Banco Asiático de Infraestructuras

¿Qué pinta España en el 'FMI chino'?

España formará parte del grupo de países fundadores del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) a pesar de la oposición de EEUU. ¿Por qué?

Foto: Edificios en medio de la niebla en Qingdao, China (Reuters)
Edificios en medio de la niebla en Qingdao, China (Reuters)

Las capitales europeas, Madrid incluida, no han podido resistir los cantos de sirena de China. En menos de un mes, las principales economías del continente han decidido sumarse en bloque al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), liderado por el gigante asiático, pese a las reticencias expresadas por Estados Unidos.

El primero en anunciar su participación fue Reino Unido, que solicitó ingresar como miembro fundador en el BAII el 12 de marzo. Poco después, Francia, Alemania, Suiza, Suecia, Austria, Holanda, Italia y España, entre otros, decidían adherirse a la iniciativa, días antes de la fecha límite para solicitar ser uno de los países fundadores del organismo, el 31 de marzo.

En el caso español, el Gobierno anunció el 27 de marzo que había remitido una carta al Ejecutivo chino en la que expresaba su interés por participar en el proyecto. El número final de estados fundadores será anunciado el próximo 15 de abril.

Un total de 30 países ya han sido aceptados, y cerca de 20 más optan a formar parte del proceso de creación de la nueva entidad financiera multilateral. Parece ser que la popularidad de la iniciativa ha sorprendido incluso a las autoridades de Pekín.

Pero ¿cuál es el motivo principal de esta avalancha de solicitudes a última hora? El BAII tiene como propósito financiar la construcción de todo tipo de infraestructuras en la región asiática, como puertos, autopistas, nuevas líneas ferroviarias o redes de telecomunicaciones.

La entidad contará con un capital inicial de 50.000 millones de dólares (cerca de 46.000 millones de euros), aunque aspira a recaudar hasta 100.000 millones de dólares (unos 91.000 millones de euros). Se espera que a mediados de este año se perfile su regulación, y que el organismo se ponga en marcha a finales de 2015. El nuevo banco tendrá su sede en Pekín.

Los analistas chinos aseguran que la inclusión de países de Europa favorecerá a las empresas de ese continente. “Supondrá una oportunidad para los bancos europeos, que podrán participar en proyectos a largo plazo respaldados por el BAII, y también para las compañías de Europa, que aportarán maquinaria y materias primas para las obras”, explica por teléfono Qun Liao, economista jefe del banco chino CITIC.

Interior del pabellón español en la Expo de Shanghai (Reuters).
Interior del pabellón español en la Expo de Shanghai (Reuters).

Pese a que el Gobierno chino ha mostrado un gran interés en que sus firmas de infraestructuras se internacionalicen, los expertos remarcan que el BAII ofrecerá ventajas por igual para todos sus miembros. “Aquellas compañías o joint ventures cuyos proyectos sean más competitivos y sostenibles a nivel social tendrán preferencia a la hora de recibir contratos, independientemente de la nacionalidad de sus accionistas”, confía Shi Zhiqin, decano del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Tsinghua, en Pekín.

Para Shi, el principal problema será que las corporaciones deberán aprender a cooperar con las autoridades de zonas en vías de desarrollo, respetar sus costumbres, y que se tendrán que diseñar instrumentos financieros eficientes, adaptados a cada caso.

Sin duda, los inversores ven con buenos ojos esta nueva colaboración. Por ejemplo, el mismo día que Corea del Sur solicitó formar parte del AIIB, las acciones de algunos de los productores de acero y hierro del país aumentaron hasta un 14%.

Ambos analistas aseguran que la adhesión europea también responde a sus intereses a largo plazo en la región con mayores niveles de crecimiento económico del mundo. “La mayoría de estados de Europa se enfrentan a problemas económicos, y entienden el increíble potencial material de una economía euroasiática conectada a través de infraestructuras modernas”, resume Shi.

