SU REFUGIO: LA COSTA DEL SOL

Así escondió Franco en España a Beria, el ‘carnicero’ de Stalin

Esta es la historia de una 'exclusiva' que acabó con la destitución del director de ABC. Beria, presuntamente, llegó a la España franquista de los 50 en busca de refugio tras la muerte de Stalin.

Foto: Beria, con la hija de Stalin en brazos y el dictador al fondo.
Beria, con la hija de Stalin en brazos y el dictador al fondo.

Torcuato Luca de Tena, director de ABC, soñó pasar a la historia con un titular de alcance mundial: Así escondió Franco en España a Beria, el carnicero de Stalin. Víctima de un aventurero internacional de nacionalidad nicaraguense y orígenes malagueños, llamado Fabio Gallo, que le vendió, estando de vacaciones en Torremolinos, la exclusiva de la presencia de Beria en España, Luca de Tena se atrevió a salir, sin pasar por la censura, y sin pruebas, afirmando que Beria estaba en España. Se lo hicieron pagar con su fulminante destitución.

 

La historia, que relata Juan Benet en su impagable Otoño en Madrid hacia 1950, sucedió hace 62 años y la protagonizaron dos personajes: Domingo Dominguín y Lavrenti Beria, quien controló la policía política de la URSS de Stalin entre 1938 y 1953. Su principal ‘logro’ fue la eliminación del rival del dictador, Trotski, antes de que en 1941 comenzase la invasión nazi de la URSS, y tejer la red de espías atómicos que, cuatro años después de Hiroshima, pondrían la bomba en manos de la Unión Soviética.

La muerte de Stalin en 1953 llevó a la destitución de Beria que, súbitamente retirado de la escena política, se hallaba en un lugar desconocido. Domingo, uno de los dos hermanos  de Luis Miguel Dominguín, fue torero, empresario y miembro del Partido Comunista de España. Los Dominguín eran cosa aparte. Su hermano Luis Miguel tenía acceso, a la vez, a un exiliado, caracterizado comunista, Pablo Picasso, y a Francisco Franco. Joaquín Jordá, amigo de Domingo Dominguín, contaba que en una cacería Franco le preguntó: “Dígame, Dominguín, ¿quién es el comunista de los tres?". Y Luis Miguel contestó: "Los tres, mi general, los tres”.

Juan Benet escribe: “En el verano de 1953, de la noche a la mañana, el señor Luca de Tena fue exonerado de la dirección de ABC por publicar con los máximos caracteres la noticia de que Beria había aterrizado en los alrededores de Málaga”. Esto sucedió inmediatamente después de la muerte de Stalin, y con su fina sorna añadía que, según ABC, había aterrizado en España en secreto para formar un gobierno en el exilio con vistas a derrocar el régimen soviético “y evangelizar la URSS”.

Continúa Benet, hasta dónde quiere llegar, la siguiente anécdota. A Domingo Dominguín le falló estrepitosamente una corrida que había organizado en San Sebastián en las fechas del Festival de Cine, cuya primera edición transcurre entre el 21 y el 27 de septiembre de 1953. “A última hora de la tarde –escribe Benet– fue servido un cocktail en el hotel María Cristina a las autoridades locales y participantes del festival y, cuando más animados estaban los salones, Domingo llamó al hotel desde una cabina del mismo preguntando por el caballero. Y, a medida que atravesaba los corros, se volvían las cabezas petrificadas y atónitas, al paso del botones que, con su voz chillona, iba requiriendo: “Don Laurencio Beria, al teléfono; Don Laurencio Beria, al teléfono”.

La hemeroteca del diario ABC permite confirmar no la broma de Dominguín, pero sí lo fundamental del relato de Benet, salvo que, según ABC, el avión que trajo a Beria a España no habría aterrizado en Málaga, sino en La Mancha.

Gran scoop: Beria en España

España está en las vísperas de insertarse en uno de los dos bloques enfrentados en la Guerra Fría, mediante los acuerdos con los EEUU y el Vaticano. Franco ha ganado definitivamente la Guerra Civil. Reina la euforia en las esferas oficiales. El 22 de septiembre de ese año de 1953, ABC saca pecho y destaca en un recuadro que “el presidente de los EEUU y los jefes del Estado Mayor conjunto atribuyen un considerable valor a España, como un área para forjar otro anillo en la cadena de bases de Ultramar, desde las cuales bombarderos atómicos podrían eventualmente atacar con rapidez al enemigo”. Ese mismo día, en la página 25, ABC hace una primera aproximación a Beria; se lee: “Lavrenti  Beria ha huido de Rusia y gestiona, desde un país neutral, que le sea concedido asilo en los Estadios Unidos de América”. ABC cita como fuente al periódico San Diego Union de California.

