polémica tras retirar el símbolo nacional

Universitarios americanos contra la bandera

La cobertura sensacionalista de un incidente universitario ha provocado una tormenta en las redes sociales y pone a seis estudiantes del campus de Irvine, California, en el punto de mira nacional

Foto: Una estudiante de Virginia Tech durante una ceremonia, en una imagen de archivo (Reuters)
Una estudiante de Virginia Tech durante una ceremonia, en una imagen de archivo (Reuters)

Un trozo de tela que alguien colgó en la pared de la sala común del consejo estudiantil del campus de Irvine, al sur de Los Ángeles. Una bandera estadounidense, con sus barras y estrellas, que había sobrado de una fiesta y alguien sujetó a la pared con unas chinchetas. Al día siguiente apareció doblada en la mesa del presidente de la asociación de estudiantes. Un día después, estaba otra vez en la pared. Finalmente, el cuerpo legislativo del consejo estudiantil de la universidad pública de California, con sede en Irvine (consistente en seis miembros permanentes, todos estudiantes de grado), aprobó una moción para que no hubiera ninguna bandera ni símbolo nacional en las dependencias comunes de las oficinas de este organismo. Para que nadie colgara ninguna enseña de ningún país, en definitiva, en el hall de sus dependencias.

Sólo 24 horas después, los titulares en diversos medios y periódicos locales eran: "La Universidad de California Irvine prohíbe la bandera estadounidense en el campus". Las palabras "prohibir" y "bandera estadounidense" en el mismo titular son una garantía para llamar la atención. Y, por supuesto, las redes sociales no tardaron en hacerse eco.

El cuerpo ejecutivo del consejo estudiantil y la propia presidenta de la asociación ya habían anunciado al día siguiente que vetarían la nueva legislación, pero ya era tarde para detener la onda expansiva. Los perfiles de Facebook y Twitter de la universidad, sus webs y correos electrónicos, empezaron a recibir mensajes recriminatorios, cuando no directamente amenazantes. La página de Facebook Strong America, dedicada a los veteranos de guerra, publicó una foto con las caras de los seis estudiantes que habían aprobado la ley, sus nombres y apellidos, y el mensaje: "Estos son los estudiantes de UC Irvine que han votado prohibir la bandera estadounidense en el hall de la universidad. ¡Hazlos famosos!".

El comentarista de radio y televisión Todd Starnes los tachó de “anti-americanos”.  Hasta una senadora republicana de California, Janet Nguyen, aprovechó para arrimar el ascua a su sardina asegurando que propondría una ley para "prohibir la bandera americana" (sic) en universidades. Manifestantes de fuera de la universidad (la mayoría mayores, muchos veteranos de guerra y algunos con camisetas del Tea Party) a los que se unieron algunos estudiantes protestaron el martes pasado ante la sede del consejo estudiantil y las concentraciones, que en ocasiones se convirtieron en broncas, se mantuvieron prácticamente a lo largo de toda la semana.

Graduados escuchan un discurso de Obama en Irvine, California (Reuters).
Graduados escuchan un discurso de Obama en Irvine, California (Reuters).

Nadie quiere oír la palabra “bandera”

La bandera que provocó todo esto, colgada en la pared de una sala del consejo estudiantil, sigue en su sitio. Pero nadie puede verla y nadie quiere hablar de ella.

La Universidad pública de California tiene nueve sedes en todo el estado, Los Ángeles, Santa Bárbara, Irvine, Berkeley, Davis, Merced, Riverside, San Diego y Santa Cruz, más un campus en San Francisco sólo para posgrado. El de Irvine, una ciudad de Orange County de unos 220.000 habitantes, se especializa sobre todo en Biología, Ingeniería y Sociología, y sus 28.000 alumnos son en un 16% de origen mexicano y en un 55% de origen asiático.

Es lunes por la mañana en la semana de exámenes finales. Numerosos grupos de alumnos de instituto aprovechan la semana de vacaciones de primavera para visitar las instalaciones, mientras los universitarios terminan deprisa y corriendo trabajos o preparan los exámenes en las esquinas de la cafetería y otras salas comunes. Un coche de policía está discretamente aparcado en una esquina del Centro de Estudiantes, sede de varias cafeterías, tiendas de material escolar y merchandising de la escuela, y de la Asociación de Estudiantes.

Nadie quiere oír la palabra bandera. Los estudiantes aducen estar muy ocupados o tener mucha prisa. En las oficinas de la Asociación de Estudiantes (con sus tres ramas, la ejecutiva, la legislativa y la judicial) no se hace ningún comentario y dirigen al periodista a la responsable de relaciones con los medios de la universidad.

Cathy Lawhon considera que era imprescindible canalizar la comunicación con los medios y proteger de alguna manera a los estudiantes, "por mucho que también tienen que aprender que sus acciones tienen consecuencias".

Sin embargo, la universidad ha sentido la necesidad de intervenir, especialmente cuando “es tan sencillo acceder a información personal de estos estudiantes, a sus fotos y sus nombres, y sobre todo cuando hemos llegado al punto de tener que cancelar dos asambleas del consejo estudiantil por amenazas muy reales y preocupantes contra la integridad física de nuestros alumnos". La página de Facebook de la universidad todavía está llena de comentarios indignados, aunque ahora ya abundan los que la defienden. "Sólo hemos retirado mensajes con amenazas de violencia o discurso de odio", asegura.

