"SOMOS 7.000. NOS PREPARAMOS PARA IR AL ESTE"

Entrenando con los ultras del Pravy Sektor, el rostro más temido de la nueva Ucrania

‘Hay once batallones repartidos en cuatro bases por el país. Somos 7.000 hombres, aunque también hay miles de reservistas que esperan nuestro llamada’

Foto: Miembros del 'Pravy Sektor' posan en el campamento de entrenamiento de la organización en Chernihiv (Á. Sastre).
Miembros del 'Pravy Sektor' posan en el campamento de entrenamiento de la organización en Chernihiv (Á. Sastre).

Llegar hasta el campamento de entrenamiento del Pravy Sektor ("Sector de Derechas"), no es fácil. Se toma la carretera desde Kiev hasta Chernihiv, en el sector Chernihovska, y tras 100 kilómetros hay que desviarse por diferentes caminos perdidos en el bosque. A partir de ahí, una voz a través del teléfono nos guía. “Decid en el último check-point que sois voluntarios extranjeros, que venís a alistaros”, nos indica nuestro anfitrión.

Tras muchas vueltas llegamos al destino. Efectivamente, las palabras funcionan a la perfección y la valla se levanta. Acude al encuentro el comandante de la base, Tonenkoe, un ucraniano de aspecto fornido, pelo rapado y barba puntiaguda. Como todos en el recinto, lleva uniforme militar. “Es la hora del rancho”, afirma.

‘Hay once batallones repartidos en cuatro bases por todo el país. Somos 7.000 hombres, aunque también hay miles de reservistas que esperan nuestra llamada’En el comedor, mientras degustamos una especie de pasta con escasos trozos de carne y un té verde, Tonenkoe comienza a hablar. “Hay once batallones repartidos en cuatro bases por todo el país. Somos 7.000 hombres, aunque también hay miles de reservistas que esperan nuestra llamada”, asegura.

“Hemos ido creciendo en número. La gente confía más en nosotros que en el propio Ejército. Estamos mejor preparados y seguros de nuestra victoria”. Tonenkoe afirma que no lucha por él, sino por el futuro de su hija de cuatro años. El Comandante tiene formación militar, aunque abandonó el Ejército hace años para formar parte de organizaciones paramilitares y nacionalistas como el Tridente. Finalmente, desembarcó en el Right Sector, aunque aclara que prefiere que los denominemos como “cuerpo de voluntarios ucranianos”, para desligarse del partido político.

Todo indica que están llevando a cabo una campaña para limpiar su nombre. Conocidos por sus métodos violentos, han propinado varias palizas a periodistas que osaron grabarlos durante las protestas de la Plaza Maidán, hace un año. Pero ahora muestran su lado más diplomático. Ello no hace olvidar que se trata de una organización que reúne a los ultranacionalistas de extrema derecha, que incluye a los partidarios de Svoboda, Patriotas de Ucrania, “Asamblea Nacional de Ucrania, UNA-ONURS y Trizub. 

Activistas de organizaciones nacionalistas ucranianas durante un acto conmemorativo en Kiev (Reuters).
Activistas de organizaciones nacionalistas ucranianas durante un acto conmemorativo en Kiev (Reuters).

 

“Sólo existe Dios y Ucrania”

Todas estas organizaciones comparten una ideología común que es básicamente antirrusa, antiinmigrante y antijudía, además de una gran admiración por la llamada “Organización de Nacionalistas Ucranianos” que dirigió Stepan Bandera, uno de los colaboradores de los nazis que lucharon activamente contra la Unión Soviética y que participaron en algunas de las peores atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial.

“Tenemos tres pilares en nuestra ideología. Uno, sólo existe Dios y Ucrania. Dos, Ucrania es para los ucranianos, aunque hay espacio para aquellos que luchen por nuestra patria. Esta sería la tercera –comenta Tonenkoe–, no estamos con este Gobierno. Si de nuevo empieza a cargar contra la gente, iremos contra él y contra la corrupción”, advierte, amenazante. Aunque, sin duda, el gran enemigo sigue siendo Rusia. “Putin no se detendrá sólo en Donétsk y Lugansk: vendrá a por más y debemos de estar preparados”, agrega.

El grupo surgió a finales de noviembre de 2013, en el contexto de las protestas del EuroMaidán, ganando notoriedad desde entonces al protagonizar los disturbios y combates callejeros acontecidos en Kiev. Considerados el brazo armado de la revolución, fueron según algunos testigos presentes, los responsables del violento ataque del 1 de diciembre de 2013 a la Administración ucraniana. Otros periodistas afirman que fueron también los protagonistas de los disparos que acabaron con la vida de un centenar de personas en las protestas de febrero. Su líder, Dmytro Yarosh, declaró que acumulaba un enorme arsenal de armas.

La metamorfosis de “La Bestia”

Tras la caída del presidente Víktor Yanukóvich y con la policía retirándose de las calles, los miembros del Sector de Derecha han estado patrullando los barrios, frecuentemente armados con bates. Lo que vemos en este campo de entrenamiento es la siguiente metamorfosis de “La Bestia”: un grupo de voluntarios armados dispuestos a luchar en el Este.

