LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL CONFLICTO

Tras un milenio de división, ¿puede este Papa unificar las Iglesias cristianas?

¿Qué hace un cura lanzando cócteles molotov a la policía en pleno siglo XXI? La respuesta, por extraño que pueda parecernos, debe buscarse un milenio atrás.

Foto: El patriarca ortodoxo Bartolomé I junto al Papa Francisco durante su visita a Estambul (Reuters)
El patriarca ortodoxo Bartolomé I junto al Papa Francisco durante su visita a Estambul (Reuters)

¿Qué hace un cura lanzando cócteles molotov a la policía en pleno siglo XXI? La respuesta, por extraño que parezca, se debe buscar un milenio atrás.

La insólita imagen –que dio la vuelta al mundo– se produjo durante el verano de 2013 en el estado monástico del Monte Athos, un territorio que, si bien forma parte de Grecia, se rige por sus propias leyes (por ejemplo, no se permite  la entrada de mujeres ni de otros animales de sexo femenino). Los monjes rebeldes plantaban entonces cara al intento de la policía griega de desalojarlos de un edificio perteneciente a su comunidad siguiendo una orden del Patriarcado Ortodoxo de Constantinopla (hoy Estambul), que los había declarado cismáticos y los había excomulgado. Y la razón para ello es que estos monjes, con centro en el monasterio de Esfigmenos, se oponen fervientemente a los intentos de reunificación entre las Iglesias ortodoxa y católica.

Si bien existían, y aún existen, leves diferencias teológicas entre católicos y ortodoxos, el origen del Gran Cisma que separó a las Iglesias de Oriente y Occidente fue más bien político y surgió de la división del Imperio Romano en dos polos de poder que competían entre sí por la primacía sobre el orbe cristiano: Roma, sede del Papado, y Constantinopla, capital del Imperio Bizantino. La ruptura se produjo en 1054 cuando los representantes del Papa y el Patriarcado de Constantinopla se excomulgaron mutuamente después de que este último se negara a ayudar a Roma en su lucha contra el avance normando en el sur de Italia.

Al cisma siguieron siglos de conflictos con episodios que ahondaron la división, como la masacre de católicos a manos ortodoxas en 1182 o la captura de territorios bizantinos por los cruzados y otras fuerzas católicas, por ejemplo la conquista y saqueo de Constantinopla en 1204. La opresión católica en los territorios ocupados dejó tal profunda huella en la psique colectiva que aún se puede rastrear en la desconfianza que profesan ciertas Iglesias ortodoxas nacionales –como la serbia, la rusa o la griega– hacia los países de Europa occidental. Muchos ortodoxos tampoco perdonan que los europeos occidentales se negasen a ayudar a los bizantinos contra los turcos musulmanes en 1453, año en que estos tomaron Constantinopla.

Una “sumisión” ante los ‘pérfidos’ católicos

De ahí que, cuando en 1964, durante un encuentro entre el patriarca ortodoxo Atenágoras I y el Papa Pablo VI, ambas Iglesias acordaron declarar nulas las excomuniones de nueves siglos antes y comenzar a tender puentes, ciertos popes ortodoxos no pudieron soportar lo que consideraban una humillante sumisión ante los pérfidos católicos. El monje incendiario es uno de ellos y, como su comunidad de Esfigmenos, se guía por el lema que cuelga de su monasterio en una pancarta: “¡Ortodoxia o muerte!”. “Todo comenzó con el acercamiento del patriarcado a los católicos, algo que es contrario a nuestra religión –explicaba el año pasado el portavoz de los monjes rebeldes, Iraklis Moraïtis, a este periodista–. Los católicos creen en la infalibilidad del Papa y por eso nos separamos hace 1.000 años. Así que no podemos hacer misa con ellos, pero el patriarca ahora sí que hace misas junto a los católicos y eso va contra nuestras reglas religiosas”.

‘Todo comenzó con el acercamiento del patriarcado a los católicos, algo que es contrario a nuestra religión -explica el portavoz de los monjes rebeldes-. Los católicos creen en la infalibilidad del Papa, por eso nos separamos’Con todo, la opinión de estos monjes recalcitrantes es ahora minoritaria en la Iglesia ortodoxa, como demuestra la expectación que despertó el pasado fin de semana la visita del Papa Francisco al patriarca ortodoxo Bartolomé I en Estambul, donde ambos participaron en liturgias religiosas y firmaron una declaración conjunta en la que se lee: “Expresamos nuestra resolución sincera y firme, en obediencia a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, de intensificar nuestros esfuerzos para promover la plena unidad de todos los cristianos, y sobre todo entre católicos y ortodoxos”.

Desde la reunión entre Pablo VI y Atenágoras, los sucesivos pontífices han repetido los contactos y una comisión teológica dirige las negociaciones. Pero según Juan de Pérgamo, el teólogo ortodoxo que preside la comisión de diálogo con Roma, el hecho de que ambas Iglesias estén dirigidas ahora por hombres “humildes y visionarios” hace más fácil la reunificación. Es más, al asistir a la ceremonia en la que Jorge Mario Bergoglio fue ascendido al trono de San Pedro en marzo de 2013, Bartolomé se convirtió en el primer patriarca que, en casi mil años, ha participado en la misa inaugural de un Papa.

Sin embargo, al término de la misa –tanto aquella como las celebrada en la Catedral de Estambul el pasado sábado– el patriarca se quedó sentado, mientras el resto de fieles acudían a comulgar. Y es que, pese a que cada vez son más habituales las ceremonias en que participa el clero de ambas Iglesias, la milenaria división impide a los ortodoxos recibir la hostia consagrada de curas católicos, y viceversa. “La eucaristía es la expresión de la plena comunión”, explica el padre Rubén Tierrablanca, un párroco franciscano residente en Estambul e implicado en las negociaciones: “Por tanto, si no hay plena comunión no se puede dar la eucaristía, aunque anhelamos el día en que podamos sentarnos juntos a la mesa del Señor”.

