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China conquista África en moto
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LA DJAKARTA, UN VELOZ Y BARATO CICLOMOTOR, ARRASA EN EL CONTINENTE

China conquista África en moto

El gigante asiático avanza sigilosamente en África, el continente que acogerá en el futuro la disputa de las grandes potencias por conseguir nuevos mercados y aumentar

Foto: China conquista África en moto
China conquista África en moto

El gigante asiático avanza sigilosamente en África, el continente que acogerá en el futuro la disputa de las grandes potencias por conseguir nuevos mercados y aumentar sus reservas de algunos de los recursos naturales más preciados para las industrias modernas. Sin hacer ruido, China está tomando posiciones en territorios africanos que hasta hace poco sólo mantenían relaciones comerciales con Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Y lo hace dejando a un lado la política para centrarse exclusivamente en la economía, una forma de diplomacia que parece no comprender Occidente.

El símbolo de esta vertiginosa penetración china en el continente negro, especialmente en la región del Sahel, es sin duda una moto, la Djakarta, un veloz ciclomotor que ha conquistado las calles de las principales ciudades barriendo en sólo un par de años a una competencia que lleva décadas instalada en la zona. La Djakarta triunfa por los mismos motivos por los que las inversiones de Pekín están encontrando vía libre en toda África.

Un precio que se ajusta al mercado

En primer lugar, es un producto barato, un factor clave en el territorio más pobre del mundo. Se venden desde 200.000 FCFA, unos 300 euros. El precio es elevado en países cuyos salarios medios rondan los 50 o 60 euros mensuales, pero la Djakarta no deja de ser la opción más económica en unos mercados que nunca han interesado a los productores occidentales. A los asiáticos sí, y mucho.

De hecho, hasta la irrupción del ciclomotor chino, la gran mayoría de motocicletas que se vendía en el Sahel, por ejemplo, procedían de Burkina Faso. El país está en el centro de este incipiente mercado, por lo que los costes de transporte son menores que los que afrontan los fabricantes chinos. Sin embargo, las motos de Burkina no bajan de los 750.000 FCFA, unos 1.150 euros al cambio. Sin la alternativa low cost de la Djakarta, sólo las clases altas podrían acceder a un bien tan imprescindible como este en un continente en el que las distancias que debe recorrer a diario la población son larguísimas y apenas existen servicios públicos de transporte.

Ousmane Keita regenta una tienda de motocicletas en el mercado principal de Bamako, Malí, epicentro del Sahel. De las 50 que tiene expuestas en la acera, 48 son Djakarta. "Las otras ya no se venden. Son muy caras. A la gente le gusta la moto china, qué es más moderna y cuesta mucho menos", relata Ousmane. Los receptores locales abaratan los costes de importación introduciendo las motocicletas desmontadas. Con este truco sólo pagan los aranceles que gravan la entrada de piezas de recambio, más bajos que los reservados para los vehículos de motor.

"Tengo en venta motos de Burkina pero nadie pregunta por ellas. La gente sólo quiere la Djakarta. No sólo es que sean baratas. Es que además, son muy resistentes, no se averían", sentencia Ousmane. "Las de Burkina que se ven circulando por la ciudad se compraron hace tiempo. Nadie compra una ahora".

Ahorro de gastos

La otra gran ventaja de esta moto tiene que ver con su consumo. "Las que se vendían antes gastaban mucho pero la Djakarta apenas necesita combustible. Con un litro puedo ir y volver al trabajo", explica Abdulá Makasuba, un profesor que da clases a más de 10 kilómetros de donde vive. Abdulá cree que, "con el precio al que está la gasolina, el consumo se ha convertido en la cuestión que más condiciona" la elección de este modelo. "La compré por este motivo, por encima de cualquier otro".

El coste del combustible, en efecto, también causa estragos en África. Los salarios son ridículos pero el litro de gasolina cotiza ya en el Sahel por encima de un euro. La Djakarta supone un ahorro mayúsculo, tanto que han dejado a un lado a las bicicletas, hasta hace poco, protagonistas casi únicas del tráfico rodado en estos países. En una zona del planeta en la que apenas hay gasolineras porque el combustible se vende embotellado artesanalmente en pequeñas dosis de litro y medio, las nuevas motocicletas han encajado como si siempre hubieran formado parte de este decorado.

Los fabricantes chinos también han sabido adaptarse a los gustos de los africanos. Las motos se venden en una amplia gama de colores, con tonos vivos y contrastes agresivos, un estilo que fascina a los habitantes del continente negro. Los componentes son los mismos pero la carrocería puede personalizarse. Su potencia parte, además, de los 50 centímetros cúbicos pero se ofrecen versiones de hasta 125 centímetros cúbicos que alcanzan velocidades cercanas a los 100 kilómetros por hora gracias a la ligereza de sus materiales. "Me gusta porque es una moto muy rápida. Pesan muy poco, algo que favorece que consuma menos y también que corra más que las otras. Se puede pasar mucho más rápido entre los coches. Las otras motos pesan muchísimo y no son capaces de correr tanto", explica Eloi Sangaré, un chico que está ahorrando para poder comprarse una.

Incremento de los accidentes

Desde Senegal a Chad, el dominio de estos ciclomotores chinos es absoluto. Para muchos compradores es su primera moto. Y las autoridades empiezan a inquietarse por el ritmo con el que están invandiendo las calles de las grandes ciudades. Sobre todo, porque en la mayoría de estos países no hace falta permiso de circulación ni conocimientos previos para poder conducir un ciclomotor.

Así, en Mali, en el 70% de los accidentes mortales de tráfico participa una Djakarta. Y el 79% de los muertos fallece por traumatismo craneoencefálico. Las características de este vehículo no ayudan a frenar los golpes porque en ellas predomina el plástico. Ante el incremento de las muertes por accidente de moto, el Gobierno de Bamako decidió este verano que el casco fuera obligatorio a partir del pasado 1 de octubre, pero la norma no ha sido tomada muy en serio por los conductores y, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones, es muy probable que acabe siendo olvidada.

China está pensando ya en la siguiente fase. Junto a su embajada en la capital de Mali hay una oficina en la que ya se comercializan por encargo ciclomotores de otra marca, Xingdamoto, una mezcla de moto y furgoneta que puede utilizarse para transportar personas y mercancías. No cabe ni un sólo maliense más en la sala de espera de la empresa que gestiona las importaciones de Xingdamoto. La lista de encargos ha desbordado todas las previsiones del fabricante. Por poco más de 1.500 euros, en un país en el que muchas personas se ganan la vida empujando mercancías en un carro de hierro, este nuevo modelo es el pasaje a nueva forma de vida.

En Mali todavía no hay muchas Xingdamoto, pero en otros países de la zona, estos vehículos ya han monopolizado el sector del transporte, firmando una nueva conquista para los chinos. Y lo que les queda. 

El gigante asiático avanza sigilosamente en África, el continente que acogerá en el futuro la disputa de las grandes potencias por conseguir nuevos mercados y aumentar sus reservas de algunos de los recursos naturales más preciados para las industrias modernas. Sin hacer ruido, China está tomando posiciones en territorios africanos que hasta hace poco sólo mantenían relaciones comerciales con Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Y lo hace dejando a un lado la política para centrarse exclusivamente en la economía, una forma de diplomacia que parece no comprender Occidente.