No hay ninguna bandera en los edificios del centro de estudiantes, excepto una que alguien ha colgado en el edificio de enfrente, un parking de varios pisos. Una pequeña pieza de tela en el quinto piso a la que nadie prestaría atención si no fuera porque, desde hace casi dos semanas, la bandera americana se ha convertido en una inesperada arma arrojadiza.

Una de las pocas banderas que pueden verse en el campus de Irvine (Eva Catalán).
Una de las pocas banderas que pueden verse en el campus de Irvine (Eva Catalán).

“Es un arma del nacionalismo”

"Yo creo que fue una decisión con buenas intenciones, muy malinterpretada, que molestó a mucha gente que sobre todo no tiene nada que ver con la universidad. Gente mayor, que ve las noticias en la tele, y no tiene nada mejor que hacer", comenta a El Confidencial un estudiante que prefiere no dar su nombre. Asegura que en el campus han vivido una semana y media de locos. A su lado, otra joven confiesa no haberse enterado muy bien de qué fue lo que originó la controversia. "La gente está muy loca y tiene mucho tiempo libre", zanja este estudiante.

Han tenido que pasar unos días para que aparezca un movimiento de defensa de "Los Seis" (los miembros del consejo que aprobaron la ley original), con una petición de firmas en GoogleDocs que cuenta ya con casi 2.000 participantes entre profesores y estudiantes de distintas universidades de todo el país. En ella se defiende lo pertinente de la legislación, que buscaba evitar el nacionalismo más reaccionario y se ha visto revindicada por los "recientes acontecimientos". "Admiramos el valor de esta resolución y de sus defensores en medio de este clima de inmadurez política y amenazas y los apoyamos sin fisuras", reza el comunicado, que censura al rector de la universidad de Irvine y a sus autoridades por no defender con más firmeza a los estudiantes.

La ley en cuestión, la R50-70, titulada "Ajuste de decoraciones y banderas para fomentar la inclusión", fue presentada y aprobada por unanimidad el pasado 5 de marzo. En menos de seiscientas palabras, plantea argumentos para prescindir de banderas (de cualquier país) en las salas comunes de esta índole: "Al ser la interpretación patriótica de la bandera tradicionalmente resultado de una interpretación nacionalista por parte de dicha nación y sus individuos. Al servir las banderas no sólo como símbolos de patriotismo, sino también como armas de nacionalismo, y también colaborar en la construcción de mitos culturales y narrativas que pueden transformarse a su vez en sentimientos nacionalistas. Porque la bandera se ha usado como símbolo de imperialismo y colonialismo y es un símbolo que tiene aspectos positivos y negativos que se interpretan de manera diferente por cada individuo. Resolvemos: que nuestro hall principal será tan inclusivo como pueda ser y que ninguna bandera de ninguna nación se pueda colgar en sus paredes. Y que si surge una situación en la que se cuelgue en las paredes un objeto decorativo de estas características, la asociación de estudiantes se encargará de retirarlo si hay una petición para hacerlo así".

Apenas dos días después, el 7 de marzo, el brazo ejecutivo vetaba la decisión, "bajo la autoridad que les otorga el Artículo V, sección B, Subsección 2 de la constitución de la asociación de estudiantes". "Estamos fundamentalmente en desacuerdo con las acciones tomadas por el Consejo Legislativo de la asociación y la aprobación de la ley R50-70, por ser contraria a los ideales que nos permiten funcionar como una organización de gobierno estudiantil independiente con libertad de expresión".

La presidenta de la asociación, Reza Zomorrodian, afirmaba en un comunicado en su página web: "La bandera estadounidense sigue ondeando con orgullo en todo el campus y lo seguirá haciendo". El rector de la Universidad, Howard Gillman, publicaba una nota en la que se oponía: "Es indignante e indefendible que seis estudiantes, en su papel de representantes oficiales de los alumnos, puedan cuestionar si es apropiado que la bandera estadounidense se coloque en cualquier sitio de este gran campus".

En realidad, no hay prácticamente enseñas en el campus. "Sólo desde la semana pasada han empezado a verse banderas estadounidenses en algunas ventanas, como esa que ves ahí en el parking", añade este estudiante, el único de decenas que se prestó a charlar por unos minutos con un periodista. "Me dan pena los pobres creadores de la ley, yo creo que tenían buenas intenciones, cómo se les han echado encima. Hasta algunos padres de estudiantes han llamado a las tiendas del campus para preguntar si vendían banderas americanas. Y no venden. Pero no por nada, ¡sencillamente porque nunca antes nadie había querido comprar una!".

"Desgraciadamente, estos estudiantes se metieron con un asunto que es muy delicado ("hotbutton issue")", concede Lahon, quien asegura tener la esperanza de que pronto pase la ola mediática y la universidad pueda volver a ser reconocida por "todas las otras cosas que somos". No ha habido, por supuesto, ninguna medida disciplinaria académica contra los alumnos porque "no han violado ninguna ley de la universidad". Pero no ha hecho falta. Ninguno de ellos contesta ya a los emails ni se les puede encontrar en sus oficinas. Han aprendido, de la peor manera posible, que hay cosas que es mejor no tocar.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
12 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios