el presidente del bundestag, acusado de plagio

Los políticos del ‘copia y pega’

Norbert Lammert acaba de entrar en la considerable lista de alemanes que han visto peligrar sus carreras por plagio. En España, las demandas escasean

Foto: El presidente del Bundestag, Norbert Lammert. (Reuters)
El presidente del Bundestag, Norbert Lammert. (Reuters)

“Las ideas pueden mejorarse. El plagio es necesario. Está implícito en el progreso”. Lo dijo el filósofo Guy Debord, en La sociedad del espectáculo, así que habrá que admitir que el plagio tiene una vertiente útil. En países como Alemania, sin embargo, se puede pagar con la carrera. El último que ha visto peligrar su andadura política ha sido Norbert Lammert, presidente del Bundestag, el Parlamento alemán, a quien un desconocido que actúa bajo el nombre de Robert Schmidt ha acusado desde una web de utilizar más de lo debido (y sin citar a nadie) el Control-C en su tesis doctoral.

Por ahora, el democristiano Lammert ha negado la información y ha pedido a la Universidad de Bochum que revise su texto, que data de 1975. La denuncia, sin embargo, goza de cierta credibilidad, porque el tal Schmidt señaló, y por el mismo asunto, a la hoy ex ministra Annette Schavan, estrecha colaboradora de Angela Merkel. Schavan tuvo que dimitir el pasado enero, después de que la Universidad de Düsseldorf invalidara su título de doctora por haber incluido en su trabajo “de forma sistemática y premeditada” un trabajo intelectual que no era suyo.    

Karl-Theodor Zu Guttenberg, ex ministro de Defensa alemán.
Karl-Theodor Zu Guttenberg, ex ministro de Defensa alemán.
La lista de egregios plagiarios (o sospechosos de serlo) es extensa. En ella figura el ex ministro de Defensa alemán, Karl-Theodor Zu Guttenberg (alias barón von Googleberg), que también dejó su cargo, en 2011, después de que las mismas insinuaciones le llevaran a renunciar al título de doctor, lo que se leyó como un reconocimiento de su culpabilidad. Y Silvana Koch-Mehrin, ex vicepresidenta del Parlamento Europeo, a quien la Universidad de Heidelberg retiró su título. O, fuera de Alemania, Pál Schmitt, presidente húngaro, cuya poco original tesis Análisis del programa de los Juegos Olímpicos modernos, de 1992, le costó el puesto en 2012.

El caso español

Nada que ver con la situación en España. En el ámbito (más o menos) literario ha habido varias acusaciones sonadas: las que afectaron a Ana Rosa Quintana, Camilo José Cela o, más recientemente, a Arturo Pérez-Reverte, que lleva inmerso en una polémica que colea desde que, en 2011, una sentencia lo condenara a pagar 200.000 euros junto al director Manuel Palacios por el guion de la película Gitano. Pero, en lo que respecta a las tesis, la cosa cambia. Bien porque los políticos y otros cargos públicos patrios plagien menos, bien porque se los demande menos, no abundan los escándalos.

El más reciente salpicó al presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, sólo un día después de la presentación de la candidatura Madrid 2020, en enero de este año. Blanco había presentado ante la universidad de Vigo un proyecto de tesis sobre el equipo olímpico en Beijing cuyas similitudes en cuanto al título con un texto publicado antes por el propio COE y realizado en la Universidad de Alicante sembraron las dudas de plagio. La tutora del proyecto de Blanco, María José Martínez Patiño, figuraba, además, como autora del trabajo original.

Aunque el asunto llegó a los medios, aquello no pasó a mayores: la universidad encargó a varios expertos su análisis (sin mencionar al autor) y determinó que la tesis no podía ser admitida a trámite, pero no por plagio, sino porque no tenía la calidad suficiente. En el COE confirman ahora que Blanco, inmerso en la candidatura de Madrid, la ha dejado aparcada.

Alejandro Blanco (derecha), junto al Príncipe Felipe y la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. (Efe)
Alejandro Blanco (derecha), junto al Príncipe Felipe y la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. (Efe)
Mención aparte merecen los supuestos plagios que el Instituto Nóos, con Iñaki Urdangarin y Diego Torres al frente, vendió como informes al Gobierno balear. “He encontrado y archivado una tesis. Son unas 711 páginas”, escribió en una nota manuscrita María Dolores Babot, empleada del instituto. 711 páginas de un estudiante de la Universidad Complutense que, presuntamente, le valdrían a Nóos para ganar 400.000 euros públicos extra.

Indemnizaciones mínimas

En España, el delito de plagio está recogido en el artículo 270.1 del Código Penal, que establece penas de seis meses a dos años de prisión y una multa de 12 a 24 meses, cuya cuantía depende del juez. Sin embargo, “se suele utilizar la vía civil, aunque las indemnizaciones en España tienden a ser reducidas. Una de 10.000 euros puede considerarse alta”, explica Hiago Busch, del gabinete Baylos Abogados.

Coincide con él Ángel Díez, abogado especializado en propiedad intelectual: “El plagio se paga barato. Quizá esa es una de las razones de que haya tan pocas demandas y sentencias: calculo que no habrá más de 50 en los últimos 60 años”. Y eso aunque, en opinión de este experto (y siguiendo al pie de la letra a Debord), “aquí se plagia mucho”.

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