El nuevo Bloomberg: progresista, exsandinista y marido de una lesbiana
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BILL DE BLASIO ES PURO NUEVA YORK

El nuevo Bloomberg: progresista, exsandinista y marido de una lesbiana

Para introducirse en la política en Estados Unidos no es suficiente con presentar un buen programa y tener don de gentes: se requiere un gran carisma

placeholder Foto: El candidato a la alcaldía de Nueva York, Bill de Blasio, interviene durante un mitin a favor de la reforma migratoria. (Reuters)
El candidato a la alcaldía de Nueva York, Bill de Blasio, interviene durante un mitin a favor de la reforma migratoria. (Reuters)

Para ser un auténtico neoyorquino no basta con vivir en la ciudad: hace falta ser cool, “molar”. Para introducirse en la política en Estados Unidos no es suficiente con presentar un buen programa y tener don de gentes: se requiere un gran carisma. Bill de Blasio, muy probablemente el próximo alcalde de la capital financiera del mundo, donde hoy se celebran elecciones, reúne todos esos requisitos. Es, lo que se dice, un auténtico animal político neoyorkino.

Por su aspecto, De Blasio no se distingue demasiado del resto de burócratas blancos que dirigen la ciudad. Alto y desgarbado, luce una sonrisa permanente ante las cámaras. Pero, dentro de esa normalidad, es una bomba mediática, en parte gracias a la historia de su familia, más que moderna, inclasificable.

Su mujer es Chirlane McCray, una conocida activista y poeta negra que años atrás se reconocía como lesbiana. En 1975 se enroló en el Combahee River Collective, un grupo de feministas radicales afroamericanas. Unos años después, escribió su ya famoso artículo "Soy Lesbiana": “No había mujeres de color en el movimiento entonces, y me dije: Si no lo hago yo, nadie lo hará”. “Al conocer a Bill (en 1991), simplemente dejé a un lado las asunciones que había hecho sobre la forma y el empaquetamiento en el que llegaría el amor a mi vida”, aseguró recientemente McCray al diario NY Daily News.

Simpatizaba con los sandinistas y militó en Nueva York en una red de apoyo al grupo marxista. Por entonces, él era un joven radical de izquierdas contra Reagan

Los dos hijos de la pareja, que participan activamente en la campaña del padre, encajan a la perfección con el carácter multiétnico de la ciudad. El pequeño, Dante, se ha hecho famoso por su pelo afro cardado, que se eleva dos palmos sobre su cabeza como una esponja oscura. La mayor, Chiara, es una belleza exótica con dotes de oratoria heredadas de su madre y suele arrancar los primeros aplausos del público en los mítines. En realidad, los discursos de De Blasio son de toda la familia.

Los De Blasio y el epítome progresista

Estos datos que podrían parecer anecdóticos son claves en un país en el que se vota con el corazón tanto como con la cabeza y la cartera, y esenciales en una ciudad que se distingue por su extravagancia vital. En ese sentido, los De Blasio son el epítome progresista de una ciudad como Nueva York, de mayoría demócrata.

Bill nació en Manhattan hace 52 años, lo que le convierte en uno de los pocos neoyorquinos originarios de la isla. Su padre combatió en el Pacífico durante la II Guerra Mundial. Al regresar, se dio a la bebida. Después vino el divorcio, cuando Bill tenía ocho años, y el suicidio, en 1979, al no poder aguantar el sufrimiento del cáncer de pulmón que lo había invadido.

Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Columbia, Bill De Blasio comenzó a trabajar en una ONG de ayuda a Nicaragua, país al que llegó a viajar para repartir comida y alimentos. Simpatizaba con los sandinistas y militó en Nueva York en una red de apoyo al grupo marxista que tomó el poder en el país en 1979. Por entonces, él era un joven radical de izquierdas contra Reagan, y para el Reagan del Irán-Contra, los sandinistas eran anatema.

El candidato demócrata saluda junto a su esposa en un desfile de Halloween (Reuters)

En la alta política, De Blasio se inició hace 16 años, dentro de la Administración de Bill Clinton como jefe del departamento de vivienda de la zona del tri-state (Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut). Luego saltó a concejal de la ciudad en 2001. Desde 2008 y hasta hoy era el defensor del pueblo de Nueva York.

Wall Street, con los pelos de punta

De Blasio ha hecho campaña atacando el Nueva York irreal que ha creado Michael Bloomberg: una ciudad donde se come sano, se hace ejercicio y que se congratula de ser la más segura de Estados Unidos, pero en la que casi la mitad de sus habitantes es pobre o roza el límite de la pobreza federal (30.940 dólares, unos 16.400 euros al año para una familia de cuatro).

