el fn ganaría en la primera vuelta

Le Pen busca el voto de la Francia "olvidada y despreciada"

El FN se perfila como el vencedor de la primera vuelta de las departamentales. Los socialistas y la derecha tradicional tendrán que apelar al "voto republicano" para cerrar el paso a Le Pen.

Foto: Un granjero en una zona aislada del sur de Francia (Reuters)
Un granjero en una zona aislada del sur de Francia (Reuters)

Los socialistas franceses viven una nueva etapa en el vía crucis electoral que puede finalizar en el calvario de las presidenciales de 2017. El Frente Nacional de Marine Le Pen es el partido favorito en la primera vuelta de las elecciones departamentales que celebrará su segunda vuelta en una semana.

Disputando el primer puesto en los sondeos al FN se encuentra el centro derecha de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), con un Nicolas Sarkozy que ha tenido que salir del despacho y arremangarse para repartir estopa a socialistas y frentistas.

Fuera de combate antes del inicio de la partida, los "podemos" y "sirizas" franceses, con Jean-Luc Melenchon a la cabeza, prefieren compartir la alegría de sus primos españoles y griegos antes que deprimirse con sus expectativas de su propio voto.

Marine Le Pen es sin duda la figura política francesa del momento, pese a quien pese. Después de obtener unos buenos resultados en las municipales y de triunfar en las europeas, el FN se perfila como el vencedor de la primera vuelta de las departamentales. El sistema electoral francés, mayoritario a dos vueltas, le privará de un gran éxito en el ballotage, donde PS y UMP deberían llamar al "voto republicano" para cerrar el paso a Le Pen.

¿Con qué ánimo puede un gobierno hundido en los sondeos, incapaz de frenar el desempleo y de cumplir las reglas antidéficit europeas, afrontar una guerra en las urnas? El Partido Socialista, dividido entre los llamados "social-liberales" del equipo gubernamental y los frondeurs (contestatarios) izquierdistas, ha dejado en manos de Valls el peso de la campaña. Valls, el socialista que obtuvo menos respaldo en las primarias de su partido, es el encargado de dar la batalla para que el PSF salve la dignidad en las urnas.

Inevitablemente, las departamentales se han "nacionalizado" y representan un plebiscito sobre la acción gubernamental y un penúltimo ensayo (las regionales se disputan en diciembre) antes de la gran cita, las presidenciales de 2017. Los comicios de este domingo y su conclusión en siete días, tienen ya sin embargo un ganador antes de la apertura de las urnas: la abstención.

Marine le Pen durante un acto electoral (Reuters)
Marine le Pen durante un acto electoral (Reuters)

Nuevo objetivo del FN

Casi un tercio de franceses no saben qué es lo que se vota en las departamentales. No son regionales, no son municipales; se eligen los representantes de 2054 cantones de un centenar de departamentos que quedan después de la reforma territorial de Hollande.

Entre las responsabilidades de esos departamentos, están sobre todo las relacionadas con ayudas sociales a la infancia, la tercera edad o los inválidos, además de ocuparse de la reparación de las carreteras u otras obras locales. Nada muy excitante, visto desde las grandes ciudades, pero un botín electoral vital para una formación como el FN.

Es precisamente esa Francia rural, alejada de las urbes e incluso de las banlieues, la nueva Francia pobre y olvidada de las vitrinas urbanitas de las grandes aglomeraciones soñadas por la reforma territorial, el nuevo objetivo del FN. Como muchos analistas han dejado escrito en los últimos meses, ese abandono le puede costar caro a los partidos tradicionales.

Con los jóvenes, los obreros, los trabajadores autónomos y la clase media empobrecida en migración hacia el partido de Le Pen, la Francia olvidada que vota en las departamentales es el nuevo caladero del populismo. El geógrafo Christophe Guilluy lo explica en un libro que ha dado mucho que hablar, pero poco que reflexionar al PSF o a la UMP.

En La France peripherique. Comment on a sacrifié les classes populaires, Guilly afirma que hay dos Francias que se ignoran: la Francia de las metrópolis, brillante vitrina de la globalización feliz, donde cohabitan cuadros e immigrantes, y la Francia periférica de las ciudades pequeñas, de las zonas rurales alejadas de los centros de empleo más dinámicos.

