LOS REPUBLICANOS TOMAN EL CONTROL DEL SENADO

La mejor fórmula para la Bolsa: presidente demócrata y Congreso republicano

Los pronósticos se han cumplido: los republicanos se alza con la mayoría en el Senado. Un desenlace que deja a Obama aún más acorralado de lo que estaba

Lo resultados de las elecciones legislativas de EEUU celebradas de ayer no sólo fueron celebrados por los seguidores republicanos, sino también por Wall Street. No tanto por la victoria conservadora, sino porque, de entre todas las combinaciones posibles entre Congreso y Casa Blanca, la más beneficiosa para la Bolsa es la de un presidente demócrata con congreso republicano, según un estudio de Standard & Poor's“Es la combinación que ha estado marcada por una mejor evolución alcista desde 1945”, explicaba esta semana Sam Stoval, el analista que elaboró el informe.

La aplastante victoria republicana en las mid-term empujó hoy el dólar a máximos de siete años frente al yen y elevó los futuros sobre acciones entre un 0,3% y 0,4%, un repunte que compensa las leves caídas de jornadas anteriores.  

Para los mercados financieros, el hecho de que Obama haya recibido un castigo que limitará su poder de acción y la probabilidad de que esto contenga su agenda legislativa tiene una lectura positiva. Las situaciones similares que se han dado en el pasado a menudo provocaron repuntes en las bolsas estadounidenses.

“Todos vimos venir este resultado pero la cuestión principal es lo que decidan los dos bandos, tanto si quieren cooperar y comprometerse (políticamente) como si regresan de nuevo a las trincheras. Ellos (los republicanos) tienen el incentivo de ser constructivos para mostrar a los votantes que pueden gobernar el país… si se las arreglan para cooperar ello podría impulsar la economía, especialmente si pueden hacer cosas en sectores como las infraestructuras”, señala Philip Marey, un economista de Rabobank, a la agencia Reuters.   

Golpe de los republicanos al presidente Barack Obama

Vídeo: Golpe de los republicanos al presidente

Obama, ante dos años de calvario

La derecha estadounidense vivió ayer su mejor noche en una década. Desde la reelección de George W. Bush, en 2004, los republicanos no habían tenido una victoria sin reservas como de la de la pasada noche. A la altura de sus expectativas más optimistas, arrebataron el Senado a los demócratas, reforzaron su mayoría en la Cámara de Representantes y cosecharon otras victorias importantes como las reelecciones de los gobernadores de Florida o Wisconsin.

Los sondeos indican que los votantes no premiaron tanto a los republicanos como castigaron a sus adversarios: al Partido Demócrata y, en concreto, al presidente Barack Obama. Bajo su gobierno, Estados Unidos ha pasado de la recesión a crecer por encima del 3,5 por ciento, ha reducido el paro del 9,5 al 5,9 y el precio de la gasolina se sitúa en su punto más bajo en décadas. Y, aunque la deuda sigue creciendo, se ha logrado la mayor reducción del déficit en décadas. Incluso se ha evitado desplegar tropas terrestres en una nueva guerra. Con todo, su popularidad está por los suelos, con una tasa de aprobación (40 por ciento) parecida a la que tenía el mismísimo Bush hijo a estas alturas de mandato. 

'Todos creemos en reducir al mínimo el gobierno y en aumentar las responsabilidades individuales, pero luego resulta que esperamos que sea el gobierno quien resuelva todos los problemas: las crisis en Medio Oriente, el ébola, los huracanes, el terrorismo, la desigualdad... Y cuando eso no pasa, nos enfadamos'¿Cuál es el problema? “Es paradójico. Todos creemos en reducir al mínimo el gobierno y en aumentar las responsabilidades individuales, pero luego resulta que esperamos que sea el gobierno quien resuelva todos los problemas que surgen: las crisis en Medio Oriente, el ébola, los huracanes, el terrorismo, la desigualdad... Y cuando eso no pasa, nos enfadamos”, dice Allan Lichtman, profesor de Historia de la Universidad Americana y ex-consultor político.

Obama, insisten otros analistas, ha quedado inacabado y perseguido por las propias expectativas que generó. Desde la derecha lo acusan de haber llevado una política exterior errática, de impulsar una reforma sanitaria “socialista” (en realidad es un marco regulatorio para el sector privado), de tener una actitud demasiado tolerante con la inmigración ilegal (aunque haya batido récords de deportaciones) y de no ser capaz de negociar con sus rivales para alcanzar consensos a causa de su arrogancia y su narcisismo. 