Garantías ecológicas

La inclusión de países europeos en el BAII garantizará también unos mejores estándares en sus operaciones, en cuestiones como el respeto al medio ambiente, los derechos laborales o la sostenibilidad de las iniciativas. Los miembros fundadores del banco de inversión podrán influir en las reglas de gobernanza y funcionamiento de la entidad. “La unión de estos estados es una buena noticia para el BAII y China, ya que ellos se asegurarán de que los estándares del banco son  similares a los internacionales”, comenta Qun.

De momento, las dos principales ausencias del proyecto, Estados Unidos y Japón, han descartado su participación, alegando que les preocupaba la calidad y la transparencia de la entidad. Poco después de que Reino Unido anunciara su interés por entrar en el banco, un alto cargo anónimo de la Administración estadounidense criticó amargamente a Londres en el diario Financial Times por “acomodarse constantemente a los deseos de China”.

Visita del presidente chino, Xi Jinping, a Alemania (Efe).
Visita del presidente chino, Xi Jinping, a Alemania (Efe).

El Ejecutivo estadounidense teme que Pekín use la nueva entidad acreedora para extender su influencia política por la región asiática y se convierta en un competidor directo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, ambos con sede en Washington.

En ese sentido, el presidente chino, Xi Jinping, también ha impulsado la creación de un fondo, independiente al BAII, para desarrollar infraestructuras a lo largo de dos nuevas “rutas de la seda” comerciales que conecten China con Europa. El proyecto engloba la región de Asia Central y un corredor marítimo que atraviese el sudeste asiático y el océano Índico.

Respuesta a Bretton Woods

La creación del BAII, junto con la de otro banco de desarrollo formado por los BRICS, pone de manifiesto la voluntad creciente de buscar alternativas al orden financiero internacional tradicional, que no refleja el peso de las economías emergentes en la economía mundial.

Según han admitido distintos gobernantes chinos, el proyecto es la respuesta de Pekín a las demoras en la reforma de las cuotas de capital que aporta cada estado en el FMI. El sistema determina el peso de cada país en las votaciones del organismo. Sus miembros llegaron a un acuerdo de reorganización en 2010, que convertiría a China en el tercer mayor contribuyente de la entidad, pero el Congreso de los Estados Unidos sigue bloqueando los cambios.

Por otra parte, el Banco de Desarrollo Asiático (BDA), que financia proyectos para reducir la pobreza en la región, es dominado por Japón y Estados Unidos. Tokio y Washington cuentan, respectivamente, con un 15,7% y un 15,6% del total de votos, mientras que China tiene que conformarse con el 6,5%.

“Todo el mundo quiere reformar el sistema financiero de Bretton Woods, y las nuevas organizaciones como el BAII complementarán el sistema actual, así que se trata de un proyecto beneficioso para todos los países”, asegura Jiang Shixue, experto en relaciones entre Europa y China de la Academia de Ciencias Sociales de China. De momento, tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional han expresado su interés en colaborar con el BAII.

Para convencer a sus socios europeos, el régimen comunista ha remarcado que no tendrá derecho a veto en el nuevo organismo multilateral. Para determinar el poder de votación de sus miembros, se tendrá en cuenta el PIB nacional de los distintos estados, aunque varios medios locales indican que también se valorarán otros factores.

Un puente sobre el río Yangtze, en China (Reuters)
Un puente sobre el río Yangtze, en China (Reuters)

Nuevos beneficios para China

Pekín necesita buscar nuevas áreas donde invertir su inmensa reserva de divisas extranjeras que le aporten mayores rendimientos que la adquisición de deuda soberana. Además, el Gobierno comunista ha intentado “comprar” influencia política y comercial en determinados países a través de sus inversiones en el pasado, no siempre con resultados positivos.

Debido a sus malas experiencias con estados como Sri Lanka o Myanmar, China ha aprendido que su presencia es mucho mejor recibida como parte de un organismo multilateral que como una potencia con intereses cuestionables en la zona.

En cualquier caso, parece que hay suficiente demanda de inversión en la región para acomodar a todo tipo de acreedores. Un estudio del BDA aseguraba que la región necesitaría una inversión cercana a los 712.000 millones de euros anuales entre 2010 y 2020 en infraestructuras estatales y regionales.

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