duelo en la gestión de recursos energéticos

Las reservas de gas en Siria avivan la pugna EEUU-Rusia

La actual guerra en Siria puede estar directamente conectada con la puja por el gas del Mediterráneo oriental. Basta analizar sus aliados y sus enemigos

Foto: Planta de gas natural de Ebla, cerca de Homs. (Reuters)
Planta de gas natural de Ebla, cerca de Homs. (Reuters)

Con más de 100.000 muertos y pruebas sobre el uso de armas químicas contra civiles,  además de otras armas no convencionales como las bombas de fósforo blanco y Napalm, uno se pregunta por qué tarda tanto la respuesta para una acción militar internacional contra Damasco.

Si lo analizamos desde una mirada ingenua, podríamos argumentar que Occidente no quiere repetir los errores pasados en la guerra de Irak ni cargar sobre sus hombros la responsabilidad de la muerte de civiles sirios. Pero adentrémonos en las teorías conspirativas que, en un caso tan complejo como Siria, podrían ser más convincentes.

Se ha dicho muchas veces que Siria no iba a ser como Libia, porque el país del levante carece de importantes yacimientos de petróleo. Sin embargo, Siria está emplazada en un lugar privilegiado, donde se halla “la más importante reserva de gas del planeta”, según asegura a El Confidencial Osama Monahid, del prestigioso Centro Carnegie de Oriente Medio.

En la cuenca del Mediterráneo oriental (Israel-Líbano-Siria) “se encuentran las mayores reservas de gas, lo que ha provocado la disputa territorial entre los tres países”, insiste el experto, que intuye que “hasta que Estados Unidos y Rusia no lleguen a un acuerdo sobre la gestión de los recursos energéticos de Siria, no habrá solución posible”.

¿Por qué no? La actual guerra en Siria podría estar directamente conectada con la puja por el gas del Mediterráneo oriental. Basta analizar los aliados y enemigos de Bashar al Asad para encontrar esta relación. Turquía, que ha abanderado a la oposición siria, es uno de los principales interesados en que caiga el régimen de Damasco. Lo mismo ocurre con Estados Unidos y, en tercer lugar, Francia, que quiere recuperar su papel hegemónico en Oriente Medio, como ya ha hecho con Libia.

El proyecto de EEUU: el gaseoducto Nabucco

Para entender esta relación de los ‘amigos’ de la ‘otra’ Siria hay que hablar del proyecto del gaseoducto norteamericano Nabucco. Ante la reducción de las reservas mundiales de petróleo, el gas se ha convertido en la principal fuente de energía del siglo XXI, siendo además una energía no contaminante. Por eso, Estados Unidos se ha sumado a la carrera por el gas, aunque ha llegado tarde, ya que Rusia ocupa el primer lugar.  

Durante mucho tiempo, Washington ha centrado su política internacional en la región de Oriente Medio mediante alianzas con los países petroleros, dejando poco margen de maniobra a Moscú, que tuvo que optar por los recursos gasíferos en Asia Central y China.

Cuando el gigante gasístico ruso Gazprom anunció en 2009 que comenzaría a expandirse hacia Europa para distribuir el gas con los proyectos de North Stream (que conectaría Moscú con Berlín a través del Mar Báltico) y South Stream (desde Rusia a Bulgaria por debajo del mar Negro), Washington se dio de bruces contra el suelo. Aun así,  EEUU, alentado por la Unión Europea, que prefería tener gas sin pasar por Rusia, quiso competir mediante el proyecto Nabucco. Pero Rusia tenía la hegemonía en las reservas de gas. El único país sin influencia rusa de Asia Central era Azerbaiyán. El proyecto del gaseoducto estadounidense conectaría este país centroasiático con el mar Negro, pasando por Turquía, donde está el centro de almacenamiento en Erzurum, y se extendería desde Bulgaria, pasando por la República Checa, Croacia, Eslovenia e Italia.

Roiss, consejero delegado del OMV, que lleva el proyecto de Nabucco. (Reuters)
Roiss, consejero delegado del OMV, que lleva el proyecto de Nabucco. (Reuters)
En 2012 el gaseoducto ruso-alemán estaba ya en pleno funcionamiento, y está previsto que el de South Stream se termine antes de 2015. Sin embargo, el proyecto Nabucco aún no ha visto la luz. En un principio, el gaseoducto estadounidense debería estar terminado en 2014, pero se ha retrasado a 2017. Turquía ha sido la peor parada, ya que a medida que se aleja el proyecto estadounidense, su conexión con Europa se extingue.

Las revueltas árabes, punto de inflexión

Moscú y Washington también han puesto sus ojos en el Mediterráneo oriental. Estados Unidos pensó en incorporar parte del gas iraní al proyecto Nabucco, conectándolo con el centro de almacenamiento de Erzurum. La otra ampliación vendría desde el Arab Gas Pipeline (que exporta el gas de Egipto a Jordania, Israel, Líbano y Siria).  Este nuevo tramo conectaría Siria con Erzurum. Pero empezaron las revueltas árabes y el acuerdo entre Damasco y Ankara se paralizó.

Como castigo a Turquía por su apoyo a la oposición siria, Damasco firmó varios acuerdos con Teherán en julio de 2012 para trasladar el gas iraní hacia su territorio, pasando por Irak, por lo que Siria se convierte en el principal centro de almacenamiento de Oriente Medio, vinculado además con las reservas del Líbano. Y a partir de aquí es cuando podría decirse que, realmente, empezó la guerra por Siria.

Rusia no va a perder sus privilegios en Siria, ya no sólo por sus acuerdos en materia militar, que incluyen una base militar permanente en el puerto de Tartus, la puerta al Mediterráneo, sino por el control de los recursos energéticos sirios”, afirma Bassam Lahoud, experto en relaciones geopolíticas de la Universidad Americana Libanesa. Por ese motivo, insiste el analista, “Rusia, y su aliado, China, han reiterado el doble veto” en las sanciones contra Siria del Consejo de Seguridad de la ONU. Y con una sola frase resuelve este galimatías: “Quien controle Siria podrá controlar todo Oriente Medio”.

 

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