POR PRIMERA VEZ ESTÁN ENTRE LOS MÁS VOTADOS

Los árabes hacen “historia” en Israel

Por primera vez en los anales de la política israelí, una coalición de partidos árabes se posiciona como la tercera fuerza. Incluso entre 6.000 y 10.000 judíos podrían haber entregado su voto a la Joint List

Foto: Votantes de la Join List reaccionan tras conocer los resultados electorales en Nazaret (Reuters).
Votantes de la Join List reaccionan tras conocer los resultados electorales en Nazaret (Reuters).

Han hecho “historia”. Por primera vez en los anales de la política israelí, una coalición de partidos árabes se posiciona entre los más votados. La Joint List ha conseguido casi el 11% de los sufragios y se ha hecho con 13 asientos en la Cámara. “Ya no podrán ignorarnos”, decía ayer el carismático líder Ayman Odeh, “somos la sorpresa de estas elecciones, la tercera fuerza en el Parlamento. Con nuestras propias manos frenaremos a los partidos de derecha”.

Los integrantes de la “Lista Conjunta”, que concentra políticos israelíes árabes muy diversos, desde comunistas, nacionalistas o islamistas, entendieron que la unión hace la fuerza. Por ello, miembros del partido Balad, Hadash, Lista Árabe Unida o Ta’al decidieron el pasado 22 de enero unirse en un mismo bloque para conseguir, de una vez, una verdadera representación en la Knesset. Un grupo que ha hecho de “la lucha contra el racismo” su emblema: “Pedimos la igualdad entre árabes y judíos. (…) Nuestra postura es defender la paz y la democracia”, decían algunos de sus votantes.

Los palestinos del 48

Los “palestinos del 48”, como se denomina a aquellos que fueron integrados en Israel tras la creación del Estado (1948), llevan años denunciando una situación “de segunda categoría”. Forman el 20% de la población israelí y se concentran en el norte, en ciudades como Nazaret, Haifa o en los altos del Golán. Su psicología está afectada por un sentimiento de culpa relacionado con problemas de identidad. La mayoría siente que Israel es su país, pero que la población palestina es su pueblo. En Israel tienen condiciones de vida superiores a las de sus hermanos de Cisjordania o de Gaza, pero la convivencia con los israelíes implica un alto grado de discriminación.

Durante décadas han sufrido un trato diferente y han sido expuestos a demoliciones de casas, expropiaciones de tierras y distintos obstáculos para la edificación. Además, existen grandes diferencias de salarios, deficiencia sanitaria en las zonas árabes y discriminación lingüística. La legislación israelí marca privilegios para los residentes judíos, como el plan de inmigración, en el que no pueden participar los árabes de Israel.

Su participación en la vida política ha sido constante, pero poco notable. Hasta los años 60, todos los partidos árabes estaban incluidos en el Mapai, una formación judía de izquierda. Después, comenzaron a participar con representaciones minoritarias. En el año 2013, tres partidos con ideario proárabe fueron la novena, décima y undécima fuerza más votada. Su representación fue de cuatro, cuatro y tres escaños respectivamente. Pero tras los abrumadores resultados del martes, los árabes israelíes irrumpen unidos en la Knesset, como tercera fuerza más numerosa, con 13 asientos en total.

Odeh, líder de la Joint List, posa para una foto en Acre (Reuters).
Odeh, líder de la Joint List, posa para una foto en Acre (Reuters).

“Hemos dicho basta”

“La participación ha sido la más alta de los últimos 15 años”, recordó Ayman Odeh, “es un gran éxito de nuestra gente”. Y así es, la nueva alianza ha cosechado altos números de participación entre la población árabe, rozando incluso índices del 87%, según apunta a El Confidencial Mohamed Darawshe, analista político y fundador de Givet Haviva (ONG que apoya la diversidad en Israel). “En 2013, las diferencias de participación entre judíos y árabes eran de un 14%, en 2015 han sido sólo del 2%”, argumenta.

Darawshe asegura que la minoría árabe ha apostado por el cambio. “Hemos innovado nuestra agenda política”, explica. “Ya no estamos fragmentados, estamos unidos y tenemos un liderazgo, queremos entrar en el juego y negociar con Israel en beneficio de unos ciudadanos de segunda categoría”. Dawarshe muestra satisfacción por los buenos resultados electorales, pero asegura que la definitiva victoria de Netanyahu entorpecerá su ideario. “Hemos ganado la batalla, pero hemos perdido la guerra”, sentencia.

Y así, Aida Tuman, una de las cabezas de la “Lista Conjunta” que entrará en la Knesset con esta formación, explica que tampoco tiene “ninguna esperanza” en el futuro Gobierno del Likud. “Llevan años promoviendo el racismo, cada vez mayor entre la población judía. Es por esto que los árabes de Israel han dicho basta y por eso nos han votado”, opina. “Pero Netanyahu ha explotado unas políticas que no reconocen los derechos de los palestinos, niegan cualquier solución al conflicto, incluso temo que nos dirijamos hacia una nueva situación de guerra”, manifiesta.

Sin embargo, la nueva parlamentaria reconoce que, a pesar del difícil escenario político, ellos han cosechado “un éxito sin precedentes” en la historia de Israel. El hecho de ver a Ayman Odeh en todas las televisiones el martes por la noche, junto con Netanyahu, Herzog, Bennett y Lieberman, como los ganadores de la jornada, supone un importante cambio en las reglas del juego.

Una mujer pasa ante un cartel de la Joint List en Umm el-Fahm (Reuters).
Una mujer pasa ante un cartel de la Joint List en Umm el-Fahm (Reuters).

Judíos que votan a los árabes

Pero la Joint List no limitó su discurso al público árabe, sino que también intentaron recabar votos entre los judíos. “Nuestros votantes son aquellos que se preocupan por la igualdad, por la democracia y por la paz”, señalaba el partido. Y así es, la coalición también lanzó una campaña en hebreo, apoyada por un evento en Tel Aviv, donde acudió Aida Tuman. Ahí fueron muchos jóvenes judíos de entre 20 y 30 años, electores de izquierda, generalmente antiguos afines a Hadash o a Meretz. Esta vez, se calcula que entre 6.000 y 10.000 judíos podrían haber entregado su voto a esta coalición.

En el evento de campaña, la mayoría de los asistentes mostraban interés por un partido más solidario con sus compatriotas árabes. Ruthie Pliskin, una estudiante de 32 años, confesaba que les apoyaría porque “es más legítimo para los judíos apoyar a partidos no sionistas”, explicaba al periódico israelí Haaretz. “Este Gobierno ha legitimado odiar a los árabes, pero todavía hay gente que le cuesta aceptar esta realidad”, indicaba. Otro joven, Noam Tirosh, que aseguraba que es la primera vez que vota a un partido no sionista, decía que éste es “un voto de protesta, ya que es el único partido que ataca el problema del racismo en Israel”.

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