MATA A KURDOS HERIDOS EN LA DEFENSA DE KOBANE

¿Por qué el Gobierno de Turquía no quiere luchar contra el Estado Islámico?

Los kurdos que combaten contra el Estado Islámico en la ciudad siria de Kobane son tiroteados por soldados turcos cuando, heridos, intentan alcanzar la frontera

Foto: Soldados turcos protegen la frontera cercana a Suruc ante la llegada de refugiados kurdos de Siria. (Reuters)
Soldados turcos protegen la frontera cercana a Suruc ante la llegada de refugiados kurdos de Siria. (Reuters)

Las reticencias de Turquía a la hora de apoyar los bombardeos contra el Estado Islámico obedecen a varias razones. Ninguna de ellas es aceptable para los kurdos que resisten la ofensiva de los yihadistas en la ciudad siria de Kobane, ubicada en la frontera. Sus heridos son tiroteados por los soldados turcos que vigilan la línea divisoria cuando huyen al país vecino para recibir asistencia médica.

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Una alambrada maltrecha divide los dos países. Delimita la frontera que muchos, especialmente los contrabandistas, cruzan amparados en la noche. Pero, cuando uno está herido o huye de la guerra con su familia, cualquier momento es bueno para atravesar la cerca que marca la línea divisoria. Cuando uno se está desangrando, el alambre de espino ya no se clava en la carne.   

Las luces azules intermitentes de los blindados del Ejército turco recorren el perímetro fronterizo. El guerrillero kurdo de la Unidades de Protección Popular (YPG), que no llega a los 20 años, las recuerda como si las acabara de ver. “Yo sé perfectamente cómo cruzar la frontera sin que me vean, todos lo sabemos. Sé que hay un pequeño foso tras la alambrada de dos metros de altura, pero estábamos heridos y necesitábamos ayuda. Sin transporte o un hospital estábamos perdidos”, cuenta a El Confidencial.  

“Sabía que los turcos nos dispararían pero, si no acudíamos al Ejército, las ambulancias tampoco llegarían. Mis tres compañeros fueron abatidos por los soldados turcos. Yo tuve suerte, tan sólo me hicieron esperar (a una ambulancia) y por suerte no me desangré. Yo cojeaba y a uno de mis camaradas una bala le había atravesado la clavícula. Se veía perfectamente que estábamos heridos. Pese a ello, nos dispararon”, añade.   

Bombardeos sobre posiciones del Estado Islámico en Kobane desde la frontera turca (Reuters).
Bombardeos sobre posiciones del Estado Islámico en Kobane desde la frontera turca (Reuters).

¿Por qué Ankara no quiere luchar?

Los Estados Unidos promovieron hace meses la creación de una coalición para combatir al autodenominado Estado Islámico, el grupo yihadista también conocido como ISIS decidido a establecer un “Califato” en amplias zonas de Irak y Siria. Turquía decidió recientemente unirse a dicha coalición, aunque desde el primer momento se mostró muy reticente a apoyar los bombardeos contra posiciones del EI.

Los militares turcos abren fuego contra los milicianos kurdos que se acercan a la frontera pidiendo auxilio. Los que sobreviven son obligados a esperar en los puestos de control. Todos los combatientes consultados por este diario denuncian que sus compañeros mueren desangradosA simple vista, su postura no tiene mucho sentido: un país que hace frontera con Siria e Irak y para el que el Estado Islámico supone una amenaza a sus fronteras debería ser el primer interesado en combatir el terrorismo de las huestes lideradas por Abu Bakr al Bagdadi. Además, Turquía mantiene lazos de amistad e intereses comunes con Washington y ha condenado repetidamente las salvajes acciones del grupo yihadista.

Sin embargo, la actitud del Gobierno que preside Recep Tayyip Erdogan puede explicarse por un conjunto de razones. En un principio, se pensó que el secuestro en Irak de 49 civiles y diplomáticos turcos a manos del Estado Islámico y su seguridad era un motivo de peso para que el Ejecutivo de Ankara evitase entrar en confrontaciones con el grupo yihadista. Pero, una vez que fueron liberados, las reticencias a unirse a la coalición permanecieron.  

Turquía también tiene un pasado turbulento con sus vecinos sirios e iraquíes. Durante la guerra civil siria, el Estado Islámico se expandió por el país mezclándose con los distintos grupos rebeldes que se enfrentaban contra el régimen de Bachar Al Asad, milicias entrenadas en muchas ocasiones por la propia Turquía.

Refugiados kurdos de Kobane observan el humo de los combates en la ciudad desde la frontera turca (Reuters).
Refugiados kurdos de Kobane observan el humo de los combates en la ciudad desde la frontera turca (Reuters).

El contrabando de petróleo ‘yihadista’

En una reciente entrevista, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, afirmó que sólo desplegaría militares turcos en suelo sirio si la coalición internacional hacía lo mismo y acompañaba la maniobra de un plan para erradicar al régimen de Damasco. Davutoglu no ve sentido al intento de eliminar al Estado Islámico si este no va acompañado de un plan para acabar con Al Asad. Es decir, el Gobierno de Erdogan teme que el líder sirio pueda beneficiarse de algún modo si se liquida al grupo yihadista.  

