El cuarto poder, en la cama de Hollande
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LA SUMISIÓN DE LOS PERIODISTAS AL ELÍSEO

El cuarto poder, en la cama de Hollande

El 'affaire' de Hollande vuelve a poner de relieve la hipocresía de la prensa francesa y su sumisión al poder. Y la ley del silencio de la izquierda mediática

placeholder Foto: Hollande durante un acto en 2011 en el que coincidieron Ségoléne Royal, Trierweiler y Gayet (detrás de Hollande en tercera fila). (Reuters)
Hollande durante un acto en 2011 en el que coincidieron Ségoléne Royal, Trierweiler y Gayet (detrás de Hollande en tercera fila). (Reuters)

La prensa francesa sigue comiendo día a día, desde hace casi dos semanas, gracias a la exclusiva de Closer sobre el supuesto romance entre François Hollande y la actriz Julie Gayet. Programas de televisión y radio, semanarios, periódicos regionales y nacionales, prensa del corazón y prensa del supuesto cerebro compiten en la búsqueda de nuevos ángulos para calmar la sed de novedades de la ciudadanía sobre el folletín presidencial.

Es el momento también para algunos periodistas de subrayar la inmensa hipocresía de muchos de sus colegas, para quienes la relación sexual del presidente con Gayet era un asunto privado que había que respetar, sin ningún interés que justificase su publicación. Closer, la revista que consiguió la exclusiva y, por lo tanto, un éxito periodístico que ha llegado a todos los rincones del planeta, ha sido vilipendiada por muchos editócratas que suelen impartir lecciones de ética periodística desde sus tribunas y páginas, cada día con menor difusión.

La revista que consiguió la exclusiva ha sido vilipendiada por muchos editócratas que imparten lecciones de ética periodística desde sus tribunas y páginas, cada día con menor difusión. En un programa de Canal+, la presentadora acusó a su directora de ser culpable de la situación anímica de Trierweiler

Su directora, Laurence Pieau, ignorada en los primeros días del seísmo mediático-político, es poco a poco objeto de reportajes y entrevistas. Aunque, eso sí, en algunas ocasiones su presencia es requerida para ser juzgada por émulos periodísticos del estalinista fiscal Vychinski.

En un programa de Canal+, la cadena del boboísmo (burgueses-bohemios), la presentadora acusó a la directora de Closer de ser culpable de la situación anímica de Valérie Trierweiler, que el sábado abandonó el hospital tras pasar ocho días ingresada por una crisis de ansiedad. Pieau, por su parte, ha ido respondiendo con calma a las preguntas y a los ataques, afirmando simplemente que, como directora de una revista, debe buscar exclusivas y vender el producto.

Hollande en el mismo acto político. Gayet, a la izquierda en la tercera fila (Reuters).

Sumisión política de los periodistas

El redactor jefe del semanario L’Express, Renaud Revel, ha sido uno de los pocos en denunciar el silencio inicial aplicado al escándalo por ciertos medios franceses. En su blog Inmédias, Revel señala las razones de ciertas empresas periodísticas para volver la cabeza hacia otro lado cuando Closer hizo estallar la bomba. Por ejemplo, la cadena todo noticias BFMTV sabe que está bajo la vigilancia del Elíseo tras su cobertura del caso Leonarda, la joven kosovar expulsada de Francia con su familia.

BFMTV recogió en directo las reacciones de la chica gitana al discurso del presidente sobre su caso. La cadena, además, se juega la posibilidad de que el Gobierno conceda a una de sus rivales, LCI, la oportunidad de estar en la TNT, es decir, ser recibida gratis.

Otro caso es el de la televisión pública, que el día en que se destapó el affaire abrió sus informativos con otras noticias. France Télévisions está en pleno proceso de reestructuración, ha sido sometida a una cura de adelgazamiento y la ministra de Cultura arde en deseos de deshacerse del presidente del ente público

Otro caso curioso es el de la televisión pública francesa, France Télévisions, que el día en que se destapó el affaire abrió sus informativos con otras noticias. Además, el presentador del fin de semana, enfadado con unos paparazzi por haber sido fotografiado con una acompañante en público, se negaba siquiera a cubrir el caso. Pero todo tiene una explicación. France Télévisions está en pleno proceso de reestructuración, ha sido sometida a una cura de adelgazamiento y la ministra de Cultura arde en deseos de deshacerse del presidente del ente público. De ahí la discreción.

