MULTAS MILLONARIAS Y EXCESO REGULATORIO

¿Nos estamos pasando con los bancos?

Aunque haya todavía mucho margen para ponerse duros con los bancos, el sistema sí está cambiando, y de forma profunda. Algunos creen que demasiado

Foto: Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs, Jamie Dimon, de JP Morgan, y John Mack, de Morgan Stanley, testifican ante la comisión sobre la crisis financiera. (Reuters)
Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs, Jamie Dimon, de JP Morgan, y John Mack, de Morgan Stanley, testifican ante la comisión sobre la crisis financiera. (Reuters)

Quedar con mi amigo Henry siempre ha sido un suplicio. Hay que programar las citas con semanas de antelación, y es muy frecuente que las cancele en el último momento. Trabaja en un gran banco de inversión de Wall Street. Acaba de entrar en la treintena y recuerda cómo fueron sus primeros años de junior en UBS. En los primeros doce meses sólo libró unos pocos días. Trabajaba todos los fines de semana. Comía y cenaba en la oficina. Como él, gran parte de sus compañeros eran estudiantes de finanzas de Columbia, que llegaron atraídos por las enormes cantidades de dinero que se podían ganar en muy poco tiempo.

Ahora, diez años después de iniciar su andadura en la gran banca de la capital financiera mundial, es el único de su promoción que aguanta en el sector. Antes, por lo que me cuenta, el sueldo compensaba las infinitas horas que pasaba frente al ordenador y en reuniones; ahora, dice, la gente está en retirada. El sueldo sigue siendo más alto de lo normal, frecuentemente de seis cifras anuales y, en ocasiones, de siete. Pero los bonus están bastante limitados, se diluyen ahora por ley en períodos largos para evitar la asunción de riesgos desmedidos, hay miles de despidos cada mes… Ser banquero en Wall Street no es lo que era. El mundo financiero está cambiando.

Aunque moral o legalmente haya aún mucho margen para ponerse duros con los bancos, el sistema bancario sí está cambiando, y de forma profunda. Algunos creen que demasiado. El crédito no fluye, dicen, porque se está apretando demasiado a un sector que es el flujo sanguíneo del sistema capitalistaLa crisis ha supuesto un tremendo terremoto financiero, con los bancos en el epicentro. En países como España, los Gobiernos han tenido que recortar gasto social casi en la misma cantidad que lo que han tenido que pedir prestado fuera para salvar a las quebradas cajas nacionales (caso Bankia, Caja Castilla-La Mancha, Liberbank, Banco Mare Nostrum, CatalunyaCaixa, Unnim, Caja España-Duero, o caso Novacaixagalicia, entre otras).

En Estados Unidos, Alemania o Reino Unido, los grandes titanes financieros produjeron y distribuyeron productos financieros tóxicos (lo que algún banquero llamaba en privado “la mierda”). Bank of America, JP Morgan, Morgan Stanley, Deutsche Bank, entre otros muchos, tumbaron el sistema global. Generaron el peor tsunami de destrucción económica en Occidente desde la Gran Depresión. Además de engañar a sus clientes colocándoles productos contra los que ellos de hecho apostaban, se ha descubierto que manipulaban de forma sistemática los principales tipos de interés, Libor y Euribor (Barclays, UBS, Deutsche Bank, Société Générale, Royal Bank of Scotland, JPMorgan, Citigroup); que ayudaban sistemáticamente a sus clientes a evadir impuestos (Credit Suisse); que llevaban a cabo incluso políticas de discriminación racial en las que trataban de vender las hipotecas peores y más caras (las famosas subprime) a negros e hispanos en Estados Unidos (Countrywide). De nuevo en España, algunos directivos administraron deslealmente los fondos del banco a su favor (Caixa Penedès) o engañaron a decenas de miles de ahorradores (véanse las preferentes de Bankia).

“Demasiado grandes para ir a la cárcel”

Todo esto ha suscitado reacciones en el terreno judicial (demandas y acuerdos multimillonarios por fraude) y en el regulatorio (Basilea III a nivel Global, Acta Dodd-Frank en Estados Unidos, leyes de Zapatero, Guindos I y II, etcétera en España). El sector se siente perseguido, como si estuvieran pagando justos por pecadores. Y, mientras, el crédito no fluye. Algunos se preguntan: “¿No nos estaremos pasando con los bancos?”. 

La respuesta tiene muchos ángulos. El diario liberal The Economist calificaba de banksters (banqueros gánster) a los financieros internacionales que han destruido el sistema. Si cualquier particular hubiera cometido alguno de esos delitos, muy probablemente habría ido a la cárcel. Sin embargo, sólo en casos excepcionales se ha perseguido a los ejecutivos, en parte por la dificultad de ligar las malas acciones del banco a decisiones explícitas de sus directivos. En Islandia se ha encarcelado a los gestores responsables de los fraudes: más de una docena de altos ejecutivos y funcionarios del Gobierno. En Alemania se ha perseguido criminalmente a un puñado de altos cargos de entidades quebradas, y también algunos en Brasil y en España.

En Estados Unidos se ha optado por cobrar multas de decenas de miles de millones en vez de criminalizar a ejecutivos concretos. No siempre fue así. En la crisis bancaria del colapso de las instituciones de ahorro y crédito de los 80, apunta The Economist, más de 1.000 banqueros fueron condenados por sus delitos. Esta vez, sin embargo, se han librado de la persecución criminal. Es lo que se ha dado en llamar “too big to jail” (demasiado grandes para meterlos en la cárcel), que llegó justo después del “too big to fail” (demasiado grande para dejarlo quebrar, una expresión que se refiere el rescate con dinero público de las pérdidas sufridas por entidades privadas).

Un panel publicitario de Bank of America en Times Square, Nueva York (Reuters).
Un panel publicitario de Bank of America en Times Square, Nueva York (Reuters).

¿Asfixiando las posibilidades de crédito?

Aunque moral o legalmente haya aún mucho margen para ponerse duros con los bancos, y a pesar de que la mayoría de banqueros han salido indemnes y las entidades manchadas siguen en pie, el sistema bancario sí está cambiando, y de forma profunda. Algunos creen que demasiado. El crédito no fluye, dicen, porque se está apretando demasiado a un sector que es el flujo sanguíneo del sistema capitalista. “El mundo financiero va a sufrir un 'regreso al futuro' y muy pronto se parecerá mucho a lo que era antes: un grupo de instituciones que intermedian entre el ahorro y el crédito; reducirán su creatividad, y por lo tanto sus ganancias”, asegura para El Confidencial José Gonzales, de ECG Asset Management en Nueva York.

En EEUU se ha optado por multas de miles de millones en vez de criminalizar a ejecutivos concretos. En la crisis bancaria de los 80, más de 1.000 banqueros fueron condenados. Esta vez se han librado de la persecución criminal. Es lo que se ha dado en llamar ‘too big to jail’ (demasiado grandes para meterlos en la cárcel)Para empezar, hay decenas de nuevas regulaciones que limitan al sector. Estados Unidos aprobó en 2010 e implementa ahora un complejísimo sistema legal nuevo llamado Acta Dodd-Frank de Regulación de Wall Street y Protección del Consumidor. Entre las normas más destacadas, la Regla Volcker, que ha prohibido o reducido gran parte de las apuestas arriesgadas que antes eran el día a día de la banca.

A nivel global se desarrolla la nueva ronda de regulaciones conocida como Basilea III, cuya última provisión, una hucha de fondos de prevención, debería estar implementada en 2019 como muy tarde. España va por la enésima reforma del sector financiero: se ha obligado a aumentar la solvencia de las entidades; a la creación del Fondo de Reestructuración de Ordenación Bancaria (FROB) y de un banco malo, a nuevos aumentos de provisiones, o la limitación a 600.000 euros del sueldo de las entidades que hayan recibido ayuda del FROB.

Por supuesto, los grupos de presión financieros de las principales cities, Nueva York, Londres, Fráncfort o incluso Madrid intentan aguar la profundidad de las nuevas regulaciones, introducen caballos de Troya en la letra de la ley y tratan de desacreditar las iniciativas legales. Algunos consejeros delegados se quejan en privado de que se trata a todos los bancos por igual, otros dan pataletas públicas como las ya míticas del otrora niño bonito de Wall Street Jamie Dimon, de JP Morgan. Basilea III, ha llegado a decir Dimon, es una norma antiestadounidense y el acta Dodd-Frank sirve sólo para dañar la competitividad del país.

Jamie Dimon, el otrora niño bonito de JP Morgan , testifica en Washington (Reuters).
Jamie Dimon, el otrora niño bonito de JP Morgan , testifica en Washington (Reuters).

