RUSIA ES LA CLAVE GEOPOLÍTICA DE LA PRÓRROGA

¿Por qué cedió Merkel ante Syriza en contra de la opinión de sus votantes?

Los alemanes siguen tratando de digerir la prórroga del rescate griego. El 71% duda de que Atenas vaya a implementar los ajustes. ¿Por qué cedió entonces Merkel? Rusia es la clave en esta ecuación

Foto: Manifestantes queman una bandera nazi durante una visita de Angela Merkel a Atenas, en octubre de 2012. (Reuters)
Manifestantes queman una bandera nazi durante una visita de Angela Merkel a Atenas, en octubre de 2012. (Reuters)

Los alemanes siguen tratando de digerir la prórroga del rescate griego. Requiebros de la política, el Bundestag aprobó con una aplastante mayoría conceder a Atenas cuatro meses más para cumplir el programa de ayudas, pero en la calle la mayor parte de los ciudadanos está claramente en contra de lo que perciben como una nueva concesión ante Grecia y más riesgo para sus bolsillos. No obstante, la confianza en la canciller Angela Merkel es enorme y algunos sugieren ya que Rusia es la clave en esta ecuación.

El Bundestag votó "sí". Pero lo hizo con la nariz tapada. En total, 542 parlamentarios alemanes se mostraron a favor de prorrogar el programa heleno, por sólo 32 papeletas en contra y 13 abstenciones. Los cuatro partidos en la cámara baja, los dos que conforman la coalición de gobierno (conservadores y socialdemócratas) y los dos de la oposición (La Izquierda y Los Verdes) votaron mayoritariamente a favor. Sólo unos díscolos, en su mayoría de las filas de Merkel (29 de los 32, según algunos medios, ya que la votación fue secreta), dijeron "no" a dar un poco de aire al nuevo Ejecutivo en Atenas. Pero estas cifras ocultan una realidad mucho más compleja.

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, adalid de la austeridad en el Eurogrupo, fue el encargado de defender la medida en el Bundestag. "Sé que para nadie es fácil aprobar esta prórroga", comenzó este veterano cristianodemócrata, uno de los más exigentes con Atenas desde el primer rescate y quien ha encabezado a los países que se han negado a renegociar los términos del rescate heleno tras la victoria de Syriza. El objetivo de la concesión es, agregó el ministro, dar algo de tiempo al nuevo Gobierno para cerrar "con éxito" el segundo programa. En muchas de las intervenciones que siguieron a las palabras del ministro de Finanzas en el Parlamento alemán se escuchó la expresión "mal menor" como principal justificación al "sí".

El ministro de Finanzas alemán en una intervención en el Bundestag (Reuters).
El ministro de Finanzas alemán en una intervención en el Bundestag (Reuters).

Los conservadores que votaron a favor –la gran mayoría– apelaron principalmente a los rebeldes de entre sus filas, de donde sabían que iban a proceder los pocos votos en contra. Los escasos euroescépticos en el Bundestag se sientan en los escaños de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su hermana bávara, la Unión Socialcristiana (CSU). Los socialdemócratas esgrimieron mil peros y dejaron a las claras que no confían en el Gobierno del primer ministro griego, Alexis Tsipras. Y acabaron votando a favor. Por su parte, La Izquierda –el mayor partido de la oposición– voto también que "sí", apoyando por primera vez al Ejecutivo alemán en un rescate, pero entendiendo que esta decisión debe marcar el comienzo de una nueva forma de hacer política en Europa, ya que la vía de la austeridad promovida hasta ahora por Berlín, a su juicio, ha fracasado. Los Verdes apelaron a la solidaridad.

"El Bundestag aprobó ayer con un violento dolor de tripa la prórroga del paquete de ayudas para Atenas", resumía el comentarista político alemán Reinhard Zweigler.