El demócrata quiere elevar el impuesto sobre la renta del 3,9% al 4,4% a aquellos que ganen más de medio millón de dólares al año, algo que pone los pelos de punta en las zonas nobles del Upper East Side y en determinados despachos de Wall Street. Con ello, asegura, hará gratuita y universal la educación preescolar. Su oponente republicano, Joe Lhota se niega a elevar los impuestos, pero ha tenido que hacer un guiño a la izquierda asegurando que cree que se puede conseguir extender la educación preescolar sin meter la mano en los bolsillos de los neoyorquinos más ricos.

Quiere elevar el impuesto sobre la renta del 3,9% al 4,4% a aquellos que ganen más de medio millón de dólares, algo que pone los pelos de punta en determinados despachos de Wall Street

Sin embargo, mientras Lhota quiere mantener los subsidios para atraer empresas a la ciudad, elevando, eso sí, las exigencias y penalizando a las que no cumplan sus promesas, De Blasio asegura que esta financiación con dinero público del sector privado no está funcionando y los costes superan, a menudo, los beneficios.

Seguir con las políticas inmobiliarias de Bloomberg

Bill De Blasio no es exactamente un candidato antiempresa. Ha atraído dinero hasta de Silicon Valley, entre ellos del fundador del polémico Airbnb, la página web que permite alquilar casas y que está en el centro de las iras de las grandes cadenas hoteleras de la ciudad. El diario conservador Wall Street Journal ha criticado también que, mientras trata de dar una imagen populista de izquierdas, De Blasio continuará con muchas de las políticas inmobiliarias más controvertidas de Michael Bloomberg, como la gentrificación encubierta: recalificar suelo para levantar edificios de lujo en zonas deprimidas, lo que termina expulsando a los pobres de Manhattan.

Otras de las promesas de campaña claves de De Blasio ha sido la de crear un auditor federal para la policía neoyorquina, a la que se acusa de abusar del polémico stop and frisk, el cacheo arbitrario. Cada día en la ciudad se realizan miles de estas detenciones sin motivo ni orden judicial, normalmente a latinos y negros en los barrios más pobres de la ciudad. Sus defensores aseguran que gracias a medidas como esta Nueva York ha visto caer el índice de criminalidad desde los casi 2.500 asesinatos al año de 1990 o los 1.000 de 2001, hasta tan sólo 414 en 2012. Sus detractores rechazan la inconstitucionalidad del racial profiling, la detención por cuestión de raza, que creen que está detrás de esta política preventiva.

Nypd officer stands guard while runners make their way through the borough of manhattan during the new york city marathon

Pasión por dormir

Este lunes, en las últimas horas de campaña, De Blasio tuvo que bromear sobre lo que le ha costado levantarse pronto para ponerse en la calle a estrechar la mano del que pasaba. Su pasión por dormir y sus siestas han sido objeto de las sorna de su adversario: “Un alcalde puede recibir una llamada a las 3 de la mañana”, le espetó Lhota. Pero las críticas van mucho más allá del hecho de no ponerse en marcha al amanecer.

Para empezar, el también demócrata gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, le ha reprochado sus planes de subir impuestos a los ricos, advirtiéndole de que sería una ley “muerta antes de llegar” para su aprobación a la capital, Albany.

El radicalismo de su juventud, la alineación con las guerrillas marxistas de los sandinistas, es el pecado del que él no se arrepiente, aunque la prensa conservadora y sus contrincantes se han encargado de azuzarle por ese lado. De Blasio llegó incluso a violar la prohibición de viajar a Cuba para celebrar allí su luna de miel. En su día, dice, defendía el “socialismo democrático”, pero hoy se define a sí mismo como “progresista”. Admira el sistema socialdemócrata europeo.

Salvo enorme sorpresa, De Blasio, que partió casi como un desconocido en los inicios de la campaña electoral, se proclamará vencedor este martes, durante la madrugada española. Los sondeos están a su favor, con un 65% de intención de voto frente al 26% de su contrincante. Ha recibido el endorsement, el apoyo público del New York Times, entre otros medios. Será, en definitiva, el próximo alcalde de la ciudad. La Mansión Gracie tendrá por fin un nuevo ocupante. Esta residencia oficial ha estado vacante durante 12 años porque el multimillonario alcalde actual, Michael Bloomberg, no la consideraba de su agrado. Si todo sigue el guion previsto, en breve veremos a la carismática familia De Blasio mudarse temporalmente de su residencia en el Park Slope de Brooklyn al palacete del este de Manhattan.

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