Salarios de clase media y cheques bebé, las condiciones laborales del Estado Islámico

El 'Califato' atrae combatientes, profesionales y familias enteras. Promete comodidades económicas y ayudas sociales, con condiciones muy superiores a la media de la región.

Foto: Combatientes del Estado Islámico durante un desfile del grupo en las calles de Raqqa, Siria (Reuters)
Combatientes del Estado Islámico durante un desfile del grupo en las calles de Raqqa, Siria (Reuters)

El joven sirio penetró en una sala llena de cámaras de última generación, aparatos de edición y todo tipo de caprichos tecnológicos. “Recuerdo haber mirado alrededor en la oficina. La equipación que tenían allí era sorprendente”, contaría después. “Me ofrecieron 1.500 dólares al mes, más un coche, una casa y todas las cámaras que necesitase”, indicó.

El Estado Islámico estaba tratando de ficharle para su productora, Al Hayat Media Center, y no escatimaba en gastos. Al final decidió que permancer en Siria era demasiado peligroso, y rechazó el trabajo. Otros, más ideologizados, necesitados de dinero o inconscientes del riesgo, acabarían tomando esa plaza.

La historia, una de tantas, la reproducía el pasado septiembre el diario británico Financial Times. Un relato que pone de manifiesto un elemento esencial en la estrategia de reclutamiento del EI: que muchos de sus miembros acuden a la organización atraídos sobre todo por los salarios, muy superiores a los de la media en Irak, Siria y el resto de países de la región.

El propio rey Abdullah de Jordania se lo explicó a Bill Clinton en una conferencia de la fundación del expresidente estadounidense en Nueva York, hace unos meses: “Mientras intentamos crear empleo, el EI está pagando mil dólares al mes, lo que para la gente en Jordania es un ingreso de clase media a media alta”.

La cifra aportada por el monarca jordano no es totalmente exacta: según datos del Centro Sirio de Derechos Humanos (CSDH), un soldado raso soltero recibe unos 400 dólares al mes, mientras que aquellos con familia a su cargo perciben otros 50 dólares por hijo y 100 por mujer. Tan sólo aquellos que realizan trabajos especializados –como los vídeos de propaganda– cobran por encima de dicha cantidad.

Imagen del vídeo de la ejecución de 21 coptos cerca de Trípoli difundido por la facción libia del ISIS (Reuters).
Imagen del vídeo de la ejecución de 21 coptos cerca de Trípoli difundido por la facción libia del ISIS (Reuters).

"Es casi como el sueño americano, pero en versión ISIS"

“Los recursos financieros juegan un importante papel en el éxito del grupo, porque puede gastar dinero en sus proyectos y reclutas. Su modelo de recaudación a través de la extorsión y los impuestos, antes que a través de donaciones extranjeras, los hace más autosuficientes y menos sensibles a las restricciones financieras de los Gobiernos”, explica Hassan Hassan, analista de Oriente Medio y coautor del libro ISIS: Inside the Army of Terror (ISIL: Dentro del Ejército del Terror).

Al revisar la información aportada por el CSDH, dos aspectos llaman la atención: los que se desplazan desde otros países, especialmente de Europa, reciben otros 400 dólares adicionales en concepto de “pago por migración”. Y además, en agosto, Abu Bakr Al Bagdadi ordenó que todos los combatientes que decidiesen casarse recibiesen una bonificación de 1.200 dólares y un apartamento amueblado. La lectura es clara: el Estado Islámico está tratando de consolidarse, estimulando la inmigración y la procreación.

“Cuanto más éxito tienen a la hora de crear al crear toda una nueva sociedad, más capaces son de atraer a familias enteras. Es casi como el sueño americano, pero en la versión del Estado Islámico”, explica Mia Bloom, una profesora de Estudios de Seguridad de la Universidad de Massachusetts experta en cuestiones de terrorismo y mujeres. “Los otros grupos yihadistas te prometen un montón de cosas maravillosas en la otra vida. El Estado Islámico te promete darte cosas en esta vida y en la otra, así que no tienes que esperar para disfrutar de tus recompensas”, indica.

Un combatiente del ISIS graba con su móvil un desfile militar del grupo en Raqqa, Siria (Reuters).
Un combatiente del ISIS graba con su móvil un desfile militar del grupo en Raqqa, Siria (Reuters).

Destino para extranjeros

El éxito es indudable: según los últimos datos del Centro Nacional Antiterrorista de EEUU, el Estado Islámico cuenta en estos momentos con más de 20.000 militantes extranjeros, al menos 3.400 de los cuales proceden de países occidentales. “La ratio de combatientes extranjeros que viajan a Siria no tiene precedentes. Supera la ratio de viajeros que fueron a Afganistán y Pakistán, Irak, Yemen o Somalia en cualquier momento de los últimos veinte años”, aseguró la semana pasada Nicholas Rasmussen, director del organismo.

“Al investigar para nuestro libro, hemos encontrado media docena de categorías diferentes de individuos que se unen al EI. Están aquellos que se adhieren a un fundamentalismo islámico violento y extremos; jóvenes adolescentes que aceptan la ideología del EI y lidian con ello como si se tratase del verdadero islam porque han sido adoctrinados por el ISIS", indica Hassan. "Estos adolescentes son normalmente muy fervorosos y comprometidos con el EI. Y luego están aquellos que no están necesariamente motivados por la religión, sino, por ejemplo, por poder o pragmatismo”, continúa.

