Las batallas perdidas de la UE en el Este
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LA CRISIS MERMA LA INFLUENCIA ANTE RUSIA

Las batallas perdidas de la UE en el Este

¿Está la UE perdiendo relevancia en sus fronteras orientales? De la crisis de Ucrania a la inestabilidad en el Cáucaso, experimenta una serie de dificultades

placeholder Foto: Un manifestante cubierto por una bandera ucraniana protesta en la Plaza de la Independencia, en Kiev (Reuters).
Un manifestante cubierto por una bandera ucraniana protesta en la Plaza de la Independencia, en Kiev (Reuters).

¿Está la Unión Europea perdiendo relevancia en sus fronteras orientales? De la crisis de Ucrania a la inestabilidad política en el Cáucaso, pasando por el languideciente proceso de adhesión de Turquía, la UE experimenta toda una serie de dificultades que cuestionan la potencia del soft power europeo en su flanco derecho. “Se debe sobre todo a la crisis económica. Cuando se pierde potencia económica, también se pierde capacidad de influencia”, explica a El Confidencial el profesor Yalim Eralp, antiguo embajador turco en Bruselas, Washington y otros países, y en la actualidad analista del Centro de Tendencias Políticas Globales de Estambul (GPOT).

En Ucrania, el rechazo por parte del Gobierno a firmar un acuerdo de libre comercio con la UE ha lanzado a miles de personas a las calles, que ahora piden la dimisión del presidente. “Ucrania, debido a sus condiciones geopolíticas, siempre ha estado tratando de equilibrar su posición entre los dos principales centros de política regional, la UE y la Federación Rusa. Ahora se está enfrentando de nuevo a una situación difícil, que sin embargo era predecible dadas las experiencias históricas”, comenta a este diario la ucraniana Alla Hurska, analista del Centro Internacional de Estudios Políticos de Kiev.

Con un rápido crecimiento económico, y un resurgimiento de sus ambiciones imperiales, y la realpolitik como el modelo de comportamiento que rige la toma de decisiones del Kremlin, el espacio postsoviético se ha convertido en un campo de batalla por la influencia entre la UE y la Federación Rusa

“Dado que la UE rara vez habla con una sola voz, y su política hacia la Federación Rusa está fragmentada en un acercamiento individual de cada estado, que un solo país pueda conducir a un choque con Rusia por Ucrania no suena plausible. Por otra parte, no debería excluirse la posibilidad de negociaciones trilaterales entre Ucrania, Rusia y la Unión Europea”, comenta Hurska. Para esta analista, los posibles resultados de la crisis actual son tres: que el presidente Víktor Yanukóvich se mantenga en su postura de “esperar y ver”, para evitar el desgaste y tratar de ser reelegido en las elecciones presidenciales de 2015; que disuelva el Ejecutivo para ganar tiempo; o, más improbable, que recurra a la violencia contra los manifestantes, algo improbable a no ser que las acciones de estos ganen asimismo en agresividad.

“Tal y como Euromaydan (la Plaza de la Independencia de Kiev, rebautizada así por los manifestantes tras su ocupación) ha mostrado, unas relaciones cordiales potenciales con la UE son todavía vistas por muchos ucranianos como una vía hacia una Ucrania próspera, democrática y verdaderamente independiente”, dice Hurska. “Sin embargo, se puede argumentar que, en caso de una falta de medidas decisivas por parte de la UE, el resultado final podría ser similar al de la Revolución Naranja, cuando, tras ser abandonados solos frente a frente con Rusia, la mayoría de los ucranianos optaron por Yanukóvich como respuesta a la política inefectiva conducida por el expresidente Víctor Yuschenko. Por lo tanto, para que muchos ucranianos no pierdan la fe en la UE, se requiere apoyo institucional y financiero”, dice.

Estos son los frentes de batalla

Ucrania no es sino uno de los múltiples teatros en los que la UE rivaliza con Rusia. “Con un rápido crecimiento económico, un resurgimiento de sus ambiciones imperiales y la realpolitik como el modelo de comportamiento que rige el proceso de toma de decisiones del Kremlin, el espacio postsoviético se ha convertido en un campo de batalla por la influencia entre la Unión Europea y la Federación Rusa. Entre los países más importantes por los que se lucha yo distinguiría los siguientes: Moldavia, Georgia, Ucrania y Serbia, entre los estados balcánicos”, afirma el analista polaco Sergey Suhankin.

Georgia es tal vez el más susceptible al dominio y las amenazas de Rusia, por la débil posición económica del país, la gran dependencia de ingresos de sus trabajadores emigrantes en Rusia, la oposición interna pro-rusa a la elite gobernante, y las dificultades relacionadas con la situación de (las regiones separatistas de) Abjasia y Osetia del Sur”, comenta a El Confidencial. En cambio, “Serbia va a seguir con una política exterior orientada a la UE, pero existe una dependencia respecto a Rusia, tanto en términos de seguridad energética como tomando en cuenta un fuerte sentimiento pro-ruso, y la falta de asistencia institucional y financiera por parte de la UE, si llegara a convertirse en una realidad, podrían erosionar la influencia europea sobre los esfuerzos de Belgrado”, dice.

La orientación de Moldavia es similar, también proeuropea, aunque Rusia ha tratado de influir en el país a través de sanciones económicas y del estatus de la región separatista de Transnistria. Una forma de castigar a un díscolo Gobierno moldavo podría ser a través de las sanciones a los numerosos trabajadores moldavos en Rusia, aunque Suhankin no cree que vaya a ocurrir, puesto que eso requeriría recurrir a inmigrantes de Asia Central, lo que provocaría nuevas tensiones.

