DECIDIDO A CUMPLIR EL DÉFICIT

Valls asesta un hachazo al Estado del bienestar para que Francia levante cabeza

Valls ha sacado el hacha. El primer ministro francés ha anunciado el plan de recortes del gasto público, cifrado por el presidente Hollande en 50.000 millones

Foto: El primer ministro francés, Manuel Valls (i), y el ministro de Finanzas, Michel Sapin, (EFE)
El primer ministro francés, Manuel Valls (i), y el ministro de Finanzas, Michel Sapin, (EFE)

Valls ha sacado el hacha. El nuevo primer ministro francés ha anunciado el plan de recortes del gasto público, cifrado por el presidente Hollande en 50.000 millones de euros.

Valls ha osado: se ha comprometido a recortar 10.000 millones en la sanidad pública y otros 11.000 en el generoso sistema de seguridad social. Los funcionarios verán su sueldo congelado durante los próximos tres años, lo que supondrá –con otras medidas de ahorro estatal– otros 18.000 millones. Las Administraciones territoriales (regiones, departamentos y municipios) se apuntarán también a los recortes con 11.000 millones.

En el sensible apartado de la sanidad, una de las joyas del Estado del bienestar francés, las medidas se aplicarán “sin que ello afecte a la atención y a la calidad”, según el jefe del Gobierno, que, como ejemplos, ha señalado el aumento de la cirugía ambulatoria (recibir el alta el mismo día de una operación no grave), una mayor racionalización de las recetas, y el uso generalizado de los medicamentos genéricos. Se acaban así las tres noches con sus tres días de ingreso en hospital por una leve pericarditis, el recurso indiscriminado a los tranquilizantes o la orgía farmacéutica. Al menos, se va a intentar.

Valls ha subrayado que no se va a disminuir el monto de las prestaciones sociales, pero que, “en el contexto especial que vivimos”, no se revalorizarán hasta finales de 2015. Las pensiones más modestas y los subsidios para las personas sin recursos no se tocarán.

El jefe del Ejecutivo ha recordado que el primer objetivo de estos ajustes es obtener financiación para el llamado 'pacto de responsabilidad', a través del cual los empresarios dejarán de pagar 30.000 millones de cotizaciones a cambio de generar empleo.

“Vivimos por encima de nuestras posibilidades”

Para muchos comentaristas, Francia da así un paso más hacia el realismo y toma por los cuernos un problema que viene postergando desde hace tres décadas. Manuel Valls ha reiterado que los franceses no pueden vivir por encima de sus posibilidades, ha recordado que el gasto público supone el 57% del PIB y que la deuda había pasado del 50% del PIB en 2002, al 90% en 2012.

Nada que los franceses no supieran ya, pero que muchos preferían ignorar metiendo la cabeza bajo tierra. Por supuesto, la izquierda del propio PSF ha puesto el grito en el cielo. También era previsible. Los enemigos izquierdistas dentro de su partido juzgan el método de Valls como inaceptable, pues se han enterado de las medidas por televisión. Valls sabe que, si quiere avanzar y frenar la sangría del gasto público, debe andarse con menos consideraciones de forma con ciertos sectores que, de todos modos, le insultarán haga lo que haga, con el recurrente adjetivo de “social-liberal”.

“Una auténtica catástrofe”

Tampoco es una exclusiva que las organizaciones sindicales continúen su juego de oposición. La CGT, a través de su secretario general, Thierry Lepaon, habla de “una auténtica catástrofe” y añade que “el Gobierno es duro con los débiles y débil con los duros”, (empresarios y ricos, se entiende).

El eterno debate planetario entre el rigor –o la austeridad– y aumento del gasto público no se va a frenar, y en Francia continuará engordando las tribunas de los diarios, pero parece que a Valls esto le trae sin cuidado. Como dijo el presidente Hollande cuando le nombró, “Valls ha sido elegido para que haga de Valls”. Y, además del contenido, (el anuncio de la congelación general del gasto público) ha supuesto una nueva forma de comunicar. Nada de portavoces; ha sido el propio premier quien ha anunciado todas las medidas. Nada de preguntas después de los anuncios. 

Aquellos que le tachan de sumisión “al dictado de Bruselas” (muchos en Francia), también han tenido su ración en el discurso. El plan de ahorro “no se hace por imposición europea, sino porque es la base de la credibilidad y de la confianza, porque es la base de nuestra soberanía”, ha dicho Valls.

Hay que recordar que Bruselas y Berlín no aguantan más dilaciones por parte de París en el cumplimiento del 3% del déficit para 2015. Valls ha prometido que se harán los deberes, a pesar de las presiones de algunos ministros dentro de su propio gobierno. Georges Soros habla del nuevo “hombre enfermo de Europa”, cuando se refiere a Francia. Berlín sigue soportando generosamente el endeudamiento francés. Hollande y Valls parecen haber comprendido que no se puede seguir  presumiendo de soberanía con zapatos de barro.

El jefe de los empresarios franceses, Pierre Gattaz, también ha sido este miércoles protagonista y le ha hecho un favor indirecto al Gobierno: indignó a medio país proponiendo un “salario mínimo intermedio”, casi la mitad del actual (1.400 euros al mes), para los jóvenes que obtienen su primer empleo. Valls ha podido desmarcarse desaprobando la iniciativa. En pocas otras cosas estará en desacuerdo con la patronal.

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