LOS PRESUPUESTOS DEPENDEN DEL 'OBAMACARE'

Antes sin Gobierno que con una "sanidad socialista"

La reforma sanitaria de Obama, el llamado Obamacare, se ha convertido en el nuevo rehén del los congresistas republicanos en Estados Unidos

Foto: El presidente de Estados Unidos, Barack Obama. (Reuters)
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama. (Reuters)

La reforma sanitaria de Obama, el llamado Obamacare, se ha convertido en el nuevo 'rehén' del los congresistas republicanos. La Cámara Baja, donde son mayoría, amenaza con rechazar cualquier plan presupuestario que incluya una iniciativa con la que EEUU instauraría un esquema de seguro médico universal y obligatorio. Dicen estar dispuestos a que el Gobierno Federal se hunda por falta de fondos antes que a aceptar una "sanidad socialista". Y es que la cuestión sanitaria lleva tiempo elevando el tono de los debates, en la esfera política y a pie de calle. 

“Las empresas de seguros y las farmacéuticas llevan décadas 'violando' a los estadounidenses para obtener beneficios descomunales”. El que habla es Francesco Santoni, un cardiólogo neoyorquino, ante un grupo de colegas. Usa un lenguaje descarnado no porque se exprese de forma confidencial (hay decenas de personas en la conferencia), sino por la intensidad del debate. El tema de la sanidad le irrita, y mucho. No es el único. Minutos antes, un ejecutivo conservador le ha espetado a Robert Romasco, el presidente de la poderosa AARP, el lobby que representa los intereses de los jubilados: “Tú que representas a millones de personas mayores, ¿cómo te atreves a defender el plan de sanidad de Obama, que los va a perjudicar?”. Romasco toma aire y responde: “Déjame que te cuente algo personal. Mi esposa es una superviviente del cáncer de mama. Cuando se lo detectaron fue imposible conseguirle un seguro médico. Ninguno la aceptaba. Daba igual lo que se pagara”.

La sanidad es uno de los temas que más encienden a los estadounidenses en los últimos años. La Ley de Sanidad Asequible (popularmente conocida como Obamacare) ha reformado de forma tan substancial el panorama que, para evitar grandes impactos, ha tenido que implementarse por partes. Ya en vigor están algunas de sus provisiones más importantes. Por ejemplo, que las aseguradoras tienen prohibido rechazar a ningún paciente por tener condiciones preexistentes. A eso se refería el presidente de la AARP, y eso es lo que ha contentado más a sus defensores.

Otra directriz aplaudida es la de extender la posibilidad de permanencia de los hijos en el seguro de los padres hasta los 26 años, cuando antes era hasta los 19. Tres millones de jóvenes tienen seguro médico gracias a esta ley, en un momento en el que el desempleo en esta franja de edad roza el 17%.

Pero lo que levanta más suspicacias es que los ciudadanos tengan por obligación que comprar un seguro médico o pagar una multa, con la intención de compensar a las aseguradoras por los mayores gastos de cubrir a gente enferma. Esa norma entra en vigor el próximo 1 de enero y tiene al país dividido: el 53% de los encuestados cree que el plan es una “mala idea”, frente a un 42% que lo considera positivo, según la última encuesta de Pew Research Center. “Lo que ocurre es que los que están en contra se han gastado 500 millones en su campaña contra el Obamacare, frente a los 50 millones de los que están a favor”, matiza Romasco. “Sólo hay que seguir el camino del dinero”. 

Algunos empresarios están preocupados por los costes que puede suponer la nueva ley. La derecha mediática la desprecia porque considera que es una “socialización” del sistema de sanidad eminentemente privado del país. “El Obamacare  es un asalto del gobierno federal del sistema de salud del país, lo que incluye a los médicos, las clínicas, los hospitales y los seguros”, asegura a El Confidencial Twila Base, presidente de Ciudadanos Unidos por la Libertad Sanitaria (CCHF en sus siglas en inglés). 

Más allá de batallas ideológicas, lo cierto es que los analistas aún dudan de la viabilidad del sistema. Depende sobremanera de que mucha gente que no tiene seguro lo compre. Las aseguradoras (Unitedhealth, Blue Cross, Aetna, Wellpoint, Kaiser, entre otras) ya no pueden rechazar a los pacientes 'caros'. Se espera que estos millones nuevos de clientes compensen esa pérdida de beneficios, y así no repercutan el coste extra en los asegurados ya existentes. En el mejor de los casos frenaría incluso el alza constante en el precio de los seguros, que se ha duplicado en la última década.

¿Quiénes son el grupo más interesante? Las decenas de millones de 'jóvenes invencibles'. Así es como se conoce en la industria de la salud a las personas sanas de entre 18 y 34 años, que en principio no necesitan tratamiento. ¿Para qué gastarse de antemano un dinero, que además escasea, en un producto que probablemente no se vaya a necesitar? El resultado es que hay casi 20 millones de jóvenes de esa edad sin seguro médico. La cuenta que hacen es más o menos la siguiente:

Comprar un seguro por cuenta propia equivalente al de la sanidad pública española cuesta del orden de unos 1.500 dólares al mes. Con ello, un joven no fumador de 25 años, que viva en Nueva York (la ciudad más cara del país), tendría cubiertas todas las enfermedades y operaciones, las medicinas, y nunca pagaría de su bolsillo más de 1.500 dólares anuales. Un seguro mucho más básico que no incluye médico de cabecera ni especialistas, y con copagos importantes, costará alrededor de 200 dólares al mes. Así que el joven pagará al año entre 2.500 y 18.000 dólares de seguro. Al final, en los 16 años de su juventud la cuenta ascendería a entre 40.000 y 290.000 dólares. ¿Merece la pena? Muchos creen que no; otros, directamente carecen de ese dinero.

