el sobrino del capo se rebela

La Cosa Nostra ya no es una familia unida

Giuseppe Cimarosa, de 32 años, ha abierto la primera brecha en el muro de complicidades que permite que el 'capo dei capi', Messina Denaro, siga en busca y captura desde hace 22 años

Foto: Giuseppe Cimarosa durante un encuentro con periodistas en la Asociación de la Prensa Extranjera de Roma (D.M).
Giuseppe Cimarosa durante un encuentro con periodistas en la Asociación de la Prensa Extranjera de Roma (D.M).

Un fantasma marca la vida de los 30.000 habitantes de Castelvetrano. Nadie parece saber dónde está, nadie reconoce haber escuchado su voz, nadie se atreve a decir su nombre en voz alta, pero en todos incide en mayor o menor grado la figura del vecino más célebre de esta localidad del oeste de Sicilia: Matteo Messina Denaro, capo dei capi de la Cosa Nostra, en busca y captura desde hace 22 años.

Entre quienes más pesa el nombre del sucesor de líderes mafiosos históricos, como Bernardo Provenzano y Salvatore Totò Riina, se cuentan sus propios familiares: buena parte de ellos han acabado en la cárcel por ayudarle a escapar de la justicia.

Ser sobrino de Messina Denaro, aunque sea en segundo grado, te convierte en parte de la “aristocracia” mafiosa local y te fuerza, quieras o no, a formar parte de esa red de apoyo que ha conseguido que al jefe máximo de la mafia siciliana parezca que se lo ha tragado la tierra.

Es tu destino, a no ser que seas muy valiente, estés algo loco o un poco de ambas cosas. Parece bien cuerdo Giuseppe Cimarosa, de 32 años, mientras cuenta cómo ha abierto la primera brecha en el muro de complicidades que permite seguir en busca y captura a Messina Denaro, condenado en rebeldía a cadena perpetua por varios homicidios, entre otros delitos.

Tras el arresto de su padre por prestarle dinero al líder mafioso y decidir luego colaborar con la justicia, Cimarosa se ha negado a cambiar de identidad y a dejar Castelvetrano, el protocolo habitual para los familiares de los pentiti, los miembros de la mafia que empiezan a contarle a la policía lo que saben.

Este joven y su padre han desafiado una de las leyes más sagradas para el crimen organizado, la del silencio, la omertà, en un pueblo donde hasta los chavales en el colegio ven a su tío como un personaje de leyenda. La decisión le ha supuesto la muerte social (“casi nadie me estrecha la mano cuando se cruza conmigo”), pero le ha convertido en un símbolo de la lucha cultural y social contra la Cosa Nostra.

“Renunciar a mi nombre y a mi vida por Messina Denaro era como morir. El que se tiene que ir es él. De hecho, ni siquiera sabemos si sigue vivo. Es como una sombra que marca la vida de todos”, cuenta Cimarosa en un encuentro con periodistas extranjeros en Roma.

El Palacio del Qurinale, en Roma, mientras el presidente italiano declaraba sobre la presunta negociación estado-Mafia (Efe).
El Palacio del Qurinale, en Roma, mientras el presidente italiano declaraba sobre la presunta negociación estado-Mafia (Efe).

Bajo la sombra de los clanes

“Crecí escuchando siempre hablar de su figura, que genera una gran fascinación. De ahí es de donde los criminales sacan su poder”, advierte, lamentando que en Castelvetrano prevalezca la idea de que “el mafioso te da trabajo, mientras que el Estado te lo quita”.

Todos parecen tener bien claro también que hay que plegarse a los clanes en cualquier situación, como le ocurrió al padre de Giuseppe, Lorenzo, cuando la hermana de Messina Denaro fue a pedirle dinero para costear la fuga del capo dei capi.

Aquel gesto hace pensar que no tiene acceso a la gran fortuna que siempre se le ha supuesto y que la estrategia de acoso a su entorno emprendida por la magistratura da algún resultado. “Si un mafioso te pide que le eches una mano y no se la das, te corta el brazo”, dice Cimarosa. Aquella colaboración con el mafioso significó la detención del padre del joven en diciembre de 2013 y su posterior condena a 5 años de cárcel.

“Cuando fui a verle a prisión me dijo entre lágrimas que estaba colaborando con la justicia. Decidí entonces quedarme en Castelvetrano hasta que saliera. Entendí que debía tomar una posición pública para que se viera que no es imposible separarse de la mafia”, cuenta este amante de los caballos que se gana la vida con el teatro ecuestre y las clases de equitación. Por ahí le vino precisamente la primera consecuencia a su decisión de convertirse en un símbolo de resistencia a la Cosa Nostra.

“Dos semanas después de la detención de mi padre y de que se supiera que estaba colaborando con la justicia, desaparecieron casi todos los 50 alumnos que tenía en el picadero”. Fue la primera advertencia. Meses después se produciría la segunda: la extraña muerte de su caballo favorito, con el que realizaba los espectáculos y que se llamaba Lorenzo, como su padre.

Miles de personas recuerdan el 22 aniversario de la muerte de dos jueces italianos asesinados por la Mafia (Efe).
Miles de personas recuerdan el 22 aniversario de la muerte de dos jueces italianos asesinados por la Mafia (Efe).

"La mafia da asco"

“Murió por un cólico en sólo cuatro horas. Es algo muy extraño”. También llegaron amenazas más concretas, como la que la policía interceptó en una llamada telefónica de un concejal de Castelvetrano. “Decía que debían matarme a mí o a mi hermano antes de que a mi padre se le ocurriera ponerse a hablar”.

Cuando decidió dar el paso y empezó a decir públicamente que “la mafia da asco”, Cimarosa buscó el apoyo de varias organizaciones antimafia. Entre ellas estaba Libera, la asociación fundada por el sacerdote Luigi Ciotti y que goza de un amplio respaldo popular, hasta el punto de que congregó a 200.000 personas el pasado 21 de marzo en Bolonia en una manifestación contra la corrupción y el crimen organizado. “No debieron de fiarse de mí, porque no me hicieron caso”, cuenta dolido.

Consciente de que su decisión no permite una eventual marcha atrás, se ha formado ahora la opinión de que la lucha contra la mafia “debe ser hecha por los individuos”. “Un pequeño gesto de muchas personas puede cambiar las cosas”, dice esperanzado, asegurando que en esta batalla policial, cultural y social “no hacen falta héroes”. Eso es precisamente lo que algunos en Italia comienzan a ver en él.

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