NINGUNO MUEVE FICHA EN LOS TEMAS CLAVE

Tsipras frente a Merkel en Berlín: buenas palabras y un abismo insalvable

Ninguno de los dos ha movido ficha en los temas clave. Y, según algunas estimaciones, Grecia dispone de liquidez tan sólo hasta el 8 de abril

Foto: La canciller recibe con honores militares al primer ministro griego, Alexis Tsipras, en Berlín. (EFE)
La canciller recibe con honores militares al primer ministro griego, Alexis Tsipras, en Berlín. (EFE)

No pudo ser. Ni siquiera el primer encuentro personal celebrado ayer en Berlín entre la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro griego Alexis Tsipras sirvió para superar, siquiera mínimamente, el actual estado de bloqueo. Las posturas de ambos resultan inamovibles y el acercamiento, una quimera. Si a todo esto se suma la falta de tiempo por los acuciantes problemas de liquidez de Atenas, el actual nudo gordiano de la crisis griega amenaza con convertirse, pese a las buenas palabras y la más que probable buena intención de ambos líderes, en un nudo corredizo alrededor del cuello del Estado heleno.

Merkel y Tsipras, conscientes tanto de la importancia de cada minuto que pasa como de que cada uno de sus gestos era analizado al detalle por los medios, trataron de mostrarse cordiales, correctos y contenidos. Intentaron rebajar la tensión que se había ido acumulando entre Alemania y Grecia en las últimas semanas. Pero sus palabras en la rueda de prensa posterior a la entrevista en Cancillería dejaron claro que ninguno de los dos ha movido ficha en los temas clave –deuda, quita, reformas, reparaciones–, nadie ha cedido lo más mínimo en alguna de sus posturas como para lograr desencadenar una negociación que pueda tener éxito a corto o medio plazo. Y, según algunas estimaciones, Grecia dispone de liquidez tan sólo hasta el 8 de abril.

"Es evidente para los dos que queremos encontrar un entorno de plena confianza en el que podamos también abordar cuestiones difíciles, cuestiones en las que tengamos diferencias de opinión", aseguró Merkel, que abogó por que el "espíritu" de la cooperación bilateral sea el de buscar una "buena convivencia". El primer ministro heleno, en este sentido, agregó que "no hay otro camino que el diálogo para superar las actuales dificultades". Tsipras llegó a destacar de su anfitriona que es alguien que "escucha" y que quiere ser "constructiva" en la resolución de problemas. Buenas intenciones y buenas palabras. Pero poco más. Los puntos de fricción tras un encuentro entendido como trascendental siguen siendo los mismos.

Una solución política

El líder de Syriza pidió a Merkel una "solución política" a la crisis, más allá de los tecnicismos económicos. Grecia tiene problemas de liquidez "a medio plazo" y es preciso dar con una fórmula que subsane el "agujero". Merkel se remitió a las reformas acordadas como contrapartida al rescate, a las decisiones del Eurogrupo y a la evaluación de "las instituciones" (que antes se denominaban 'troika': el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional). En las frases de Tsipras reverberaban las palabras que contenía la carta que supuestamente le envió el griego a la canciller hace unas semanas y que hoy publicó –convenientemente filtrada– el diario económico británico Financial Times.

Tsipras instaba en la misiva a Merkel a no permitir que "una pequeña cuestión de liquidez" se convirtiese en una gran crisis. Además, la alertaba del casi inminente riesgo de impago de su país: "Teniendo en cuenta que Grecia no tiene acceso a los mercados y también en vista de los 'picos' en nuestras obligaciones de pagos de la deuda en primavera y verano de 2015, debería estar claro que (...) que sería imposible que cualquier gobierno sirviese su deuda".

Sobre las reformas que Grecia debe acometer para recibir un nuevo tramo de asistencia financiera, Merkel se escudó en el formalismo de que la pertinencia de las medidas debe ser evaluada por el Eurogrupo y que ella tan sólo representa "a uno de los 19 países de la zona euro".

La portada de Der Spiegel en un quiosco de Atenas (Reuters).
La portada de Der Spiegel en un quiosco de Atenas (Reuters).