El Papa Francisco junto al patriarca ortodoxo Bartolomé I en Estambul (Reuters).
El Papa Francisco junto al patriarca ortodoxo Bartolomé I en Estambul (Reuters).

Acercarse a la “iglesia primitiva”

Sin embargo, el temor de algunos ortodoxos es que la enorme Iglesia católica, con su impresionante burocracia, estricta jerarquía y sus más de 1.200 millones de fieles, absorba a la más pequeña Iglesia ortodoxa, que cuenta con apenas 300 millones y una jerarquía más bien laxa. De hecho, uno de los problemas que impide la reunificación de ambas visiones del cristianismo es la figura del Papa, a la que los católicos dan un liderazgo mucho mayor que los ortodoxos. Dentro de la jerarquía ortodoxa, en cambio, el patriarca de Constantinopla es sólo un primus inter pares (primero entre iguales) respecto a los demás patriarcas y arzobispos que encabezan las Iglesias ortodoxas, nacionales y regionales y gozan de una gran autonomía. Los ortodoxos se muestran dispuestos a aceptar la primacía del Papa, pero sólo como un primus inter pares, algo que, según Juan de Pérgamo, sería más cercano a la “Iglesia primitiva”, anterior al cisma de 1054.El temor es que la Iglesia católica, con su impresionante burocracia, estricta jerarquía y sus más de 1.200 millones de fieles, absorba a la más pequeña Iglesia ortodoxa, que cuenta con apenas 300 millones y una jerarquía más bien laxa

Preguntado por este periodista, el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, reconoció que el tema no estuvo en la agenda de la reunión entre Francisco y Bartolomé, pero afirmó que, en ocasiones, el actual Papa bromea diciendo: “Dejemos a un lado a los teólogos discutiendo sobre este asunto y nosotros continuemos (con el proceso de convergencia)”. Además, en público, el Papa argentino dijo en Estambul que no impondrá “ninguna exigencia” a los ortodoxos para la unificación, así como tampoco se establecerá “ni sumisión del uno al otro, ni absorción” de una iglesia por la otra.

“Se han superado las rencillas y resentimientos del pasado y cada vez hay más confianza”, sostiene el padre Tierrablanca en declaraciones a El Confidencial. Respecto a los planes que se barajan de cara a una futura Iglesia unida, cree que sería posible mantener la autonomía de las iglesias ortodoxas, respetando sus “costumbres y sus ritos milenarios”, un estatus parecido al que ahora goza la Iglesia Católica Caldea, formada sobre todo por asirios de Irak y que en el siglo XVI dejó la ortodoxia y regresó a la obediencia romana. “La unidad que se busca es la de la fe, más que la administrativa”, agrega el franciscano.

El mayor obstáculo

Mayor obstáculo supone, en cambio, la postura del Patriarcado Ortodoxo de Moscú, cuyos delegados –según Tierrablanca– han alzado la voz en más de una de las reuniones ecuménicas. El conflicto tiene una dimensión más bien política, pues los ortodoxos rusos acusan al Vaticano de fomentar, desde la década de 1990, que congregaciones ucranianas antes dependientes del patriarcado moscovita se hayan pasado al catolicismo como parte del movimiento “uniata”. Además, el patriarca ruso, Cirilo I, que mantiene una estrecha relación con el presidente ruso, Vladimir Putin –lo llegó a calificar de “milagro de Dios”–, ha criticado duramente a los católicos ucranianos por tomar partido a favor de los prooccidentales en la actual guerra que sacude el país.

Una iglesia ortodoxa de Donetsk, en el Este de Ucrania, dañada por fuego de artillería (Reuters).
Una iglesia ortodoxa de Donetsk, en el Este de Ucrania, dañada por fuego de artillería (Reuters).

“No sé cuánta gente se opone a la unidad, quizás es gente insegura sobre lo que significará la unidad para ellos”, opina el archidiácono ortodoxo John Chryssavgis, asesor del patriarca Bartolomé, entrevistado por El Confidencial. “Siempre es difícil imaginar y llevar a cabo el cambio. El problema es que a veces nos mantenemos tan atascados en prácticas y modos de actuar que no vemos el camino alternativo. Pero la unidad es el rezo, el deseo y el mandamiento de Cristo. Además, es un mundo que sufre de las divisiones y conflictos; sería más constructivo trabajar juntos por la unidad y la paz. Por eso somos tan afortunados de tener líderes visionarios y proféticos como el Papa Francisco y el patriarca Bartolomé”. En su vuelo de vuelta de Estambul a Roma, Francisco manifestó su intención de entrevistarse con el patriarca Cirilo para limar asperezas.

Como modo de solucionar las diferencias en el seno de sus iglesias, el patriarca Bartolomé ha convocado un Concilio Panortodoxo en Estambul, que se celebrará en 2016. Además, ha lanzado la propuesta de organizar otro junto a los católicos en 2025, cuando se cumplirán 17 siglos del primer concilio de las Iglesias cristianas, sentando las bases de su unidad. Además, tendría lugar, como el del año 325, en la ciudad de Nicea, hoy llamada Iznik (Turquía). Sin embargo, el padre Tierrablanca se muestra escéptico sobre la posibilidad de llegar a este concilio y dice que “todavía es sólo una idea”.

“Recuerdo que una vez el patriarca Bartolomé (de 74 años) dijo a un grupo de católicos romanos que no vería la unión durante su propia vida –explica Chryssavgis–. Después de 900 años de separación, lleva un tiempo alcanzar la unidad”.

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