LA EXPERIENCIA DE LOS NEGOCIOS DE SIDNEY

Pequeños comerciantes contra Westfield, el gigante que busca la conquista del Vallès

Westfield Group, la empresa de Sídney que quiere abrir un macrocentro comercial en Cerdanyola del Vallès, encarna la viva imagen del sueño australiano

Foto: Clientes en una zapatería dentro del Centro Westfield San Francisco, en Estados Unidos. (Reuters)
Clientes en una zapatería dentro del Centro Westfield San Francisco, en Estados Unidos. (Reuters)

Westfield Group, la empresa de Sídney que quiere abrir un macrocentro comercial en Cerdanyola del Vallès, encarna la viva imagen del sueño australiano. El fundador de este gigante, Frank Lowy, es hoy la segunda persona más rica del país, pero su camino hasta el éxito no fue fácil: llegó a Australia en 1953 huyendo de los horrores de la II Guerra Mundial y tras un largo periplo desde su Eslovaquia natal.

Tras instalarse en el continente, Lowy abrió una pequeña tienda de ultramarinos en el barrio popular de Blacktown, en el oeste de Sídney. Poco después, el primer centro comercial Westfield abría sus puertas. Tenía doce tiendas, un supermercado, una pequeña tienda de ropa y 50 plazas de parking. Hoy, el mayor centro comercial de Westfield se encuentra en Bondi Junction, en el este de la ciudad. Sus 510 tiendas facturan más de 657 millones de euros al año. Mide 127.716 metros cuadrados, tiene 3.304 plazas de aparcamiento y recibe más de 21 millones de visitas al año.

El zapatero, relojero y cerrajero Falkingham’s es el último vestigio de los tiempos en que la calle Oxford concentraba la actividad vibrante de los barrios contiguos de Woolhara y Edgecliff. El negocio tiene 120 años y uno de sus trabajadores cuenta cómo las antiguas tiendas dieron paso a flamantes franquicias de yogur helado, sucursales de bancos y tiendas para surferosWestfield Group es una de las veinte empresas más grandes de Australia y vale más de 14.000 millones de euros en bolsa. El grupo cuenta con una cartera de inversiones de más de 46.000 millones de euros, repartidos en más de 90 centros comerciales en Australia, Estados Unidos, el Reino Unido y Nueva Zelanda. Pero, pese a su tamaño, la compañía sigue siendo un negocio familiar. Frank Lowy no dejó las riendas del grupo hasta 2010, tras cumplir los 80 años. Hoy, ejerce como presidente y dos de sus hijos, Steven y Peter, son los directores ejecutivos. El tercer hijo, David, se encarga de gestionar las inversiones de la familia.

Las armas de los pequeños comerciantes

La apuesta por adquirir un terreno de 120.000 metros cuadrados junto a Cerdanyola del Vallès se enmarca en la estrategia emprendida por el grupo para fortalecer su presencia internacional. El interés por cerrar la gran operación para erigir un complejo comercial y de ocio en los terrenos del Centro Direccional de Cerdanyola del Vallès ya ha sido comunicado a la propia Generalitat.

En diciembre, durante la presentación de resultados de 2013, Steven Lowy anunció ante los accionistas que la compañía establecerá una clara separación entre el negocio en Australia y Nueva Zelanda del resto del mundo. “El negocio internacional de Westfield y el de Australia y Nueva Zelanda han crecido en escala y en calidad hasta el punto de que pueden sostenerse por ellos mismos”, afirmó Lowy, que remarcó que ambas entidades por separado “darán más y mejores beneficios a largo plazo”.

Un cliente con bolsas en el Centro Westfield en San Francisco (Reuters).
Un cliente con bolsas en el Centro Westfield en San Francisco (Reuters).