Pero la maquinaria reguladora sigue, imparable, y en los últimos años se han elevado de forma importante las reservas de capital exigidas (del 4% al 6% del llamado capital Tier 1); se han introducido unos mínimos de liquidez y de porcentaje de apalancamiento; se ha limitado considerablemente el negocio de derivados; se ha obligado a los bancos a preparar dos nuevos colchones de capital para ser utilizados en futuras crisis... En Estados Unidos, se ha limitado la capacidad de las entidades clave del sistema de apostar con su propio dinero si están respaldados por las instituciones públicas en caso de bancarrota…

El cambio es real. Tanto, que las nuevas provisiones, exigidas en medio de una crisis económica, están  secando el grifo del crédito. Así se explica que, aunque el Banco Central Europeo o la Reserva Federal están regalando liquidez, los bancos no presten. El valor de las entidades en bolsa también se ha resentido. El BBVA español, una entidad razonablemente limpia de ladrillo y que no ha tenido que ser rescatada por el Gobierno, valía unos 18 euros por acción en 2007 y ahora está en los 9 euros. El índice Dow Jones de Servicios Financieros (DJUSFV), por ejemplo, se situaba antes de la crisis cerca de los 700 y ahora está en los 400; es decir, ha perdido un 40% de su valor.

Otro de los talones de Aquiles expuestos por la crisis financiera fue el de los derivados financieros, unas auténticas armas de destrucción masiva económica. ¿Han cambiado? Mucho, según me comentaba de forma anónima un comercial de derivados de Wall Street: ahora hay que sudar para colocar ciertos productos. Básicamente, decía exagerando, hay que incluir tantos documentos que expliquen lo que el paquete lleva dentro que algunos lotes no los compra nadie en su sano juicio. Se refería en concreto a las Collateralized Debt Obligation (CDO), que estuvieron en el epicentro de la crisis financiera: unos productos compuestos de retales de obligaciones de crédito -unas buenas, otras muy malas- que las entidades de todo el mundo compraron sin saber realmente lo que llevaban dentro, y que sirvieron de correa de transmisión de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas subprime desde Estados Unidos al resto del mundo.

Por supuesto, el mercado de los derivados sigue siendo enorme: 692 billones de dólares en contratos, según el Banco de Acuerdos Internacionales (BIS en sus siglas en inglés). Es diez veces el Producto Interior Bruto global. Si es ahora lo suficientemente transparente está por ver.

Protesta ante el comité de investigación de la crisis financiera en Washington (Reuters).
Protesta ante el comité de investigación de la crisis financiera en Washington (Reuters).

¿El fin del “too big to jail”?

Recientemente Eric Holder, Fiscal General de Estados Unidos, ha asegurado que se ha terminado el tiempo de los bancos y los banqueros too big to jail: “Déjenme ser claro: no hay empresa o individuo, ni importa cómo de grande o de lucrativo, que esté por encima de la Ley”, dijo. En las últimas semanas, el fiscal se ha puesto muy duro con ciertos bancos, especialmente con dos extranjeros: Credit Suisse ha admitido su culpabilidad y ha acordado pagar 2.500 millones de dólares por ayudar a evadir impuestos a ciudadanos estadounidenses; BNP Paribas se enfrenta a una multa de entre 5.000 y 10.000 millones, según las fuentes, por haber hecho negocios con países bajo embargo estadounidense como Sudán o Irán. Estas son sólo las últimas de una serie interminable de multas, acuerdos y sanciones a los que han tenido que enfrentarse los grandes bancos globales en los últimos tiempos (ver despiece adjunto).

Hay decenas de nuevas regulaciones que limitan al sector. EEUU implementa ahora un complejísimo sistema legal llamado Acta Dodd-Frank de Regulación de Wall Street. Entre las normas más destacadas, la Regla Volcker, que ha prohibido o reducido gran parte de las apuestas arriesgadas En España, unos pocos banqueros han quedado expuestos ante la Justicia. La imagen más reciente es la de los cuatro exdirectivos de Caixa Penedès, vestidos de traje y corbata, pero demacrados y admitiendo cabizbajos su culpa en un caso multimillonario de administración desleal. Devolverán el dinero y no irán a la cárcel. Hay muchos más casos abiertos. El más relevante es el de Miguel Blesa, el ex presidente de Cajamadrid imputado por la concesión de créditos irregulares al Grupo Marsans, del encarcelado Gerardo Díaz Ferrán, y por la compraventa por encima del valor de mercado y sin estudios de garantías del City National Bank de Florida.