El Estado Islámico realiza contrabando de petróleo a través de la frontera turca. Se estima que los yihadistas venden el barril de crudo a 23 dólares, cuando el precio de mercado ronda los 70. Turquía se está beneficiandoLos motivos religiosos también están presentes en la zona del conflicto: Erdogan pretende erigirse como el líder suní en la región, mientras que Al Asad dirige un régimen chií. A ellos se suma la ramificación financiera, otro de los aspectos que explican la actitud de Ankara. El Estado Islámico realiza contrabando de petróleo a través de la frontera turca, tal y como informó este diario. Se estima que los yihadistas venden el barril de crudo a  23 dólares, cuando el precio de mercado ronda los 70. Turquía se está beneficiando de este contrabando y, a la vez, financiando con esas compras las actividades del Estado Islámico.

Los motivos culturales también tienen su peso en las decisiones turcas: la tumba de Solimán el Magnífico se encuentra en territorio dominado por el grupo yihadista, posee un gran valor cultural y lo último que querrían los turcos sería destruir el complejo arqueológico en los combates.

Soldados turcos abren fuego contra los heridos kurdos

Hace meses que a estos motivos se han sumado los étnicos que denuncia el pueblo kurdo de Turquía, que, junto a peshmergas llegados de Irak y rebeldes sirios, mantiene la férrea defensa de la ciudad siria de Kobane, emplazada en la frontera turca, ante la ofensiva de los yihadistas. Es de sobra conocido que los kurdos luchan desde hace años con el Gobierno de Ankara en pos de una mayor autonomía. El PKK, el Partido de los Trabajadores Kurdos, no ha combatido sólo a través de la política, sino también con las armas y por ello las autoridades turcas lo consideran un grupo terrorista.

‘En mi grupo éramos once personas, y no teníamos más opción que enfrentarnos a los disparos del Ejército turco: a nuestras espaldas estaba el Estado Islámico’, cuenta una joven guerrilleraEl norte de Siria y el sur de Turquía son zonas de mayoría kurda y la defensa de Kobane se ha convertido en un símbolo, no sólo por la tenacidad de sus defensores en la lucha contra el Estado Islámico, sino también por la voluntad de resistencia del pueblo kurdo. En el pasado, la ciudad sirvió de refugio para los líderes kurdos cuando se producían enfrentamientos con el Ejército turco.

Algunos de los milicianos heridos, tanto combatientes masculinos de las Unidades de Protección Popular como de su brigada femenina (YPG y YPJ según sus siglas en kurdo), se restablecen en los campamentos de refugiados, al otro lado de la frontera, de las heridas sufridas en el sitio de Kobane. Los heridos deben cruzar al país vecino como civiles o serán arrestados por el Ejército. Este, no obstante, es el menor de sus problemas.

Excusándose en lo confuso de la situación, los militares turcos abren fuego contra los kurdos que se acercan a la frontera pidiendo auxilio. Los que sobreviven y logran llegar hasta los soldados son obligados a esperar en los puestos de control hasta que se les permite cruzar o las ambulancias reciben la autorización para recogerlos. Todos los milicianos consultados por este diario denuncian que sus compañeros mueren desangrados mientras esperan la ayuda médica, cuya llegada retrasan los soldados turcos en la frontera.

La hermana de Perwin Mustafa, una guerrillera kurda muerta en Kobane, durante su funeral en Suruc (Reuters).
La hermana de Perwin Mustafa, una guerrillera kurda muerta en Kobane, durante su funeral en Suruc (Reuters).

“Al frente, los turcos. A nuestras espaldas, el Estado Islámico”

“Tengo 17 años y he aprendido mucho en estos meses, porque mi aldea fue atacada antes que Kobane. Nunca había recibido entrenamiento militar, solo cogí un kalash (como los kurdos se refieren a su fiel aliado, el AK-47) y defendí mi aldea hasta que me hirieron en la mano. No recuerdo cuántos obuses cayeron, pero fueron muchos. Cuando nos alejábamos de mi aldea veíamos el resplandor de las explosiones y el sonido tardaba menos de tres segundos en llegar; así podía medir la distancia hasta la frontera, calculando cuánto tardaba en llegar el sonido de los morteros. Buscábamos las farolas que iluminan la frontera. En las zonas más iluminadas hay un puesto de control o una garita. En mi grupo éramos once personas, y no teníamos más opción que enfrentarnos a los disparos del Ejército turco: a nuestras espaldas estaba el Estado Islámico. Por el camino sangrábamos, pero nuestra única salida era pedir auxilio a unos soldados turcos que sabíamos que nos abatirían”, cuenta a este diario una jovencísima guerrillera del YPJ.

Las ambulancias de la Media Luna Roja sólo llegan a la línea divisoria desde Suruc, una pequeña ciudad de mayoría kurda en la que se refugian miles de kurdo-sirios. Los milicianos del YPD que caen heridos en Kobane deben llegar por sus propios medios hasta las alambradas que separan ambos países, igual que cualquier civil herido en la ciudad a causa de los bombardeos o los combates con el Estado Islámico. Una vez que consiguen cruzar la frontera, se los acoge en los hospitales de la zona. Si sus heridas son menores, pueden refugiarse en Suruc; si son graves, deben viajar a ciudades más grandes, como Urfa o Gaziantep, a 45 y 65 kilómetros respectivamente.

Si la fortuna les sonríe, sobrevivirán. La mayor parte, morirán desangrados. Puede que en sus últimos momentos recuerden el acuerdo de paz firmado entre el PKK y Anakara en marzo de este año. Mientras, los combates continúan en Kobane, donde 21 soldados turcos de origen kurdo se unieron recientemente a los defensores tras desertar con sus armas de los puestos en la frontera. La sangrienta lucha por la ciudad será larga, durará meses. Aunque los yihadistas sean expulsados de la urbe, las aldeas vecinas siguen bajo el control del Estado Islámico.
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