Tsipras subrayó que Atenas va a respetar los acuerdos, en referencia tanto al memorando que acompañó a su segundo rescate –con una batería de reformas estructurales y recortes presupuestarios– como el suscrito el pasado 20 de febrero, que concedía una prórroga de cuatro meses a Atenas bajo el paraguas de su segundo rescate y la posibilidad de sustituir alguna de las antiguas medidas por otras nuevas. El primer ministro griego, sin embargo, enfatizó que piensa alterar las actuales "prioridades" para favorecer la cohesión social y para reafirmar "a la democracia y a la soberanía nacional" griega. De forma muy genérica, el primer ministro heleno indicó su intención de reformar el sistema tributario y de combatir tanto el fraude fiscal como la corrupción.

Ninguno de los dos aludió en la rueda de prensa a la supuesta lista de reformas muy específicas que la agencia de noticias alemana DPA filtró ayer por la mañana, citando fuentes gubernamentales helenas y alentando las especulaciones sobre una posible intoxicación. Entre estas presuntas medidas del equipo Tsipras, se encontraba elevar la edad de jubilación hasta los 67, un toque de atención masivo a los defraudadores de impuestos, un aumento del IVA turístico en algunas regiones costeras, así como subidas de los impuestos al alcohol y el tabaco.

Reparaciones por la ocupación nazi

En cuanto a las reparaciones de guerra que Atenas exige a Alemania por la ocupación nazi del país durante la II Guerra Mundial –una queja que incluye también un préstamo forzado que los alemanes obtuvieron del Banco de Grecia en aquella época–, Merkel zanjó la cuestión asegurando que "la cuestión está cerrada desde un punto de vista político y jurídico". Berlín se ha cansado de repetir en las últimas semanas, conforme el Gobierno heleno azuzaba el debate en este sentido, que el acuerdo por el cual se logró la reunificación alemana puso punto final al pago de reparaciones. La canciller, no obstante, no esquivó la responsabilidad moral de su país y se comprometió a mantener viva la consciencia del horror cometido. Tsipras, por su parte, abundó en la cuestión y explicó que esta reclamación no es nueva, sino que se remonta años en el tiempo, y que es de carácter eminentemente político, para tildar a continuación a una posible compensación económica de secundaria.

El primer ministro griego, que al principio de la rueda de prensa se mostró algo nervioso ordenando papeles y balanceándose de un lado a otro, fue soltándose a lo largo de la intervención y no dudó en sacar los colores a su anfitriona. Al hablar de la endémica corrupción que sufre su país –y retratarla como una de las grandes batallas de su Ejecutivo– pidió ayuda a Merkel para que puedan llevarse a cabo finalmente varios juicios por presuntos sobornos contra el gigante alemán Siemens. Grecia ha criticado en varias ocasiones la poca colaboración de la justicia alemana en estos procesos.

Además, cargó contra las políticas de austeridad y las reformas estructurales propugnadas por Berlín para toda la Eurozona, y en especial para los países más azotados por la crisis de la deuda. A su juicio, cinco años después del primer rescate diseñado para reflotar Grecia no se puede hablar de "una historia de éxito", ya que la combinación de recortes y reformas ha tenido "consecuencias catastróficas" para la economía helena. Merkel se limitó a señalar que desea que Grecia "vuelva a crecer" y que su Gobierno logre atajar el desempleo "especialmente entre los jóvenes".

El único guiño de Tsipras a la canciller fue la condena taxativa de unas caricaturas aparecidas en medios de comunicación griegos y alemanes –entre ellos la revista de su partido– en los que Merkel, su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y otros políticos alemanes aparecían retratados como miembros del III Reich. Las calificó de "provocaciones" y "ataques" y apostó por "dejar atrás las sombras del pasado".

Merkel recibe a Tsipras en Berlín (Reuters).
Merkel recibe a Tsipras en Berlín (Reuters).

Dos meses de desencuentros

Los desencuentros entre Atenas y Berlín arrancaron hace escasos dos meses, cuando Syriza ganó con una contundencia imprevista las elecciones parlamentarias griegas del pasado 25 de enero. Desde esa primera noche de victoria, Tsipras sabía que la negociación pasaba, inexorablemente, por Merkel. La canciller era y es la única, desde que Europa se zambulló en su crisis, capaz de permitir un cambio en el rumbo heleno. Muchos observadores consideraron que el líder de Syriza tiraría de pragmatismo y llamaría a la puerta de Cancillería. Pero no fue así.

Tsipras decidió evitar Berlín en su primera gira. Se desplazó a Roma, a París y a Bruselas. Y se olvidó de la capital de facto de la Eurozona. Y de su principal acreedor. Fue toda una declaración de intenciones que quizá gustó a más de uno en Syriza y en la izquierda europea, pero que le granjeó serios problemas en Alemania. Tanto entre los conservadores y liberales, que ya estaban predispuestos en su contra, como en el centro-izquierda.

