Cristina prepara un plan B para mitigar el golpe

Empieza la cuenta atrás: Argentina tiene 24 horas para evitar la suspensión de pagos

A Argentina le quedan poco más de 24 horas para evitar un nuevo default. Una suspensión de pagos que agudizaría los males de la economía nacional

Foto: La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. (EFE)
La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. (EFE)

Empieza la cuenta atrás financiera. Tic-Tac. Tic-Tac. A Argentina le quedan poco más de 24 horas para evitar un nuevo default. Una suspensión de pagos que agudizaría los males de la economía nacional, que sufre ya una incipiente recesión. A medida de sus batallas más épicas, la presidenta Cristina Kirchner lucha esta vez contra los fondos buitre, un grupo de tenedores de bonos que se negó a aceptar las distintas ofertas del Gobierno para cobrar las deudas y que ahora reclama dinero fresco. Sin descontar ni un solo céntimo.

La decisión de la Justicia de Estados Unidos ha dejado a Argentina contra las cuerdas. En Nueva York, el juez Thomas Griesa avaló una reclamación de los fondos buitres, en virtud de la cual bloqueó un pago realizado por el Gobierno sobre la deuda ya reestructurada y le dio cuerda al reloj: puso un mes como plazo para resolver el conflicto con los buitres. Y el tiempo límite acaba el miércoles 30 de julio.

Las negociaciones continúan en la Gran Manzana. Tic-Tac, tic-tac. Los fondos buitre quieren cobrar 1300 millones de dólares. El Gobierno argentino quiere pagar, dice, pero exige esperar hasta diciembre. ¿Por qué? Kirchner sostiene que si Argentina saca la billetera, los acreedores que aceptaron quitas en anteriores negociaciones (el 92,4 aceptaron quitas superiores al 50%) podrían ahora dar marcha atrás y ejecutar reclamaciones por más de 120.000 millones. Al menos legalmente estarían en su derecho acogiéndose a la llamada cláusula RUFO, que permite que quienes adquirieron bonos puedan reclamar un trato igual si a otros acreedores se le reconoce el 100% de la deuda. 

Kirchner sostiene que si Argentina saca la billetera, los acreedores que aceptaron quitas en anteriores negociaciones (el 92,4 aceptaron quitas superiores al 50%) podrían ahora dar marcha atrás y ejecutar reclamaciones por más de 120.000 millones

Para evitarlo, dice la presidenta, es preferible tensar la cuerda, aun a riesgo de mirar al vacío, al borde del precipicio. La negociación lleva casi un mes en marcha y no ha prosperado nada. Primero viajó a Nueva York el ministro de Economía, Axel Kicillof, para reunirse con el mediador designado por el juez. El encuentro duró cuatro horas. Al final, el funcionario regresó a Buenos Aires y Argentina envió entonces una equipo técnico, que parecía capaz de resolver la situación. Los hombres de gris se juntaron con el mediador durante cinco horas. Y de nuevo otras tres horas más. El jueves se produjo el último encuentro, el más corto: apenas 70 minutos desde que ingresaron hasta que salieron del lujoso edificio en el 245 de Park Avenue, en pleno Manhattan. 

Tampoco se llegó a ninguna conclusión y los funcionarios argentinos ya están de regreso en Buenos Aires. Ahora sólo un milagro podría evitar ya el default, pese a que teóricamente el Gobierno no está cerrado el diálogo. Durante el fin de semana, el ministro Kicillof habló por teléfono con el mediador. Buenos Aires exige ahora a los fondos buitre dos posibilidades para eludir la suspensión de pagos: o bien contratar un seguro que se comprometa a cubrir los gastos de una eventual lluvia de demandas por parte de los tenedores de bonos que aceptaron la quita de Argentina, o bien aceptar que el juez Griesa interponga una medida cautelar para dejar la negociación en espera hasta diciembre, cuando se vence el límite para solicitar viejas reclamaciones.

Plan B: negar la mayor

Default técnico, default parcial, default temporal, default selectivo. Son las diferentes expresiones a las que acude el Gobierno para relativizar públicamente su trascendencia. Puertas adentro, el sonido de las agujas del reloj genera dolores de cabeza en la Casa Rosada, pero tampoco espanta. Cristina Kirchner ya tiene un plan B y evalúa alternativas de emergencia. La primera orden de la mandataria ha sido negar el default, según dijeron altos funcionarios al diario La Nación.

El ministro de economía de Argentina Axel Kicillof (c) sale de una reunión de conciliación en Nueva York. (Reuters)
El ministro de economía de Argentina Axel Kicillof (c) sale de una reunión de conciliación en Nueva York. (Reuters)

Para ello, Buenos Aires argumentará que ya se ha pagado a la mayoría de quienes compraron bonos pero que fue la Justicia de Estados Unidos la que los bloqueó. “Argentina no va entrar en default por una sencilla y elemental razón: en default entran los que no pagan y Argentina pagó. Van a tener que inventar un nombre nuevo”, dijo Kirchner en su último discurso. 