El presidente ruso Vladimir Putin durante una visita a Armenia (Efe).

Turquía: la puerta vuelve a abrirse

¿Y Turquía? El cacareado proceso de adhesión, prácticamente moribundo en los últimos años, parece haberse visto revitalizado en los últimos meses con la apertura de un nuevo capítulo de la negociación, y con un cambio de tono por parte de los líderes europeos, especialmente los de Francia. Ayer, el Ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, anunció que la UE eliminará los visados para los ciudadanos turcos en un plazo de tres años y medio. La negociación ha durado más de dos años, y se ha logrado sólo después de que Turquía aceptase a cambio firmar un acuerdo de readmisión de inmigrantes que penetren en suelo europeo a través de territorio turco.

En su reciente visita a Moscú, Erdogan pidió al presidente Putin que trabaje para que Turquía sea admitida en la OCS y que allane el camino para que Turquía se libre de la inconveniencia de la UE

Sin embargo, el interés turco por la UE es cada vez menor: apenas un 44% de los ciudadanos considera laentrada en la Unión Europea como algo positivo, frente a un 48% el año pasado, y un sorprendente 73% en 2004, de acuerdo con una encuesta financiada por el German Marshall Fund y publicada en septiembre. Un 38% considera que Turquía debería actuar de forma totalmente independiente, mientras que un 21% opina que debe cooperar con la UE en temas internacionales, y sólo un 39% considera esencial a la OTAN.

“En gran medida, Turquía sigue considerando a la Unión Europea como una opción, aunque la gente está enfadada porque nos ha hecho la vida más difícil. Pero la UE sigue siendo un centro de atracción para los turcos”, explica el exembajador Eralp. “A través de nuestra historia, la construcción de nuestra democracia se ha basado en el modelo europeo. Uno no ve mucha esperanza democrática en nuestros vecinos del Este”, señala.

La eliminación de visados para los turcos “es tal vez una posibilidad real, porque Turquía se ha vuelto más rica. Ahora hay europeos que vienen a trabajar aquí, especialmente desde Grecia. Una vez que esto se establezca, ya no habrá turcos entrando en Europa ilegalmente”, asegura Eralp.

¿Una alternativa a la OTAN?

Sin embargo, algunas tensiones persisten. El martes, varios miembros del Parlamento Europeo calificaron al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, de “irresponsable” por su propuesta de meter a Turquía en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el organismo fundado por China y Rusia como alternativa a la OTAN. En su reciente visita a Moscú, Erdogan pidió al presidente Vladimir Putin que trabaje para que Turquía sea admitida en la OCS y “allane el camino para que Turquía se libre de la inconveniencia de la Unión Europea”. A su regreso a Ankara, el primer ministro turco dejó claro que la cosa iba en serio.

La mayoría de los expertos coinciden en que esta iniciativa provocará más de un quebradero de cabeza. “No creo que sea viable. Es un organismo totalmente diferente”, dice Eralp, quien, no obstante, matiza que no puede ponerse en el lugar del primer ministro turco a la hora de explicar los motivos por los que Erdogan insiste en seguir adelante. El exembajador tampoco cree que Rusia pueda convertirse en una alternativa para Turquía. “Es muy difícil, porque Turquía es un miembro de la OTAN que continúa siendo muy importante”, indica. “Eso no significa que no vaya a haber cooperación con Rusia, pero no hasta el punto de convertirse en una relación estratégica”, asegura.

Manifestantes en la Plaza de la Independencia de Kiev (Reuters).

Creciente interés por el Cáucaso

Además, la Unión Europea ha mostrado un creciente interés en la región del Cáucaso, azotada por la inestabilidad. La creciente explotación de las reservas energéticas de Azerbaiyán han convertido a este país en el nuevo socio energético privilegiado de la UE, a pesar de su pobre expediente de derechos humanos y garantías democráticas. Del mismo modo, Bakú ha utilizado gran parte de las divisas generadas por estos recursos para rearmarse de cara a un posible conflicto bélico con la vecina Armenia, que ocupa un 20% de su territorio (si se incluye la región de Nagorno-Karabaj, por la que ambos países libraron una sangrienta guerra en los años 90). En cambio, Armenia, y cada vez más Georgia, parecen ser crecientemente susceptibles a los dictados rusos.

La creciente explotación de las reservas energéticas de Azerbaiyán ha convertido a este país en el nuevo socio energético privilegiado de la UE, a pesar de su pobre expediente de derechos humanos y garantías democráticas

“Tal y como han mostrado los sucesos de la guerra ruso-georgiana (de 2008), la UE no está lista para enfrentarse a Rusia en asuntos regionales, lo que permite a esta actuar libremente y sin miedo a encontrar ningún acto de contrapeso. Por lo tanto, Rusia podría llevar a cabo acciones provocadoras y descongelar conflictos actualmente congelados, para hacer a Georgia más dócil y dispuesta a aceptar la posición rusa”, indica Suhankin. Este analista, sin embargo, no cree que una nueva guerra armenio-azerí vaya a tener lugar. “Otro conflicto potencial entre Armenia y Azerbaiyán es improbable que vaya a escalar en un futuro próximo, debido sobre todo al hecho de que Azerbaiyán está muy motivado a cooperar con Turquía, mientras que Armenia ha expresado su voluntad de hacerlo con Rusia. Y dada la creciente cooperación entre Turquía y Rusia, ambos estados se inclinarán por mantenerse fuera del conflicto”, comenta.

De modo que la recuperación de la influencia pasa por la mejora de los indicadores económicos de la UE. Al fin y al cabo, señala el profesor Eralp, “los eventos de Ucrania muestran que Europa todavía es un polo de atracción para muchos”.

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