Selfies por el "no" a Atenas

La calle, sin embargo, ha recibido con escepticismo la decisión del Gobierno alemán y el Bundestag. Y, sobre todo, el abultado resultado de la votación. El tabloide conservador Bild, el periódico más leído de Europa con más de 12 millones de lectores diarios, esgrimió al día siguiente su dedo acusador y publicó, uno a uno, lo que cada parlamentario había votado. El día de la decisión, para ir caldeando los ánimos, había iniciado una campaña en sus páginas en las que animaba a la gente a que mandase selfies a la redacción con carteles con la palabra "no". Por si acaso quedaba alguna duda de su postura con respecto a la prórroga. La encuesta del Politbarometer de la cadena pública ZDF apuntaba la semana pasada que el 71% de los alemanes duda de que Grecia vaya a implementar los ajustes y reformas acordados. Además, destacaba que el 54% cree que estas medidas son acertadas para el país heleno.

Con la ciudadanía y especialmente sus votantes perplejos, el Gobierno alemán salió rápidamente a la ofensiva comunicativa. Schäuble se vio en la necesidad de explicar el porqué de su posición y, tirando de su fuerte popularidad –un 7,2 sobre 10, sólo comparable a la de Merkel (7,4)– el domingo aparecía en una entrevista en el Bild am Sonntag, la versión dominical del Bild, y en la ZDF, el segundo canal público. "No queremos un Grexit", dijo al rotativo. Además, recalcó que la decisión del viernes no implicaba nuevos desembolsos y que la postura de Berlín seguía siendo defender que Atenas debe cumplir los compromisos adoptados. "Somos solidarios, pero no extorsionables. Nadie forzó a Grecia al programa de ayuda", agregó Schäuble, dando voz a la postura dura que más acogida tiene en Alemania. En el canal de televisión habló de cerrar el segundo programa con éxito y postergar hasta entonces cualquier debate sobre un tercer paquete de ayudas para Grecia. No obstante, añadió, cualquier nueva ayuda vendría de la mano de "exigentes demandas" por parte de Berlín.

El debate sobre un tercer rescate para Atenas, que posteriormente ha reventado el ministro de Economía español, Luis de Guindos, lleva semanas en los medios alemanes, que cifran el nuevo desembolso para Grecia en unos 20.000 millones, frente a los hasta 50.000 millones de Guindos.

Izquierdistas alemanes protestan ante el Ministerio de Finanzas en apoyo de Syriza (Reuters).
Izquierdistas alemanes protestan ante el Ministerio de Finanzas en apoyo de Syriza (Reuters).

El factor geopolítico de la prórroga: Rusia

En lo que también coinciden muchos medios de Alemania es en apuntar las razones de Merkel. Mucho más allá de lo dicho en el Bundestag. A juicio de varios periódicos clave, la canciller no desea ahora mantener a Grecia en el euro por motivos económicos, como cuando forjó hace tres años el acuerdo internacional para una gran quita de la deuda helena en manos privadas. De hecho, para los asesores de Cancillería, el riesgo de ruptura de la unión monetaria a causa de un potencial Grexit ha disminuido sensiblemente. Ya no hay riesgo de contagio. Y los daños económicos (para la Eurozona) serían asumibles, según sus cálculos. El problema de fondo es otro. Geopolítico.

Según estos medios, que enhebran estos días un discurso enormemente coincidente para no tener una fuente común, la canciller teme que una Grecia empobrecida y fuera del euro se arrojase en busca de apoyo financiero en brazos del presidente ruso, Vladimir Putin, que está librando su particular batalla política contra el bloque europeo a raíz de la crisis de Ucrania y el subsiguiente fuego cruzado de sanciones económicas. Atenas se convertiría en un "flanco abierto" para la UE, según una reciente editorial.

El Frankfurter Allgemeine Zeitung, el diario conservador de referencia, lo argumentaba así: "En la lucha por Grecia ya no se trata solamente de evitar una bancarrota estatal o de la cuestión de qué quedaría de los principios de la unión monetaria, sino que se trata también de cómo de estable y resistente es la UE cuando se enfrenta a un poder agresivo como la Rusia de Putin. La UE está mal equipada para esta confrontación. Tiene un estómago débil que va desde Budapest, pasando por Sofía, hasta Atenas. Grecia podría bloquear el endurecimiento de las sanciones. Podría sabotear una política (común) energética para disminuir la dependencia del gas y el petróleo ruso. En la OTAN, Atenas podría convertirse en un riesgo de seguridad de primer nivel. Si quebrase, Rusia tendría aún la suficiente reserva de divisas para comprar a una Grecia arruinada".

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