CATÁLOGO en venta con información personal

La brasileña de la Lista de Oro: esta es la élite de Río de Janeiro de la ‘A’ a la ‘Z’

El anillo que se abraza al dedo anular eclipsa la otra joya que sostiene: el libro ‘Sociedade Brasileira’, un catálogo en venta con teléfonos de la alta sociedad

Foto: La decoradora Lourdes Catão en su domicilio de Río de Janeiro (Lola García-Ajofrín)
La decoradora Lourdes Catão en su domicilio de Río de Janeiro (Lola García-Ajofrín)

En su domicilio de Río de Janeiro nos recibe la decoradora Lourdes Catão, encargada de continuar la tradición de más de medio siglo que supuso la primera red social VIP y en papel de la élite carioca: la guía Sociedade Brasileira. Un catálogo, sorprendentemente a la venta, con las direcciones, teléfonos e emails de la alta sociedad. Vamos en busca de sus protagonistas. 

La señora llama al servicio y Mel (miel, en portugués), una perra salchicha, se acurruca entre sus piernas. “Rose o Alexandre, ¿pueden traer uno de mis libros, que está ahí encima?”. El enorme anillo en forma de serpiente que se abraza al dedo anular de Lourdes Catão eclipsa por un momento la otra joya que sostiene entre sus manos: el libro Sociedade Brasileira, un catálogo, sorprendentemente a la venta, con las direcciones, teléfonos e emails de la alta sociedad de Río de Janeiro. “De la ‘sociedad’ querida; eso de ‘alta sociedad’ es ridículo porque es demodé, una cosa pasada”, observa pausada, en un castellano exquisito, con secuelas de su paso por París y Nueva York.

La mujer de la Lista de Oro nos recibe en el fastuoso salón de su casa, al mediodía, impecable, como para una de esas suntuosas fiestas que, a sus 84 años, aún frecuenta; como las sesiones de sábados de cine en casa de los Araujo-Pino, “hasta las 2:30 de la noche o más”. Viste un traje pantalón negro con volantes en el brazo, pendientes de brillantes del tamaño de una castaña, tres collares de perlas blancas y negras intercaladas y labios y uñas en rojo intenso. Pide un zumo al servicio y empieza a narrar la historia.

El enorme anillo que se abraza al dedo anular de Lourdes eclipsa por un momento la otra joya que sostiene: el libro ‘Sociedade Brasileira’, un catálogo, sorprendentemente a la venta, con las direcciones y teléfonos de la alta sociedad de RíoDesde que falleció su hermana Helena, esta decoradora brasileña es la encargada de continuar una tradición de más de medio siglo, que supone una especie de primera 'red social' en Brasil pero en papel. Ni Facebook ni Twitter eran entonces un sueño verniano cuando, en 1955, “dos señoras muy bien relacionadas”, María Luisa y María Helena Nobre, se encargaron de crear la selecta lista. Su objetivo era conectar a “esas personas que frecuentaban un grupo, que acudían a una serie de fiestas... Lo que hoy se llama society”, explica Catão. Así que incluyeron sus datos –nombre, domicilio, teléfono y ahora también email– en una publicación que se puso a la venta.

Si la jet de São Paulo viajaba a Río, sabía con quién codearse; si la de Río celebraba un cumpleaños, sabía a quién invitar. Era una especie del who's who que se hacía en los Estados Unidos, pero más completo porque contenía el contacto”, puntualiza la señora. Y, de ese modo, la élite carioca quedó conectada.

La publicación primero se llamó Nossa Sociedade “y era una cosa más rarificada, sólo de unas cuantas familias”. Al envejecer sus precursoras, fue la hermana de Catão, que hasta entonces las ayudaba, la que se hizo cargo y empezó a incorporar algunas modificaciones: “A incluir a gente joven, por ejemplo”. Y al morir la hermana, ella continuó con la labor. “Me pidió que si un día le pasaba algo, yo me hiciera cargo; y así lo hice en 2006”. Desde entonces, Lourdes Catão es la principal propietaria del libro, junto a dos sobrinos y una antigua ayudante de la hermana.