La compañía se ha mostrado hermética respecto a los pormenores de la reestructuración y ha aclarado que dará más detalles sobre el plan en abril. Westfield también rechazó contestar las preguntas de El Confidencial sobre la compra del terreno junto a Cerdanyola del Vallès y la apertura de un macrocentro allí. “La política de la compañía es no hacer declaraciones sobre especulaciones de potenciales adquisiciones o transacciones”, indicó una portavoz del grupo.

El hecho es que los planes de Westfield en España han despertado la oposición de pequeños comerciantes y grandes superficies locales, que temen los efectos que pueda tener la irrupción del gigante australiano en el tejido comercial catalán. Sus temores no son infundados. La apertura del macrocentro de Bondi Junction en 2004 acabó con el 30% de los pequeños establecimientos de las calles aledañas.

El zapatero, relojero y cerrajero Falkingham’s es el último vestigio de los tiempos en que la calle Oxford concentraba la actividad vibrante de los barrios contiguos de Woolhara y Edgecliff de la capital. El negocio tiene 120 años y uno de sus trabajadores, Michael Oyta, cuenta cómo las antiguas tiendas fueron cerrando una a una y dieron paso a flamantes franquicias de yogur helado, sucursales de bancos y tiendas para surferos. “A la gente le gusta comprar en Westfield porque todo está en el mismo sitio; en invierno les ponen la calefacción y en verano el aire acondicionado”, reflexiona Oyta.

La llegada de Westfield a Bondi Junction disparó los precios del alquiler de locales comerciales en la zona. Quien no podía permitirse estar dentro del centro comercial optaba por las calles más próximas con la esperanza de captar una parte de la clientela del macrocomplejoAl Falkingham’s, un establecimiento abierto a la calle y sin aire acondicionado, llega el olor del restaurante tailandés de la esquina y las risas de un grupo de adolescentes orientales enganchadas al teléfono móvil. Oyta recuerda que “después de que Westfield abriera, nuestro negocio ha bajado en picado y nos hemos visto obligados a trabajar más duro y a subir los precios”. El negocio sobrevive ahora gracias a la fidelidad de sus clientes de toda la vida, que siguen acudiendo a Oyta para reparar relojes y zapatos.

…Y el precio de los alquileres se disparó

La llegada de Westfield a Bondi Junction disparó los precios del alquiler de locales comerciales en la zona. Quien no podía permitirse estar dentro del centro comercial optaba por las calles más próximas con la esperanza de captar una parte de la clientela del macrocomplejo.

Antonio Sergi regenta Dangerfield, una tienda de ropa en la calle Oxford. “Al principio abrimos un local dentro de Westfield, pero terminamos marchándonos porque el alquiler allí dentro es tres veces más alto que aquí”, explica. Sergi se muestra calmado ante las consecuencias que la apertura de un Westfield tiene sobre los negocios locales. Este treintañero de ascendencia italiana recuerda que los centros comerciales han dominado la escena durante décadas. Sin embargo, “existe un movimiento cada vez más fuerte de gente que quiere comprar cosas con carácter, que quiere conocer al dueño de la tienda y saber de dónde viene el producto”, afirma antes de añadir que “una franquicia en un centro comercial nunca te dará eso”.

En el interior del monolito del centro comercial Westfield en Boni Junction, Shelly confiesa que los últimos años no han sido fáciles. Regenta una franquicia de cosmética natural y accede a hablar a cambio de no hacer públicos ni su apellido ni el nombre de la cadena a la que representa. “Los últimos meses han sido los más duros, muchas tiendas a nuestro alrededor han cerrado porque los negocios no pueden pagar el alquiler”, explica. Además, la bajada del consumo tras la crisis financiera y el auge de las compras por internet han afectado las ventas en los grandes almacenes.

Shelly destaca que la mayoría de los clientes de su tienda son habituales. “Va bajando el número de personas que vienen al centro comercial a pasar la tarde, a curiosear”, afirma, antes de aclarar que “los clientes saben lo que quieren; vienen, lo compran y se van al cine o a tomar algo”.

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