Casi octogenario y enfermo: Bouteflika vuelve a ganar las elecciones en Argelia
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se impone por cuarta vez consecutiva

Casi octogenario y enfermo: Bouteflika vuelve a ganar las elecciones en Argelia

Bouteflika, de 77 años y en el poder desde 1999, se impuso por cuarta vez consecutiva, en las elecciones presidenciales argelinas con un 81,53% de los votos

placeholder Foto: El presidente argelino y candidato a la reelección, Abdelaziz Bouteflika (c), vota en silla de ruedas en el colegio electoral Sheij Bachir (Efe)
El presidente argelino y candidato a la reelección, Abdelaziz Bouteflika (c), vota en silla de ruedas en el colegio electoral Sheij Bachir (Efe)

El presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, de 77 años y en el poder desde 1999, se impuso hoy, por cuarta vez consecutiva, en las elecciones presidenciales argelinas con un 81,53%de los votos, anunció el ministro de Interior, Tayeb Belaiz.

Buteflika, convaleciente de un accidente cerebrovascular sufrido en abril de 2013, y que partía como el gran favorito por delante de el exprimer ministro Ali Benflis, no tendrá que concurrir a una segunda vuelta al haber logrado más de la mitad de los sufragios.Benflis ha quedado en segunda posición con un 12,18% de los votos, seguido de Abdelaziz Belaid, con el 3 %, y Luisa Hanun, la única mujer que concurrió a los comicios y que logró el 1,37% de los sufragios.Los otros dos aspirantes, Ali Fawzi Rebain y Musa Tuati, no alcanzaron si quiera el 1% de los apoyos.El índice de participación ascendió al 51,70%, catorce puntos por debajo del registrado en 2009, cuando se situó en el 75,91%.

Bouteflika quiere morir siendo presidente y ha decidido que, aunque estuviera en coma, se presentaría”, afirmaba tajante aEl ConfidencialDalila Taleb, exdiputada del FFS (Frente de Fuerzas Socialistas) y activista por las libertades en Argelia desde hace dos décadas. La salud de Abdelaziz Bouteflika ha sido el tema principal de la campaña electoral argelina. El año pasado estuvo internado en el hospital parisino de Val de Grâce durante tres meses después de sufrir un ictus. Es notorio su empeoramiento físico.

No haaparecido en un solo acto de la campaña, en la que le ha sustituido el ex primer ministro, Abdelmalek Sellal, que tuvo que dimitir para hacerse cargo de los mítines. De hecho, prácticamente las únicas palabras de Bouteflika en público las pronunció durante la visita del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, el sábado pasado; y con ellas aumentó la indignación entre los sectores más críticos de la sociedad argelina. Las cámaras de televisión recogieron una conversación con el ministro español en la que el septuagenario presidente comentó, refiriéndose al principal candidato opositor, Ali Benflis, que “había amenazado a los gobernadores y las autoridades” al advertir de que un posible fraude electoral sacaría a la gente a las calles.

“¿Es esto terrorismo vía televisión?”, preguntaba el presidente. Los periodistas presentes se percataron de que estaba utilizando unos microcascos durante la comparecencia para amplificar su hilo de voz. “Casi no podía hablar”, comentaba un periodista argelino aEl Confidencial.

Barakat nació a principios de marzo, cuando se anunció que Bouteflika volvería a presentarse, después de pasar 15 años en el poder. Es la gota que ha colmado el vaso

Benflis organizó el martes una rueda de prensa para defenderse de las acusaciones de Bouteflika, reafirmarse en su convicción de que la sombra del fraude planeaba sobre las urnas argelinas y acusar al presidente de “herir el honor del pueblo” por tratar asuntos internos del país con un extranjero.

En las condiciones físicas en las que se encuentra Bouteflika, en medio de las acusaciones por anticipado de posible fraude y, después de haber decidido concurrir a un cuarto mandato presidencial para mantenerse en el poder cinco años más, algunos partidos de la oposición, como los islamistas del Movimiento para la Sociedad y la Paz y Al Nahda, y los laicos Reagrupación por la Cultura y la Democracia, llamaron al boicot electoral. También se sumóel nuevo movimiento ciudadano Barakat (Basta), que no comulga ni con el gobierno ni con la oposición “porque son parte del mismo sistema”, explicaba a este diario Abdelghani Badi, uno de los portavoces del movimiento.

