UN MODELO ENTRE LA ABUNDANCIA Y LA REPRESIÓN

Singapur: cómo una aldea de pescadores se convirtió en una capital financiera

Es uno de los países más ricos del mundo, pero suspende gravemente en derechos humanos. El ex primer ministro Lee Kuan Yew, que acaba de morir, fue el artífice del modelo que logró el 'milagro'

Foto: Un peatón pasa ante un cartel con la imagen del ex primer ministro Lee Kuan Yew en Singapur. (Reuters)
Un peatón pasa ante un cartel con la imagen del ex primer ministro Lee Kuan Yew en Singapur. (Reuters)

“La pequeña república de Singapur puede ser comparada con una mujer divorciada que, habiendo sido forzada a vivir en unas circunstancias complejas en un vecindario hostil, ha aprendido a arreglárselas por sí misma”, escribía en 1969, el periodista Robert Shaplen sobre la entonces nación más joven del Sudeste Asiático. Cuatro años antes de escribir estas palabras, Singapur había sido expulsada de la Federación de Malasia y obligada a una soltería para la que no estaba preparada. Entonces, era poco más que un pueblo de pescadores, con un enclave colonial al sur, que contaba, sin embargo, con una posición envidiable en una de las principales rutas marítimas del mundo, el estrecho de Malacca.

La mayor parte de los analistas e historiadores coinciden en que lo que convirtió esta pequeña aldea de pescadores en la ciudad financiera de grandes rascacielos y lujosos casinos de hoy fue un nombre: el de Lee Kuan Yew, el carismático líder y primer ministro de la isla entre 1959 y 1990, que acaba de morir a los 91 años de edad tras varias semanas ingresado por una neumonía.

Lee Kuan Yew llegó a la jefatura de Gobierno de Singapur en 1959, cuando la isla aún formaba parte del imperio británico. En 1963, Singapur se uniría a la Federación de Malasia, pero las tensiones raciales entre la mayoría de origen chino de Singapur y la mayoría de etnia malaya del resto del país llevaron a la expulsión de la primera en una tensa sesión del parlamento federal. Singapur quedaba así a su suerte, teniendo que sobrevivir sin tierra ni recursos en una pequeña isla de apenas 700 kilómetros cuadrados en los que ni el agua ni la energía estaban asegurados.

Trabajadores caminan por el distrito financiero de Singapur (Reuters).
Trabajadores caminan por el distrito financiero de Singapur (Reuters).

Lee Kuan Yew comenzaría entonces a dar forma a lo que se ha llamado el “Modelo de Singapur”, basado en impulsar las manufacturas intensivas y en atraer capital extranjero. Un tercer elemento fue clave en el éxito del modelo: su privilegiado puerto, que fue el encargado de dar salida a las manufacturas de las nuevas fábricas y que en 1968 ya se había convertido el cuarto con mayor volumen del mundo. Hoy es el segundo por detrás del de Shangai. "Sabíamos que, si éramos simplemente como nuestros vecinos, moriríamos. Porque no teníamos nada que ofrecer  [para luchar] contra lo que ellos ofrecían. Así que tuvimos que producir algo diferente y mejor de lo que tienen. Es incorruptible. Es eficiente. Funciona”, aseguró Lee en una entrevista al The New York Times en 2007.

Lee aprobó, además, un programa de casas públicas a bajo coste y se centró en erradicar la corrupción del Gobierno, con un mayor control y mejores salarios de los funcionarios. Además, el Ejecutivo impulsó el inglés como idioma común, en detrimento del mandarín que hablaba la mayor parte de la población, y facilitó la legislación para atraer la inversión extranjera hasta el punto de convertir a la isla en un paraíso fiscal.

Hoy, los singapurenses tienen unas de las rentas per cápita más elevadas del mundo, la tercera, con un ingreso medio de 78.762 dólares estadounidenses por persona al año, según el Fondo Monetario Internacional. La isla se sitúa, además, a la cabeza en los ranking de calidad de la educación, sanidad o competitividad económica.

La cara oscura de Singapur

No todo ha sido, sin embargo, prosperidad en la historia de Singapur y muchos han criticado que el crecimiento económico ha tenido un coste elevado en términos de derechos humanos. Así, Singapur es generalmente considerado un país sin libertad de expresión –Freedom House la cataloga de “No libre” y Reporteros Sin Fronteras la clasifica en el puesto 150 de 174 países– en el que las leyes permiten encarcelar a disidentes y críticos. “Tenemos que encerrar a la gente, sin juicio, ya sean comunistas, unos chovinistas del lenguaje [en referencia a su polémica medida de impulso del inglés], o si son unos extremistas religiosos. Si no hicieras eso, el país estaría en ruinas”, dijo el propio Lee en 1986.

“Muchos no se dan cuenta, pero hay un control político muy sofisticado que es difícil de percibir”, asegura Tan Wah Piow, un disidente y antiguo líder estudiantil que vive en el exilio en el Reino Unido. Este control político ha permitido que, a pesar de que Singapur es, en teoría, una república parlamentaria multipartidista, el único partido que ha gobernado la isla desde 1959 ha sido el Partido de Acción Popular, fundado por el propio Lee. 

Ciudadanos dejan flores a las puertas de un hospital de Singapur (Reuters).
Ciudadanos dejan flores a las puertas de un hospital de Singapur (Reuters).

Las violaciones de los derechos de los trabajadores inmigrantes procedentes de naciones pobres como Bangladesh ha sido otro de los aspectos criticados de este modelo, en uno de los países con mayor concentración de millonarios del mundo y mayores desigualdades entre ricos y pobres. “Se calcula que un tercio de la fuerza total de trabajo son trabajadores inmigrantes con pocas capacidades. Son una subvención escondida a toda la economía”, afirma John Gee, principal investigador de la organización-colectivo Transient Workers Count Too (TWCT). En Singapur no existe el salario mínimo, y la mayor parte de ellos cobran entre 700 y 800 dólares de Singapur (470 a 535 euros) según TWCT. “Si se dependiera de mano de obra local”, afirma Gee, “tendrían que pagarles al menos 2.000 dólares (1.340 euros) de media”.

La muerte del llamado "Padre de Singapur" puede suponer, sin embargo, un cambio radical para la isla. “Hoy en día ya hay muchos grupos que se plantean dudas sobre las restricciones que existen en Singapur. La muerte de Lee Kuan Yew probablemente hará que muchas personas pierdan el miedo a hablar”, asegura Emerlynne Gil, consejera jurídica para el Sudeste Asiático de la Comisión Internacional de Juristas.

Gil, sin embargo, no es optimista sobre las intenciones del actual Gobierno, liderado por el propio hijo de Lee Kuan Yew, Lee Hsien Loong, con respecto a los derechos humanos. “El actual primer ministro ha crecido en un ambiente en el que sin duda ha tenido influencias de su padre. Pero él no es su padre. No existe el mismo respeto o miedo hacia él”, afirma Gil. “Y esta falta de autoridad puede en realidad llevar al Gobierno a actuar de forma aún más restrictiva”, concluye la jurista. 

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