El mismo 22 de septiembre, otros diarios españoles mencionan a Beria. La Vanguardia dedica dos columnas al asunto, pero no dará el paso que va dar al día siguiente ABC al afirmar que Beria está en España.

Beria en paracaídas sobre La Mancha

En efecto, el 23 de septiembre de 1953, un enorme titular encabeza la página 17 de ABC con la  pregunta: “¿Está Beria escondido  en España?”. Se responde diciendo que sí está. Y que  ha sido “conducido hasta el país por pilotos que, por haber intervenido en la Guerra Civil española, son perfectos conocedores de la geografía peninsular”.

ABC relata el operativo: “Parece ser que se dejaron caer en la noche todos los tripulantes del avión que le transportaba en el centro de La Mancha, escogiendo los puntos en que, teniendo próximas comunicaciones por carretera, estuvieran sin embargo menos próximos a núcleos habitados. El avión, con mandos fijos y con la gasolina perfectamente calculada, prosiguió solo su camino hasta perderse en el Atlántico, no dejando así huella alguna de su paso”. Habiéndose trasladado en coche a la costa, Beria aguardaba escondido la llegada del los agentes del FBI. Unas horas de la publicación de estas informaciones,  el director de ABC, Torcuato Luca de Tena, es fulminantemente destituido.  

Dudas sobre el caso, ignoradas por ABC

El mismo 23 de septiembre en que ABC sale a los quioscos afirmando que Beria está en España, varios diarios en lengua inglesa publican que tanto el vicepresidente de los EEUU,  Richard Nixon, como el senador Eugene McCarthy, seguían desde hacía un mes la posible pista de la fuga de Beria de la URSS. Todos los periódicos citan al San Diego Union, que asegura tener acceso a Beria. En efecto, uno de sus redactores, Gene Fuson, afirmará después que tiene localizado al hombre que sabe dónde se esconde Beria: un ciudadano nicaragüense llamado Fabio Gallo, alojado en el hotel Miramar de Málaga.

Apenas cinco días después del scoop de ABC, el 28 de septiembre, en el St Petersburg Times, en un artículo se define a Gallo como un “encantador buscavidas” que en tiempos recientes parece actuar contra los Somoza en Nicaragua. Pero también contra un régimen opuesto, el democrático de Arbenz en Guatemala (que al año siguiente será derrocado por la CIA).  Están bien informados, como después se comprobará, puesto que dicen: “Gallo embarcó su Cadillac y se fue a Italia y España” al encuentro de Beria.

Un segundo artículo lo firma Edward Knoblaugh, que había sido corresponsal de Associated Press durante la Guerra Civil.  Knoblaugh localiza en el hotel Miramar de Málaga a Gallo, quien asegura: “Nunca conocí a Beria (…), no sé nada de él excepto lo que he leído en los periódicos. (…) De hecho, no he hablado con un ruso en mi vida”. Knoblaugh aporta la novedad de que Gallo es de San Marcos, Nicaragua, y que visita cada año España para ver a sus parientes.

Meses después, el 6 de febrero de 1954, el diario Toledo Blade de Ohio publica un artículo, “Historia de una acusación hecha por el senador McCarthy”, en el que lee que el 31 de julio de 1953 McCarthy informó a los periodistas que había descubierto pruebas de una supuesta extorsión de 150.000 dólares por parte de unos empleados del Departamento de Estado, a cambio de dar a un gobierno extranjero amigo una consideración legal que debía de haberla tenido por derecho, sin necesidad de pagar sobornos”. El diario continúa: “El testigo que incitó a McCarthy a hacer la declaración pública sobre el supuesto soborno nunca ha sido reconocido oficialmente. Pero fuentes independientes ha podido saber que el testigo era un tal Fabio Gallo, un español que había tenido plantaciones en Nicaragua”.

El diario sugiere algo muy interesante: que la relación entre el redactor del San Diego Union, Gene Fuson y Gallo es anterior al asunto Beria: “Originalmente quien llevó al nicaragüense a Washington fue un reportero del San Diego Union que había conocido a Gallo en América Latina cuando escribía reportajes sobre la amenaza comunista”. Posteriormente, figuró en diferentes artículos como la fuente de las noticias que narraban la fuga de Beria.

ABC insiste: Beria estuvo escondido en Ibiza

Pasaron los años; el asunto parecía olvidado. Pero el 3 de mayo de 1979, es decir, 23 años después del fiasco y de las anteriores informaciones sobre Gallo, al alcance de los corresponsales en EEUU del diario español, ABC destaca en un recuadro: “Beria sí estuvo en España”, remitiendo a Blanco y Negro, su revista semanal.

