El visado de trabajo para españoles en Australia podrá solicitarse a partir del día 23
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500 SOLICITUDES AL AÑO PARA JÓVENES

El visado de trabajo para españoles en Australia podrá solicitarse a partir del día 23

Quienes soliciten el visado deberán tener entre 18 y 31 años, acreditar un nivel básico de inglés, disponer de ahorros y dos años de estudios universitarios

placeholder Foto: La Ópera de Sídney reflejada en unos ventanales del distrito The Rocks. (Reuters)
La Ópera de Sídney reflejada en unos ventanales del distrito The Rocks. (Reuters)

Victoria de los emigrantes españoles en Australia. Los jóvenes de nuestro país podrán acceder a partir del próximo 23 de noviembre al visado de trabajo y vacaciones, conocido como Work and Holiday, que permitirá trabajar a tiempo completo y viajar por el país durante un año. Las autoridades españolas y australianas firmaron el acuerdo bilateral en septiembre tras años de negociaciones; ahora, la Embajada de España en Sídney ha confirmado que el programa de movilidad comenzará a aplicarse en dos semanas.

Un máximo de 500 jóvenes accederán cada año al visado de trabajo y vacaciones, una reivindicación histórica de los emigrantes españoles. Hoy, centenares de jóvenes realizan todo tipo de triquiñuelas para trabajar en las antípodas, mientras ciudadanos de otros países acceden al mercado laboral australiano sin problemas. Los españoles pueden acceder al programa en otros estados, como Canadá o Nueva Zelanda, pero Australia, sin embargo, les ha sido vetada a pesar de que decenas de miles de jóvenes británicos, italianos, alemanes, argentinos o chilenos llegan cada año a las antípodas con este permiso.

Quienes soliciten el visado deberán tener entre 18 y 31 años, acreditar un nivel básico de inglés, disponer de ahorros por valor de 3.470 euros y dos años de estudios universitarios

Quienes soliciten el visado deberán tener entre 18 y 31 años, acreditar un nivel básico de inglés, disponer de ahorros por valor de 5.000 dólares australianos (unos 3.475 euros) y un mínimo de dos años de estudios universitarios. Podrán estar contratados en una misma empresa seis meses. Una vez transcurrido ese periodo deberán buscar otro empleo o viajar por el país.

Consciente del limitado número de plazas disponibles, el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo aseguró durante su visita a Australia el pasado mes de septiembre para la firma del acuerdo que “este es un primer paso, que debe ser seguido inmediatamente por otros que amplíen estas posibilidades”. El ministro reconoció que el proceso hasta llegar a la firma del acuerdo “ha sido muy largo” y aseguró que se trata de “una oportunidad magnífica” para los jóvenes españoles.

Una victoria agridulce

Pese a lo histórico de la reivindicación, las limitaciones del visado Work and Holiday hacen que esta sea una victoria agridulce. Inicialmente, las esperanzas estaban puestas en el visado Working Holiday, un acuerdo de nombre similar, pero sin las limitaciones del primero. La mayor parte de los países europeos -incluidas Italia, Francia y la Gran Bretaña- han firmado pactos bilaterales Working Holiday. En cambio, Estados Unidos, Polonia o Argentina tienen el visado limitado Work and Holiday.

‘El visado de estudiante no es suficiente, porque los cursos más baratos cuestan 500 dólares al mes y tienes que pagar por renovar el visado’, explica un joven ingeniero zaragozano

Para Alejandro García, un joven ingeniero zaragozano que ha probado fortuna en Australia, las consecuencias de estas restricciones están claras: “En cuanto abran el cupo, se van a acabar las plazas en cuestión de minutos”. Asegura que las 200 plazas del visado Work and Holiday que España abrió el año pasado para Nueva Zelanda se acabaron “en cuatro minutos y medio”.

García ha pasado los últimos seis meses en Australia trabajando con un visado de estudiante, una fórmula que permite dedicar veinte horas a la semana a un empleo pero que también obliga a estudiar otras veinte. “El visado de estudiante no es suficiente, porque los cursos más baratos cuestan 500 dólares australianos al mes y tienes que pagar por renovar el visado”, explica a El Confidencial.

Este ingeniero con un máster a sus espaldas comenzó su aventura australiana como camarero en un restaurante italiano y pronto descubrió que el énfasis del visado estaba en el trabajo, más que en el estudio. “No trabajaba veinte horas, trabajaba cuarenta y hasta cincuenta”, asegura. Además, una vez hubo completado el curso de inglés de rigor, se vio abocado a inscribirse a los llamados cursos “sacavisas”. Estas formaciones suelen girar en torno a gestión de negocios y “son muy sencillos, muchos son por internet y los profesores no se vuelcan mucho”.

“Es una oportunidad para establecer contactos profesionales”

La falta de trabajo en España llevó a Johanna Hernández a probar suerte en Australia, pero la imposibilidad de trabajar con un visado en condiciones la empujó todavía más lejos: hasta Nueva Zelanda. Desde Auckland, Hernández asegura que echa de menos su Tenerife natal, pero que “el pesimismo” que reina en España y las “dificultades para encontrar un empleo cualificado” la animan a permanecer en las antípodas.

El Work and Holiday no es la solución perfecta, pero ‘te permite un primer contacto con el país y te da margen para empezar a llamar a algunas puertas’, cuenta Hernández

Esta joven, especializada en gestión del deporte, consiguió su visado Work and Holiday para Nueva Zelanda el año pasado, pero sigue con la mirada puesta en Australia. “En Australia sientes que hay oportunidades, que tienes la capacidad de poder progresar y desarrollarte”, argumenta.

A sus treinta años, el nuevo pacto del Gobierno español con Australia llega tarde para Hernández. Sin embargo, ella no ceja en su empeño y asegura que intenta fortalecer sus contactos profesionales en la remota Nueva Zelanda, con la esperanza de conseguir algún día un empleo y un visado en Australia.

“El visado de estudiante es caro y tienes que empezar de cero, puedes trabajar pero tienes tantos gastos que casi no compensa”, asegura. El Work and Holiday no es la solución perfecta, pero “te permite un primer contacto con el país y te da margen para empezar a llamar a algunas puertas”.

Trabajar en la construcción “en negro y sin seguro”

Sergi Vázquez es uno de los pocos españoles que ha estado en Australia con este tipo de visado. Su maniobra para viajar y conocer el país fue un tanto complicada: echó mano de su ascendencia alemana para conseguir la nacionalidad germana y acceder así al codiciado Working Holiday. “No hablo ni una palabra de alemán”, aclara antes de contar su historia a este diario.

Este barcelonés licenciado en derecho y empresariales llegó a Sídney con la esperanza de encontrar trabajo en una empresa española. Tras unos días alojado en un hostal, “entra un tipo griego y nos dice que necesitaban gente para trabajar en la obra”. Al día siguiente, cruzaba la bahía de Sídney bajo la mirada atenta de su célebre ópera para trabajar en la construcción, “en negro y sin seguro”. “Tenía su peligro, nadie tenía ningún tipo de formación y utilizábamos perforadoras neumáticas como quien utiliza cubos en la playa”, recuerda.

Más tarde hizo de traductor, vendió cervezas en un puesto callejero en fin de año y partió de viaje al campo para recoger naranjas. De vuelta en Barcelona, ya con trabajo, asegura que está “contento y orgulloso de la experiencia, aunque no la repetiría en las mismas condiciones”.

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