De esta última, donde se concentra el 60 por ciento de la población, afirma Guilluy, nadie habla nunca. Olvidada y despreciada, esta Francia que vive en la precariedad social representa el objetivo perfecto para el FN.

El primer ministro Manuel Valls en Lille (Reuters)
El primer ministro Manuel Valls en Lille (Reuters)

Cruzada anti-Le Pen

Hace tres semanas, el diario de centro-izquierda Le Monde titulaba a cinco columnas en primera página "¿Por qué la izquierda se mantiene pasiva ante el FN?". Manuel Valls había decidido poco antes que era mejor jugar al ataque y dejarse de "mouriñadas" políticas. El primer ministro partió en cruzada anti-Le Pen y fustigó el "adormecimiento generalizado de la sociedad y de los intelectuales".

El hispano-francés se ha lanzado al ruedo atacando como nunca al Frente Nacional y a sus líderes, en un intento no ya de robarle los votos que el FN tiene ya prometidos y comprometidos, sino de movilizar a los abstencionistas, jugando con el miedo a un partido que "es un desastre para el país y una ruina para los franceses".

Un partido, según Valls, con decenas de candidatos que hacen "propuestas antisemitas, racistas, sexistas y homófobas". La bronca de Valls a la pequeña de los Le Pen, Marion, en la Asamblea, quedará grabada para la historia electoral y parlamentaria francesa.

La vieja artillería anti-FN desempolvada por el jefe del gobierno no parece haber tenido efecto en los sondeos. Lo que sí provocó es la respuesta irónica de Marine Le Pen, quien además de pronosticar "un buen azote en el culo al PS en las urnas", agradeció a Valls sus palabras, pues "cada vez que abre la boca, nos hace ganar votos".

El ex presidente francés Nicolas Sarkozy (Reuters)
El ex presidente francés Nicolas Sarkozy (Reuters)

Valls-Sarkozy: gallitos alfa

La batalla de Valls ha tenido también el mérito de encender a sus rivales centroderechsitas. Sarkozy, cuyo partido se verá favorecido en la segunda vuelta gracias a los votos de la izquierda anti-FN, ha preferido atacar al PS que despertar la susceptibiliad de los votantes marinistas: "votar al PS en la primera vuelta es dar el voto al FN". El problema es que el combate a distancia entre Sarkozy y Valls se parece más a una lucha de gallitos alfa y se queda en lo anecdótico.

A Manuel Valls hay que reconocerle su empeño en despertar a los abstencionistas. "Hay países en los que los ciudadanos mueren por poder votar", dijo. Valls puede haber herido la sensibilidad de los intelectuales, de algunos de sus colegas de partido, pero al menos se juega el tipo en una apuesta al todo o nada; da la cara por las reformas de un Hollande escondido en el Elíseo y se parte la boca contra Sarkozy y Le Pen. Con un congreso fratricida del PSF en junio y con unas elecciones regionales en diciembre, muchos no creen que Valls sobreviva hasta 2017 como premier.

Hollande, sin embargo, tendrá dificil encontrar un mejor ariete para arremeter contra los izquierdistas de su propio partido y contra todo lo que se mueve a la derecha del PSF. Valls puede quemarse o ganar puntos de cara al futuro. De momento, Hollande sabe que un día puede perder el control de la Asamblea, pero sus ambiciones para las presidenciales de 2017 quedan intactas.

En una triangular contra Marine Le Pen y el candidato de la UMP -Sarko o Alain Juppé- piensa que saldría vencedor si llega a la segunda vuelta. Esa es su objetivo. Por eso, las departamentales suponen otra etapa de un calvario inevitable pero que no le impedirá presentarse a su reelección en 2017.

Hollande tuvo en François Miterrand un maestro en cinismo electoral y juega con que un mayor crecimiento del FN supone un debilitamiento de su rival directo, la UMP. Un juego peligroso. Valls ha utilizado estos días el fantasma de una victoria de Marine Le Pen en las presidenciales de 2017. Quizá era también una advertenecia para su jefe.

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