Con tono dramático, la mandataria advirtió que no aceptará pagar en estas condiciones. “Nos hemos dejado el cuero, se fue mi compañero [por la muerte de Kirchner] y en honor a todo eso no nos vamos a traicionar. Dejen de asustar y amenazar”, advirtió. La otra estrategia que prevé el Gobierno es desentenderse de la negativa judicial y continuar con los depósitos acordados para septiembre y diciembre con bancos de Nueva York para los compradores de bonos que ya han negociado con el país, un pago que sin embargo ya ha sido bloqueado por el juez Griesa a pedido de los buitres. Kirchner quiere que los nuevos depósitos se conviertan en una muestra de voluntad de pago ante la comunidad internacional.

''Argentina no va entrar en default por una sencilla y elemental razón: en default entran los que no pagan y Argentina pagó. Van a tener que inventar un nombre nuevo'', dijo Kirchner en su último discurso

Faltan 24 horas, pero Kirchner no pierde las esperanzas. Tensa la cuerda para ganar el pulso y cree que a último momento los buitres podrían aceptar un puente hasta 2015 o que el juez Griesa destrabe los pagos a los bonistas para evitar la caída al abismo. Los expertos alertan que en default tiene consecuencias, por mucho que el Gobierno las quiera negar. Si los acuerdo con el Club de París y Repsol habían traído un poco de confianza, la suspensión de pagos puede agudizar los problemas de una economía sujetada con alfileres.

Economistas oficialistas y opositores coinciden en que la actual situación de recesión e inflación se profundizará. Difícilmente ingresen dólares, con la falta que hacen los recursos externos a la caja pública. También se teme un impacto sobre las expectativas, con una nueva devaluación. Kirchner ha tomado nota y tiene listo un paquete de medidas para sostener el consumo, evitar despidos y recuperar el financiamiento externo. 

Una vieja historia

En realidad, estas horas de tensión resumen casi diez años de negociaciones. Default no es una palabra nueva en el diccionario de los argentinos. El país ingresó en suspensión de pagos en 2002. El contexto era otro: un país azotado por la crisis de 2001. Los dirigentes políticos aplaudieron de pie en el Congreso la declaración de default realizada por el entonces presidente Adolfo Rodríguez Saa.

El kirchnerismo lo ha apostado todo en este pulso. Emprendió el regreso de Argentina al mercado. Néstor Kirchner lanzó en 2005 la primera oferta para pagar la deuda, con altas quitas, que tuvo un acatamiento del 76%. El resto de los tenedores de bonos continuó el reclamo. Unos meses después, el Gobierno dio un golpe de efecto ante la comunidad internacional: canceló la deuda con el Fondo Monetario Internacional, con un pago anticipado de 9.500 millones de dólares.

Cristina Kirchner encabezó el segundo canje de deuda en 2010, con quitas superiores al 60%. Tuvo una aceptación del 66% de los bonistas. Quienes no aceptaron las ofertas argentinas, los fondos buitre, todavía reclaman mejores condiciones de pago.

Si algo ha quedado claro en estos meses es que los fondos buitre están dispuestos a dar batalla hasta el final. El default es sólo un paso más de una larga guerra. Tienen un plan para empujar a Argentina al colpaso, si es necesario para cobrar la deuda. Han realizado 900 embargos a intereses del Gobierno argentino en distintos lugares del mundo. Y todavía continúan en distintos grado de ejecución otros 130 más.

El más emblemático fue el embargo de la Fragata Libertad, una nave insignia que permaneció 77 días en el puerto de Ghana por una orden judicial. Incluso, Cristina Kirchner decidió no viajar en el Tango 01, su avión oficial, por temor a que fuese embargado. Para evitar el bochorno, tuvo que contratar un jet privado para una gira que realizó en 2013 a Asia.

El plan es atacar tres objetivos: detectar bienes argentinos para ejecutar sus acreencias, presionar a Cristina Kirchner de manera personal –sobre sus activos, los de su familia y los de sus socios- y generarle un dolor de cabeza a su Gobierno al dejar al descubierto –si es que lo logran- millones de dólares extraídos de las arcos públicas por actos de corrupción

Tic-Tac. El reloj corre, pero los buitres tienen paciencia. El fondo NML, uno de los más activos en la cruzada, desplegó un equipo de 100 personas para avanzar contra Argentina. Abogados, contadores, economistas, expertos financieros y detectives integraron un equipo de investigación que acecha los activos argentinos en Estados Unidos, el Caribe, Europa y hasta en las islas Seychelles. El plan es atacar tres objetivos: detectar bienes argentinos para ejecutar sus acreencias, presionar a Cristina Kirchner de manera personal –sobre sus activos, los de su familia y los de sus socios- y generarle un dolor de cabeza a su Gobierno al dejar al descubierto –si es que lo logran- millones de dólares extraídos de las arcos públicas por actos de corrupción.

Quizás por todo esto, Cristina Kirchner ha ordenado no sentarse a negociar cara a cara con los fondos buitre. Los funcionarios argentinos sólo conocen las condiciones de la disputa a través del mediador impuesto por la Justicia de Estados Unidos. Una manera de minimizar el reclamo y de sumar tensión. Tic-Tac. Todavía quedan 24 horas. Que, en el fondo, pueden ser muchas más.

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