El miércoles Barakat convocó una concentración en el centro de Argel que fue disuelta de forma violenta por parte de la policía. Durante apenas cuatro minutos se sentaron en la acera de la calle Didouche Mourad portando banderas de Argelia y una pancarta en la que habían escrito “Ghardaia no ha visto el Atlético-Barça. Sistema=Dictadura. Transición democrática pacífica. Basta”. Los manifestantes, un grupo de intelectuales, escritores, abogados, médicos y estudiantes, hacían referencia a la misma reunión entre Margallo y Bouteflika en la que el presidente se interesaba por el partido de fútbol.

placeholder El principal candidato opositor Ali Benflis (Reuters)

“Es una humillación para los argelinos”, explica Badi. “En lugar de preocuparse por lo que sucede en Ghardaia, habla de fútbol”. Los enfrentamientos étnicos entre bereberes y árabes en esta zona del sur de Argelia, en el valle del Mozab, se han cobrado ya casi dos decenas de muertos desde el mes de diciembre.

Barakat nació a principios de marzo, cuando se anunció que Bouteflika volvería a presentarse, después de pasar 15 años en el poder. “Es la gota que ha colmado el vaso”, cuenta Badi, que reconoce que todavía no tienen un programa claro para el movimiento y que “pueden pasar años antes de conseguir algo porque la sociedad argelina tiene miedo. Quizás el cambio lo verán nuestros hijos, pero hay que plantar la semilla”.

Dalila Taleb también cree que el entorno de Bouteflika,Le Pouvoir, como se conoce al régimen de los hijos del FLN, militares y servicios secretos (DRS) “juegan la baza del miedo” de los argelinos a repetir su propia historia, teñida de sangre: la que causó 200.000 muertos en los años 90 durante una cruel guerra civil. “Bouteflika se vende como la estabilidad frente a nuestro pasado y frente a lo que está pasando en Libia o en Egipto. Quieren hacernos creer que, como trajo la paz, no habrá paz si no está él”, explicaba Taleb. “Y, además, está respaldado por la Unión Europea y los Estados Unidos. Si no fuera así, ¿por qué han venido a Argelia en plena campaña electoral John Kerry y José Manuel García Margallo?. Porque quieren proteger sus intereses económicos apoyando a los de siempre”.

Bouteflika se vende como la estabilidad frente a nuestro pasado y frente a lo que está pasando en Libia o en Egipto. Quieren hacernos creer que, como trajo la paz, no habrá paz si no está él, explica Taleb. Y, además, está respaldado por la Unión Europea y los Estados Unidos

El jefe de su campaña electoral, Chahib Seddik, reforzabaesta idea en una entrevista conEl Confidencial: “La continuidad es vital para el futuro de Argelia. Bouteflika fue ministro con 23 años, ha tenido todos los honores, se ha consagrado en el país y esto es importante para el imaginario colectivo. No se va a ir de la política hasta que consiga que el país vaya por el buen camino”. El buen camino pasa por intentar diversificar la economía del país, que depende casi por completo de sus enormes recursos de gas y petróleo cuyos beneficios, sin embargo, no llegan a una población mayoritariamente joven y desempleada. La tasa de paro entre la población joven alcanza el 25%.

En los últimos años, las acusaciones de corrupción en casos como el de la construcción de la autovía Este-Oeste, Khalifa y Sonatrach han salpicado al círculo más íntimo de Bouteflika, incluidos el ministro de Energía, varios cargos cercanos a la presidencia y a su propio hermano, Said, pero ni los escándalos, ni la débil oposición ni el imberbe movimiento ciudadano Barakat representan una amenaza para el régimen. Y lo saben: “Es bueno que haya voces discordantes como Barakat”, comenta Seddik. “Le hace bien a la democracia, y las acusaciones de la oposición son sólo cantos de sirena”, apuntaba, entre sonrisas.

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En la calle Ahmed Zabada, en el centro de Argel, Moufdi Khelal juega una partida de dominó con tres amigos debajo de los carteles electorales de los seis candidatos a las elecciones. “Sé que es más de lo mismo, pero de todos modos voy a votar a Bouteflika para que quede registrado que he votado”, cuenta Khelal, un jubilado de 69 años.

Hace una semana, Abdelkader Zoukh, el wali (gobernador) de la región de Argel advertía a sus electores: “Quien no vote, no es un ciudadano. Quien no vote, no tendrá derecho a vivienda”, afirmaba en una declaraciones recogidas en vídeo por el diario Le Matin, que le acusó de chantajear a la población que espera una vivienda, uno de los problemas más acuciantes de Argelia. Bouteflika ganó con el 85% de los votos las elecciones del 2004 y el porcentaje subió hasta 90% en 2009. En los resultados de no se esperabansorpresas ni parecían esperarlas sus cinco oponentes.

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