EL 60% DE LOS JÓVENES NI ESTUDIA NI TRABAJA

Los mil millones de ni-nis que hay en el mundo tienen uno de estos dos problemas

El 60% de los jóvenes del planeta no estudia ni trabaja. Hablamos con dos, separados por miles de kilómetros y una enorme brecha social. Un ni-ni rico y otro pobre

Foto: Estudiantes con disfraces que imitan uniformes militares protestan ante la Universidad de Sofía, en Bulgaria (Reuters).
Estudiantes con disfraces que imitan uniformes militares protestan ante la Universidad de Sofía, en Bulgaria (Reuters).

Nunca antes había habido tantos jóvenes en el mundo: 1.800 millones de personas tienen hoy entre 10 y 24 años. Es un potencial inédito de progreso económico que debería encarnar una oportunidad para transformar el futuro. Sin embargo, un 60% de ellos ni estudia ni trabaja, según el último informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, y más de 500 millones sobreviven con menos de dos dólares diarios. ‘El Confidencial’ narra la vida de dos ‘Ni-nis’ separados por miles de kilómetros y por una inmensa brecha social; una historia en la que también hay lugar para la esperanza.

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Matthew Campbell, de Kingston, tenía 15 años cuando su vecino irrumpió en su casa la noche de fin de año con un bate de baseball. El hombre repartió golpes sin miramientos porque no soportaba el volumen de la música. El ataque fue tan violento que las autoridades decidieron trasladar al día siguiente a la familia a un hostal de acogida. Fue entonces cuando dejó para siempre el piso de protección oficial de tres habitaciones en el que vivía con sus siete hermanos pequeños, su madre (ama de casa) y su padrastro (limpiador de ventanas). Una habitación era para el matrimonio, otra para la única chica y otra, no especialmente grande, para los siete hermanos varones.

En el hostal consiguió terminar el colegio, obligatorio en el Reino Unido hasta los 16 años. Su expediente académico era bueno. Pero, como él mismo confiesa, aquel año fue “el principio del fin”. El trauma de aquel ataque le dejó secuelas. Literalmente dejó de confiar en la gente. No acababa de entender cómo un vecino que conocía de toda la vida pudo actuar de aquella manera.

Su expediente académico era bueno pero en septiembre ya no volvió al instituto. Se mezcló con malas compañías y comenzó su contacto con el mundo de las drogas y el alcohol. Fue entonces cuando Matthew se convirtió en un NEETEn septiembre ya no volvió al instituto. Se mezcló con malas compañías y comenzó su contacto con el mundo de las drogas y el alcohol. Fue entonces cuando se convirtió en un NEET, término con el que se conoce en inglés a los jóvenes de entre 16 y 24 años que no estudian, no tienen empleo y tampoco reciben formación.

España lleva la delantera

En el Reino Unido, hay actualmente 954.000 personas en esta situación, un 13,1% de los jóvenes, tal y como reflejan los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadística. Según la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (EUROFOUND), en el Viejo Continente hay 14 millones de personas de entre 15 y 29 años catalogadas dentro de este grupo. En su último informe, el pasado mes de diciembre, situaba España con un 21,1% de NEETs o NI-NIs, comparado con el 5,5% de Holanda o los 24,6% de Bulgaria. Aunque si se tienen en cuenta dosieres más actuales, como el la OCDE, publicado en septiembre de este año, España lleva ahora la delantera con un 25% con respecto al 15% de la media europea.

Matthew estuvo cinco largos años de su vida metido en un bucle donde los días pasaban sin sentido y ni tan siquiera diversión. Deambulaba de casa en casa de los que consideraba colegas. Tipos mayores que él que vivían sin hacer nada en pisos del Estado con pagas con las que financiaban drogas y whisky. Cuando el dinero se acaba, sus “amigos” mandaban al pequeño Matthew a robar o hacer cualquier trapicheo para seguir haciendo… nada.

