“Al Qaeda me torturó durante siete meses hasta que deseé la muerte”
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RELATO DE UN FOTÓGRAFO SECUESTRADO EN SIRIA

“Al Qaeda me torturó durante siete meses hasta que deseé la muerte”

Así resume la pesadilla que vivió durante siete meses Matthew Schrier, un fotógrafo estadounidense secuestrado en Siria que confesó ser de la CIA

Foto: Partidarios de Hamás, en una manifestación contra Israel cerca de Damasco. (Reuters)
Partidarios de Hamás, en una manifestación contra Israel cerca de Damasco. (Reuters)

Al Qaeda me torturó hasta que deseé la muerte”. Así resume la pesadilla que vivió durante siete meses Matthew Schrier, un fotógrafo estadounidense secuestrado en Siria por militantes de Al Qaeda. Llegó incluso a confesar que era un agente de la CIA, una mentira, para que sus captores dejasen de torturarle. Finalmente, logró escapar, pero dejó detrás a su compañero de celda e infortunio, otro norteamericano, del que se desconoce su suerte.

Schrier había viajado al país para contar la historia de los rebeldes sirios a través de sus fotografías. Visitó Homs, la tercera ciudad más importante del país y hoy totalmente devastada por los bombardeos. Luego se desplazó hacia el norte, hasta Alepo, urbe en manos de los rebeldes y donde los grupos yihadistas campan a sus anchas (como ya informó Ethel Bonet en este diario). El plan era cruzar la frontera turca y regresar a su hogar, en Nueva York. No tuvo suerte. El 31 de diciembre fue secuestrado por integrantes del grupo miliciano Frente al Nusra, afín a la red terrorista internacional Al Qaeda, y Ahrar al Sham, grupo que colabora con el Ejército Libre Sirio, la oposición legitimada por la comunidad internacional.

El fotógrafo supo que su pesadilla no sería breve cuando le arrojaron en un cuarto diminuto y oscuro en el que había otro estadounidense, cubierto de suciedad, que todavía sigue en manos de estas facciones, entre cuyos prisioneros había también soldados sirios, paramilitares, e incluso un legislador del régimen de Damasco.“Podéis hablar, me dijeron, los dos sois americanos. Entonces me di cuenta de que realmente aquel hombre era un estadounidense y de que mis secuestradores no me dejarían marchar. Aquel tipo tenía aspecto de llevar cien años en aquella celda”, cuenta a la CNN.

Mujeres del Ejército Libre Sirio. (Reuters)“Las únicas cosas que me aterraban era el tiempo que pasaría allí y las torturas. Llegas a un estado en el que sólo dices: Por favor, disparadme”. Los métodos de sus captores eran brutales. “Ponían una rueda de coche alrededor de mis rodillas y un palo debajo para que no pudiese doblar las piernas. Me colgaban y me golpeaban las palmas de los pies con un bastón muy grueso. Entre los que me torturaban había combatientes de 15 años, incluso de chicos de entre 12 y 14, probablemente la siguiente generación de militantes, que me decían: Tenemos que llevarte de vuelta a la celda”, cuenta desde EEUU.

“Competían entre ellos para ver quién hacía que me derrumbase, pensaban que era un agente de la CIA, así que competían para ver quién lograba hacerme confesar”. El trato no fue siempre tan brutal durante su cautiverio. Durante los primeros días fue tratado con cortesía. Después, uno de los secuestradores, de nombre Abdulá, le informó de que se encontraba ante un "tribunal islámico" donde a priori "se le considera culpable" de espionaje "hasta que no se demuestre lo contrario".

Piezas de Mercedes y ordenadores

Tras obligarle a darles las contraseñas de sus tarjetas de crédito, los secuestradores vaciaron una de sus cuentas bancarias y usaron su cuenta de la web de subastas eBay para comprar piezas de Mercedes y ordenadores. También suplantaron su identidad en correos personales que enviaron a su familia, a quien engañaron para hacer creer que se encontraba sano y salvo.

Schrier fue torturado a lo largo de ese mes con descargas eléctricas en sus pies mientras sus secuestradores le recordaban la situación de los presos islamistas en Guantánamo

La situación de Schrier empeoró considerablemente en febrero, cuando los guardias descubrieron un escoplo oculto y entendieron que tanto el fotógrafo como su compañero pretendían usarlo para abrir la puerta de madera de su celda. Schrier fue torturado a lo largo de ese mes con descargas eléctricas en sus pies mientras sus secuestradores le recordaban la situación de los presos islamistas en Guantánamo.

Como medida desesperada, decidió convertirse al Islam en marzo. Sus secuestradores volvían a tratarle con la cortesía de los primeros días, mientras era trasladado constantemente de prisión a prisión con varios compañeros de celda. En su último destino, también en Alepo, Schrier y su compañero estadounidense (que no ha sido identificado por motivos de seguridad) se quedaron solos. Fue el momento de tramar su plan definitivo de huida.

El 29 de julio, antes del amanecer, el fotógrafo consiguió escapar por un agujero de la ventana del sótano en el que se encontraban. Su compañero, más fornido que el fotógrafo, no pudo atravesar el hueco y se quedó en el lugar mientras Schrier corría en busca de ayuda. Esta vez tuvo más suerte: al poco de abandonar el lugar se encontró con un grupo de rebeldes, que le llevaron a la frontera con Turquía. Su pesadilla había terminado.

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