El plan de Obama es, por un lado 'forzar' a estos jóvenes invencibles a que adquieran un seguro médico: o se lo compran, o pagan un impuesto. Es, disfrazado, el mismo método con el que se pagan las costosas enfermedades de los más mayores en la sanidad pública europea: son los jóvenes los que las financian.

El problema es que la penalización fiscal es baja. En 2014, la multa mínima será de 95 dólares al año o el 1% del sueldo, y de un mínimo de 695 dólares en 2016. Con los precios habituales de los seguros médicos, el incentivo para pagar la multa en vez de comprar una póliza es alto. Había que bajar los precios de los seguros.

Para ello se ha creado un nuevo sistema de subvenciones y desgravaciones fiscales. Además, cada Estado tiene que tener ya en marcha, a partir del 1 de octubre, los llamados Mercados de Seguros Médicos virtuales: páginas web en la que aparecen decenas de seguros diferentes, con lo que es fácil comparar los precios. Es, además, una ventanilla única donde se solicitan las subvenciones y se calculan desgravaciones fiscales que hacen más accesible la cobertura. 

La página web del Mercado de Seguros Médicos de Nueva York (New York State Health), por ejemplo, permite que tanto los individuos como las pequeñas empresas comparen y compren seguros y pidan subvenciones. Se pregunta por los ingresos, el lugar de residencia, el número de personas en la familia o empresa por asegurar, y si se quiere un seguro Platino, Oro, Plata, Bronce o Catástrofes. Si los ingresos están por debajo de cuatro veces el límite oficial de la pobreza, es decir, si se gana menos de 45.960 dólares (40.000 euros) por persona, o 94.200 dólares (70.000 euros) por familia de cuatro, hay descuentos disponibles. Si uno es pobre (menos de 23.550 dólares, 17.400 euros anuales para familia de cuatro) o está cerca del umbral de la pobreza, puede acceder al seguro público Medicaid: se va a un hospital privado, y el Estado paga la factura.

“Muchos dicen que Obamacare necesita de los adultos jóvenes para funcionar y tener éxito”, explica a El Confidencial Coleen Seeberger la asociación Young Invincibles (Jóvenes Invencibles), una ONG con sede en Washington que trata de educar y movilizar a los jóvenes en temas de salud, empleo y educación. “Lo que sabemos es que hasta 17 millones de jóvenes de entre 18 y 34 años podrán recibir créditos tributarios en forma de subsidios o cobertura gratis”.

Pero, ¿y si no se deciden a comprar? ¿No terminarán repercutiendo las aseguradoras el precio de estar obligadas a cubrir enfermedades largas y costosas en los seguros del resto? “El gobierno está dirigiéndose a los jóvenes para que compren seguros en las Bolsas, pero yo creo que los precios elevados les van a desincentivar” opina Twila Brase, de CCHF. “Cuando vean el coste de la cobertura, y lo que tienen que pagar de sus bolsillos, van a darse cuenta de que Obamacare no va a compensarles en términos de coste-beneficio”.

Este sistema, muy similar a los de Suiza y Holanda, ya existía en el estado de Massachusetts, donde lo lanzó el gobernador republicano y excandidato presidencial Mitt Romney. Allí se ha conseguido reducir el número de jóvenes no asegurados de entre 19 y 26 años desde el 21% al 8%. La masa monetaria extra que ha permitido que las aseguradoras acepten a pacientes con enfermedades crónicas, más costosos.

Los críticos insisten en que, más allá de lo incierto de su eficacia, hay un problema moral y de valores en el fondo. “La gente joven es la que menos probabilidades tiene de enfermar o tener accidentes. Pero el Obamacare quiere cobrarles unos precios elevadísimos para pagar por los viejos y enfermos”, continúa Brase. “Es un esquema de redistribución de riqueza dirigido por el gobierno. Lo que hace la ley es reemplazar el sistema de seguros médicos, en los que el seguro es pagado contra riesgos desconocidos o catástrofes financieras, por un sistema de pago obligatorio de la salud por terceros, obligando a todo el mundo a pagar más, especialmente a los jóvenes, que probablemente no usen la cobertura”.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha decretado que es constitucional que el gobierno federal imponga multas a quienes no adquieran un seguro médico. Ha eliminado así el único escollo para que, el año que viene, entre en vigor el resto de la Ley de Sanidad Asequible. Con ello, Obama habrá remodelado radicalmente la faz del sistema sanitario de Estados Unidos. En unos años se sabrá si el sistema es sostenible, cuántos 'jóvenes invencibles' se unen al sistema, y si con ello si se abaratan o se encarecen los desorbitados precios actuales. En ello se juega el presidente su lugar en los libros de Historia al lado de Lyndon B. Johnson (que firmó en 1965 la creación de los seguros públicos de salud para jubilados y pobres, Medicare y Medicaid) o a Franklin Delano Roosevelt (que firmó en 1935 la ley de la Seguridad Social). Si sale mal, cualquier otro intento de “socialización” de la medicina en la Meca del capitalismo quedará enterrado durante mucho tiempo.

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