Un papa al que le gusta el tango y que lee a Borges
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JORGE MARIO BERGOGLIO, FRANCISCO I

Un papa al que le gusta el tango y que lee a Borges

“Los cardenales han ido a buscar al papa al fin del mundo”.  Francisco I tiene sentido del humor y carisma y unos formas de presentarse ante

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Un papa al que le gusta el tango y que lee a Borges

“Los cardenales han ido a buscar al papa al fin del mundo”.  Francisco I tiene sentido del humor y carisma y unos formas de presentarse ante la Iglesia, ante los fieles y ante el mundo que rompen los esquemas a los que nos tenía acostumbrados su antecesor, Benedicto XVI, que habrá seguido su proclamación como papa desde sus dependencias temporales de Castel Gandolfo. El primer papa hispano de la historia y el primer papa jesuita del Vaticano supone un inesperado giro argumental dentro de la basílica de San Pedro muy alejado, teológicamente, del conservadurismo de Ratzinger y el que parecía ser el papable favorito, Angelo Scola, quien ha cumplido con ese refrán que asegura que quien entra papa en el cónclave sale cardenal.

Ni los cuervos del Vaticano esperaban un desenlace así. Y menos ocho años después de que, en 2005, Bergoglio se quedase a las puertas de la Cátedra de San Pedro en una reñidísima votación en la que, tras dos “fumatas” negras, pidió a los purpurados, con los ojos entre lágrimas, que no le apoyasen más para desbloquear la elección del papa alemán que ha regido la Iglesia durante los últimos ocho años, en momentos de enormes turbulencias y tempestades en  los que, como dijo Ratzinger, “Jesús parecía dormido”.  Se dice que, entonces, Bergoglio logró obtener 40 votos de los 77 votos necesarios para ser elegido. 

De aquellos escándalos y tormentas que asolaron el Vaticano y la Curia se ha desencadenado la llegada de este papa, de 76 años (las quinielas que aventuraban un perfil más joven también han fallado), que, desde el primer momento, ha marcado un estilo propio muy diferente del de su antecesor mostrándose, desde el balcón engalanado de San Pedro, con sola una sencilla sotana y el solideo blancos y una sobria cruz sobre su pecho. Solo se ha colocado la estola púrpura, símbolo de los poderes sagrados que recibe, para pronunciar la bendición urbi et orbe que ha dado inicio a su pontificado.

A quienes le conocen, ese gesto no les ha sorprendido para nada. Sus biógrafos destacan su enorme sencillez y aversión a todo lo que sea una exposición innecesaria. Hasta ahora, por ejemplo, cuando viaja a Roma, no le gusta salir por la calle con la vestimenta propia de un cardenal para no llamar la atención ni hacer ostentación.

Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, pero por su cuerpo corre sangre italiana de sus padres, Mario, exempleado de ferroviario, y Regina, ama de casa. Antes de dedicarse al sacerdocio, se graduó con el título de técnico químico.

Carrera Sacerdotal

El nuevo papa fue ordenado sacerdote jesuita el  13 de diciembre de 1969, desempeñándose como superior provincial de los jesuitas, entre 1973 y 1979, en plena dictadura militar de Jorge Rafael Videla. En aquellos momentos, según recoge la prensa argentina, Bergoglio, tuvo que reencauzar la misión pastoral de la orden religiosa fundada por Ignacio de Loyola

Fue consagrado obispo titular el 20 de mayo de 1992. El 28 de febrero de 1998 tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires y, durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el papa Juan Pablo II lo nombró cardenal del título San Roberto Belarmino. Además, se constituyó en  primado de Argentina, por lo que pasó a ser el superior jerárquico de la Iglesia católica en ese país.

Bergoglio fue también presidente de la Conferencia Episcopal Argentina durante dos períodos. Dentro del Vaticano, era hasta ahora miembro de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos; de la Congregación para el Clero; de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica; del Pontificio Consejo para la Familia y la Pontificia Comisión para América Latina.

Progresista

El diario argentino La Nación destaca de Bergoglio su sencillez, su destacado perfil bajo y su renuncia a todo aquello que sea estridente. Tal es así, que hasta ahora vivía solo en un apartamento sencillo, junto a la Catedral de Buenos Aires, en el segundo piso del edificio de la Curia y se desplazaba por la capital argentina en metro, como cualquier otro ciudadano. Con frecuencia también confesaba en la Catedral como un sacerdote más.  

Un dato de su biografía que demuestra el carisma del nuevo papa se produjo durante la revuelta argentina de diciembre de 2001, en la Plaza de Mayo, que desembocó en la dimisión del presidente Fernando de la Rua. Entonces, Bergoglio, al ser testigo de cómo golpeaban a una mujer debajo de su ventana, tomó el teléfono para hablar con el ministro del Interior y fue atendido por el entonces secretario de Seguridad, Enrique Mathov, a quien le pidió que la policía supiera diferenciar entre los activistas y los simples manifestantes.

Solo tiene un pulmón

Al poco tiempo de ser ordenado sacerdote padeció problemas respiratorios que le obligaron a que se le extirpase un pulmón. Es un apasionado lector de Dostoievski, Borges y autores clásicos. Es habitual, además, su presencia en actos ecuménicos interreligiosos. Le gusta el tango y el fútbol y es simpatizante del equipo San Lorenzo de Almagro.

Papa Benedicto XVI