Grupos paramilitares ultraderechistas se hacen fuertes en la nueva Ucrania

Vídeo: Dentro de un campo de entrenamiento del Pravy Sektor

 

“Ya no admitimos a menores de 21 años. Tuvimos bajas de chavales de 19 y no queremos víctimas tan jóvenes”, dice el Comandante. En agosto, doce combatientes de la formación murieron al caer en una emboscada de los batallones prorrusos en Donbass. Además el pasado marzo, Alexandr Muzichko, uno de los líderes, fue abatido a tiros por la policía en un operativo de dudosa legalidad.

Muzichko se hizo famoso en Ucrania y en Rusia después de la aparición en internet de varios vídeos: en uno de ellos se podía ver cómo el activista, kaláshnikov en alto, intimidaba a los diputados de la asamblea regional de Rovno, y en otro, cómo golpeaba, amenazaba y humillaba al fiscal de esa región.

"Cíborgs" y batallones

Lo primero es la teoría. En una de las “aulas” del mayor pabellón, unos 30 alumnos de rostro cubierto con pasamontañas observan atentos a su maestro, un ucraniano de dos metros que estuvo preso 43 días en el Este. También oculta su cara, ninguno quiere ser reconocido.

'Ya no admitimos a menores de 21 años. Tuvimos bajas de chavales de 19 y no queremos víctimas tan jóvenes', dice el ComandanteEl instructor es experto en explosivos. Muestra granadas y advierte, con una foto en la que puede observarse una mano destrozada, sobre los peligros de no manipularlas correctamente. Después enseña a manejar un lanzagranadas, antes de terminar la clase con la Stielhandgranate Modelo 24, la granada de mango estándar del ejército alemán durante las dos guerras mundiales. La audiencia asiste entusiasmada.

Afuera otro grupo entrena. El profesor Kalina es un antiguo campeón de kárate local, aunque asegura también que domina el sambo, un sistema de defensa personal desarrollado en la antigua Unión Soviética. Primero derriba al adversario con una patada frontal al pecho. En el suelo lo moviliza y golpea su cabeza repetidamente, con el puño cerrado. Los pupilos repiten la acción, sin que parezca importarles las bajas temperaturas –menos 15 grados– y el aire gélido.

“Enseñaba artes marciales en los colegios, pero después de Maidán decidí venir aquí a entrenar. En unos meses marcharé hacia Donétsk”, dice Kalina, quien advierte que no se pueden filmar con planos generales los pabellones, para que no puedan reconocer la localización.

En los barracones también hay actividad. Unos se prueban ropa de camuflaje, otros descansan en los catres. Gera es un voluntario que también cubre su rostro con un pasamontañas negro y una capucha roja. Aunque se niega a decirnos su edad, sus ojos denotan juventud. Al lado de su litera sobre una mesita, cuelga una máscara de gas verde y una bandera del “Pravy Sektor” compuesta por dos barras horizontales, una negra y una roja, simulando la tierra y la sangre derramada por ella y donde puede leerse el eslogan: “Gloria a Ucrania, a los héroes gloria, muerte a los enemigos”.

El tridente sobre una bandera hace pensar en los símbolos del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), la rama militar de la Organización de Nacionalistas Ucranianos de Bandera.

“Aquí nos entrenan durante meses y, cuando estamos preparados, nos preguntan si queremos ir a Donbass. Pero no es obligatorio. Yo quiero ir”, asegura Gera. Le preguntamos directamente si es nazi. “No, claro que no. Esto es una guerra por dinero, como todas, por los recursos. Para el Gobierno de Putin es más fácil desviar la atención de los problemas reales llamándonos radicales”, contesta.

 Un miembro del 'Pravy Sektor' posa en su campamento en Chernihiv. (Á. Sastre)
Un miembro del 'Pravy Sektor' posa en su campamento en Chernihiv. (Á. Sastre)

 

En los exteriores del campamento, un grupo de hombres vestidos de negro entrena en un complejo compuesto por casas abandonadas. Todos portan kaláshnikov, los rifles de fabricación rusa. Tras realizar diferentes maniobras en los interiores y en el bosque, descansan antes de volver a la base. Durante toda la visita el Comandante Tonenkoe nos acompaña y supervisa los ejercicios. En algún momento parece reprenden al instructor, Yermak, un ruso que se pasó al otro lado. “No soy el único. Mis padres son ucranianos pero yo nací en Rusia; allí aprendí lo que sé sobre técnicas militares. Quiero aclarar que nuestra guerra no es contra los rusos, sino contra Putin”.

Volvemos en coche; en el camino suenan disparos de mortero. “No son nuestros, son maniobras que se llevan a cabo en una base cercana del Ejercito ucraniano”, dice Tonenkoe. Desde la ventana vemos seis tanques: el Comandante nos aclara que son del Ejército y que algunos de sus hombres están aprendiendo a usarlos. Le preguntamos si las Fuerzas Armadas están al corriente. Nos mira en silencio para cortar la conversación con un simple: “No queremos que se nos vincule”.

Parece olvidar que horas antes se confirmaba que los miembros del Right Sector luchan en el Este junto a los batallones paramilitares Azov, Donbás y los Cíborgs –las tropas ucranianas que defienden en aeropuerto de Donétsk–. Con el ejército mermado y las milicias rusas avanzando, el Gobierno ucraniano no puede –o no quiere– controlar el auge de estos grupos armados ultranacionalistas. Sin embargo, en un futuro no muy lejano, podrían convertirse en un problema aún mayor que el ansia separatista. 

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