“No salíamos prácticamente de casa. Yo ni siquiera me molestaba en pedir una paga para tener mi propio apartamento porque me quedaba siempre con ellos”, recuerda. No tenía ningún tipo de aspiración, iniciativa o seguridad en sí mismo. Se levantaba tarde, bebía, veía la tele, se drogaba, se acostaba sin horas. Y así un día y otro en la capital financiera de Europa. “Cuesta creer que una persona pueda pasar así cinco años, pero pierdes la noción del tiempo. De verdad. Todo te da absolutamente igual”, explica.

Matthew Campbell, de Kingston, Reino Unido (Celia Maza).
Matthew Campbell, de Kingston, Reino Unido (Celia Maza).
El Ni-ni que dejó de serlo

Un día, sin tener una discusión especial con su madre, decidió irse de casa. Le dijo que había encontrado una habitación. Pero en realidad se convirtió en un sin techo. Dormía en la calle, pedía comida y, de vez en cuando, pasaba por casa de algún conocido para darse una ducha y visitar a su familia “aparentando que todo estaba bien”. Más que el frío o el hambre lo que más dolía por dentro era la mirada de la gente. “Te miran como si te lo hubieras buscado y tú estas ahí… completamente vacío por dentro… sin saber si tienen razón”.

Tipos mayores que él que vivían sin hacer nada en pisos del Estado con pagas con las que financiaban drogas y whisky. Cuando el dinero se acaba, sus ‘amigos’ mandaban al pequeño Matthew a robar o hacer cualquier trapicheoSin embargo, llegó el día en que, a través de un voluntario, encontró un sitio de acogida donde poder dormir. Allí conoció a Prince´s Trust, la ONG que le dio la oportunidad para cambiar su vida. Con 24 años, Matthew está ahora en su segundo año de universidad estudiando Educación Social especializada en menores. Tiene un trabajo a tiempo parcial en una cadena de supermercados con el que puede pagar su alquiler. Ha recuperado el contacto con su familia y ha encauzado a su hermano menor para que no cometiera sus mismos errores. Se dedica también a dar charlas a jóvenes que, como él, han estado… perdidos.

Fue a través de una de esas charlas como su madre se enteró de todas las penurias que había pasado y todas las noches que durmió en un parque, siempre son cerrar los ojos del todo, en alerta, para evitar palizas o robos.

Tiene claro que se quiere dedicar a ayudar a jóvenes que como él son o fueron en algún momento NEETs. “En algunas circunstancias es porque sencillamente ni siquiera sabes cómo pedir ayuda para salir”, cuenta Mathew.

Los ‘Nem-nem’ de Brasil: “¿Para qué voy a esforzarme?”

“Sin trabajar recibo 4.000 reales (1.350 euros) al mes de mis padres. Si estudiase cuatro o cinco años y encontrase un trabajo, ganaría lo mismo. Entonces, ¿para qué esforzarme? No le veo mucho sentido”. A sus 21 años, Gustavo es la encarnación del nem-nem carioca de clase alta. Su padre es médico y dueño de una clínica de oftalmología; su madre es abogada. Vive en Flamengo, uno de los barrios nobles de Río de Janeiro. Como otros 9,6 millones de brasileños, es decir, el 19,6% de la población de 15 a 29 años, ni estudia ni trabaja.

‘Sin trabajar recibo 1.350 euros al mes de mis padres. Si estudiase cinco años y encontrase un trabajo, ganaría lo mismo. Entonces, ¿para qué esforzarme?’Comenzó la facultad de Economía, pero la abandonó en el primer semestre. “Salía mucho con mis colegas y no conseguía acompañar las clases”, reconoce. Hoy su vida se resume en salir de farra hasta las 5.00 de la madrugada, dormir hasta las 14.00, ir al gimnasio (“para estar en forma y también para tener un aspecto saludable”), tocar la guitarra, estudiar alemán y francés de forma autodidacta y jugar con el ordenador. Y sí, se siente muy a gusto con su vida.