Al mismo tiempo, sus seguidores (que en estos comicios han preferido quedarse masivamente en casa) se sienten desilusionados porque no ha podido cumplir ninguna de las promesas con las que entró como un ciclón en 2008. La sensación de naufragio y de haber sido engañados por un vendedor de humo se ha intensificado en los últimos meses: ardieron los problemas raciales en Misuri, decenas de miles de niños centroamericanos se presentaron en la frontera y desbordaron a la Administración, el Estado Islámico irrumpió cortando cabezas, una enfermera se contagió de ébola e hizo cuestionar todos los protocolos.

Obama ha conseguido enfadar a sus contrincantes hasta la ira, al tiempo que ha desencantado a sus seguidores hasta la apatía. Y gran parte de los colectivos que le apoyaron tienen sus motivos para sentirse decepcionados. Desde su llegada al poder, los afroamericanos no han vivido nada que no conociesen más allá de tener una familia presidencial con su color de piel, las clases medias bajas ven como las desigualdades crecen y sus dificultades para llegar a fin de mes aumentan, y los hispanos siguen sin disfrutar la reforma migratoria que les vendieron. 

Lo que le espera ahora al presidente son dos años en los que ya sólo tendrá que rendir cuentas con la Historia y durante los cuales intentará rescatar lo más potable de su agenda a golpe de medidas ejecutivas. La primera decisión, una órden que ofrecerá un estatus legal provisional a millones de inmigrantes ilegales, ha prometido firmarla antes de que acabe el año. Los republicanos se preparan ante una ofensiva desde la Casa Blanca, y llevan tiempo amenazando con someterlo a impeachment por "abusar de su poder ejecutivo", algo que los juristas definen más como una distracción propagandística que como una iniciativa con posibilidades de llegar a algún sitio.

Simpatizantes del gobernador republicano Scott Walker celebran la victoria en Milwaukee, Wisconsin (Reuters).
Simpatizantes del gobernador republicano Scott Walker celebran la victoria en Milwaukee, Wisconsin (Reuters).

En cualquier caso, con las dos Cámaras en manos republicanas, a Obama no le queda ya ningún margen para cumplir su programa por vía legislativa, donde se tendrían que hacer las reformas de calado que necesita el país. Tampoco es que lo haya tenido en los últimos cuatro años, desde que en el 2010 los demócratas cedieron la Casa de Representantes. “Vamos a tener un gobierno dividido, pero esto no es en absoluto algo inédito en absoluto, sino muy común. Es lo que vivió Bill Clinton durante casi toda su presidencia, o lo que se encontraron Ronald Reagan, Richard Nixon o Dwight Eisenhower”, señala Lichtman, admitiendo que esta vez, sin embargo, no hay posibilidad de diálogo. 

Mientras tanto, en la burbuja capitalina existe un cierto consenso acerca de lo que cabe esperar: más de lo mismo. Recordemos que el Congreso saliente es el más improductivo de la historia moderna de Estados Unidos. “Es realmente muy difícil hacer todavía menos de lo que hicieron, así que no espero nada demasiado distinto”, dice Lichtman, recordando que los republicanos, sin la firma de Obama, tampoco pueden llevar nada a ningún sitio. Una minoría discrepa y plantea que los republicanos podrían sentirse más presionados por sacar adelante algún acuerdo de mínimos con la Casa Blanca es políticas concreta (como la reforma migratoria) ahora que tienen todo el poder y, por lo tanto, la responsabilidad de lo que ocurre en el Capitolio.

La brecha que sí tiene más pinta de empezar a abrirse es la que lleva tiempo formándose dentro del propio Partido Republicano, donde dos facciones cada vez más enfrentadas (conservadores tradicionales yTea Party) pueden empezar a escenificar sus divisiones en el pleno. “Sí creo que va a producirse una gran guerra en el Partido Republicano. Se van a enfrentar políticos como Mitch McConnell, políticos pragmáticos, con gente como Ted Cruz (Tea Party), que aspiran a cambios radicales y son muy ideológicos”, pronostica Lichtman.

Cartel escrito en inglés y en español que indica el punto donde se puede votar (Reuters)
Cartel escrito en inglés y en español que indica el punto donde se puede votar (Reuters)

La política estadounidense no descansa y lo que empieza hoy mismo es la carrera hacia las elecciones presidenciales de 2016. A pesar de los resultados de esta noche, la distribución demográfica y los tiempos siguen situando a los demócratas como favoritos. Los resultados de las mid-term, insisten los analistas, no dan pistas para saber lo que pasa en las presidenciales, tanto por la diferente composición del voto (acuden más las minorías y los jóvenes) como por los posibles candidatos. Faltan dos años y pueden pasar muchas cosas, pero si hoy se hiciese una porra en los think tanks de la capital, el caballo ganador sería sin duda Hillary Clinton.

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