En Blanco y Negro se lee: “Franco, con la serenidad y la frialdad que le caracterizaron, mantuvo escondido a Beria y sus guardaespaldas en un punto no determinado de la entonces poco conocida isla ibicenca. Hasta que consiguió llegar a un acuerdo con los soviéticos para entregar a Beria y sus dos maletas de documentos a cambio de los españoles miembros de la División Azul prisioneros en Rusia desde 1945. Y para no enfadar mucho a sus recientes aliados norteamericanos, el Jefe del Estado español,  pese a lo acordado con Malenkov y sus ministros, hizo llegar a Nixon parte de la documentación fotocopiada, quedándose para  sí la relativa a las maniobras que una parte del Departamento de Estado USA estaba llevando a cabo para entorpecer la alineación de España en el concierto de las nacional occidentales.

Hábil maniobra, típicamente gallega, que lógicamente decía llevarse en secreto. Causa ésta por la que sobre ABC y, especialmente, sobre su joven director, don Torcuato Luca de Tena, recayó la tormenta provocada por una indiscreción cometida con inocencia de quienes, ajenos por completo al trasfondo del asunto, trataron de cumplir con su deber informativo”.

Fabio Gallo se presenta

A continuación reproduce Blanco y Negro la entrevista a Fabio Gallo de Alfredo Semprún, hecha en su casa de Nicaragua. Ya el titular (“Yo estuve con Beria en Granada”) desconcierta, puesto que lo que se relata transcurre en los montes del interior de la Costa del Sol malagueña.

Fabio Gallo empieza por señalar a Semprún que supo que su interlocutor era Beria cuando el georgiano se lo dijo, “porque por entonces casi nadie sabía que físico tenía”.  Gallo argumenta a Semprún: “Si no fuera Beria  con quien hablé  ¿qué sentido tendría que la Dirección General  de Seguridad  me estuviera protegiendo durante más de dos meses,  o la que la policía española detectase la presencia de un número inusual de espías en Málaga y Madrid y el que yo saliera libre sin proceso alguno y quedando muy amigo de los policías españoles,  si les hubiese tomado el pelo y si mis afirmaciones no hubiesen sido absolutamente ciertas?” (…) “¿Cree usted que el general Hierro, entonces Director General  de Seguridad,  se hubiera molestado en acompañar en su propio coche oficial a mi madre, llevándola al aeropuerto de Barajas para que ocupara su plaza en el avión que a levaba a Nicaragua, alejándola de los peligros que podría correr a consecuencia de lo que a mí me había ocurrido?”.  

Gallo pasa después a contar aventuras de su vida y a narrar su encuentro con Beria. “Un día, dos conocidos comunistas, un español y un nicaragüense residentes en México, me abordaron de forma muy discreta para pedirme que, a través de mi amigo, el diputado Hilings, tratara de tantear las posibilidades que tendrían  personajes importantes de la Unión Soviética, en el sentido de que los norteamericanos les concediesen asilo político”. Gallo logra que Hilings traslade esta consulta a Nixon y McCarthy. Los dos comunistas le dicen que se pondrán en contacto con él en Madrid. Llega Gallo a Madrid en 1953 y se hospeda en el Palace

Beria hablaba castellano con acento extranjero

Un día -cuenta Gallo a Semprún- suena el teléfono de su habitación del Palace y un enviado de los comunistas de México  le indica que debe desplazarse al sur de España para darle la información sobre quiénes eran los personajes que pedían asilo en EEUU. Gallo viaja a Málaga y se instala en el hotel Miramar.  Una llamada de teléfono le dice que debe coger su Mercedes Benz y poner rumbo a Algeciras por la carretera de la costa y que,  pasada Fuengirola, se encontrará con un coche aparcado en la carretera, un Austin matriculado en Gibraltar.  

Detiene su Mercedes y dos desconocidos lo suben al Austin, le ponen un pañuelo en los ojos y siente como el coche sube monte arriba hasta que se detiene en una cima, en medio de un camino local sin tránsito alguno. “Fue entonces cuando conocí a Beria. (…) Ya a solas se sentó en el coche y me saludó muy amablemente en un castellano más o menos correcto pero con un fuerte acento extranjero. (…) Y me dijo quién era”.

Beria le muestra un sobre que contenía los datos que podrían demostrar a sus amigos que él era Beria y le insiste que sólo Nixon y Hilings pueden saber qué se fragua, porque él y Gallo se juegan la cabeza. Semprún pregunta a Gallo cómo era Beria: “Un hombre de talla media, cara algo redonda y gafas graduadas, redondas también y con montura metálica. Sudaba embutido en su traje negro, se quitó el sombrero en varias ocasiones y pude ver que era muy calvo”.  