La visita de Varufakis a Berlín, el pasado 5 de febrero, no contribuyó a establecer una sintonía entre las dos capitales. Varufakis y Schäuble, al menos en la rueda de prensa que siguió a su reunión, hicieron lo posible por guardar las formas, fueron cautos y corteses, pero no lograron romper la tensión entre ellos ni lograron trabar ningún punto de encuentro sustancial que diera una cierta sensación de avance. "Estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo", aseguró Schäuble. Y Varufakis, poco después, abrió su intervención rebatiendo cortésmente estas mismas palabras de su anfitrión, porque consideraba que ni siquiera existía consenso en los problemas que hay que combatir.

El primer encuentro entre los jefes de Gobierno de Grecia y Alemania no tuvo lugar hasta el 12 de febrero (una eternidad dado el frenetismo de las últimas semanas). Y ni siquiera fue bilateral. Tsipras y Merkel coincidieron en un Consejo Europeo en Bruselas y no quisieron o pudieron encontrar tiempo en sus agendas para un primer contacto personal. Un gesto político de ambos. También una estrepitosa ocasión perdida.

In extremis, Grecia logró a finales de febrero prorrogar cuatro meses su actual programa de rescate. Además, el Eurogrupo aceptó una nueva lista de reformas de Atenas, pendientes de una mayor concreción. Pero poco más. Los extremos seguían muy lejos de encontrarse.

Manifestación a favor de la cooperación entre Alemania y Grecia en Berlín (Reuters).
Manifestación a favor de la cooperación entre Alemania y Grecia en Berlín (Reuters).

Jugando con fuego

A continuación parece que ambas partes se empeñaron en tratar de emponzoñarlo todo. Berlín, incapaz de moverse un milímetro del guion de austeridad y reformas que ha impuesto a toda Europa, jugando a ofenderse. Grecia, tirando más de corazón que de cabeza, jugando con los abismos y las ambigüedades. Schäuble y Varufakis, en lugar de sentarse de nuevo en una mesa a hablar, a elaborar el trabajo técnico para Merkel y Tsipras, se dedicaron a cruzarse declaraciones altisonantes.

Schäuble aseguró que el Gobierno alemán no se iba a dejar chantajear por Grecia y llegó a acusar a Atenas de no tener hoja de ruta, de no explicar sus posiciones y de mentir a sus ciudadanos y votantes. Varufakis se jactó de su intención de no cumplir las reformas que habían aceptado a sus socios (en sustitución de las del programa de rescate). La situación llegó a tal extremo que la semana pasada, Sigmar Gabriel, ministro de Economía y vicecanciller alemán, se vio forzado a repetir hasta en tres ocasiones durante una rueda de prensa que no había "un conflicto entre Alemania y Grecia", sino un problema en la Eurozona que había que afrontar conjuntamente.

Para azuzar más los peores instintos, un vídeo de Varufakis en 2013 haciéndole una supuesta "peineta" a Alemania se hizo viral la semana pasada. La Primera alemana, la ARD, lo emitió durante de una entrevista al ministro griego, desatando la ira política y mediática de gran parte de Alemania. Luego resultó ser una manipulación realizada por un programa humorístico de otro medio público alemán. Pero el daño ya estaba hecho.

Merkel y Tsipras, algo ajenos a este estéril rifirrafe, volvieron a encontrarse el pasado jueves, de nuevo en una cumbre de líderes europeos en Bruselas. El griego había concertado desde antes una reunión con Merkel, el presidente francés, François Hollande, y los responsables del Banco Central Europeo, Mario Draghi, la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el Eurogrupo, Jeroem Dijsselbloem.

De esta reunión no salió ningún acuerdo concreto, algo imposible dado su polémico formato, pero la canciller ya avanzó al día siguiente varias claves para indicar por dónde podrían avanzar las negociaciones multilaterales. Uno, Atenas puede sustituir unas reformas por otras que produzcan los mismos resultados. Y dos, la mera aprobación de medidas puede desembocar en un nuevo desembolso por parte de los socios de Grecia, un pago que no tendría por qué tener que postergarse hasta mediados de junio, cuando se acabe la prórroga del rescate, sino que podría suceder antes. El Gobierno heleno necesita ese dinero como agua de mayo.

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