La sumisión al poder de los periodistas franceses, con algunas excepciones, ha sido denunciada desde hace tiempo incluso por colegas que han debido sufrir después el silencio impuesto por sus pares.

Una prensa subvencionada

La relación prensa-poder en Francia es ciertamente especial. Para empezar, los medios cuentan con importantes subvenciones del Estado: Le Monde, de centro-izquierda, más de 18 millones de euros al año; Le Figaro, de centro-derecha, 17; Libération, izquierda, casi 10. Las ayudas llegan también a los diarios con menor tirada, como el comunista L’Humanité, con casi 7millones al año, y el católico La Croix, con casi 10. Sin el maná del Estado, muchas publicaciones no podrían sobrevivir a la crisis.

Desde esta semana, asimismo, los diarios digitales han visto su IVA reducido del 20% al 2,1% para igualarse a sus competidores de papel. Los periodistas en Francia tienen, además, derecho a deducir más de 7.000 euros al año de su declaración de impuestos.

Son ayudas que pueden despertar envidia en otros países, pero los críticos del sistema subrayan el peligro de que el apoyo del Estado se traduzca en sumisión, miedo y servilismo al Gobierno del momento. Aunque, también hay que decirlo, entre los bandos ideológicos que dividen a los periodistas franceses, uno de ellos la izquierda, tiene cierta ventaja.

Hollande junto a Trierweiler en el mismo acto político (Reuters).La ‘omertà’ de la izquierda mediática

Medios de izquierda o centro-izquierda, como Le Nouvel Observateur, Libération o Le Monde, entre otros, han sido los adalides del supuesto respeto a la vida privada de políticos o personajes públicos como François Hollande. Pero no mantuvieron la misma actitud en su cobertura de los asuntos amorosos de Nicolás Sarkozy o las acrobacias jurídico-sexuales de Dominic Strauss-Kahn.

Nada extraño, pues son los propios informadores que han señalado en una encuesta que el 70% de ellos vota a la izquierda. Para el público en general, la percepción sobre la ideología de los periodistas es similar. Según un sondeo, los ciudadanos piensan que casi el 80% de los cronistas está situado a la izquierda o a la extrema izquierda.

La relación prensa-poder en Francia es ciertamente especial. Para empezar, los medios cuentan con importantes subvenciones del Estado. Las ayudas llegan también a los diarios con menor tirada, como el comunista 'L’Humanité', casi 7 millones al año, y el católico 'La Croix', con casi 10 millones. Sin el maná del Estado, muchas publicaciones no podrían sobrevivir a la crisis

La omertà (la ley del silencio) de la prensa francesa en general en el trato de la vida privada de los políticos llega a ser incluso patética. El corresponsal de Libération en Bruselas, Jean Quatremer, uno de los periodistas franceses mejor informados sobre asuntos europeos, vio cómo un artículo suyo en el que se recogían las sospechas sobre el comportamiento de DSK con las mujeres era censurado en la edición impresa de su propio periódico. Publicado en su blog, el asunto despertó la ira de muchos de sus compañeros dentro y fuera de su empresa y le valió una crucifixión pasajera. Poco después saltaba a la prensa norteamericana el escándalo laboral-sexual del entonces director general del FMI con su colega de trabajo, la húngara Piroska Nagy.

Sexo con el poder

Los periodistas franceses son acusados también de endogamia con la llamada clase política. Para los corresponsales extranjeros, especialmente para los anglosajones, resulta sorprendente que políticos y reporteros se tuteen y se llamen por su nombre. Por el contrario, a pocos colegas franceses les extraña que esa intimidad entre representantes públicos e informadores llegue hasta la cama.

No se ha hablado mucho durante estos días, pero el expresidente Sarkozy mantuvo un idilio con la periodista de Le Figaro, Anne Fulda, antes de casarse con Carla Bruni. Hollande y Valérie Trierweiler se conocieron en el roce diario cuando ella cubría la información política para Paris-Match.

Por eso, muchos franceses han aprovechado estos días para tuitearque el supuesto desprestigio de los políticos encubre en realidad el descrédito de muchos periodistas, que han olvidado que su trabajo es buscar las cosquillas al poder, no irse de vacaciones con él.

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