Desde el hotel Miramar de Málaga Gallo llama a Hilings, le cuenta lo sucedido, y en dos horas, ya enterado Nixon, recibe la llamada que confirma que EEUU aceptaba las condiciones de Beria. En Madrid, en el hotel Nacional, Gallo recibe al enviado de Nixon que recogió el sobre. Le dan instrucciones: cuando hablen por teléfono, Beria será “la chica” y el piloto español que lo acompañaba, “el novio”. De vuelta en  Málaga, explica Gallo a Semprún, recibe la visita de un funcionario de la embajada de EEUU en Madrid, quien le dice amenazante que quiere ponerse en contacto con los comunistas español y mexicano que pusieron en  marcha la operación.

Beria en las memorias de Torcuato Luca de Tena

En su libro de memorias Franco sí, pero…, publicado  en 1997,  Torcuato Luca de Tena afirma que su redactor, el exiliado húngaro Andrés  Revesz, fue el primero que le introdujo en esta historia cuando, conversando sobre la extraña desaparición de escena de Beria, éste le comenta que cree que se fugó de la URSS.

Luca de Tena explica que, de vacaciones en Torremolinos,  recién llegado a su casa,  una de sus cuñadas, Maite Benjumea, “casi  antes de pueda deshacer las maletas”, le comunica que un conocido llamado Fabio Gallo quiere  hablarle de algo de máxima transcendencia. Y, sin darle la posibilidad de pensárselo,  Gallo aparece de repente por allí. Luca de Tena lo retrata: “Era un hombre moreno, atlético, algo más joven que yo, que acaba de cumplir los 30 años. Me pidió ir al lugar más aparatado de la casa donde nadie pudiera oírnos”. Gallo le pregunta a Luca de Tena si ha visto el despliegue policial en el aeropuerto y añade: “La policía sospecha lo mismo que yo”.

Por entonces, Luca de Tena está imaginando “que el hombre que tiene delante es una agente de los EEUU”. Gallo le concreta su sospecha: “Beria ha huido de la URSS e intenta llegar a España”. Escribe Torcuato: “La noticia me dejó sin aliento”. Gallo añade: “Yo sé que Beria se dirige aquí, salvo que ya esté aquí en Málaga”. Y le explica que Beria salió por Irán y que España es una escala camino de EEUU, donde va a contarlo todo. Gallo le niega pertenecer a la CIA o al FBI. Y le pide ver de inmediato a Franco. Torcuato le responde que eso sólo está al alcance del embajador de EEUU en España, James Dunn.

Al irse Gallo, Luca de Tena decide, por si acaso, pedir una cita con el jefe del Estado Mayor del Ejército, general  Juan Vigón, quien lo convoca para el día siguiente. Vigón, escribe Luca de Tena, “se limitó a anotar en un papel: Fabio Gallo”.

Como está en Madrid, desde ABC pide a su corresponsal en Washington, José María Massip, que se entere de qué puede estar publicándose en EEUU sobre la desaparición de Beria. Y Massip le responde sorprendido que precisamente esa noche un diario de California, el San Diego Union, publicaba el rumor de que Beria había conseguido salir de la URSS y que el director y el jefe de internacional de ese diario viajaban hacia Europa. Luca de Tena decide poner a investigar a su mejor periodista de sucesos, Manuel Menéndez Chacón. Tiene que averiguar si un par de norteamericanos pueden haber recalado en España buscando a Beria. Chacón comienza detectando que dos norteamericanos que se alojaban en el Wellington de Madrid acababan de salir hacia Málaga en un coche alquilado. Pisándoles los talones sale Menéndez Chacón hacia Málaga acompañado de otro redactor,  Santiago Arbós.

El 19 de septiembre Luca de Tena tiene un primer informe de Chacón desde Málaga que, afirma, no se atreve a publicar. Sin el permiso de la censura que le retiene el artículo, Luca de Tena publica el día 23 de septiembre lo que para él es el scoop del siglo: Beria está en España. Quiere evitar que su exclusiva pueda acabar -pasada por la policía o por los censores- en las mesas de los diarios del Movimiento, adversarios de ABC. Ese mismo día 23, el Director General de Prensa, Juan Aparicio, lo destituye. Luca de Tena comenta en sus memorias: “Lo que en otro país es un Pulitzer aquí es una destitución”.

*Germán Sánchez es redactor de Radio Exterior de España / Fotos: Eladio Ferrer.

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