“Mis padres me dicen una y otra vez que vuelva a la universidad, porque no tener una licenciatura me puede perjudicar en el futuro. Mi madre es la que está más encima de mí”, cuenta Gustavo. Reconoce que se ha acomodado en esta situación. Sin embargo, es consciente de que no es lo mejor para él y que no puede durar para siempre.

Los ‘ni-nis’ han irrumpido con fuerza en los medios de comunicación brasileños tras la publicación de los últimos datos, que revelan un panorama desolador: dos de cada diez jóvenes de 15 a 29 años ni estudian ni trabajan.

Siete de cada diez son mujeres pobres

A diferencia de Europa, la composición social de este ejército de ni-nis es muy diversa por causa de las grandes diferencias económicas que todavía existen en Brasil. Por un lado, están los jóvenes de clase medio-alta, como Gustavo, que tienen la posibilidad de hacer lo que quieran con sus vidas y escogen no tener ninguna ocupación. Pero las estadísticas muestran que existe otro perfil: siete de cada diez ‘ni-nis’ son mujeres pobres; en el 59% de los casos tienen uno o más hijos, fruto de un embarazo precoz que les ha alejado de la escuela.

“En Brasil, la enseñanza secundaria en las escuelas públicas es de pésima calidad. Si un joven deja los estudios, no consigue trabajo porque no está cualificado. El 70% de los ‘ni-nis’ proceden del 40% de familias más pobres del país”, explica a este diario Adalberto Cardoso profesor del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad de Rio de Janeiro (Uerj) y autor del estudio Juventud, desigualdades y el futuro de Río de Janeiro.

Los ‘Ni-nis’ han irrumpido con fuerza en los medios de comunicación de Brasil tras la publicación de datos que revelan un panorama desolador: dos de cada diez jóvenes de 15 a 29 años ni estudian ni trabajanTan actual es ese asunto, que la autora de la telenovela Geração Brasil, Isabel de Oliveira, incluyó este año a los ‘ni-nis’ en el guion. Y no solo eso. Para aumentar la audiencia, la TV Globo ha creado un reality-show llamado Geração Nem Nem. El fin es que estos jóvenes mejoren su baja autoestima, que según los creadores del programa les impide seguir estudiando. El programa, sobra decirlo, ha sido un auténtico fiasco.

Fuera de los medios de comunicación oficiales, hay un debate sobre lo que es exactamente un ni-ni. Para André Balocco, redactor del diario O Dia y autor de una sección sobre las favelas de Río de Janeiro, es necesario cambiar los criterios que definen a los ‘ni-nis’. “Graffiteros y raperos son considerados ‘nem-nem’ por el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística). De esta forma, se criminaliza la producción cultural de las periferias, donde hay muchos jóvenes que desarrollan un importante trabajo social a través de su propia cultura”, asegura Balocco.

 “Existe un retrato distorsionado y lleno de prejuicios de esa generación, como si fuese un grupo de inútiles y vagos. Y no es verdad. Ellos están organizados y trabajan para cambiar la realidad que los rodea”, analiza el sociólogo Eduardo Alves, del Observatório de Favelas, una ONG que trabaja en La Maré, la macro-favela pacificada en abril de este año con la intervención del Ejército. “Los jóvenes de la periferia producen arte, cultura y conocimiento, pero toda esta producción que viene de la calle no es considerada como forma de trabajo o de enseñanza formal”, denuncia este sociólogo.

Por lo pronto, Gustavo está a punto de viajar a Europa, donde pasará un mes visitando Italia, Suiza, España, Inglaterra, Alemania y Francia, gracias el patrocinio de sus padres. Cuando termine su aventura, pretende volver a estudiar. Por eso ahora intenta aprovechar al máximo su tiempo libre. “No sé si me siento identificado con la definición de ‘ni-ni’, pero la verdad es que en ese momento lo soy. Sin embargo, me estoy cansando de esta vida. Mi sueño es ser independiente. Es muy duro depender económicamente de mis padres. Tengo que rendir cuentas de todo lo que hago”, concluye.
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