“¿Y cualquiera puede comprar esta guía y hacerse con su contacto?”, pregunta esta periodista. “Cualquiera no... porque es un libro caro (unos 60 euros) pero sí, está a la venta”, puntualiza la decoradora. “Y ¿no es peligroso?”.  “Nunca, gracias a Dios –enfatiza Catão, mirando al techo– tuvimos ningún problema”.

“¿Qué significa estar en el libro y no estar?”

Llega la pregunta del millón: “¿Qué significa estar en el libro y no estar?”. “Creo que hay gente a la que le gusta estar pero, al fin y al cabo, como digo siempre cuando lo presentamos en el Copacabana Palace y me piden un autógrafo: no es más que una guía...”, responde Catão. “Bueno... en las guías entra todo el mundo y aquí no. ¿Ha tenido que rechazar alguna a vez a alguien?”. La decoradora apura el último sorbo de zumo. “Sí, claro, hay personas que solicitan entrar, pero no las conozco y no puedo ponerlas. A unas seis u ocho personas, diría. Eso sí, en los últimos años hubo algunos cambios puesto que también nuestra sociedad cambió”, observa.

¿Ha tenido que rechazar alguna a vez a alguien?. La decoradora apura el último sorbo de zumo. 'Sí, claro, hay personas que solicitan entrar, pero no las conozco y no puedo ponerlas. A unas seis u ocho personas, diría. Eso sí, en los últimos años hubo algunos cambios puesto que también nuestra sociedad cambióEn los últimos años Brasil cambió y, como un termómetro de su demografía, también cambiaron algunas cosas en la guía VIP: algunos  ricos se empobrecieron, “con la edad, con la situación del país”; otros se hicieron ricos de la noche a la mañana y creció mucho la clase media. “Fue muy bueno eso, no digo lo contrario”, puntualiza Catão; “la clase C también creció. Hoy es una sociedad mucho más amplia y eso se nota”, observa la decoradora, que asegura que las protestas que vive Brasil le parecen “muy necesarias, se cuentan tantas cosas...  tenemos una ciudad tan linda en la que no se puede ni pasear por la calle”.

Y Brasil despertó

Este 17 de junio se cumple un año desde que los brasileños salieran a las principales ciudades de Brasil al grito de “Brasil despertó”, en las mayores protestas en el país en dos décadas. El detonante entonces, fue el incremento del precio de autobús en Sao Paulo en 0,20 reales, la gota que colmó el vaso en un país en el que, a la vez que crece el número de adinerados (en 2014 hubo 65 milmillonarios brasileños en la lista de Forbes de los más ricos del mundo, 13 más que el año pasado), ocupa el puesto 139º de 160 naciones en igualdad de ingresos, por debajo de Ruanda o Zambia (GINI, 2012).

Datos hay para todos los gustos. “Quien observe los indicadores sociales, económicos y educativos de la última década verá que Brasil no estaba dormido”, asegura a este diario Luiz Cláudio Costa, el presidente del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (INEP) de Brasil, un órgano con 75 años de antigüedad que se ocupa de tomar el pulso a la enseñanza brasileña. Costa se refiere a los más de 36 millones de brasileños que salieron de la extrema pobreza o a los 5 millones de jóvenes que entraron en Secundaria en diez años  “debido a las acciones efectivas del Gobierno federal como la ‘Bolsa Familia’ y ‘Brasil sin Miseria”, recuerda.

Los brasileños pagan enormes impuestos y no reciben mucho a cambio”, explica Anderson Antunes, colaborador habitual de Forbes para asuntos de América Latina, que reconoce que “Brasil pasó del 9º al  6º puesto entre las mayores economías del planeta, pero todavía tiene problemas del tercer mundo que resolver”. Tampoco “el corrupto sistema político de Brasil refleja los deseos y necesidades de su población”, continúa.

