EL FANTASMA DE LA SECESIÓN

¿A quién interesa la división de Ucrania?

Existe un gran desafío para la unidad de Ucrania, para su integridad territorial. Y el punto más caliente es Crimea, donde la población es fiel a Yanukóvich

Foto: Policías antidisturbios se arrodillan ante ciudadanos de Lviv para pedir perdón por la represión en las manifestaciones (Reuters).
Policías antidisturbios se arrodillan ante ciudadanos de Lviv para pedir perdón por la represión en las manifestaciones (Reuters).

Una relativa calma reina por fin en Kiev. Una especie de punto muerto entre los diversos grupos de oposición y los seguidores del derrocado Víktor Yanukóvich, sobre quien desde ayer pesa una orden de busca y captura por “asesinato masivo” y que podría estar escondido en la base de la Marina rusa de Sebastopol (Crimea), a la espera de abandonar Ucrania a bordo de un buque. Bajo esta paz artificial, se esconde la incertidumbre por lo que vendrá a continuación en un país al borde de la división territorial y del colapso económico. Mientras el fantasma de la secesión atemoriza a Ucrania y al resto de actores implicados (EEUU, Unión Europea y Rusia), todas las miradas se centran ahora en el este, especialmente en Crimea.

Policías ucranianos se arrodillan para pedir perdón

La clave está en la península, donde el pasado fin de semana el partido prorruso Russkii Blok recogía nombres de aspirantes a integrar milicias de “autodefensa” contra el poder emergente en Kiev. Y en la reacción de Rusia, cuyo primer ministro, Dimitri Medvédev, cuestionó ayer la legitimidad de las nuevas autoridades ucranianas y calificó de “aberración” el que otros países sí las hayan reconocido. Moscú ha llegado a acusar a los países europeos de encubrir un asalto al poder con métodos "terroristas". Medvédev, que tachó la revuelta contra Yanukóvich de “motín armado” y se niega a negociar con “rebeldes que llevan kalashnikovs”, advirtió que podría existir “una amenaza real a nuestros intereses, a la vida y salud de nuestros ciudadanos”. Dichos ciudadanos son, por ejemplo, los que ayer eligieron a mano alzada a un empresario ruso para ocupar la alcaldía de Sebastopol. Piden la anexión a Rusia. 

Existe un gran desafío para la unidad de Ucrania, para su integridad territorial. Y el punto más caliente es Crimea. La inmensa mayoría de los políticos ucranianos quiere un país unido. La idea de la partición es minoritaria y estúpida. Sin embargo, Crimea es diferente, explica Oleksiy MelnykUcrania es vital para Moscú. No sólo porque dominarla suponga controlar el tránsito del gas o porque el país albergue sectores estratégicos para Rusia, como el agrícola o el siderúrgico. Su interés radica principalmente en dos factores: la incorporación de Ucrania a su Unión Aduanera y, sobre todo, el control de la base militar de Sebastopol, sede de la flota rusa en el Mar Negro. La partición de Ucrania supondría el fracaso de la política neoimperial del Kremlin, que, en el peor de los casos, intentaría que Crimea acabase bajo su protección. La amenaza de secesión, no obstante, es real.

Existe un gran desafío para la unidad de Ucrania, para su integridad territorial. Y el punto más caliente no es todo el Este del país, sino la península de Crimea. La inmensa mayoría de los políticos ucranianos, casi cada alcalde de cada ciudad, no quiere una Ucrania dividida, quiere un país unido. Hay mucho consenso sobre este asunto. La idea de la partición del país es minoritaria y estúpida. Sin embargo, Crimea es diferente. Y, sobre todo, Sebastopol, donde un 70% de la población es rusa y el resto son ucranianos rusoparlantes”, explica a El Confidencial Oleksiy Melnyk, director del instituto sociológico Centro Razumkov, experto en Relaciones Internacionales.

Ucrania honra a sus héroes

Para Moscú, el gran quebradero de cabeza son los 14.000 soldados rusos y sus familias, a quienes se suman los oficiales retirados de la Armada, que residen en Sebastopol. Por ello, según Melnyk, “el gran desafío sería que Rusia intentase separar Sebastopol. El peligro de que Crimea se desprenda está sobredimensionado, es demasiado grande, sería demasiado peligroso para Rusia. También hay que tener en cuenta la presencia de 200.000 tártaros en la zona, que son los mayores nacionalistas ucranianos en la península. No pueden imaginar una Crimea bajo dominio ruso y ya han advertido que no aceptarán ningún movimiento separatista”.

Fuente del mapa: Wikimedia Commons.
Fuente del mapa: Wikimedia Commons.

La princesa del gas

Al abordar la temida división territorial de Ucrania, todos los analistas coinciden en un punto: los ucranianos no quieren integrarse en Rusia, su conciencia nacional es innegable. Pero Crimea es la excepción. El predominio de la población rusa, la omnipresente propaganda del Kremlin, su historia y la política del consulado ruso, que prácticamente regala pasaportes a la población local, la convierten en pieza clave. Tanto, que algunos opinan que, si hubiera secesión, Moscú intervendría de forma indirecta para mantener la península bajo su órbita.

