CADA AÑO SE ASIGNAN 200.000 PASAPORTES

Estos son los nuevos británicos

Cada año se asignan unos 200.000 pasaportes. La mayoría 'gana' la nacionalidad por puro pragmatismo. El 40% proviene de Asia y más de un 32% de África

Foto: Ibrahim Mogra, imán en la mezquita de Leicester, tras obtener la nacionalidad.
Ibrahim Mogra, imán en la mezquita de Leicester, tras obtener la nacionalidad.

Ibrahim Mogra es imán en la mezquita de Leicester. Viste con la túnica suelta tradicional. El turbante y la barba completan su atuendo. Es británico. Óscar, por su parte, siempre que puede se escapa con sus amigos para comer ajiaco y patacón mientras recuerdan su Colombia natal. También es británico. Margarita vive con un inglés, con el que está esperando su primer hijo, pero no descarta regresar a Venezuela tan pronto como la situación mejore. Es británica, al igual que Verma, que llegó a Londres con 28 años desde la India.

El debate sobre la inmigración está más candente que nunca en el Reino Unido. David Cameron quiere reducir el saldo migratorio actual de 182.000 personas a menos de 100.000 antes de las elecciones generales del próximo año. También se plantea pedir a Bruselas restricciones a la libertad de movimientos, una medida que cada vez es más aceptada en la oposición.

Cada año se asignan alrededor de 200.000 pasaportes. Más que por sentimiento patriótico, la mayoría reconoce que se preparó el examen de ciudadanía por puro pragmatismo. La primera ceremonia se celebró en 2004. El 40% de las personas que obtuvieron el diploma provenía de Asia y el 32% de África. Los porcentajes no han variado significativamente desde entoncesPero, mientras los políticos discuten cómo resolver un problema que, a su juicio, se ha ido de las manos, cada semana se celebran docenas de ceremonias en todo el país en las que, tras jurar fidelidad a la reina, los inmigrantes consiguen la nacionalidad. Cada año se asignan alrededor de 200.000 pasaportes. Más que por sentimiento patriótico, la mayoría reconoce que se preparó el examen de ciudadanía (que puede consultar aquí en español) por puro pragmatismo. La primera ceremonia se celebró en 2004 y estuvo presidida por el príncipe Carlos. El 40% de quienes obtuvieron el diploma provenía de Asia y el 32% de África. Los porcentajes no han variado significativamente desde entonces.

Señoras y señores, bienvenidos a la sociedad británica del Siglo XXI. El té de las cinco, las partidas de cricket, las carreras de Ascot, los cambios de guardia en el Palacio de Buckingham ya no son las únicas señas de identidad. Ahora también se lee el Corán en la mezquita, se visita el templo hindú, se baila salsa y vallenato en las fiestas y se comen arepas en la cena de Navidad.

La prueba irrefutable de este cambio es que la emblemática serie Coronation Street incorporará, por primera vez, a una familia musulmana en el reparto. Ambientada en una calle de una localidad ficticia, Weatherfield, en el norte de Inglaterra, se estrenó en 1960 en la televisión británica y se considera la serie diaria más larga del mundo aún en producción.

“No se trata de convertir Reino Unido en un país musulmán”

“No veo por qué no puedo sentirme británico y musulmán al mismo tiempo. Yo vivo aquí, he criado aquí mis hijos y aquí es donde pienso quedarme. Esta es mi casa”, explica Mogra. Aparte de su labor como imán, es miembro del Consejo Musulmán del Reino Unido, que trabaja por la integración y por normalizar cifras que pueden llegar a generar tensiones. Como las publicadas recientemente por la Oficina Nacional de Estadística, que recalcan que casi una décima parte de los bebés y niños pequeños en Inglaterra y Gales son musulmanes.

De hecho, el 12,4% de las personas que viven en la capital son seguidores del Islam. Mientras que la población de Londres en su totalidad se ha incrementado en la última década un 15%, la comunidad musulmana londinense ha crecido un 67%. “Las nuevas generaciones se sienten británicas. Han nacido aquí. No se trata de que Reino Unido vaya a convertirse en un país musulmán. Es un país que permite la práctica del Islam, lo que da confianza a la gran mayoría de los musulmanes”, especifica Mogra.

Tienes que saber su sistema político, sus costumbres y, por supuesto, el idioma. No entiendo cómo puede haber gente que lleve aquí años, no pronuncie ni una palabra en inglés y no salga de sus guetosDe padre indio, este imán llegó desde África a territorio británico con 18 años. Ahora tiene 48. Sus hijos llevan ropa occidental y son unos apasionados del fish and chips. Eso sí, apenas hablan gujarati. “Es ley de vida. Mi padre sabía hablarla y leerla, yo sólo sé hablarla y comprendo que mis hijos ya sólo la entiendan y que no la usen porque el inglés es su lengua, es la manera con la que se comunican con su entorno, en el que pueden expresar con respeto lo que quieran, algo que no pasa en mucho países musulmanes. La tolerancia y la diversidad que hay aquí es increíble”, señala.

Con respecto al debate migratorio no quita razón a los políticos. “Creo que no se pueden cerrar las fronteras, pero debe haber un cierto criterio de regulación. No apoyo que sólo se le permita la entrada a los que vengan con puesto de trabajo, pero sí creo que sería justo que, después de un tiempo prudencial, si no han conseguido empleo, no se les extienda la visa”, matiza.

“Hay gente que no sabe inglés, que no sale de su gueto”

Por su parte, Óscar Correa, de 37 años, considera que tendría que haber una regulación “más uniforme” que no discriminara a alguien simplemente por el hecho de no ser europeo. Contable de profesión y colombiano de corazón, llegó a Londres hace 11 años. Obtuvo el pasaporte el año pasado después pasar algunas pruebas. Como demostrar que tenía trabajo, que no había dependido de las ayudas sociales -los llamados benefits- y que había permanecido en el país legalmente. Sabía hablar inglés y conocía las respuestas a preguntas cómo qué evento importante ocurrió en Inglaterra en 1066, cuál es el nombre de una novela de Jane Austen o a qué edad empiezan los niños primaria en los colegios.

El colombiano Óscar Correa, de 37 años, tras superar el examen.
El colombiano Óscar Correa, de 37 años, tras superar el examen.

“Creo que es un examen necesario. Hay muchas preguntas que no te afectan a tu día a día, pero cuando te casas con alguien tienes que saber quién es, qué piensa. Y aquí ocurre lo mismo. Tienes que saber su sistema político, sus costumbres y, por supuesto, el idioma. No entiendo cómo puede haber gente que lleve aquí años, no pronuncie ni una palabra en inglés y no salga de sus guetos”, señala.

A la ceremonia -en la que se sintió “agradecido y honrado” por ser parte de una sociedad que tantas oportunidades le ha dado- fue acompañado de su mujer, una india que, a diferencia de lo que muchos creen, no consiguió de manera automática la nacionalidad. Podría tener derecho a la visa de cónyuge, esperar cinco años para conseguir el visado de permanencia y presentarse luego de inmediato al examen de ciudadanía (los que no son cónyuges deben esperar un año). Pero debido a que ella llegó también hace tiempo al país, por sí misma, puede ahora conseguir más rápido el pasaporte. Tiene pensado presentarse al examen dentro de dos años.

Quizá para entonces, la pareja ya haya tenido su primer hijo. “Este país nos permitirá criarlo en las tres culturas”, recalca. “No me veo volviendo a Colombia. Creo que allí ahora me costaría adaptarme. Estoy ya muy hecho a la vida y costumbres de aquí”, añade.

Al pedir trabajo en el supermercado le dijeron que en el área de producción eran todos polacos y consideraban que no se iba a integrar. Así que ni siquiera le dieron la oportunidadA pesar del color de su piel, Óscar asegura no haberse sentido discriminado. Verma, que es india, tampoco. Sí ha notado que el debate sobre la inmigración ha cobrado ahora más importancia. Entre otras cosas, por las presiones de los conservadores a Cameron ante la escalada del UKIP en los sondeos de intención de voto para las elecciones europeas de mayo. Pero las discusiones en Westminster no alteran su día a día. Llegó a Londres con 28 años y ahora con 34 ya tiene su pasaporte. Es británica. Y ni su religión -el hinduismo, la tercera más seguida en el país- ni el tono de su piel son ya extraños en su nuevo hogar.

Los británicos blancos ya son una minoría en Londres

Según el último censo de 2011, el número total de personas en Inglaterra y Gales que se describieron a sí mismos como cristianos se redujo en 4,1 millones, una disminución del 10%. El número de musulmanes aumentó en un 75%. Por otro lado, las cifras revelaron que, por primera vez, los británicos blancos son una minoría en Londres. Tan sólo hay 3,7 millones, comparados con los 4,3 millones de 2001. Constituyen el 44,9% de la población de la capital.

Es más, ahora son ellos los que, en ocasiones, tienen problemas a la hora de encontrar trabajo “por no encajar”. Ésta es la respuesta que le dieron al cuñado de Margarita Duarte, una venezolana -con pasaporte británico desde el año pasado- que hizo las maletas en 2005 y que está esperando un hijo que nacerá, se criará y vivirá en el Reino Unido.

Casi una décima parte de los bebés y niños pequeños en Inglaterra y Gales son musulmanes. De hecho, mientras que la población de Londres en su totalidad se ha incrementado en la última década un 15%, la comunidad musulmana ha crecido un 67%Es ingeniera y asegura no haber tenido problemas profesionales por venir de fuera. En su oficina hay turcos, griegos, franceses y alemanes. Sin embargo, el debate sobre la inmigración ha ocupado muchas veces las sobremesas de su casa. Curiosamente, no por su situación, sino por la de su cuñado. “Al pedir trabajo en el supermercado le dijeron que en el área de producción eran todos polacos y consideraban que no se iba a integrar. Así que ni siquiera le dieron la oportunidad”, señala. “Es por esto que yo el debate lo veo desde los dos puntos de vista. No estoy de acuerdo que a gente válida que puede aportar a la economía se le cierren las puertas, pero tampoco comparto que sean los propios británicos los que se vean afectados en otros sectores”, añade. Los expertos advierten que la rivalidad para conseguir trabajos menos cualificados se incrementará en los próximos meses, ya que desde el uno de enero no hay restricciones para que rumanos y búlgaros accedan al mercado laboral.

Cuando el diputado tory Enoch Powell hizo su famoso discurso antimigratorio en 1968, el primer ministro, Edward Heath, lo apartó del Gobierno. En aquella época, cualquier crítica era considerada racista. Ahora, son los propios líderes políticos los que insisten en poner el debate diariamente encima de la mesa para ganar votos. También los ciudadanos: el 60% de aquellos que pertenecen a una primera y segunda generación de inmigrantes pide que haya restricciones. 

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