Un cartel junto a una bandera brasileña durante una protesta en Goiania (Reuters).
Un cartel junto a una bandera brasileña durante una protesta en Goiania (Reuters).

Esos cambios son palpables en los nombres que hoy configuran esta particular red social, durante décadas exclusiva de familias tradicionales: “Mi hermana comenzó a introducir a parejas gais, por ejemplo”, explica la decoradora que, de pronto, afirma que algo muy interesante es que no hay ni una sola pareja femenina. “Porque nunca me lo han pedido, no porque yo no quiera”, matiza. Ella, además, empezó a introducir a “los mediáticos”, que “son personas muy amables, populares, bien educadas y pueden perfectamente estar ahí”. “Hasta ahora ya tengo dos”, apunta. Hoy, en la selecta Lista de Oro es posible encontrar tanto a los descendientes de la familia imperial de Brasil como a una mujer rica de reality show. Recorremos Río de Janeiro a través de su élite.

La élite carioca, de la ‘A’ a la ‘Z’

Por la O... La Lista de Oro nos conduce hasta una casa señorial frente al mar, en la localidad de Paraty, a mitad de camino entre Río de Janeiro y Sao Paulo. Un municipio que parece detenido en el tiempo, de casas bajas iluminadas con farolillos y calles empedradas por las que retumban los carros de caballos. Al centro histórico está prohibido el acceso a vehículos de motor.

Tras el portón aparece un Príncipe: Don João de Orleans e Bragança (Rio de Janeiro, 1954), primo -“bastante próximo”, puntualiza- del Rey Juan Carlos de España, con el que dice, tiene “relación, porque aunque él es un poco mayor que yo nuestros padres eran de la misma edad”. Es descendiente de la última familia imperial de Brasil. Su tatarabuelo, Don Pedro II, le compró uno de los primeros teléfonos al propio Graham Bell y su bisabuela, la princesa Isabel, promulgó la conocida como Ley Áurea, que otorgaba libertad a los esclavos. La familia imperial al completo luce en enormes cuadros iluminados sobre las paredes de piedra de uno de los salones.


“Crecí sabiendo que todos somos iguales, con profundos valores patrióticos y cívicos, mucho amor y respeto a Brasil”, enfatiza, en tono cercano. Amante de la fotografía y del surf, él mismo se reconoce como “un príncipe a la brasileña”. Se refiere a las protestas: “Estoy muy orgulloso del pueblo brasileño que ha salido a la calle en masa diciendo: no es por un partido, no es por una ideología, es por mi país, contra la corrupción, contra los enormes y mal hechos gastos, por el problema de la salud, del transporte, de la seguridad y de la educación, que deberían tener muchos más recursos en la sexta economía del mundo y no los tiene”.

“En España también ha habido corrupción… hasta en la casa Real”, añade esta periodista (la entrevista tiene lugar antes de la abdicación del monarca). “Exactamente, y el Rey tiene que ser el primero en decir: yo estoy en contra. La ley es igual para todos. Errar es de humanos. Nadie es perfecto, ni un Rey, nadie, pero lo correcto es saber disculparse cuando se erra. Creo que lo hizo muy bien con los problemas que pasó, el viaje de África, dijo: no era el momento. Eso es lo correcto”, agrega.

Mujeres Ricas

Por la T... en La Lista de Oro figura un apellido vasco muy mediático en Brasil: Tamborideguy, de nombre Narcisa. Poco antes de la entrevista, pide consejo para cambiarse de vestido: “¿El rojo o el negro?”. Desde el ventanal de uno de sus baños, la playa luce infinita. “El rojo”.

Si 'Copacabana' significa “mirador del azul” en lengua quechua, su apartamento es una burda redundancia; si se cuentan el número de fotografías en los que aparece, entonces, es un homenaje a su propia persona: “Eu, rica?” (Yo, ¿rica?), reza un recorte de revista sobre un mueble en un pasillo. Tamborindeguy es una de las protagonistas de las dos ediciones del reality “Mujeres Ricas”. Es hija uno de los primeros explotadores de petróleo de Río de Janeiro y exdiputado, con una vida de escándalos que inmortalizó en su libro “Ay, qué locura”, expresión que repite hasta el absurdo. “Ay, qué absurdo”, es otra de sus frases favoritas.

