reforma de calado que, por ejemplo, aumenta el número de años cotizados para la pensión máxima desde 35 a 40 (todavía lejos de los 45 años de Alemania). Aunque no ha sido completa: debía haber entrado en vigor el uno de enero de 2015 y fue paralizada por el Gobierno de Syriza.

De modo que hasta ahora sólo han entrado en vigor los recortes y las reformas. Aun así, el sistema es más sostenible a día de hoy que en 2008. Al menos es lo que afirma el índice elaborado por la compañía Allianz en 2014, en el que el sistema de pensiones de Grecia ha dejado de ser el menos sostenible entre los 50 países estudiados. Ha conseguido ascender varias posiciones hasta situarse no muy lejos ya de España, que tampoco puntúa muy alto.

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