Así que, de nuevo, ¿nos estamos pasando con los bancos, o han conseguido irse de rositas? Ni lo uno ni lo otro. Las grandes corporaciones han pagado multas enormes, aunque habitualmente en cantidades que no superan los beneficios en un trimestre. Algunos, los menos, han aceptado su culpa. Pero el sector en sí está cambiando de forma importante. Hemos pasado de la época de la Gran Desregulación (la que se originó en la época de Ronald Reagan en Estados Unidos y consagró Bill Clinton con la derogación de la ley Glass-Steagall que separaba banca comercial y de inversión) a la época del Gran Apretón decinturón a los bancos. El resultado lo veremos en la próxima crisis financiera.

 

Grande multas para los bancos 

  • Por ejecutar hipotecas y desahucios de forma automatizada: 25.000 millones de dólares de Ally, Bank of America, Citibank, JPMorgan Chase y Wells Fargo. Bank of America, por ejemplo, se comprometió a pagar 9.300 de esos millones. En 2013 tuvo beneficios por valor de 12.000 millones.
  • Por fraude en la venta de activos hipotecarios: JP Morgan, 13.000 millones de dólares al departamento de Justicia y 4.500 millones a un grupo de inversores, además de otras multas menores.
  • Por participar en carteles de fijación de precios del Euríbor y Libor: Barclays, Deutsche Bank, Société Générale y RBS, 1.700 millones de euros. UBS, 1.250 millones de euros. HSBC, JP Morgan y Credit Agricole están demandados por no llegar a un acuerdo.
  • Por permitir prácticas de riesgo que distorsionaban el mercado (London Whale): JP Morgan, 1.000 millones.
  • Por vender a las aseguradoras semi-públicas Fannie Mae y Freddie Mac bonos hipotecarios defectuosos: Bank of America, 9.300 millones de dólares.
  • Por ayudar a evadir impuestos: Credit Suisse, 2.500 millones de dólares.
  • Por mantener negocios con países sancionados (Irán y Sudán): BNP Paribas, una cantidad por confirmar, entre 5.000 y 10.000 millones de dólares, según Reuters y el WSJ respectivamente.
  • Por aconsejar a los clientes un valor mientras se apostaba en contra: Citigroup, 590 millones de dólares por engañar a sus clientes sobre cómo de contaminado estaba en deuda subprime. Goldman Sachs, 550 millones de dólares en 2010, entre otros.
  • Por instar a la venta de hipotecas arriesgadas: Bank of America, 1.000 millones de dólares.
  • Por racismo hipotecario, venta de peores hipotecas a negros e hispanos: Wells Fargo, 175 millones de dólares; Bank of America, 335 millones de dólares.
  • Por ayudar a blanquear dinero de la droga: HSBC, 1.000 millones de dólares.
  • Por su implicación en el esquema Ponzi de Bernie Madoff: JP Morgan, 1.300 millones de dólares.
  • Por cobrar de más a las empresas de tarjetas de crédito: JP Morgan, 1.200 millones.

Nuevas regulaciones

Global: Basilea III

Acuerdo internacional que aumenta los requerimientos de capital, aumenta la liquidez y reduce el apalancamiento de los bancos. Parte se está implementando ya y otra se hará gradualmente hasta 2018. El capital conocido como  Tier 1 aumenta del 4% al 6%. Además, en 2019 tendrán que tener un colchón de conservación de capital equivalente al 2,5% de los activos ponderados por riesgo y uno del 7% de activos de alta calidad para finales de 2019.

Estados Unidos: Acta Dodd-Frank para la Regulación Financiera y la Protección del Consumidor

Es un complejo paquete regulatorio. Incluye la llamada Regla Volcker, que limita las apuestas arriesgadas que pueden llevar a cabo los grandes bancos comerciales en su propio beneficio. Se crean nuevas agencias de protección del consumidor y un observatorio para detectar riesgos. Se hace que la Comisión del Mercado de Valores (SEC en sus siglas en inglés), o la Comisión del Mercado de Futuros de Materias Primas (CFTC) regulen el mercado de los derivados para hacerlos más transparentes. Se crea una oficina para regular las agencias de calificación. Se protege a los informantes que avisen de ilegalidades.

España: plétora de reformas

En España se comenzó por pedir a los bancos, en época de José Luis Rodríguez Zapatero, un refuerzo de sus niveles de solvencia. Luego llegaron la exigencias de provisión por sus  activos inmobiliarios tóxicos, la creación de un banco malo y del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria  (FROB) para inyectar dinero a la banca. Se limitó el sueldo de los directivos de las que recibieran dinero del FROB a 600.000 euros.  

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