Por loco que pueda sonar, creo que la enorme desigualdad de Brasil convierte a las personas ricas en una minoría oprimida, aunque la mayoría se haya ganado su dinero a través de trabajo duro. Esto todavía se puede ver como algo moralmente reprochableEl éxito durante dos temporadas de este reality, en el que cinco mujeres adineradas alardeaban de extravagancias del tipo de dar de beber a una mascota agua mineral, irse de compras en helicóptero o paliar la sed a diario con champán Cristal fue muy criticado por la prensa. Para Antunes, el éxito del programa reside precisamente en que “sus personajes se presentaron de una manera muy absurda”.

“Para los brasileños, la idea de la self-made person (persona hecha a sí misma) es un mito; si eres alguien adinerado, mucha gente te mira como si hubieses arañado y engañado en tu camino a la cima” y “eso tiene mucho que ver con el hecho de que Brasil es un país muy burocrático, con un montón de corrupción y un sistema judicial muy débil”, explica. “Por loco que pueda sonar, creo que la enorme desigualdad de Brasil convierte a las personas ricas en una minoría oprimida, aunque la mayoría se haya ganado su dinero a través de trabajo duro. Esto todavía se puede ver como algo moralmente reprochable”.

Hasta que llega el coche de producción que conducirá a Narcisa Tamborindeguy a un programa de televisión en el que participa, se acerca a la inauguración de una tienda próxima a su casa y saluda. “Estás maravillosa, querida”; “gracias, y tú”, se regalan unas y otras entre besos insonoros. En la fiesta, aparecen otros nombres de la Lista de Oro, como el de Andrea Natal, directora del Hotel Copacabana Palace, donde, como un ritual, el libro “Sociedade Brasileira” se presenta cada dos años. La próxima edición será en septiembre.

Tamborideguy durante el baile de Carnaval del Copacabana Palace (veja.abril.com)
Tamborideguy durante el baile de Carnaval del Copacabana Palace (veja.abril.com)

Cine con carta de vinos y sushi con caviar

De camino al programa, Tamborindeguy intercala las respuestas a la entrevista con llamadas de teléfono. Hablamos sobre su vida (“Viajé mucho, adoraba esquiar, montar a caballo...”), sobre la polémica que generó su libro (“Ya lo hice todo, mucha fiesta, drogas... Hubo quien se molestó, pero nadie está molesto toda la vida, los enfados se pasan...”, suelta con una carcajada), sobre las protestas que vive el país (“Me encantan. El problema es que los brasileños olvidan todo muy rápido. No creo que vaya a cambiar nada”).

“¿Has visto ese centro comercial? Es el ‘Village Mall’, solo hay tiendas exclusivas, lo adoro”, interrumpe la mujer rica. En el centro comercial de lujo ‘Village Mall’, en la exclusiva Barra de Tijuca, hay un cine VIP. Dentro, un grupo de amigas pide un vino chateu Rauzan Ségla y palomitas trufadas. Hay carta de vinos y aperitivos -porque “Você merece” (usted lo merece), indica su web-. Sólo la entrada son 61,60 reales (casi 20 euros). La Lista de Oro nos lleva hasta los rincones más insólitos de Río de Janeiro, como el centro gastronómico Lagoon Gourmet, a la orilla de la Lagoa Rodrigo de Freitas y al restaurante “Sushi Leblon”, en la milla de oro carioca, donde el sushi se sirve con caviar y huevo de codorniz.

Libro en mano, Catão reconoce que la Lista de oro “sigue siendo una guía exclusiva”. El encuadernado de la guía, en piel sublime, haría pensar que es un diccionario o una Biblia. En la portada se leen sólo dos palabras: “Sociedade Brasileira”.

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