La llamada Princesa del gas, que luego se pasó a la política, tiene muy buenas relaciones con empresarios estadounidenses del sector energético. La apuesta americana era claramente Timoshenko. Como Ucrania es vía de transito de los gasoductos, controlar Ucrania es controlar el paso de la energía“A Rusia no le interesa una Ucrania dividida, le interesa controlar el país a nivel comercial, pero no fragmentarlo. Si no quedase otra opción, Moscú apoyaría un movimiento secesionista en Crimea, porque es su única salida al Mar Negro a través del puerto de Sebastopol. O mantiene el país unido o intenta controlar la zona rusa”, explica Ruth Ferrero-Turrión, del Instituto Complutense de Estudios Internacionales.

No obstante, una posible división "no le interesa a nadie, no sería una partición pacífica. Rusia se ha encontrado con el papel de que son los únicos que defienden al Este, son su único aliado. Allí la crisis se ve como una limpieza étnica de los que hablan ruso. Pero Moscú no puede intervenir directamente, lo haría de forma indirecta (...) Un enfrentamiento de baja intensidad y largo en el tiempo no se puede descartar", apunta Javier Morales, experto en política de seguridad y defensa de Rusia y profesor de la Universidad Europea.

¿Y qué hay de los otros dos grandes actores en la crisis? Para Ferrero-Turrión, Estados Unidos es uno de los ganadores de la revolución ucraniana, porque Washington ha logrado su objetivo: aupar a Yulia Timoshenko al poder (a través de su mano derecha y vicesecretario del partido Patria, Alexander Turchinov). “La llamada Princesa del gas, que luego se pasó a la política, tiene muy buenas relaciones con empresarios estadounidenses del sector energético. La apuesta americana era claramente Timoshenko. Como Ucrania es vía de transito de los gasoductos, controlar Ucrania es controlar el paso de la energía. Es algo vital para EEUU”, opina.

Activistas prorusos forman cola para alistarse a las autodefensas en Simferopol, Crimea (Reuters).
Activistas prorusos forman cola para alistarse a las autodefensas en Simferopol, Crimea (Reuters).

Bruselas y Washington pierden el control

Tras la repentina caída de Yanukóvich, fue la Rada Suprema quien tomó el control del timón del país.El Parlamento reaccionó con rapidez para cubrir el vacío de poder en Kiev y nombró presidente interino al gran aliado de la exprimera ministra Yulia Tymoshenko, a quien había ordenado liberar de prisión el pasado sábado. La esperanza de la nueva Ucrania llegó incluso a los mercados bursátiles. El nuevo presidente, Turchinov, pidió a los parlamentarios que el jueves se pongan de acuerdo en el nombramiento de un Gobierno de unidad nacional. Pero las antiguas divisiones han llegado a convertirse en peleas. La oposición de Yanukóvich no forman un frente unificado, aunque sí ha acordado adelantar las elecciones al próximo 25 de mayo. Preocupa en Kiev el arrojo de la ultraderecha, fascistas armados que han dirigido los combates callejeros, que podría tumbar cualquier negociación. Ayer, radicales ultranacionalistas miembros del Sector de Derechas llegaron a amenazar con asaltar la Rada en la capital. No obstante, "los ultranacionalistas no apoyan a ningún partido (de la oposición), es difícil que puedan recurrir al enfrentamiento entre regiones", explica Morales.   

Lo que ha quedado patente es que la rápida sucesión de acontecimientos ha dejado a EEUU, la UE y Rusia fuera de juego. "Washington y Bruselas han perdido el control de la situación, porque el acuerdo que respaldaron (tras la caída de Yanukóvich) no duró ni veinte minutos. Ni Rusia, ni EEUU, ni la UE pueden influir ya tanto sobre el terreno", opina Morales. El interés en la crisis ucraniana de Alemania y los países de su entorno, es, al igual que el de EEUU, energético. "Los países fronterizos con Ucrania necesitan mantener buenas relaciones ante un posible corte energético. Es algo que afecta a toda la cornisa Este de la UE, pero no a España, por ejemplo", añade Ferrero-Turrión. 

En una muestra de la división de la población de Crimea entre la cultura rusa y la ucraniana, la televisión local de Ketch, en el este de la península, mostraba estos días a una multitud arriando la bandera azul y amarilla de Ucrania frente al Ayuntamiento e izando la blanca, azul y roja rusa. Los choques Crimea y ciudades del Este entre los que apoyan al nuevo poder en Kiev y los que quieren seguir cerca de Moscú reavivan los temores al separatismo que hace una semana surgían en el Oeste, donde los nacionalistas ucranianos renegaron de Yanukóvich y proclamaron su autonomía.

La profunda división etno-nacional de Ucrania ha sido históricamente el germen de los diversos conflictos que han asolado el país. Está presente en el seno de la sociedad y el territorio ucraniano. En un estado de 46 millones de habitantes, de los que casi tres viven en Kiev, dos terceras partes de la población (alrededor del 77,6%) son ucranianos, una sexta parte son ucranianos rusoparlantes y otra sexta son rusos que viven, principalmente, en el este y sureste del país. No obstante, todos los analistas consultados por El Confidencial coinciden en señalar que el conflicto no es de naturaleza étnica, sino política. "No es un conflicto entre rusos y no rusos, es entre la mayoría de la sociedad y el régimen anterior. Hay muchos ucranianos que utilizan el idioma ruso en Kiev, incluso en Maidan (epicentro de las protestas), sobre todo entre los jóvenes. Tampoco es una lucha por la integración europea, sino contra la corrupción, a favor de la justicia", zanja Oleksiy Melnyk.

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