En un reciente artículo publicado en el diario The Guardian, este analista estudiaba los campos de entrenamiento del Estado Islámico, en los que se daba una gran importancia a la religión. “Dos componentes demográficos –los takfiríes de larga tradición y los jóvenes fanáticos– son más importantes para el EI que otros miembros, porque configuran la identidad del grupo y aseguran su duración. Además, el atractivo del EI fuera de las zonas de conflicto tiende a obedecer a motivaciones ideológicas”, escribe Hassan.

A la corriente takfirí se adhieren aquellos radicales que consideran infieles a todos aquellos que no comulgan con sus ideas estrictas del islam, incluyendo a otros musulmanes, no necesariamente moderados. Los takfiríes se consideran los únicos musulmanes verdaderos, al estilo de los primeros compañeros del profeta Mahoma, y piensan que el resto del mundo se encuentra en estado de yahiliya o impiedad.

Entrevista de trabajo

“No es fácil, tienes que ser paciente”, explica un joven militante sirio llamado Hassan Ghannam. “Primero te ponen a prueba. Hablan contigo durante un rato. Comprueban tus conocimientos sobre religión. Lo discuten todo contigo. Te hablan sobre el régimen nusayirí –una forma insultante de referirse a los alauíes, la secta a la que pertenece Bashar Al Assad– y luego sobre el Ejército Sirio Libre y todos los otros grupos mal encaminados. Al principio es agotador”, indica.

“Los entrenamientos en la Sharía varían de un miembro a otro, dependiendo de la estimación que haga el grupo de su valor o lealtad. Los nuevos reclutas realizan un entrenamiento que puede ser de dos semanas, un mes, 45 días, seis meses y hasta un año. Dentro de los campamentos, los estudiantes reciben una mezcla de orientación militar, política y de la sharía, normalmente dada por unos cinco instructores”, explica Hassan.

“Durante el entrenamiento, los reclutas pueden ser enviados a checkpoints, pero no al frente. Tras graduarse, siguen bajo supervisión, y pueden ser expulsados o castigados en casos de incumplimiento, incluyendo el recibir latigazos si muestran reservas. En algunos casos, los nuevos miembros que tienen problemas con la brutalidad de los actos del grupo son enviados de vuelta para recibir más entrenamiento, para reforzar su fe”, comenta este analista.

Además, las condiciones distan mucho de ser idílicas, al menos para aquellos jóvenes acostumbrados a la opulencia europea. En noviembre, el diario Le Figaro reprodujo conversaciones que algunos de los yihadistas franceses habían enviado a sus familias quejándose de su situación, unos lamentos que van desde la angustia vital hasta lo más banal.

Bombardeos de la coalición contra posiciones del ISIS en la ciudad siria de Kobane, el pasado octubre (Reuters).
Bombardeos de la coalición contra posiciones del ISIS en la ciudad siria de Kobane, el pasado octubre (Reuters).

Los reclutas europeos se quejan

“Quieren enviarme al frente, aunque no sé combatir”, dice uno de ellos, que también se queja de que le obligan a hacer la colada. “No he hecho prácticamente nada más que distribuir ropas y comida. También he ayudado a limpiar algunas armas y a transportar los cadáveres de combatientes muertos durante los enfrentamientos. El invierno está llegando. Comienza a ser duro”, comenta otro.

“No he rascado bola. Mi iPod no funciona aquí. ¡Tengo que volver!”, añade un tercero, en un comentario que adquirió cierta notoriedad en las redes sociales. Un malestar que probablemente ha aumentado desde finales de diciembre, cuando el Estado Islámico prohibió el uso de iPhones, iPads y todos los aparatos fabricados por Apple, así como cualquier otro artefacto que tenga GPS.

La razón no es ni religiosa ni disciplinaria, sino práctica: no hay forma de evitar que los servicios de inteligencia enemigos rastreen la señal, y puedan servir como orientación para los bombardeos de la coalición internacional. Y por encima de todo, los militantes franceses expresan una duda: “Si vuelvo a Francia, ¿qué me espera? ¿Puedo evitar la cárcel? ¿Qué tendría que hacer?”, pregunta uno de ellos. Una cuestión todavía sin resolver para la mayoría de los países occidentales. Mientras algunos, como Dinamarca, han establecido un programa de rehabilitación para antiguos yihadistas, otros, como el Reino Unido, están cumpliendo a rajatabla la legislación e imponiendo duras penas de prisión a los retornados.

Lo ha comprobado este mismo mes Imran Khawaja, un británico enrolado en el Estado Islámico que se quejaba por la falta de productos cosméticos adecuados, y que, decepcionado tras haber pasado seis incómodos meses en Siria, trató de fingir su propia muerte para poder regresar a su país natal. Las autoridades no se lo tragaron y lo arrestaron a su llegada al puerto de Dover, y hace dos semanas un tribunal británico le condenó a 12 años de cárcel por su participación en acciones terroristas.

Pero por cada descontento hay cientos de fanáticos satisfechos. “Creo que este aspecto ha sido un poco exagerado. La gente se desilusiona con la yihad llevada a cabo en Irak y Siria, pero normalmente eso no hace que se opongan o incluso se desencanten con el grupo”, asegura Hassan. “Yo he hablado con un miembro del EI que consiguió un visado de trabajo para Arabia Saudí, y dejó el grupo y se fue a trabajar, pero no criticaba al grupo. Estaba esperando a que se le renovase el pasaporte, y me dijo que si no se lo renovaban, se volvería con el EI. No expresaba críticas hacia el grupo, aunque me dijo que estaba cansado de ser miembro”, comenta. De momento, bien por dinero o por ideología, la reserva de reclutas del Estado Islámico parece garantizada.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios